1. La vocación
Es necesario el tener claridad ante algunas concepciones muy difundidas en el ámbito eclesial, por ejemplo, para muchos el ser Hermano es un camino para quien no es suficientemente inteligente y por eso no pudo optar por el sacerdocio ministerial. Dios llama a unos para ser presbíteros y a otros a ser hermanos. Adelantemos nuestra reflexión diciendo que son caminos distintos para cumplir la misión de evangelizadores de los pobres. Tanto se necesita en la Congregación al Hermano como al Sacerdote. No se es peor siendo Hermano, ni se es mejor siendo Sacerdote.
Desde el inicio de la Congregación de la Misión, el Fundador quiso que estuviera compuesta por clérigos y laicos (RR.CC. I, 2, Const. 4), realidad que ha perdurado hasta nuestros días. Y así lo reafirman las actuales Constituciones y Estatutos aprobados por la Santa Sede. A unos y otros nos corresponde:
- Procurar revestirnos con todas nuestras fuerzas del espíritu del mismo Cristo para adquirir la perfección correspondiente a la vocación.
- Dedicarnos a la evangelización de los pobres, sobretodo de los más abandonados.
- Ayudar en la formación a clérigos y laicos, y llevarlos a una participación más plena en la evangelización de los pobres. Const.l.
El documento «Hermanos para la Misión» que sacó el P. General y su consejo en 1989 en el numeral II, nos dice que: «La vocación del hermano es una verdadera vocación, completa en sí misma, verdadero don de Dios, con contenido propio y no una vocación medio clerical medio laical».
Ya antes, la Asamblea General de 1986 nos había dado claramente la definición:
«Conservando su condición de «Laico», se consagra a la Congregación de la Misión para continuar, en comunión con los demás miembros de la misma, la misión de Cristo Evangelizador de los Pobres e intenta responder con todas sus fuerzas a las exigencias de la vocación según la doctrina y el espíritu de San Vicente y las Constituciones».
Pero es más rica la descripción de la identidad del hermano la que nos da el Consejo General de la C.M. «Hermanos par la Misión» del 5 de diciembre de 1990, cuando dice:
«El Hermano de la Congregación de la Misión es un cristiano que, fiel a su bautismo y en respuesta a la llamada de Dios, se consagra, sin perder su condición laical, en la Congregación de la Misión, para imitar y seguir a Cristo evangelizador de los pobres, conforme al carisma de San Vicente y en comunión con los demás miembros de la Iglesia».
El hermano no es un simple prestador de servicio. El hermano vicentino es un consagrado que tiene votos, pero es laico. Sigue a Jesucristo evangelizador de los pobres a través de los 4 votos. Sigue a Cristo de tiempo completo, no tiene otro fin.
2. Misión
Toda la Iglesia es misionera. Tanto sacerdotes como hermanos laicos nos dedicamos a continuar la misión del Señor, nosotros los Misioneros Vicentinos, concretamente siguiendo a Cristo evangelizador de los pobres. La misión del hermano es la misma del laico, pero de tiempo completo gastando toda su vida al servicio de la Iglesia, la Congregación, sirviendo a los pobres.
Y de qué manera se cumple esta misión:
- El hermano coadjutor por su cercanía a los laicos se convierte en un verdadero animador de la misión de los laicos, haciendo una mirada critica de la realidad y una lectura profética de los signos de los tiempos, abriendo nuevos caminos, desarrollando su misión bautismal profética.
- La Christus Dominus en el numeral 34 nos dice que ante el avance de las necesidades apostólicas, los laicos pueden prestar una ayuda fundamental al trabajo de los clérigos. Aquí está el campo de la sor–responsabilidad como espacio rico del trabajo de los hermanos en la evangelización de los pobres.
- En el campo de la evangelización, no deben existir diferencias entre sacerdotes y hermanos. Las diferencias se encuentran en el ejercicio de la evangelización: unos según el ejercicio del sacramento del Orden y los otros desde su campo laical.
- La evangelización debe tender a crear un clima de comunión congregacional. Esta comunión se hace patente en la diversidad y complementarie.dad de las vocaciones, los ministerios y los diversos carismas recibidos por cada uno, como fruto del Espíritu Santo.
- El hermano puede ir abriendo los variados ministerios laicales que se derivan de su misión profética: corno responsable de la catequesis en la zona, de la atención a los enfermos…como encargado de la economía de la casa…
- Con relación a su dimensión sacerdotal, puede recibir los ministerios instituidos en la Iglesia como el lectorado y el acolitado. Asi puede ejercer estos ministerios administrando el bautismo ,orno laico catequista, en caso de necesidad, como ministro extraordinario de la comunión o corno delegado para asistir matrtirones Ministerios que puede ejercer el hermano coadjutor, evitando el peligro de clerical izar su vocación laical.
A modo de reflexión final
- Todos: sacerdotes y hermanos estamos llamados a la misma vocación misionera. Ahora bien, hay una tarea para realizar esta vocación: de una parte haciendo que los sacerdotes estimemos en su sana dimensión la vocación de los hermanos, dándoles el puesto que les corresponde en la Iglesia y en la Congregación, no sobrevalorando nuestra vocación como superior a la de los hermanos.
- En la vida comunitaria los hermanos tienen también una misión de primera clase: ser responsables de la marcha comunitaria de la casa y en los trabajos apostólicos de la obra.
- De otra parte, a los hermanos les corresponde también vivir en comunión y fraternidad con los sacerdotes, no aislándose del espíritu comunitario ni encerrándose en sí mismos. Su trabajo en la comunidad local es el intercambio mutuo, viviendo el gozo de la igual dignidad y el esfuerzo por trabajar codo a codo con los sacerdotes, haciendo fructificar los dones recibidos, puestos en común para una genuina evangelización de los pobres.
¿Qué esperanzas tiene la Congregación contigo, hermano de la Misión, dentro de tu ser y quehacer dentro de la Comunidad y la Iglesia?
- Que seas un hombre plenamente feliz dentro de la Comunidad.
- Con el espíritu de Jesús, evangelizador de los pobres.
- Un laico que vivas convencido del valor de la Comunidad en todos los ramos de la vida misionera: pastorales, administrativos, manuales.
- Que trabajes hombro a hombro con los sacerdotes, luchando mancomunadamente por alcanzar el fin de la Congregación.
Para la reflexión
- ¿Qué podemos hacer para que la vocación de los hermanos coadjutores tenga su puesto adecuado en la Congregación?
- ¿De qué manera los hermanos pueden involucrarse adecuadamente en los proyectos comunitarios y apostólicos de la Congregación?
- ¿Cómo podernos de una manera articulada, elaborar una visión complementaria de nuestro ser y quehacer de sacerdotes y hermanos, sin disminuir lo específico de cada vocación?






