¿El padre paúl Mariano Díez Tobar, C.M., primer padre paúl tardajeño, inventor del cine?

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles1 Comment

CRÉDITOS
Autor: Timoteo Marquina · Año publicación original: 1980 · Fuente: Anales españoles, 1980.
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 En el centenario de la invención del cine

Se está celebrando, «a bombo y platillo», porque de lo comercial una vez más se trata, el Centenario de la Invención del Cine («cinematógrafo»; en palabra abreviada: «cine»). Se vienen, con este «transcendental» mo­tivo cultural, que lo es de verdad, programando congresos, conferen­cias, semanas de cine y hasta concursos, todo ello a nivel nacional e in­ternacional. Y ahí aparecen «películas de antaño», como los fotogramas aparecidos, con este motivo, en el último «Informe Semanal» (25-II­1995). Está bien que las celebraciones se multipliquen y se justifiquen (después de todo, se trata de una de las «artes» más brillantes y populares, si no la que más).

El pueblo llano, sabemos, es poco dado a investigar lo que se le dice y él ad­mite y aplaude. En este caso, con motivo de este memorable centenario aplaude y felicita a «los oportunistas» hermanos franceses Lumiére —oficialmente «in­ventores» del cine—, que le proporcionó, con un invento tan oportuno, remedio a su aburrimiento y bostezo, a su nostalgia o afán de evasión (¿qué hubiera sido hoy de tantos millones de somnolientos y desganados sin «el culebrón de turno» de las cuatro a la seis de la tarde?). Bienhechores de la humanidad hay que pro­clamar, por ley de oportunidad y obligación, a quienes inventaron el «cinemató­grafo». Ya sé, y lo admito «celebrándolo», que el cine es un arte y que como tal está llamado a crear belleza absoluta en el tiempo y el espacio, como así ha ve­nido sucediendo.

Pero, sin más «distracciones», tratemos de dar respuesta afirmativa a la pre­gunta que nos hicimos al principio, afirmando que «un Padre Paúl, natural de Tar­dajos, fue ahora el inventor del cinematógrafo». Así fue, aunque se calle su nom­bre en los libros sobre la materia y en estas sonoras conmemoraciones centenarias. Tratemos de confirmarlo.

El es y se llamó Mariano Díez Tobar (su fotografía en el Salón de Estudios del Seminario de la Virgen Mediadora de los PP. Paúles de Tardajos la recordarán muchos cientos de ex-alumnos como la del «Primer Padre Paúl de este Seminario Misionero»). Esto es para él un honor, por supuesto, pero no la fama otorgada que se le debe (qué cierto es que «ninguno es profeta en su tierra»). De familia hu­milde y numerosa, labradora por oficio, con el sano interés por ver promociona­dos a sus hijos, lo que consiguió en Mariano, años más tarde el misionero Paúl y gran científico. Desde seminarista Paúl, dicen antiguas crónicas (las de años antes de finales del siglo pasado, por supuesto) sintió Mariano inclinación muy especial por las ciencias físicas y las matemáticas, a pesar de la escasa cabida que tales materias tenían en la programación de los estudios eclesiásticos. Ya antes de or­denarse sacerdote, tuvo contactos científicos con célebres inventores y profeso­res. Un biógrafo suyo reclama para el P. Mariano Díez el honor de haber sido él, antes que ningún otro, el inventor del cinematógrafo, basándose principalmente en la ciencia descubierta por él y asimismo por él expuesta brillantemente en la revista.

«El mundo científico», t. XIII, n.9 569, Barcelona. Con toda certeza, dirá Al­fredo Herrera, en su obra histórica «Cien años de un Seminario» (PP. Paúles, Tardajos, 1992) que el E Mariano Díez tuvo comunicación personal con el cien­tífico francés Lumiére sobre el invento del cinematógrafo. He aquí, entre otros lugares evidentes, este texto, recogido también en otras publicaciones afines a este tema científico, tan actual:

A continuación de un fragmento de la conferencia dada por el P. Mariano Díez, dice «El Mundo Científico» lo siguiente: «El conferenciante autoriza, con absoluto desinterés, a cualquiera de los asistentes (o lectores) para que lleve a la práctica cualquiera de las ideas o conceptos que se encuentren nuevos en sus conferencias. De una de ellas ha salido el cinematógrafo, según consta de testi­monios fehacientes, como son los siguientes: el ingeniero francés A. F. asistió, en 1889, a la conferencia del P. Mariano Díez sobre El cinematógrafo e inmediata­mente, con anuencia del conferenciante, mandó construir en París el aparato. Lumiére fue el que hizo las películas; Demeny con Pathé sólo fueron nuevos constructores; Marey fue el primero que se aprovechó de la idea y la aplicó al es­tudio cinematográfico del vuelo de las aves. De donde resulta que la cuna de El Cinematógrafo no es ni Francia ni los Estados Unidos, sino España» (Cfr. «Ana­les de la Congregación de la Misión» (PP. Paúles), t. XLI, 1933, 472-473).

Esta conferencia sobre El Cinematógrafo la pronunció Mariano Díez en 1892, siendo aún estudiante de Teología. En esta misma fecha, poco antes, en una ve­lada literario-musical, tan frecuentes en los Seminarios, él desarrolla el siguiente tema científico (Colegio de los PP. Paúles de Murguía, Álava, 1892): «El Cine­matógrafo: descripción del aparato por el que las imágenes de las personas, lo mismo que las demás cosas, sea que en el acto existan sea que ya no existan, aparecen al vivo y como si fueran la realidad, con sus colores, movimientos, etc., etc., ante nuestra vista» (ibídem).

En este año, o en el siguiente (1889 ó 1890), se encontró nuestro científico en Bilbao, en reunión apalabrada de antemano, con A. Flamerau, representante de Lumiére y encargado de explotar en España el negocio de la fotografía conti­nuada. Con él, en efecto, habló el P. Mariano Díez de lo que entonces constituía el problema industrial de la fotografía, de las fabulosas ganancias que había de acrecentar la fortuna de los explotadores (sic), una vez dada la ansiada solución a la «cronofotografía». Hablaron de la sucesión de las fotografías, no con movi­miento continuo sino con intermitencias o intervalos de reposo, para que, aprove­chando la inercia de la retina quedase tiempo para sucederse unas a otras y produ­cir así la ilusión del movimiento (ibídem).

Sobre otros extremos de sus conversaciones o charlas, así como de la influen­cia que pudieron ejercer en el ánimo del francés Flamereau, no tenemos hoy más testimonios que el del reconocimiento y gratitud que más tarde demostró el mismo Lumiére, invitando al P. Mariano Díez Tobar, C.M. a la primera sesión de «cine» que dio en España (1895).

Hemos de reconocer, para mayor sentimiento nuestro, que no se nos conserva la conferencia que tan ilustre tardajeño diera en su día sobre el cinematógrafo: todo el mundo admite (nos referimos a testigos suyos, de su tiempo) la originali­dad de sus descubrimientos. Según conocemos ahora (Cfr. Anales de la Congre­gación de la Misión, antes citado, p. 473), el P. Mariano Díez Tobar entregó sus apuntes al francés. Aunque así fuere, que es lo más posible, por «candidez» (nunca porque hubiera dinero de por medio, por supuesto), ¿por qué su nombre no ha sonado como el de otros célebres y beneméritos en el campo de las solucio­nes «cronofotográficas»? Sin duda alguna, afirma alguien entendido, excluyendo el horror a la publicidad que tanto se inculcaba en las Comunidades y en los indi­viduos, fue por haber comunicado desinteresadamente —»ingenuamente», diría­mos hoy— algo importante a quien buscaba en la invención el lucro y el mercan­tilismo. No creemos que hubiera otra razón. El P. Mariano Díez moriría, para nadie acordarse de él.

Dicen quienes convivieron y conocieron con admiración al E Mariano Díez Tobar que continuó sus estudios con el dichoso «invento» (creemos que acertada­mente adjetivado) y, que logrando un avance más, ideó e inventó el «icociné­fono», o sea, la aplicación del fonógrafo (voz grabada) al cinematógrafo (imagen grabada). Tampoco nos han llegado archivadas las ideas que en 1896 expuso en otra conferencia suya famosa sobre el «icocinéfono» por haberlas destruido él, sin duda alguna. No hay que olvidar que en aquel entonces éstos y otros inventos tenían una denominación común: «inventos diabólicos». Fue por ello, por lo que el P. Mariano Díez Tobar, tan obediente y regular en todo, llegó a ser perseguido, si vale la expresión (nunca existió en la Congregación de la Misión la Inquisición, por supuesto), y hasta calumniado. No es deshonor para el inculpado, sino todo lo contrario, el que él, tan sabio como santo, se defendiera ante sus Superiores de las acusaciones que en alguna ocasión, con este y otros motivos de su saber y descu­brir, se le hicieron: No, querido P. Visitador, no tengo libro alguno hereje ni tam­poco que esté en el «Indice». Las obras filosóficas y científicas que más leo son: Santo Tomás, Suárez, Balmes, González (estudios filosóficos) y la filosofía la- cense. Sí tengo la Ideología de Rosmini, pero es una edición purgada de las pro­posiciones ontológicas. Las obras de Física y de Matemáticas que estudio y ma­nejo a diario me parece que no ofrecerán peligro alguno de contagio (ibídem, 598).

Emociona, y hay que reconocerlo desde la Comunidad ante los demás, esta apenada confesión del admirado P. Mariano Díez Tobar, C.M., un gran científico desconocido, aunque no tanto. Su mérito, como el de tantos otros está (lo enseñó así San Vicente de Paúl, el Fundador) en el silencio y reconocimiento de solo Dios. Le ofrecieron toda clase de Licenciaturas y Doctorados por parte de nume­rosas Universidades, pero no los aceptó (cfr. Herrera, Alfredo, o. c., 46). Será otro tipo de prensa y de admiradores los que, al final, prestigien al bueno y paciente P. Mariano Díez Tobar, el primer misionero Paúl de histórica Villa de Tardajos: «Ilustrado y benemérito religioso, autor de notables inventos en las ciencias fí­sica y mecánicas…». Mucho más se podría decir de este sabio y virtuoso Padre Paúl, pero no hay lugar aquí para ello. En el centenario de la invención del cine­matógrafo, es cierto que «él lo inventó y otros se lo usurparon».

One Comment on “¿El padre paúl Mariano Díez Tobar, C.M., primer padre paúl tardajeño, inventor del cine?”

  1. al final de la jornada lo que vale el convencimiento propio. EL PADRE MARQUINA autor del escrito fué un gran poeta, y poco valor se le ha dado

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