Pero a estos terrores y a estas crueldades se han de añadir otras más… La política había hecho su camino… Algunos nobles, opuestos a Richelieu, entre los cuales la Duquesa de Chevreuse y el propio hermano del rey –Gastón de Orléans- se habían refugiado en Lorena, entre ellos el duque Carlos IV, los ayudaba a pelear…La Lorena siendo una región independiente incorporada al Imperio germánico, excepto las ciudades-Obispados de Metz, Toul y Verdun, ocupadas por Francia desde 1552. En 1631, Richelieu empujó a Luis XIII a entrar en Lorena. Después de una paz forzada, el Duque creyó poder desafiarle. Sólo pudo lograr que le cayera una campaña de castigo, en 1632, luego ya abiertamente una invasión, en 1633…Todas las desgracias de la guerra se abatían sobre esta pobre región. Tomada Nancy y ocupada definitivamente, el Duque va a llevar una vida errante, prosiguiendo a pesar de todo la guerra. Y ahora, en 1659, no se ha acabado todo…
La Lorena no se encontraba desguarnecida espiritualmente; Pierre Fourier, en particular, la había dotado con sus Hermanas de Nuestra Señora y con sus Canónigo Regulares de Nuestro Salvador. No obstante, el administrador de la diócesis de Toul, que pronto fue su obispo, nos llamaba, y fue en 1635 cuando fundamos allí una casa de misión, en un hospital, con dos cohermanos. Desde 1636 o 16371 , ellos se albergan, cuidan y aseguran tanto a los soldados heridos como a innumerables pobres refugiados de los campos circundantes… Me han hecho conocer estas miserias, y todas las atrocidades. El 1º de setiembre de 1636, escribo a nuestro cohermano Robert de Sergis, capellán en los ejércitos, para que intervenga a favor de la gente de Clichy enrolada a la fuerza2. A finales de 1638, y 16393, los refugiados loreneses empiezan a afluir a París. Con la Señorita, tratamos de cobijar a los que podemos; a primeros de mayo de 1639, en la Chapelle, cerca de San Lázaro, reunimos a trescientos, a los que se han podido encontrar, para darles una misión de ocho días, distribuyéndoles pan.
Pero hay que continuar socorriendo a los de Lorena, de quienes oigo tal cantidad de desgracias horribles. No se trata de una suma de miserias individuales: es una miseria en masa, toda una región machacada, por siete cuerpos de ejércitos armados. Yo trato de recoger por todas partes. Pido a mis cohermanos que se priven; nos hemos puesto dos veces a pan y agua durante años. Les decía: «¿no es acaso justo que nos privemos de algo para compadecer y participar en las miserias públicas?» Y también: «¿no debemos recortar algo de nuestro ordinario para su alivio?»4
A miseria de masa, remedios en masa… Hubo que improvisar medios de masa: todo un circuito de información, de colectas y de transporte. En abril, envía a seis misioneros de refuerzo… ¿Dónde encontrarlos? Yo no tengo a la mano más que dos sacerdotes5. Envío con ellos a cuatro estudiantes seminaristas; en octubre enviaré todavía a dos sacerdotes y a un hermano, y a tres en 1640.Tengo que recordar a otro hermano, Mathieu Regnard: él va a desplegar tesoros de ingenio, en 54 viajes, entre 1639 y 1649, para transportar sumas increíbles6, un millón quinientas o seiscientas mil libras, se han calculado… Ha contado todas sus artes para escapar a los bandidos y a la soldadesca.
También pruebo a actuar a nivel político. Para ello voy a ver a Richelieu, para que haga la paz. En vano… Voy a ver al Rey, a la Reina: consienten en varias ocasiones sumas considerables para ayudar a estos pobres, sobre todo a las religiosas… pero ellos continúan la guerra! En el mismo lugar, sacerdotes y hermanos reparten las ayudas por toda la región, circulando de una ciudad a otra. Según el reglamento que les he escrito el 15 de abril de 16397, ellos ponen a trabajar a los párrocos, o cuando ya no hay, a los laicos más cualificados; todo el pueblo arrima el hombro con ellos. Sin embargo, en París, las generosidades se cansan… El 28 de febrero informo a un cohermano de Roma:
«Continuamos asistiendo a esa pobre gente con quinientas libras al mes en cada una de las dichas ciudades; pero ciertamente, Señor, me tremo mucho que no podamos continuar por largo tiempo, pues tal es la dificultad de encontrar 2 500 libras todos los meses»8.
Se me ha ocurrido pedir a los misioneros que me escriban a menudo las miserias que ven y los socorros que entregan, y yo hago circular estas cartas, que demuestran el empleo de las donaciones y estimulan a nuevas larguezas. «Yo se lo hago ver a estas buenas damas, cada mes. […]y eso las consuela mucho. Empleamos, el sábado pasado, en ver las demás cartas, que fueron para ellos un gran consuelo»9. Fue en julio de 1640 cuando escribía esto a un cohermano, pero tantas veces he creído que las fuentes se agotaban, viéndome acorralado por no poder responder ya a las llamadas… Y cada vez ha llegado el maná… Creo de verdad que es entonces cuando, poco a poco, he ido aprendiendo lo que es poner la confianza en la Providencia, es decir creer que el Espíritu Santo puede mover los corazones…
Sin embargo, Las damas de la Caridad de París, a quienes yo había recurrido, tenía allí tanto que hacer. Aparte de los pobres a quienes socorrían durante años, existían ahora los refugiados que se amontonaban, incluso nobles loreneses llegaban a París en la extrema miseria…






