El P. Eugenio Comellas Viladomat (1879-1946) (III)

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianosLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Nicolás Pascual · Año publicación original: 1946 · Fuente: Anales Barcelona.
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cruz_svV. — DATOS PARA LA BIOGRAFIA
Agradecernos muy de veras la amable cooperación de quienes se han prestado gustosos a ayudarnos -en la tarea de reunir este primer acopio de datos históricos, para archivarlos en nuestra revista en vistas a facilitar el trabajo del futuro bió-grafo del 6.° Visitador de la Provincia de Barcelona. Las páginas de nuestra revista recibirán con agrado las aportaciones de cuantos quieran completar o ampliar lo poco que hemos podido recoger.
Particular gratitud queremos expresar a don Augusto Comellas, quien nos proporcionó casi todas las noticias que van a continuación sobre la infancia y juventud de su difunto hermano:

Infancia y juventud (1819-1898)
Nacimiento: El 17 de abril del año 1879, en Barcelona, ( u la calle d’En Cuc, hoy de la Virgen del Pilar —¿núm. 22?— perteneciente en lo eclesiástico a la Parroquia de San Francisco de Paula, y en lo civil a un «barrio de la vieja ciudad donde radicaban por aquel entonces la mayoría de los despachos de los fabricantes e industriales de tejidos». En esta misma calle Bahía nacido, varios siglos antes, el barcelonés San José Oriol.
Padres: El fabricante de tejidos don Esteban Comellas Cluet y la dama doña Eulalia Viladomat Solanas. Esta, casada en segundas nupcias después del fallecimiento de dos hijos de su primer matrimonio. Procedían de Berga, donde tenía sus telares la marca industrial «Comellas y Cluet». Bendijo el cielo a los cristianos esposos con seis hijos y dos hijas. Nuestro Eugenio nació de un parto doble, el penúltimo del matrimonio. Y decimos esto porque «respondiendo su padre a unos amigos que le compadecían por el nacimiento de los dos mellizos, contestaba que él estaba muy contento y daba gracias a Dios por habérselos concedido, y en prueba de ello púsoles a los dos mellizos los nombres de Eugenio Augusto Deogracias y Augusto Eugenio Deogracias», respectivamente.
Bautizo: El día 20 del mismo mes y año (abril 1879) en In S. I. Catedral.
Confirmación: En el Palacio Episcopal de Barcelona, el 3 de mayo de 1886, a la edad de 7 años. «Recuerdo el lugar y el acto», dice en sus notas don Augusto.
Educación: Del regazo materno pasó, a los cinco años, al ‘Colegio Vilar que estaba situado —siguen las notas— en una casa (hace muchos años derruida) de la hoy Plaza Cataluña, en donde permanecieron los dos mellizos escasamente un año, para ingresar luego en el Colegio que los HH. de las Escuelas Cristianas habían inaugurado poco antes en la calle de Moncada, y que luego fue trasladado a un edificio (hoy derruido) de la calle Condal, en donde continuaron los estudios, que ter-minaron el año 1893, después de haber cursado todas las enseñanzas que en aquel entonces daban los HH. de las Escuelas Cristianas y, con profesor particular, en la casa paterna, la lengua inglesa y piano.
«En el colegio fue un alumno ejemplar, tanto por su comportamiento, siempre dócil, amable y obediente, como por su aplicación a los estudios que le mereció durante todos los años ser siempre el primero de la clase y obtener premio por los trabajos de vacaciones.»
Primera Comunión: La recibió, hacia los 10 años de edad, en la capilla del Colegio de la calle Condal. «Podría ser en 1890, pero me parece fue en 1889, ignorando el día», atestigua su hermano e inseparable compañero de infancia y estudios.
Salud delicada: Continuo copiando de las notas de don Augusto: «Fue delicado de salud desde su infancia, y su buena Madre tuvo que emplear sumos cuidados para salvarle del estado de agotamiento extraordinario (los médicos decían que no podría salvarse) a que lo redujo el ama a la que había sido confiado para que lo criara en el campo, la cual, habiendo perdido la leche, no lo comunicó a los padres del niño, y le hacía pasar casi sin alimento. Este percance del tiempo de su lactancia influyó muchísimo en su futuro desarrollo. Continuó débil durante toda su infancia y juventud y si pudo seguir con éxito los estudios fue gracias a especiales cuidados en su alimentación y régimen de vida.
«Desde el tiempo de su lactancia le molestó la hernia, que si bien pareció haber sido reducida, volvió a reproducírsele a los dos o tres años, y ya no curó de ella mientras estuvo en la casa paterna. Operado una primera vez sin resultado, en Madrid, durante su Noviciado, hubo de procederse, más adelante, a una segunda operación.»
De niño sufrió algunas otras dolencias transitorias. Cuando ya mayor, veíase precisado a vacar con frecuencia de los negocios y del despacho en que le ocupaba su padre «debido a su estado débil de salud». «Estando ya en la Congregación, sufrió mucho de anemia cerebral…. sus superiores le mandaron, en el verano de 1919, que, por obediencia, fuese a pasar tina temporada de reposo en una finca de sus familiares, situada en los alrededores de Berga, donde se recobró bastante».
Vocación: «Poco después de su salida del Colegio, sintió la inclinación a la vida religiosa, pero su padre no quiso darle permiso para abandonar la vida familiar y la comercial en que empezaba a ocuparle, hasta haber probado sobradamente la certeza de su vocación… A fin de hacerle desistir si ella no era muy firme, encargó a sus hermanos mayores —recurso paterno no por más repetido menos reprobable– le acompañasen a teatros y otras diversiones, a lo que Eugenio accedía con benevolencia, siendo un compañero bueno y alegre, ya que a ello le inclinaba su natural franco y expansivo. Pero, no por esto disminuían sus ansias de vida religiosa, por lo que su padre, viendo ser inútil toda oposición o distracción para hacerle abandonar sus ideales, le concedió, a los 19 años, el anhelado permiso. Su intención primitiva fué la de entrar en la Compañía de Jesús, pero, al fin, se decidió a escoger la Con-gregación de la Misión.»
«Tal vez pudo influir en su Vocación religiosa y en su humildad —sugieren las notas tantas veces citadas— el ejemplo y recuerdo de su tío, el humilde y sabio escritor y filósofo bergadán Rdo. D. Antonio Comellas y Cluet, hermano de su padre.» (En la «Enciclopedia Espasa» pueden verse algunos datos biográficos del mismo).
Refiriéndose, sin duda, a esta época de su vida, el P. Comillas escribía, invariablemente todos los años, en sus resoluciones de ejercicios (1936-46), al llegar a la meditación sobre la devoción a la Virgen: «A Ella debo mi conversión, mi Vocación y espero deber mi perseverancia final».
En la E. Apostólica de Barcelona (1898.99)
Cedemos gustosos la pluma al P. David Bartolomé, quien ha accedido a evocarnos aquel embrión de E. Apostólica barcelonesa, donde ancló el ideal religioso del joven Comellas:
«Nosotros éramos unos rapaces de 12, 13 y 14 años, clasificados en 12’, 2.° y 3.» de Latín. En conjunto, unos catorce alumnos con bastantes ganas de aprender y no menos de jugar.
Los tres cursos se desenvolvían dentro de una misma clase, regida por el P. Valentía Matamala, santo misionero, de carácter bondadoso, muy adicto a los pequeños apostólicos. Sus cabellos blancos, alta estatura, un tanto encorvada, cuerpo flaco y ojos habitualmente entornados, casi cerrados, nos daba la impresión de ser dicho P. Matamala mucho más anciano de lo que era en realidad. En vez de palmeta, tenía a la vista unas disciplinas de cuerda. Cuando su débil voz no lograba impo-nerse, empuñaba las disciplinas, repartía a boleo algunos golpes y conseguía el silencio.
Un día, comenzado ya el curso de 1898-99, el P. Matamala vino a clase con aire todavía más serio que de costumbre. Parecía que venía resuelto a imponer un poco más de orden en aquellos catorce traviesillos, parapetados tras los grandes pupitres, en actitud de buscar términos en algún diccionario latino, descifrar alguna traducción de los Autores Selectos o discurrir alguna travesura. Aquel día nos hizo poner en semicírculo, fuera de los pupitres, todos a la vista.
Detrás de él, entró un señor, joven, muy bien trajeado, de rasgos finos, rostro redondo y pálido, todo un hombre, en comparación de nosotros. Le hizo sentar en una silla aparte, a la derecha de la tarima ocupada por el Profesor.
La clase cobró un aire de formalidad.
Mientras nosotros dábamos la lección contestando a las preguntas salteadas del P. Matamala, acertando casos y conjugando verbos, el nuevo alumno mayor, invariablemente formal, no apartaba los ojos de la Gramática Latina, siempre abierta en las manos, a la altura del pecho. Sin duda que aquel nuevo discípulo, tan serio, cuya voz no supimos nunca cómo era, escuchaba y confrontaba lo que oía, con las reglas gramaticales previamente aprendidas.
Terminada la clase, nos encaminábamos de prisa al lugar de recreo; campo abierto al aire libre y cielo azul, colindante con la calle de Aribau. El joven estudiante no alternaba con nosotros, ni tomaba parte en nuestros juegos. Vivía en un aposento del segundo piso, en el pasillo reservado a los señores ejercitantes. Fuera de clase, sólo recuerdo haberlo visto con nosotros en algunos de aquellos paseos que dábamos los jueves por las afueras de Barcelona, acompañados del P. Matamala, mientras éste aprovechaba para visitar, de paso, los Sanatorios de la Cruz Roja, llenos de enfermos y heridos de la guerra de Cuba, asistidos por nuestras Hermanas.
Al joven señor Comellas, que tenía cursados muy buenos estudios de Gramática Castellana, Francés, Inglés y Humanidades en el Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, debió de parecerle muy fácil la Gramática Latina. Al terminar el curso de 1898-99, dominaba la Analogía y la Sintaxis.
Inauguróse el curso de 1899, y volvió a aparecer en clase el joven Camelias. Pero, no habrían pasado dos meses, cuando los superiores le juzgaron suficientemente preparado para ingresar en el Noviciado de Madrid. En poco más de un año había hecho lo que nosotros en tres.
Al dejar esta Escuela Apostólica, nos quedó la impresión – de que se trataba de una vocación decidida y de un espíritu perfectamente desprendido del mundo y de la buena posición social que, a la sazón, gozaba su familia.»
Seminarista y Estudiante (Madrid-Rialp, 1899-1906)
El Seminario Interno de la única Provincia de Paúles españoles estaba entonces en la Casa Central de Madrid. Allí fue admitido Eugenio el 27 de octubre de 1899, y allí emitió, das años después, los santos Votos, el 28 de octubre de 1901. Era entonces Director del Seminario el venerable P. Raimundo Arana.
Pasó después a Hortaleza (a unos pocos kilómetros de la Capital), donde los HH. Bienistas cursaban los dos primeros años de Filosofía, volviendo seguidamente a Madrid para los restantes cursos de Filosofía y Teología. Pero, el H. Comellas no los terminó en aquel estudiantado, sino en Rialp, a donde parece fue enviado al año siguiente de abierta aquella nueva fundación, que lo había sido en septiembre de 1904.
Pensarían los Superiores de la recién erigida Provincia de Barcelona que la paz, el sosiego y los aires puros de la montaña pirenaica favorecerían los estudios y el fortalecimiento físico del joven teólogo, al mismo tiempo que coadyuvaba como profesor de francés, a las tareas del Colegio.
Vino de Madrid con fama de muy observante y serio, como que era del pequeño grupo de estudiantes que los demás, con su poco de ironía, dieron en llamar «los abades».
Había colaborado con el mayor ‘entusiasmo en la traducción del «Pequeño Prado espiritual C. M.» y en la redacción de unos apéndices o complemento español a dicho libro, escribiendo él, por su parte, las biografías de los HH. Estudiantes Raimundo Casellas y Sebastián Garcías, que publicó nuestro «Germanor» muchos años después en diversos números de los años 1929-30-31, y en tirada aparte.
Ordenación y Primera Misa (1906)
Ignoramos las fechas y el lugar donde fue tonsurado y ordenado de menores, de subdiácono y diácono.
La unción sacerdotal recibióla en la capilla del palacio episcopal de Solsona, de manos del señor Obispo de la Diócesis y futuro Cardenal, doctor Juan Benlloc y Vivó, el 9 de diciembre de 1906. El 15 del mismo mes y año cantaba solemnemente su Primera Misa en nuestra iglesia de San Vicente de Paúl, de ésta su ciudad natal.
Procurador en Bellpuig (1907-12)
Advertimos al lector que los entrecomillados de esta época son del manuscrito de la «Crónica» de la Casa de Bellpuig, felizmente salvado, y que nos ha extractado amablemente el P. Anglés.
1907. — «El 20 de mayo llegó, destinado a ésta (Bellpuig) como Procurador, el señor Eugenio Camelias, perteneciente hasta entonces a la Casa de Rialp, aunque vino desde Barcelona, donde estuvo unos cuatro meses sin hacer nada por razón de su estado de salud muy delicado.»
1908. — «El segundo semestre de este año se empleó en la construcción del nuevo salón dormitorio de los niños (apostólicos) que costó 18.000 pesetas, las cuales fueron prestadas para este fin, sin interés, por el señor Eugenio Comellas. Todas ellas, junto con Lilo, que prestó más adelante, le fueron devueltas en 3o de junio de 1910, traspasando a su favor 7.000 pesos de los que la Provincia tenía en Méjico proceden-tes de la herencia del señor Rubí (q. e. p. d.), que equivalían exactamente a la expresada cantidad de 19.110 pesetas».
1910. — «En el mes de noviembre, compró el señor Comellas, para comodidad y provecho de la Comunidad, el huerto line poseía el señor Font al otro lado de la carretera, frente al del Convento. Le costó 5.000 pesetas y lo tuvo arrendado a la Casa hasta que lo volvió a vender por 4.000 pesetas al señor Font, en 1917, para ayudar a la Casa a pagar el recién comprado huerto del Convento.»
Sobre estos extremos puede consultarse «Datos históricos de la Casa de Bellpuig», págs. 62-65 del volumen de estos ANALES correspondiente al año 1942.
1912. — Culmina en este año uno de los períodos más críticos en la vida económica de la Provincia, que, como es natural, repercute hondamente en las Casas de Formación (Cf. «Germanor», 1927, págs. 163-167). Influyó notablemente en ello la suspensión de pagos de la razón social «Hijos de Co-mellas y Cluet», que tenía, en calidad de préstamos, cien mil pesetas de la Casa Central y Fondos capitalizados de la de Bellpuig (láminas y obligaciones municipales de Barcelona, etc.).
De todo este capital —dicen los apuntes enviados de Bellpuig— respondía el P. Comellas, y de hecho fue pagando los réditos correspondientes» (los de Bellpuig «subían a 633’2o pesetas anuales»). ¿Hasta cuándo? Una nota marginal puesta a la -Crónica» en 21 de marzo de 1935 por el señor Padrós, superior entonces de Bellpuig, dice que en dicha fecha el P. Comellas acabó de reintegrar a la Casa los aludidos valores.
Durante las vacaciones de dos de estos años, pasó el P. Comellas largas temporadas en Londres para perfeccionarse en la lengua inglesa, de la cual era profesor.
Director de Estudiantes (1912.13 y 1919.22)
Nombrado para este delicado cargo, tomó posesión de él en Espluga de Francolí el 16 de agosto de 1912. Sucedía al P. Antonio Soler.
Durante el curso 1912-13 enseña inglés y prácticas de francés.
En el mes de agosto de 1913, bajo su dirección, publican los HH. Estudiantes, en Espluga, el primer número de «Germanor», que había de ser durante 25 años la revista de familia, de la Provincia.
Cesa de Director en Espluga para volver a Bellpuig de Superior (septiembre). Para el curso 1919-20 recibe en aquella Casa a los HH. Estudiantes Teólogos siendo nombrado por segunda vez su Director. Al año siguiente, ya Visitador, los reune todos allí y sigue ostentando su alta dirección hasta el 3 de julio de 1922, en que el estudiantado vuelve a quedar instalado de nuevo en su propia Casa de Espluga de Francolí
Superior de Bellpuig (1913.20)
Dice el libro de la «Crónica»: «El día 4 de septiembre (1913) ton-ió posesión el nuevo Superior, señor Eugenio Comellas, nombrado por patente firmada el 2 de septiembre de este año. El señor Hospital le sustituyó en el cargo de Director.»
1914. — «En el mes de marzo, el señor Comellas compró la parte del antiguo huerto del Convento, que poseía el Fernández (a) «Ratat», como persona particular, por 3.500 pesetas, que al mes siguiente fueron generosamente pagadas por el señor Oller, quedando así propiedad de la Casa sin carga alguna.»
1916. — El P. Comellas se hace con la propiedad de todo lo que resta (salvo una pequeña porción) de la antigua huerta del ex-convento de franciscanos hoy nuestra Casa-Escuela Apostólica de Bellpuig en la forma y con los medios que él mismo narra modestamente en los ya mencionados «Datos históricos
El artículo 2.° de la tercera parte de esta reseña que acabamos de citar ofrece una breve síntesis de los «Ministerios y ocupaciones de los individuos de la Casa de Bellpuig» hasta 1918, pudiéndose completar lo allí apuntado acudiendo a la «Crónica» manuscrita de la Casa y a las enviadas y publicadas periódicamente en «Germanor», todo lo cual da una idea de lo que fue la Casa de Bellpuig bajo la dirección del Superior P. Comellas.
Visitador (1920-46)
Un telegrama le anuncia su nombramiento el 21 de marzo de 1920. Al día siguiente toma posesión en Barcelona. Desde aquella fecha hasta la de su muerte transcurren 26 años, 2 meses y 26 días. Este lapso de tiempo es más de la mitad de la historia de nuestra Provincia. No podrá ésta escribirse sin contar con la figura de su 6.° Visitador, con sus actos de gobierno, su enfoque de las cuestiones, sus Circulares y Ordenanzas de Visita, su gestión administrativa, su formulación de contratos y bases fundacionales, sus cinco viajes a nuestras Casas de América, su interpretación del espíritu de la Misión en el siglo XX, su… obra toda de Visitador.
Los hitos principales, los hechos más sobresalientes, ahí están, a la vista de todos, en nuestras revistas GERMANOR y ANALES. La historia completa, con una visión plena y perfecta de sus altibajos y claroscuros, con sus perfiles de dolor y de gloria, habrá que irla a buscar en los archivos.
Pero lo más importante no es escribir historia, sino hacerla. Y pensamos —esta es nuestra modesta opinión— que nuestro P. Comellas la hizo, una historia sencilla como su autor, alguno de cuyos capítulos, con todo, quedan incorpora-dos para siempre, y honrosamente, a la de la Congregación de la Misión y de su pequeña Provincia de Barcelona.
N. PASCUAL, C. M.
Barcelona, agosto de 1946

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