Todos cuantos han escrito sobre la Medalla o sobre la vida de Santa Catalina Labouré coinciden en afirmar que la aparición de la Virgen de los Rayos y también de la Virgen del Globo, ya que es la misma en fases distintas, se repitió varias veces. Pero, ¿cuántas? Joseph Dirvin, Luden Misermont, Jesús Cavanna y Francesco Avidano aseguran ser cinco, cuando menos: septiembre, noviembre y diciembre de 1830 y marzo y septiembre de 1831. Las tres primeras tuvieron lugar mientras la estancia de Sor Catalina en el Seminario o Noviciado, y las otras dos ocurrieron en sus visitas a Rue du Bac desde su destino en Enghien.
¿Cómo han llegado estos autores a esa conclusión? Indudablemente que reconciliando las afirmaciones del Padre Aladel con las de Santa Catalina. En su carta al Abate Le Guillou, el Padre Aladel dice que la aparición tuvo lugar «hacia finales de 1830», y en su libro Notice precisa, sólo en la octava edición, de 1842, que la Virgen de la Medalla apareció en septiembre de 1830. Esta misma afirmación hizo bajo juramento en 1836, interrogado por Monseñor Quentin, promotor de la «Encuesta canónica sobre el origen y los efectos de la Medalla». Pero en estas tres situaciones, la carta, el libro y la declaración canónica, el confesor de la vidente insiste en que la visión se repitió seis meses después y de nuevo otros seis meses después, es decir, en marzo y septiembre de 1831.
Santa Catalina, por su parte, dice en su primer relato, de 1841: «El 27 de noviembre, que era el sábado primer domingo de adviento, a las cinco y media de la tarde.» Y en un segundo relato suyo, de esa misma fecha, añade dentro del texto: «Por tercera vez se me apareció; no sé recordar el tiempo.» El Padre Jules Chevalier, ordenando los papeles de la vidente, afirma que esta «tercera vez» corresponde al mes de diciembre.
He aquí, pues, como se llega a esa conclusión de las cinco fechas: septiembre de 1830 y marzo y septiembre de 1831, mencionados por el Padre Aladel; y noviembre de 1830, indicado por Santa Catalina, lo mismo que diciembre de ese mismo año, según interpreta el Padre Chevalier.
Pero el historiador se encuentra con algunas contradicciones, al menos en apariencia. El Padre Aladel afirma, en la segunda sesión de la «Encuesta canónica de 1836» que la vidente llevaba seis meses en el Seminario cuando tuvo la visión. Ahora bien, Santa Catalina ingresó en el Seminario el 23 de abril. ¿Cómo tuvo la visión en septiembre si hasta el 23 de octubre no se cumplían los seis meses? ¿Se trata de impresiones y aproximaciones en el lenguaje nada más?
El documento más antiguo, con fecha del mes de agosto de 1833, firmado en París por Carlos Lamboley, asegura que la aparición tuvo lugar «al principio del año de 1831».
¿Cómo se explican estas discordancias? Todos los testimonios concuerdan en el hecho de que la aparición se repitió, cuando menos, tres veces. En la quinta sesión de la «Encuesta», el Padre Aladel dice: «Ella me hablaba con temor, y esto cuando se sentía atormentada, agitada y persuadida violentamente por el deseo de confiarme la repetición de la visión, tal ha sido la causa por la que esta hermana no me ha hablado más que tres veces, por más que la visión se haya repetido con más frecuencia…» Seguramente que el número de las visiones es más alto que el de cinco, y así se explica que los confesores de Santa Catalina y ella misma hagan alusión a fechas distintas, que no se excluyen.
La visión se repitió unas veces durante la misa y otras durante la oración de la tarde; unas sobre el altar mayor y otras sobre el altar de San José, hoy de Virgo Potens. El 27 de noviembre ha sido adoptado por la Iglesia como fecha conmemorativa de la aparición. Por qué se repitió tantas veces la visión es algo que queda para la especulación: según unos, la Virgen quería que la visión quedara bien grabada en la mente de la novicia; según otros, la repetición era una especie de insistencia para que se acuñara la Medalla. El Padre Aladél confirma: «La. Santísima Virgen no estaba contenta de que así se descuidara el hacer acuñar esta Medalla.»
Los encuentros entre Sor Catalina y el Padre Aladel en el confesonario resultaban desagradables. Las Hermanas que esperaban su turno podían escuchar la pelea. No entendían de que discutían, pero, según declararon algunas ante el solemne tribunal convocado por Roma para investigar la santidad de Sor Catalina, ambos parecían insistir en algo opuesto. La misma Sor Catalina, poco antes de morir, aseguró haber dicho a la Virgen que «mejor hubiera sido que se hubiera aparecido a otra persona, puesto que nadie la creía a ella», y que su confesor, al enterarse de ello la llamó «avispa malvada». La polémica consistía en que la vidente quería ver acuñada cuanto antes la Medalla, y el Padre Aladel daba largas al asunto. Probablemente ésta es una de las razones por las que se repitió tantas veces la visión. Este tira y afloja, este toma y daca entre director y dirigida resulta un tanto infantil, si bien es real.
¿Puede admitirse la repetición como una prueba de autenticidad?
Bibliografía:
MISERMONT, Luden: La bienheureuse Catherine Labouré, Filie de la Charité…, págs. 98-106, 3′ edic., París, 1933; ídem: Les graces extraordinaires de la bienheureuse Catherine Labouré, págs. 272-302, París, 1933; CAVANNA, Jesús: Manual of the Children of Mary Immaculate, página 206, Appendix I., Manila, 1957; CHEVALIER, Jules: La Médaille Miraculeuse, pág. 80, 10.’ edic., París; DIRVIN, Joseph: o. c., págs. 100-101; DELGADO, José: o. c., págs. 131-32; CRAPEZ, Edmond: o. c., págs. 63-647 74-75.







