«EL FIN APOSTÓLICO PROPIO» LA COMPAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD Y LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN COMO SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA (II)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. LAS CONSTITUCIONES POSCONCILIARES DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN Y DE LA COMPAÑIA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

La renovación puesta en marcha por el Concilio Vaticano II tuvo su repercusión también en los institutos vicencianos que han puesto manos a la obra de examinar sus textos normativos a la luz de las indicaciones del Concilio y de los documentos posteriores.

  1. LAS CONSTITUCIONES DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

A través de las Asambleas Generales de 1968-1969, de 1974 y la de 1980, la Congregación de la Misión se ha dado unas Constituciones que fueron aprobadas por la Sede Apostólica, el 29 de junio de 1984, promulgadas el 27 de septiembre de ese mismo año, y entraron en vigor el 25 de enero de 1985, y que están todavía en vigor porque no han sido modificadas.

a las Constituciones elaboradas por la Asamblea extraordina­ria de 1968-1969, definían la Congregación de la Misión como «uní sociedad apostólica para continuar la misión de Cristo y de h Iglesia» (art. 6). Ulteriores e importantes precisiones emanaron de 11 Asamblea de 1974 que invitaba a todos los misioneros y a la comu­nidad a recorrer el camino indicado por san Vicente para seguir Cristo «mediante la ‘conversión’ a los pobres» (art.16) y afirmaba «La evangelización de los pobres es nuestro signo, la razón de nues­tra vida y la columna vertebral de toda ella» (art. 25). En consecuen­cia la vocación debe dirigir la actividad apostólica, la vida comuni­taria, la formación y orientar la forma de gobernar (art. 26).

Las determinaciones más importantes, después de la Asambleade 1980, se transfirieron a las Constituciones aprobadas por h Iglesia en 19848. En ellas se dice que «La Congregación de la Misión es una sociedad clerical de vida apostólica…» (art. 3, § 1) su fin es «seguir a Cristo evangelizador de los pobres…» (art. 1) este fin «se logra cuando sus miembros y comunidades, fieles a san Vicente: 1° procuran con todas sus fuerzas revestirse del espíritu de mismo Cristo (RC, I, 3), para adquirir la perfección correspondien­te a su vocación (RC, XII, 13); 2.° se dedican a evangelizar a lo; pobres, sobre todo a los más abandonados; 3.° ayudan en su forma­ción a clérigos y laicos y los llevan a una participación más plena en la evangelización de los pobres» (art.1); su espíritu «es la participa­ción del espíritu de Cristo, como lo ha propuesto san Vicente: «Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Le 4, 18). Por lo tanto «Jesucristo es la regla de la Misión» y será el centro de su vida y de su actividad (SVP, XI, 429).

  1. LAS CONSTITUCIONES DE LA COMPAÑÍA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

Por su parte, la Compañía de las Hijas de la Caridad hizo una primera revisión constitucional en la Asamblea extraordinaria de 1968 y 1969. En el texto que emanó de la Asamblea se dice «apos­tólica y misionera, de derecho pontificio» (art. 14); su espíritu «con­siste en darse a Dios para amar a Nuestro Señor Jesucristo y servir­le en la persona de los pobres» (art. 7); «es el servicio de Cristo en los pobres lo que da significado a la vida» de la Hija de la Caridad y «los votos expresan y conforman la donación total a Dios con la cual, ellas, bajo la acción del Espíritu Santo, responden al amor del Padre» (art. 48).

Después de algunas modificaciones de la Asamblea de 1974, el nuevo texto de 1975 establece que «que las Hijas de la Caridad se consagran enteramente y en comunidad al servicio de Cristo en los pobres, sus hermanos, con espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad» (I) y los votos anuales son vistos corno una confirmación de su consagración a Dios para el servicio de Cristo en los pobres (Cfr. I, Dadas a Dios). «El servicio es la expresión de su consagración a Dios en la Compañía, y le comunica su pleno significado» (II, 14). En cuanto a la colocación de la Compañía en la Iglesia, reitera que se trata de «una Compañía apostólica y misionera, de derecho pontifi­cio, reconocida y aprobada por la Iglesia como un Instituto de vida apostólica en comunidad» (II. La Compañía en la Iglesia). Después de la Asamblea de 1979-1980, las Constituciones recibieron el sello de la aprobación de la Sagrada Congregación para los Religiosos y los Institutos seculares, el 2 de febrero de 1983. Tales Constituciones dicen que «La Compañía de las Hijas de la Caridad es una sociedad de vida apostólica en comunidad, que asume los consejos evangéli­cos con un vínculo definido por las Constituciones» (1.13). Se reite­ra que: «dadas a Dios para el servicio de los pobres, las Hijas de la Caridad encuentran la unidad de su vida en esta finalidad»; «el servicio es para ellas la expresión de su consagración a Dios en le Compañía, y comunica a esa consagración su pleno significado” (2.1). «Para servir a Cristo en los pobres, las Hijas de la Caridad se comprometen a vivir su consagración bautismal mediante la práctico de los Consejos Evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, que reciben de dicho servicio su carácter específico» (2.4).

Como ya hemos señalado, las Constituciones de le Congregación de la Misión no han sufrido modificaciones hasta le fecha. Por el contrario, las Constituciones de la Compañía de las Hijas de la Caridad de 1983 han sido modificadas en la Asamblea General de 2003 y aprobadas por la Congregación de los Instituto5. de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica el 25 de marzo de 2004. Hemos de notar, en el nuevo texto, la precisión de que las Hijas de la Caridad están «entregadas a Dios para servir e. Cristo en los pobres» (C.16 a), que «el servicio es para ellas la expre­sión de su entrega total a Dios en la Compañía y comunica a esa entrega su pleno significado» (C. 16 b), pero especialmente toda le adaptación de las partes que hacen referencia de modo específico al «servicio de Cristo en los pobres» y a la «práctica de los consejos evangélicos», todo el énfasis es puesto sobre «el servicio de Cristo en los pobres», visto como un acto de aquel amor — afectivo y efec­tivo — que orienta toda la vida de la Hija de la Caridad y «es la expre­sión por excelencia del estado de caridad»; servicio al cual «se com­prometen con un voto específico» (C. 24 a) y en función del cual «se comprometen a vivir su consagración bautismal mediante la prácti­ca de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia que reciben de dicho servicio su carácter específico» (C. 27).

  1. LA PERFECTA SINTONÍA ENTRE LOS DOS ORDENAMIENTOS

Llegados a este punto podemos intentar hacer un paralelismo entre las determinaciones jurídicas relativas a los sacerdotes de la Misión y de las Hijas de la Caridad. Este es el cuadro que emerge.

3.1 El fin apostólico

En la Congregación de la Misión: «Sus miembros persi­guen su propio fin apostólico según el patrimonio espiritual trasmi­tido por san Vicente y sancionado por la Iglesia», y tal fin consiste en «seguir a Cristo evangelizador de los pobres…» Se trata lógica­mente de un anuncio que nunca va desligado del servicio concreto, incluso de tipo material, a los pobres, desde el momento en que el amor debe ser afectivo y efectivo. Como dice san Vicente, se anun­cia el Evangelio a los pobres, haciendo efectivo el Evangelio.

             En la Compañía de las Hijas de la Caridad: «Servir a Cristo en el pobre». Como para los sacerdotes y hermanos de la Misión, una auténtica evangelización no puede estar desligada del servicio concreto, así para las Hijas de la Caridad el servicio tiene que estar acompañado del anuncio de Jesucristo.

3.2. El espíritu

             En la Congregación de la Misión: «El espíritu de la Congregación es una participación del espíritu del mismo Cristo, como lo propone san Vicente: «Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Le 4, 18). Por eso «Jesucristo es la regla de la Misión» y ha de ser considerado como centro de su vida y actividad (SVP, XI, 429) (C. 5). Tal espíritu «comprende aquellas íntimas disposiciones del alma de Cristo… amor y reverencia al Padre, caridad compasi­va y eficaz con los pobres, docilidad a la divina Providencia» (C. 6) y la práctica de «las cinco virtudes» sacadas de su peculiar visión de Cristo: la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificación, el celo por las almas»… (C. 7).

En la Compañía de las Hijas de la Caridad: «El espíritu de vuestra Compañía consiste en tres cosas: amar a Nuestro Señor y servirlo en espíritu de humildad y de sencillez…» (SVP, IX, 536).

3.3 Los votos:

En la Congregación de la Misión: «Los miembros de la Congregación de la Misión, con la mirada puesta en alcanzar de un modo más eficaz y seguro el fin de la Congregación, emiten los votos de estabilidad, castidad, pobreza y obediencia, según las Constituciones y Estatutos». (C. 3, §3). «Deseando continuar la misión de Cristo, nos entregamos a evangelizar a los pobres en la Congregación todo el tiempo de nuestra vida. Para realizar esta vocación, abrazamos la castidad, la pobreza y la obediencia confor­me a las Constituciones y Estatutos» (C. 28).

En la Compañía de las Hijas de la Caridad: «Los votos de las Hijas de la Caridad «son votos no religiosos, anuales, siem­pre renovables» que «la iglesia reconoce tal y como la Compañía los comprende en fidelidad a sus Fundadores» (C. 28 a). Los votos, según la tradición de la Compañía, son considerados como una rati­ficación de la entrega total a Dios (cfr. C. 28 a). La segunda fórmu­la prevista para la emisión de los votos resalta todo esto: la entrega total de sí a Dios en la Compañía para dar testimonio de su caridad para con los pobres, en respuesta a una llamada recibida, precede y postula la práctica de los consejos evangélicos asumidos por los votos.

3.4 La vida fraterna en común:

En la Congregación de la Misión: «La vida comunitaria es un rasgo propio de la Congregación y su forma ordinaria de vivir ya desde su fundación y por voluntad clara de San Vicente» (C. 21, §1); sus miembros «llevan una vida fraterna en común según un estilo propio» (C. 3, §1); «la comunidad vicenciana está ordenada a prepa­rar la actividad apostólica, fomentarla y ayudarla constantemente» (C. 19).

En la Compañía de las Hijas de la Caridad: «Llamadas y reunidas por Dios, las Hijas de la Caridad llevan una vida fraterna en común, con miras a la misión específica de servicio» (C. 32 a). La comunidad es considerada como «el primer lugar de pertenencia de las Hijas de la Caridad» (C. 34) y en ella se elabora el Proyecto comunitario «con miras al servicio de Cristo en los pobres» (C. 35).

Alberto Vernaschi, cm

CEME, 2015

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