CAPITULO V
Va con el mismo cargo de superior a la Casa de Barcelona.—Pasa visita en las demás casas de la Misión españolas (1770-1774).
Tal debió ser la prudencia y acierto con que el P. Ferrer gobernó la casa de Guisona, que el 29 de marzo de 1770 fue nombrado Superior de la de Barcelona, sucediéndole de Superior en Guisona el P. José Costa, Director del Seminario interno. El P. Melción, que era Superior de Barcelona desde 1763, fue de asistente a la casa de Reus. Era la casa de Barcelona la primera y la más importante de las casas de la Misión en España. Además de formarse en ella los jóvenes misioneros, era famosa por sus misiones en el Principado por ‘los ejercicios: pasaban entonces por ella un año con otro, más de 1.600 ejercitantes.
Con igual o mayor esplendor, si cabe, continuaron los ejercicios y las misiones de la casa de Barcelona el tiempo que el P. Ferrer estuvo al frente de ella. En algunas ocasiones, como en 1772, predicaba parte de las pláticas de los ejercicios generales que practicaban en la casa seglares de todos los estados y condiciones. Así, al anotar el Libro de Ejercitantes la primera tanda de abril del citado año, dice: «Hicieron las pláticas los PP. Ferrer y Bull, la lectura en la capilla el P. Durán y en la mesa el P. Sobíes.» Ayudó también el P. Ferrer en la segunda tanda, y en el mes de mayo predicó las pláticas a 36 ordenandos, que; como de costumbre, practicaron allí los ejercicios para disponerse a recibir las sagradas órdenes.
Puso en orden el P. Ferrer, las cuentas de las fundaciones de misas, según consta de un libro manuscrito que ahora se guarda en el Archivo de la Corona de Aragón, y se titula: Llibre de Passament de comptes de les Fundasions de Missas Resadas y Cantadas fet en 1772, en que se passaren comptes generals desde el principi de cada una de les 1 tmdasions respectives fins a 31 Desembre de dlt any. Accediendo a los deseos del Ilustrísimi, Sr. Obispo y de su Vicario general, determinó asimismo el P. Ferrer que no hicieran los Hermanos Coadjutores las cobranzas, sitio que se hiciesen por medio de procurador secular.
Del 16 de octubre al 15 de noviembre de 1771, «por especial comisión» del muy reverendo Superior General, P. Jacquier, pasó el P. Ferrer visita en la casa de Palma. En las prudentes ordenanzas que dejó, establece ante todo la necesidad que tiene un misionero «de ser interior, verdaderamente mortificado y de virtud sólida, siendo cierto y constante que con esto se puede esperar Lodo y sin esto se puede temer todo». Les exhorta a no contentarse sólo con la observancia exterior, a guardar con toda exactitud los puntos de la Regla que se refieren a la, castidad y a conservar el buen nombre de que goza la casa; «y por cuanto la experiencia ha mostrado, añade, que el haber tenido esta casa Procurador externo para las cobranzas ha contribuido mucho al buen nombre que todavía conserva; después de la muerte del actual, se elegirá otro también externo y sucesivamente en adelante para el mismo efecto».
«Siendo las misiones según nuestras Reglas la principal función de nuestro Instituto y las que le han de conservar, dice en la tercera ordenanza, debemos con la mayor fidelidad continuarlas, no dejándolas jamás por todo el tiempo acostumbrado, así de invierno como de verano, ni por el mucho concurso en casa, ni por cualquier otro pretexto; pues que éstas jamás faltarán, ni dejarán de ser fructuosísimas, si no se pierde por nosotros; y lo serán mucho más si buscamos a los pobres y desamparados y no nos espantan los publicanos y pecadores; si preferimos, cuanto es de nuestra parte, los lugares pequeños, aquellos que tienen más ‘necesidad y menos cultura, y si procuramos hacer las misiones unas cercanas de las otras, de manera que las antecedentes preparen las siguientes», y éstas confirmen aquéllas. «Velará el Director que no se digan proposiciones inciertas, laxas, ni demasiado rígidas, que hacen más ruido que provecho, .o que pueden directa o indirectamente ofender a los párrocos, eclesiásticos, regidores o cualesquiera otros. Que la doctrina se haga con repetidas preguntas, hechas con orden, claridad y amenidad, y que nada se diga para mover a risa… Que no se admitan, en cuanto se pueda, externos, especialmente seglares, en nuestra recreación, así en casa como cuando en el día de descanso se va a fuera a tomar el aire, ya porque impiden la libertad santa de la recreación, ya por no ser ordinariamente u gusto de todos, y ya, finalmente, porque podrían notar tal vez nuestras faltas y ser de perjuicio a la misma misión. Por fin, procuren todos ganarse los pueblos con la mansedumbre, buen modo y términos respetuosos por una parte, y con el buen ejemplo, religiosa modestia y observancia regular por otra parte, con que harán más fruto –que con todos los gritos y rigores».
Señala asimismo cómo se ha de tratar a los enfermos y el modo de portarse con los ordenandos y ejercitantes; recomienda la limpieza y exhorta a huir de la murmuración, de la vana complacencia, de la ociosidad y de buscar la propia satisfacción. Dejó también en esta visita muy saludables avisos para el buen orden de la casa y de los ministerios a que se dedicaban.
En 1773, comisionado por el P. General, pasó también visita a las casas de la Misión de Reus, Barbastro y Guisona, dejando en todas partes muestras de su celo y prudencia.
Autorizado por el P. General y de acuerdo con los médicos, reguló el P. Ferrer en Barcelona y en las demás casas los alimentos que se habían de servir a la comunidad, procurando que no fueran muy sustanciosos y difíciles de digerir; porque, «atendido el mucho retiro, fatiga de cabeza y poco ejercicio corporal de los misioneros, les ocasionaban frecuentes enfermedades.







