El P. Pantaleón Antolín

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Author: Aurelio Ircio · Year of first publication: 1969 · Source: Anales españoles.
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El día 15 de agosto, como ya se indicó en otro número de ANA­LES, moría, víctima de un cáncer en nuestra residencia de la Pa­rroquia de Santo Tomás Apóstol de La Coruña, el padre Pantaleón Antolín García.

Había nacido el 27 de julio de 1898 en la villa tan vicenciana de Paredes de Nava, en una familia profundamente cristiana que, ade­más de él, había dado otros varios miembros a la doble familia vicenciana.

Formación

No tuvo necesidad de salir de su villa natal para adquirir no sólo la enseñanza primaria sino también la secundaria. Existía en ella, aproximadamente desde los días de su nacimiento, una fundación de PP. Paúles, en cuyas bases entraba la obligación de impartir a los niños de la villa la enseñanza primaria y las Humanidades con el Latín para los que se sintieran llamados a la carrera eclesiástica. Uno de los que habían comenzado a estudiar el Latín en 1909 era su hermano Millán, y aunque Pantaleón era más de dos años menor, le siguió al año siguiente. Por una nota de la visita que por este tiempo hizo a la Casa el padre Arnáiz, sabemos que la enseñanza primaria estaba encomendada al padre Luciano Oroz, y el Latín a los padres Zabala y Maeztu. El Superior de la Casa era el padre Pazos. No es fácil que las clases de Latín fueran muy regulares, pues dichos padres estaban allí más bien como misioneros, por lo que los alumnos tendrían que suplir mucho con su propio trabajo y es­fuerzo. No tenemos detalles de su carrera, que siguió, la marcha acostumbrada entonces: ingreso en el Seminario Interno el 9 de septiembre de 1914, los votos, dos años-y un día más tarde; dos años de Filosofía en Hortaleza y otro en Madrid, más los cuatro de Teo­logía. Comenzó a recibir las Órdenes en diciembre de 1922 y el presbiterado lo recibió el 26 de mayo del año siguiente.

Limpias

Su primer destino fue el colegio de Limpias, donde explicó varias asignaturas, como suele acontecer a los que están varios años en un Colegio. Consta que explicó Geografía, Historia de la Civilización, Matemáticas, Contabilidad comercial, Economía, Mecanografía y aun que presidió algún tiempo la gimnasia. También se ejercitó en ministerios de Hermanas como confesor extraordinario de varias Casas de la provincia de Santander.

Las exigencias que la República impuso a la ‘enseñanza religio­sa hizo que el año 1933 se cerrara el colegio y se convirtiera en es­cuela apostólica, de la que fue nombrado Superior el padre Antolín. Ahora, pues, se dedicó con ahínco a la formación, tanto intelectual como moral y espiritual de los jóvenes aspirantes a misioneros.

En el verano de 1934 tuvo lugar allí una Junta de Estudios, tal vez la más importante que se haya celebrado en la provincia, con el fin de poner al día y unificar la marcha de las escuelas apostóli­cas. Intervinieron en ella no sólo la mayor parte de los profesores de dichas escuelas, sino también de las Casas de estudios mayores. Si bien dicha Junta la presidió el padre Sierra y la organizó princi­palmente el padre Gregorio Sedano, también el padre Antolín tuvo en ella notable intervención.

En esta posición le sorprendió el Movimiento Nacional, con la mala suerte de que todo Santander cayera en seguida en manos de los rojo-separatistas. Ya el 23 de julio sofrió el colegio un registro por un grupo de rojos incontrolados que llegaron a amenazar a va­rios padres con el fusilamiento si no entregaban las armas que suponían en su poder; y sólo se evitó una tragedia merced a la ener­gía del alcalde de la Villa, quien habló o fingió hablar por teléfono con el gobernador, y en su nombre y apoyado por algunos vecinos armados, les conminó a que marcharan a otra parte, lo que al fin hicieron, aunque después de haber desvalijado el colegio, especial­mente la despensa, llevándose incluso cosas del ajuar particular de los alumnos.

De todas maneras, a mediados de agosto, los mismos milicianos del pueblo aconsejaron a los padres, por miedo a otros de fuera, que se ocultaran o huyeran, y así lo fueron haciendo. Del refugio del padre Antolín hay una referencia de que fue en el astillero. También se escribió en ANALES que en algunas fiestas, como La Milagrosa y Navidad, fue, vestido de miliciano, a un piso de Ruamayor de Santander, donde vivían varias Hermanas, llevándoles la Eucaristía en una cajita o en un pañuelo. Más tarde escribió él mismo que con­siguió evadirse y entrar en la zona nacional por Irún, con papeles que le acreditaban como súbdito belga. Después de hacer algunas gestiones en favor de otros padres de su Comunidad que iban en Bilbao, se fue a Paredes a consolar a su buena madre, enferma. Y, sobre todo, desolada por no saber nada de sus tres hijos que estaban en la zona roja.

Caído el frente Norte y liberado Santander, se le encomendó ha­bilitar de nuevo la Apostólica de Limpias, que había quedado com­pletamente desmantelada, como pudo comprobarlo el autor de es­tas líneas, que por aquellos días de septiembre de 1937 pasó por allí acompañando al padre Visitador, teniendo que dormir en el suelo, por no encontrar en el edificio ni una cama. Poco a poco, fue adquiriendo lo más elemental, de suerte que en los primeros días de octubre ya llegaban los apostólicos de tercero y cuarto de todas las apostólicas para empezar el curso. El padre Antolín cedió la di­rección de la Casa al padre Gregorio Sedano, y a él le encomenda­ron el gobierno de la de su villa natal.

Paredes de Nava

El día 21 de noviembre, domingo, toma posesión como Superior de esta Casa tan conocida por él. Aunque los ministerios de esta Casa eran bastante distintos, principalmente las misiones y otras predicaciones y tal vez el culto en la iglesia y las confesiones de Hermanas, sobre todo en las Témporas, también podía continuar un poco en su habitual ejercicio hasta entonces de la enseñanza. En una tarjeta al padre Sierra del 27 de marzo de 1938 anota que tie­nen 23 alumnos externos a quienes dan clase de cultura general, de Gramática, Aritmética, Historia, etc., y espera que más tarde pondrán curso preparatorio de Escuela Apostólica. Pero para ello necesita hacer arreglos en la casa, y la caja la tiene vacía. Sin em­bargo, no se desanima y poco a poco va arreglando la casa. Mien­tras tanto, algunas vocaciones que aparecen las manda a Tardajos, ya que allí no los pueden formar convenientemente.

Había en Paredes una asociación benéfica e instructiva llamada «Fraternidad», fundada por los hermanos Martínez Pérez. A uno de ellos, don Eloy, alejado desde su juventud de las prácticas religio­sas, ha conseguido convertirlo. Ahora ofrece a los padres la parte correspondiente a la enseñanza, que en realidad es bien poca cosa. Con ello atienden a una escuela nocturna para muchachos mayores. Parece que a la muerte de los fundadores aumentaron considerable­mente los recursos de «Fraternidad» y los dirigentes de la misma pensaron en establecer un colegio en forma. Aunque al principio no pensaron para nada en los padres, sino en otros con más fama en la enseñanza, al fin, tras varias repulsas; tuvieron que acudir a ellos. Muchos cabildeos necesitó el padre Antolín para ponerse de acuerdo en los diversos detalles, y corría ya el mes de septiembre de 1943 cuando se aprobaron las Bases y el Reglamento del nuevo colegio, que se abrió el 4 de octubre, con 21 alumnos becarios de la «Fraternidad» y 15 de pago, que más tarde se elevaron a 24 y 28, respectivamente. El año siguiente comunica que tienen 55 alumnos de comercio libre más 6tros 50 en la escuela nocturna. De todos es­tos sucesos escribió una extensa relación que envió al padre Visita­dor junto con los documentos que se hablan de presentar en el Ministerio de Educación para la aprobación del colegio.

Uno de los más importantes beneficios que proporcionó a su pa­tria chica fue el de una misión a primeros de 1946, para la que con­siguió la colaboración de, los padres Albiol, Larrainzar, Andueza y Fuentes, y que él describe con enorme entusiasmo y esperanza de mucho fruto.

A mediados de este mismo año 1946 y a punto de cumplir ya el tercer trienio de Superior, hubo de ceder su puesto, con gran satis­facción a su colaborador por varios años, el padre Saturnino Re­dondo. Por el momento quedó de súbdito en la misma Casa. Pero al año siguiente le llega una propuesta del padre Visitador para atra­vesar los mares camino de América. Copiamos su respuesta:

«… Hace unos días que he llegado de Zaragoza y descansando estaba de aquellos trabajos. Hoy he recibido su carta del 18 de los corrientes (agosto 47) y sin pérdida de tiempo paso, como usted me indica, a manifestarle mis ánimos.

Creo que son muchos años (50 años) con las apariencias, acaso reales, de un setentón para poderme aclimatar a nuevos climas, nuevos ministerios, nuevos modos de vida espiritual y social. Siem­pre tuve horror a la vida solitaria, y hasta entré en la Congregación huyendo de la vida solitaria del sacerdote…

No quisiera equivocarme ni hacer mi voluntad, pero tiemblo al pensar en la vida de América, y esto no es de hoy, fue de siempre. Que el Señor les ilumine al decidir mi destino…

Écija

El destino que recibió unos meses más tarde iba en la Patente de Superior de Écija. Gran disgusto manifiesta en la contestación, de que le haya dejado poco tiempo libre de responsabilidad y ase­gura que sólo acepta por pura obediencia. Se añadía a esto que pre­cisamente ahora iba estar mejor en Paredes, pues el Ayuntamiento les había concedido una subvención para el colegio.

Toma posesión el día 1 de .febrero de 1948. Separado ya del todo del ministerio de la enseñanza, se entrega del todo al cuidado del culto en la gran Iglesia de San Francisco de Écija, y de las confe­siones y ejercicios espirituales a las Hermanas. Aunque el gobierno de una casita como la de Écija, de poco compromiso y responsabili­dad se suele considerar fácil y agradable, no obstante, también suele suceder que a estas casas es a donde más suelen Ir a parar los caracteres difíciles, que frecuentemente proporcionan graven disgustos a todos y especialmente al Superior. Algo de esto proporcionó bastantes preocupaciones al padre Antolín, así como también el haber encontrado la Casa con una deuda bastante elevada, que sólo a fuerza de trabajo y economía, fue poco a poco cancelando.

Ecónomo del teologado

Tal vez en esta liquidación de la deuda de Écija vieron los Su­periores en él buenas disposiciones para llevar las cuentas, y así le pusieron al frente de una economía mucho más complicada, como era la del Teologado, que en este período de 1953-1957 contaba sola­mente en estudiantes con 130, de los cuales varios eran de otras provincias, lo que añadía más complicación a las cuentas. Y tal vez fue peor cuando, a primeros de 1958, se trasladó de Cuenca a la nueva Casa de Salamanca para preparar el traslado a ella de todo el Teologado. Y lo malo es que, como se queja él en una carta, los ecónomos nunca reciben parabienes por su trabajo y, en cambio, sí son objeto de muchas quejas y murmuraciones, por lo que sólo tienen que esperar la recompensa de Dios. Por este tiempo se vio grandemente afectadopor la muerte de sir querido hermano el pa­dre Millán, a la cual no pudo asistir por haber sido tan repentina que sólo unas horas antes se pudo sospechar el peligro.

Por lo demás, esta vida de ecónomo es una vida monótona y se puede decir que sin historia.

Últimos años

Suponiendo los Superiores que estaba ya cansado de ese ajetreo que parecía ya impropio de sus años, en 1961 decidieron descar­garle de aquel pesado cargo. Le destinaron a La Coruña, donde aún podría ejercitar callada y más despreocupadamente su bien reco­nocida laboriosidad. Todavía parece que se le propuso el superio­rato de Valladolid, pero ya no se encontró con fuerzas para aceptar. Continuó, pues, trabajando calladamente en La Coruña, y aunque en 1965 sufrió una grave enfermedad, que le retuvo bastantes días en una clínica, se repuso completamente y aun fue nombrado Asistente de la Comunidad.

La última prueba que Dios le envió para purificarle antes de lla­marle a fue un maligno cáncer que pronto le puso a las puertas de la muerte. De sus últimos días sólo hemos sabido que los pasó en el Hospital Militar, donde fue muy bien atendido por los médicos y las Hermanas, especialmente sus sobrinas, y espiritualmente por los padres de la Comunidad, sobre todo en sus últimos momentos, que’ aseguran fueron edificantísimos, por el padre Manuel González, que se encontraba aquellos días por allí pasando sus vacaciones. Confiamos en que el Señor le habrá llevado pronto a recibir el pre­mio de sus trabajos.

Aurelio Ircio
Anales españoles, 1969

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