El Padre Manuel Gracia

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Agapito Sacristán · Source: Anales Españoles, 1970.
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Biografias PaúlesHOMILIA en forma de Oración Fúnebre de Mons. Teótimo C. PACIS, C. M., Obispo de Legazpi, Provincia de Albay. En la Misa «de corpore
praesente» ofrecida por el alma del Padre Manuel Antonio Gracia, C. M.
El acto tuvo lugar en la Parroquia de San VICENTE de PAUL. MANILA, 20 de enero de 1970

«El fin de la batalla ha llegado…; y un Legionario queda allí ten­dido, noblemente muerte.» (Del «Manual de LA LEGION DE MARIA», página 118.)

Pero el Padre Gracia es mucho más que un mero legionario sin nom­bre. Es un Padre Misionero, un Paúl, a quien cupo en suerte ser el Fundador y el PADRE de la Legión de María, en las Islas FILIPINAS.

Nacido en España, y ahora en el Cielo, el Padre GRACIA celebrará allí su sesenta y siete cumpleaños el 18 de abril. Llegó a Filipinas cum­plidos apenas los veinticinco años, poco después de haber sido ordena­do Sacerdote. Y todos sus cuarenta y dos años de vida sacerdotal y misionera los consumió y gastó aquí —entre nosotros—, en el cumpli­miento exacto de los oficios que le encomendaron sus Superiores de la Congregación de la Misión. El año pasado —precisamente en el mes de septiembre, día 9— cumplió sus cincuenta años como «Paúl»: sus Bo­das de ORO vocacionales.

Y ahora ved que ahí mismo, ante nuestros ojos, yace inerte y muerto noblemente. Noblemente ha muerto, porque vivió con nobleza y con dignidad. Razón por la cual bien merece ser recordado. Y sin duda al­guna será recordado muy cariñosamente.

Será recordado por la Jerarquía Filipina: por los servicios que él rindió a la Iglesia en nuestro país, tanto en la educación y formación del Clero nativo como en la organización y en el adiestramiento de Apóstoles Seglares, especialmente por medio de la LEGION, que hoy está establecida en 7 Archidiócesis, en 25 Diócesis, en 11 Prelaturas y en 3 Vicariatos Apostólicos, del uno al otro confín de nuestras islas.

Será recordado por los muchos y muchos Sacerdotes del Clero Dio­cesano a quienes él enseñó y educó: como Profesor durante veinte años en el Seminario Archidiocesano de San Carlos, de Manila, y durante cuatro, en el Seminario del Sagrado Corazón, de Bacolod, y finalmente, por espacio de otros tres, como Rector del Seminario de San Vicente Ferrer, en la Archidiócesis de Jaro, Iloilo.

Será asimismo recordado por los Padres Paúles —sus Hermanos y compañeros en la Congregación—: como quien supo amar entrañable­mente su vocación y ser fiel hasta el final; por haber amado también a la Compañía entera, con un amor práctico y sacrificado; por haberla honrado, además, y enaltecido con su exactitud y regularidad en los di­versos ministerios de confesor, consejero y director espiritual, predica­dor y director de Ejercicios Espirituales o Retiros, etc.

Será recordado también por los historiadores y por los estudiosos, es decir, por los simples aficionados a bucear en la historia de FILI­PINAS: por haber sido el P. GRACIA quie9 puso en vilo a toda la Nación y quien —con grandes y llamativos titulares— saltó a las pri­meras páginas de la prensa, el año 1935, cuando, en sus trabajos de Investigación en los Archivos del Palacio Arzobispal de Manila —inclu­sive en el que llamamos «SECRETO»…—, descubrió el DOCUMENTO ORIGINAL de la Abjuración de la Masonería, escrito todo él, firmado y rubricado por el propio JOSE RIZAL…, acontecimiento de tanto ca­libre que llenó de consternación y que apabulló tremendamente a cuan­tos habían cerrado a sabiendas sus ojos y se empeñaban en NO admitir —ni siquiera— la posibilidad de que Nuestro HEROE Nacional hubiera recobrado la FE en que había nacido y en la cual sus Padres, Maestros y Profesores cuidadosamente le habían educado.

Mas —muy por encima de lo ya dicho— será el Padre GRACIA re­cordado fervorosamente y por largos años como el providencial FUN­DADOR de la LEGION de MARIA en FILIPINAS.

En efecto. Cuando en 1940 —con un grupo reducidísimo de personas muy humildes, casi desconocidas, sin ningún renombre y sin influjo al­guno en la sociedad…— el Padre GRACIA se resolvió a organizar, a po­ner en marcha, el «Primer PRAESIDIUM» de la Legión en el Hospicio de San JOSE —ISLA de La Convalecencia, MANILA—, no sabía él cier­tamente, ni pudo darse cuenta exacta, de que aquel «su Praesidium» se iba a ver incorporado muy pronto en una magnífica Organización o Movimiento Internacional. Ni mucho menos se habría atrevido él a soñar que en aquellos momentos acababa de echar en tierra un como granito de mostaza, insignificante… Y que con el tiempo ese granito de mostaza estaba llamado a convertirse en gigantesca y poderosa Fuer­za Apostólica: en el Apostolado Seglar mejor organizado, más activo y más disciplinado que hay actualmente en FILIPINAS…; sí, en el UNI­CO Apostolado de los LAICOS que ha conseguido penetrar por todas partes, y echar hondas raíces por doquier, y conquistar con su entu­siasmo invencible el ánimo y los corazones de los que pueblen los «ba­rrios» más remotos y desconocidos… —por desgracia, ¡tan preteridos, tan DESPRECIADOS!…— en todas nuestras islas.

En el decurso de estos treinta últimos años —de 1940 a 1970—, la Le­gión, atendida por el cuidado tan paternal de su Fundador y sobre todo por la bendición del Señor y la protección de la Virgen Santísima, fue creciendo gozosamente, hasta convertirse en el árbol frondosísimo que todos conocemos y admiramos. Actualmente, a través de todo el país, y desde las islas Batanes y Babuyanes, por el Norte, hasta la Prelatura de Marbel, en Mindanao, por el Sur, se cobijan bajo las ramas de este árbol nada menos que seis mil quinientos cincuenta (6.550) «Praesidia», que podríamos llamar «células» o «Comunidades Base», si es que vale esta nomenclatura. Los mencionados «Praesidia» se agrupan y distri­buyen, para su régimen y actividades, en doscientas setenta Curias o «CURIAE» (270); éstas, en treinta y cuatro (34) «Comitia» o Comicios, y los Comicios, a su vez, en tres (3) «Senatus» o Senados. El número total de los Legionarios —hombres y mujeres— que HOY figuran en la Legión de MARIA en Filipinas es como sigue: 49.905 «miembros acti­vos», en constante y plena actividad; 11.600 que están sometidos aún «a prueba», a quienes podríamos llamarles Novicios y aspirantes; 5.526 de los llamados «Pretorianos», o sea, que tienen algún grado de auto­ridad y de mando; 3.814 son los «Auxiliares» o mandos subalternos; 1.150 los «Coadjutores Laicos», con servicios y trabajos de actividad algo re­ducida, cual si ya estuvieran en «la retaguardia» y «de reserva», y un total de… «172.135» de Agregados o Adictos y AMIGOS de la Legión —cu­yos nombres y apellidos figuran en nuestros Registros— que con ella cooperan por sus sacrificios y sus oraciones.

¡ Qué alegría tan singular y qué GOZO tan sublime tiene que haber sido el de los Legionarios FILIPINOS en el Cielo haber dado «la Bien­venida» a su PADRE y Fundador y reunirse con él para SIEMPRE en el Reino del Amor y de la Gloria de DIOS Nuestro SEÑOR!…

En cuanto a nosotros, nos hemos reunido aquí, HOY y los tres días ul timos, NO para intentar volver de nuevo a la vida al Padre GRACIA, sino para rendirle el tributo Final de nuestro recuerdo y de nuestra admiración, para ofrecer nuestras oraciones a DIOS por el descanso eterno de su alma, para acompañar sus restos mortales hasta el lugar de su reposo y, también, para llorar y para lamentarnos por la pérdida, tan sensible, que nos ha causado su inesperada muerte…

¡Lloramos, sí! y nos lamentarnos de su muerte. Pero, al mismo tiem­po, nos sentimos muy consolados por el hermoso pensamiento de que «él» —el Padre GRACIA— NO sirvió a su REINA en vano. Podríamos de­cir de él lo mismo que, de sí, dice San Pablo: «…ha combatido el buen combate, ha guardado la FE y ha terminado su carrera; ahora le está preparada una Corona de GLORIA»… (II Tim., IV, 7-8). «Corona de GLO­RIA» guardada, sin duda, y reservada para él por aquella Reina a Quien él tanto amó y a Quien sirvió con tanta generosidad y «gallardía»; TAN­TA, mientras que vivió en esta tierra…

Si alguien de entre vosotros me preguntara, ahora: «¿QUIEN era el Padre GRACIA? o ¿COMO era el Padre GRACIA?», yo, sencillamente, me limitaría a darle esta contestación: «¡Mira, el Padre GRACIA era el más exacto y el más perfecto TRASUNTO de tu Manual. Sí, no era otra cosa que el MANUAL bien estudiado, bien digerido y asimilado, como PER­SONIFICADO!»

Y si insistiéramos aun más, porque os dijera «otras cosas» acerca de él —hojeando de nuevo el Manual y citando textualmente sus palabras—, os diré que «FUE una ROCA en las crisis, más constante en toda ocasión. Siempre ESPERANDO el EXITO, pero MUY humilde si lo obtenía. LU­CHADOR en los fracasos y NUNCA desalentado por ellos. Si era llamado para trabajar, A PUNTO siempre y DECIDIDO, ¡ALERTA siempre y EN GUARDIA! cuando no se le invitaba. Con ánimo y CORAZON dispuestos a intentar aún LO IMPOSIBLE, si bien, a veces, hubiera de cargar con «la mochila. NADA, para él, era demasiado DIFICIL; nada, inalcanzable, y tampoco obligación o DEBER que fueran BAJOS o rastreros. Para cada CASO, para cada PERSONA, la atención más esmerada, la misma PACIENCIA incansable, el mismo TESON insistente, el mismo CORAJE, invencible, que jamás se doblegaba. Todos sus trabajos, señalados por una tenacidad FERREA, DESPREOCUPADO en absoluto de sí mismo, pero, al mismo tiempo, siempre en pie y al lado de la CRUZ de los demás; EN PIE FIRME, hasta que la labor quedara CONSUMADA (Ma­nual de la Legión de MARIA, página 8).»

Eso y nada más que ESO —bellamente resumido en las frases tan macizas del Manual de nuestra LEGION— es lo que ha sido para mí y lo que ha significado el Padre GRACIA.

Su obra está ya consumada. Y su carrera ha terminado. Ahora yace aquí, muerto y muy noblemente muerto.

Ha muerto, sí. Pero, con su muerte, la Legión no ha muerto. ¡NO, ni mucho menos!

El arbolito que él supo plantar, y que cuidó con tanto esmero, vive y seguirá viviendo, y creciendo más y MAS. La antorcha que él encendió ha de seguir ardiendo y dando su luz. Donde él dejó la huella de su úl­tima pisada, «SUS» legionarios, con paso firme, proseguirán marchando, siempre adelante. ¡EXCELSIOR…!

Y él —desde lo alto del Cielo— continuará siendo para nosotros lo mismo que fue ya en la tierra: un DON, un Gran REGALO de DIOS —por medio de MARIA, Nuestra MADRE— y, además, nuestra inspira­ción constante, nuestro modelo, nuestra estrella orientadora.

Ha llegado el momento en que —con toda verdad— podemos decir que «ha quedado plenamente CONFIRMADO y LAUREADO en el Servicio Le­gionario, con EL y por EL, es decir, con CRISTO Nuestro SEÑOR para toda la Eternidad»,

Por la traducción y copias,

P. AGAPITO SACRISTAN

Anales españoles, 1970

 

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