El 7 del mes de diciembre de 1740, la muerte se llevó en nuestra casa del seminario menor de Poitiers a nuestro hermano Ignace Triquet, diácono, nacido en Annecy, diócesis de Ginebra, el 2 de febrero de 1728, y recibido en el seminario interno en Lyon el 16 de agosto de 1733.
La naturaleza de su enfermedad que sólo duró siete días no ha sido bien conocida, lo que sin duda ha hecho inútiles los grandes cuidados que se han tenido de su conservación.
«Como quiera que sea, ha escrito el Sr. Jagot, que era su superior y que le había conocido desde la infancia, es una tempestad lo que ha desarraigado esta joven planta, cuando la Congregación estaba a punto de recoger sus primeros frutos. Se los podía prometer en lo sucesivo tanto más abundantes cuanto este querido difunto, aunque sólo de veintidós años de edad, era ya capaz por sus talentos naturales y adquiridos, servirla en todas sus diferentes funciones. Yo le he conocido desde su más tierna juventud, y le había de algún modo criado en la Congregación con dos de sus hermanos. Educado cristianamente, había vivido con sus padres en una gran inocencia ; y luego, el estudio de la ciencia y de la virtud había hecho siempre sus queridas y casi únicas delicias.Un espíritu vivo y juicioso le había puesto en poco tiempo en estado de enseñar con honor; tenía además grandes disposiciones para el púlpito. Retirado del mundo, no ha buscado nunca hacer conocimientos. No frecuentaba más que a sus cohermanos. El amor a la castidad le hacía escrupulosamente atento a todo lo que podía manchar esta preciosa virtud, y le hacía prever y evitar las trampas qu se le podían preparar, y de hecho se prepararon a su inocencia. Se entregaba seriamente a considerar los caminos de Dios, a conoceerse a sí mismo, y tomaba justas medidas para corregirse de los menores defectos que percibía en sí. Era enemigo de la singularidad.
«Señores del seminario seminario mayor han sido testigos y edificados lo mismo que yo de los grandes sentimientos de religión que ha puesto de relieve durante su enfermedad, y en los que ha perseverado constantemente hasta la muerte. Aunque vivo por naturaleza, no has demostrado ninguna impaciencia, abandonándose con docilidad a los cuidados de los médicos, y perfectamente resignado a la voluntad del Señor. Se ha enfrentado con mirada segura y tranquila al golpe que le esperaba. ‘Mi tranquilidad, me decía él, me inquieta un poco; voy a comparecer ante Dios que juzga a las mismas justicias, y yo no tiemblo’. Me decía también ‘En un sentido no me molesta morir, con tal que Dios sea misericordioso conmigo. Mis pecados se habrían multiplicado con el número de mis años, y yo habría tenido una cuenta mayor y más temible que dar’. Los grandes y súbitos progresos de su enfermedad al anunciarle una muerte próxima, se ha dispuesto más seriamente todavía por los últimos sacramento que ha pedido y recibidos con señales sensibles de fe, de amor y de confianza. Desde ese momento, únicamente ocupado de Dios y de la eternidad, no ha querdio que le hablaran de otra cosa. Has respondido con gran presencia de espíritu a las plegarias de los agonizantes que se le han hecho dos veces. Por último, después de una larga, pero tranquila agonía, se murió llorado por universalmente por todos cuantos le han conocido, y ha sido enterrado en la iglesia del primer Calvario de Poitiers «.
Todo lo que el Sr. Jagot refierre aquí de este joven misionero concuerda muy bien con la idea que teníamos. Se había portado muy bien en Lyon durante su seminario y sus estudios, como se certificó entonces, y se ouede decir que ha hecho lo mismo en esta casa de París, viviendo pacíficamente, honradamente y caritativamente con todo el mundo y evitando sin embargo con oprudencia las ocasiones de debilitarse en el amor de sus reglas y de sus deberes. – Anciennes Relations, p. 356.







