El contexto sociocultural y su influencia en la formación

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Author: François Bousquet, Vicerrector en investigación del Instituto Católico de Paris · Year of first publication: 2011 · Source: Ecos de la Compañía.
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Introducción

unionEn la formación inicial, es necesario ayudar a las Hermanas jóvenes a tomar conciencia del contexto sociocultural en la construcción de su personalidad. Es importante comprender bien la naturaleza de los cambios y de las situaciones históricas que influyen en nuestros comportamientos. Esto supone, por parte de las formadoras, realizar el mismo trabajo en ellas mismas, porque así, después podrán transmitir lo que han descubierto. La formación no se dirige al cielo, sino a personas concretas que viven en un contexto sociocultural concreto. Lo que hay que preguntarse es:

«¿Cómo orientar hacia el Evangelio la mentalidad que nos modela? ¿Mediante qué caminos?»

1. Comprender de qué se trata, en materia de mentalidades y culturas

Desde el punto de visto histórico, hay muchas definiciones de cultura y   estamos invitados a respetar su complejidad.

Sin embargo, dos definiciones de cultura nos ayudaran a trazar una línea para el intercambio:

*La cultura en el siglo XVIII, la de la Ilustración, opuesta al estado salvaje. El espíritu es la primera característica de la Ilustración: una inteligencia abierta, viva, curiosa, práctica. La cultura es privilegio de una élite, de los que dominan la lengua, las reglas de educación, la sociabilidad. La Ilustración tiene como ideal de la cultura la calidad. En la escuela se trata de aprender la lengua, el saber, las reglas de urbanidad. La Ilustración, es también atención al «otro», el lejano, el extranjero. Por último, la Ilustración buscó apasionadamente un universo…Este siglo confía en el hombre pero no es creyente. Hay en la Ilustración, como en el cristianismo, una afirmación fundamental de universalidad, pero la misma dignidad de todos los humanos no tiene relación con la imagen de Dios.

Los dos siglos posteriores, se toman en serio la cuestión de la violencia en la historia. Tienen el mérito de predicar lo universal, de resolver una complicación religiosa y política  e inscribir en la cultura, no sólo la élite sino al pueblo, el ideal de la libertad para todos.

* La cultura en el siglo XX, la de las ciencias humanas, es el conjunto de medios y modos de ser  que permiten humanizar la naturaleza; producen imágenes de sociedades diferentes. Se trata pues de integrarse en el medio por la lengua, la alimentación, el modo de vestir y la organización de la sociedad.

La herencia de la Ilustración, nacida de un espacio europeo al mismo tiempo uno y plural, está caracterizada por la búsqueda de una nueva forma de vivir juntos, fundamentada en la universalidad de los Derechos del hombre. Lo universal es lo del » hombre «, de su dignidad. En Francia, la abolición de los privilegios será la mayor revolución. Lo esencial es la dignidad reconocida en cada ser humano por naturaleza en el marco de la ciudad. Es el esfuerzo por pensar poniéndose en lugar del otro, lo que permitirá construir un mundo común. El humanismo permanece el más bello de los valores europeos.

Los componentes de la cultura.

En la segunda definición, la cultura comprende tres elementos que es preciso tener en cuenta en la formación:

Una memoria común, una herencia común.

Incluso si los cambios no cesan de aumentar, la herencia del pasado permanece profundamente inscrita en el entorno físico y cultural.

Existen diferentes tipos de memorias; por ejemplo, una memoria europea (Europa es heredera de una historia particular), una memoria nacional, regional, familiar, personal… y también la memoria de la Compañía (su historia)…

Factores sociopolíticos pueden provocar una mala memoria. Por ejemplo, en el diálogo judeo cristiano, por más que yo diga las cosas más hermosas sobre Jesús, el judío tiene en su memoria colectiva que su pueblo fue masacrado en la Edad Media, durante las Cruzadas en nombre de Jesús… Hay, en primer lugar, una mala memoria de lo que se ha realizado en nombre de Jesús. Esta memoria no pasará más que pasado un tiempo.

Cuando hay oleadas de inmigrantes y la memoria no es buena, es necesario poder compartir una esperanza común (de ahí la importancia del carisma para las Hermanas en formación).

De los juicios de valores.

La sociedad en su conjunto debe hacer frente a los cambios que afectan profundamente al clima moral. Para emitir juicios de valor se supone que existe una jerarquía de valores. La pertenencia a una cultura está marcada por la capacidad de juzgar y de criticar. Eso permite mantener la identidad.

¿Cuales son los elementos y los criterios esenciales para la interpretación de la cultura cristiana? El primer criterio de discernimiento es el cuidado que se tiene de los pobres y pequeños: ese es el valor más importante.

Tipos de comunicación (oral, escrito,  imagen,).

El siglo XX se caracteriza por la igualdad, la fascinación de las demás culturas y la cuestión del individuo en la ciudad, con el deseo de tener debates democráticos, en la prensa, en las cafeterías, los círculos de amigos reunidos por afinidad. Nuestra manera de comunicarnos varía; no es seguro que nuestros medios de transmisión hayan multiplicado la verdadera comunicación de la palabra compartida, tan importante en la época de la Ilustración. En la cultura oral, la definición del saber es el respeto de la tradición.

Variedades de culturas.

El mundo es el escenario de numerosos cambios. Unos valores evolucionan y se transforman a lo largo del tiempo y del espacio en cada rincón del mundo. Las culturas existentes en cada continente se diversifican debido a la mezcla y al mestizaje: la cultura pura es una utopía. La población es cada vez más cosmopolita, la diversidad contribuye a crear un paisaje complejo y variado. La variedad de las culturas modifican en profundidad nuestros comportamientos, provocando una apertura y un proceso de crecimiento a la vez espiritual y cultural.

Buen conocimiento de la lengua del otro.

El aprendizaje de  lenguas es algo decisivo. El mal conocimiento de la lengua del otro es un verdadero problema. La misma palabra, recibida en culturas diferentes, no tiene el mismo sentido. Es necesario mucho tiempo para comprenderse a partir de la posición de unos y otros. Se trata de hablar y permitir que el otro se sienta verdaderamente comprendido en lo que vive y lo que quiere hacer.

Atención al cuerpo y al espíritu

Es también necesario cuidar, no sólo el espíritu sino también el cuerpo. Las diferentes maneras de honrar las funciones del cuerpo perfilan la cultura: la manera de alimentarse, vestirse, casarse, enterrar a los muertos, situarse en un grupo, alegrarse o lamentarse, etc.

Al mismo tiempo, es el espíritu el que hace la diferencia entre las cosas idénticas. Así, la manera de ejercer la autoridad es diferente según las culturas.

2. Comprender los cambios que han conducido a nuestras mentalidades actuales y a ciertos estilos de vida

Hoy, los modos de vida se han transformado mucho más radicalmente que a lo largo de los tres siglos precedentes, ya sea con relación al tiempo y al espacio, o a la comunicación, la sociabilidad y la economía. Pero algunas mutaciones de este momento son decisivas. Apenas en dos generaciones, la relación con el tiempo y el espacio, han sido modificadas considerablemente.

Cambios tecnológicos en las técnicas de comunicación y la economía.

Hoy, debido a la multiplicación del poder que ofrecen las tecnologías, nos encontramos con un problema de fondo: los dos intereses fundamentales de la sociedad, son el tener (anunciado por la primacía de la economía) y el saber (bajo la forma del progreso tecnológico).

El siglo XVIII se planteó ampliamente el problema ético y las variaciones sobre la «virtud». Las teorías del poder (inseparables del saber y del tener) surgieron en el siglo XX entre los valores de libertad y justicia. El capitalismo necesita libertad, pero puede girar hacia un liberalismo. El socialismo reclama justicia, pero puede radicalizarse en reducción de las libertades públicas. Nos encontramos hoy ante nuevos poderes: el poder económico y el poder mediático.

La globalización y las diversas sensibilidades entre generaciones.

A diferencia de su generación anterior, los jóvenes viven el espacio y el tiempo de otra manera. Se encuentran ante un «universo muy concreto», como por ejemplo las multinacionales.

El contraste entre los estilos de vida compartidos y las diferencias persistentes

Se ha dicho que la Ilustración fue el renacimiento del individuo, ¡seguramente! Pero también lo es la ciudad: el individuo es muy urbano, en todos los sentidos de la palabra. Hoy, al contrario, la mayoría es rural y no estamos económicamente más que en la fase industrial. Pero la ciudad, con sus salones, cafeterías, teatros, su prensa y también una primera experiencia cosmopolita comienza a modificar en profundidad los comportamientos.

Un mundo técnico no consiste solamente en minimizar las diferencias (las lenguas regionales, las historias particulares de los pueblos, la variedad de culturas). Cuando nos ponemos a hablar de lo universal, inmediatamente hay que preguntarse: ¿quién se beneficia?, ¿quién será el protagonista de su destino, en la historia común? y ¿cómo se solidarizarán las personas?

El tema de la identidad con la complejidad de la construcción de las identidades personales.

La llegada a Europa de grupos de población procedentes de diferentes regiones del mundo, con aspiraciones religiosas muy diferentes de las sociedades de acogida es una realidad.

Puesto que tenemos identidades diferentes, lo esencial es ser solidarios entre nosotros. Se trata, pues, de saber con quien y con qué nos sentimos solidarios. Este es el terreno que puede evangelizarse.

Cuando las personas comprometen su libertad y crean solidaridades, es posible evangelizar la memoria, los valores, el compromiso. Así, por ejemplo, cuando personas alejadas de la Iglesia, piden un sacramento en momentos clave de su existencia (nacimiento, matrimonio, funerales…), es entonces, más que en otra ocasión, cuando existe un punto de partida de una real evangelización, particularmente si se puede apoyar sobre la experiencia de un proyecto cualquiera de solidaridad.

3. Orientar nuestras mentalidades hacia el Evangelio y dejarnos transformar por él.

Desde los orígenes, cuando el cristianismo confluye con las culturas o cuando una cultura entra en el cristianismo,  el Evangelio adopta lo que es humano y humanizante, y niega o rechaza lo que es inhumano. Hay que realizar un discernimiento de valores

Debemos preguntarnos de nuevo, en términos de porvenir mundial, sobre las cuestiones esenciales:

  • ¿Cómo promover la dignidad y los Derechos humanos?
  • ¿qué relaciones, diferenciadas según las culturas podemos imaginar entre la teología y la política?
  • ¿a qué universo concreto queremos llegar para permitir construir juntos el porvenir?
  • en definitiva, ¿qué Buena Noticia de Dios hay que anunciar a las naciones para que la esperanza esté fundamentada hasta en lo concreto?

Las cuestiones éticas son siempre conflictos de valores. Por eso es necesaria una jerarquía de valores. El Evangelio es el lugar en el que se purifican las culturas para llegar a ser ellas mismas. Así la libertad necesita de la igualdad, pero aún más de la fraternidad. El Evangelio puede ser también una contracultura, por ejemplo en lo que se refiere al poder del dinero. La lucha contra lo que teológicamente se llama pecado, es seguramente lucha contra la violencia y contra la ilusión.

La comunidad y las diferencias solidarias

La cuestión importante es saber lo que podemos poner en común. Para eso, hay que escuchar lo que el otro tiene de diferente. Cuando nos dejamos invadir por la experiencia del otro, podemos entrar en un verdadero diálogo y en un intercambio fraterno de experiencia al servicio del bien común, de una llamada, de un carisma que supera a unos y otros.

Debemos mirar cuales son nuestras diferencias esenciales y que no nos separan. Estas diferencias expresan el poder creador de Dios. Cuando se habla de Dios Creador y Salvador, quiere decir, la alegría de la comunión en la diferencia mantenida. La alegría de Dios es la alegría de una comunión y hay comunión si al mismo tiempo existe relación y diferencia. Por lo tanto, la diferencia se mantiene para que haya relación. Las diferencias obligan a compartir y a poner las cosas en relación.  Siempre hay que tomar un camino de conversión.

Así, en el misterio de Dios, en El mismo y para nosotros, existe esta perspectiva que es la de la relación en el respeto de la diferencia. Una verdadera comunión no es absorción y nuestras diferencias deben reforzar los lazos entre nosotros. El Espíritu Santo es a la vez principio de personalización que hace que cada uno de nosotros seamos únicos y diferentes, así como principio de comunión y universalización. La comunidad no debe confundir comunión y uniformidad, pero debe también mantener la unidad de la fe.

La libertad solidaria

Existe gran confusión en lo referente al sentido verdadero de la libertad. Hay que distinguir bien los tres niveles de libertad:

  • El nivel 0: «no estar obligado»; es la diferencia que existe entre esclavitud y libertad.
  • El nivel 1 : «libertad de elección»
  • El nivel 2: «libertad creadora», la libertad que realiza las cosas con y para los demás. Es la verdadera libertad.

El Evangelio es una cuestión de alianza, de solidaridad y de vida compartida. Esto es lo que hace la Iglesia por el mundo, es lo que hace la comunidad en la Iglesia. La vida en comunidad es el fundamento que permite dar un signo visible de una vida compartida. El vivir juntos y el servicio del otro nos reúne más allá de nuestras diferencias.

En nuestra civilización individualista, es importante recordar la importancia de la solidaridad. Jesús nos ha enseñado los principios morales de Dios: una vida compartida, solidaria. El Evangelio tiene, siempre algo que decirnos: si son solidarios con sus familias, sus amigos…hay un más allá: su enemigo. La cuestión, por lo tanto, es aprender a abrir cada vez más los brazos, como los brazos de la Cruz.

En la vida comunitaria ¿cómo poner todo en común sin perder su identidad? 

Para esto no hay receta. No hay que perder de vista que al mismo tiempo cada uno es único pero también que todos son solidarios. Esto lleva la personalidad a lo que tiene de esencial. En la comunidad, no se nos elige por afinidad sino que se escoge el espíritu, el soplo que hace vivir el carisma.

¿Cómo adaptar la formación, desarrollo evolutivo, sin caer en el relativismo?

Poniendo el carisma por delante y por encima de todo. El carisma encuentra algo tan profundo en la persona que le permite comprometer su vida. Siempre hay que partir de ahí, para integrar las diferentes culturas. Vuelvo a ser yo mismo en la transfiguración del misterio pascual que supone la muerte a ciertas cosas que están en mí, superándolas de mis miedos, de mis resentimientos, etc.

Conclusion

Lo  universal y lo particular

Nuestras culturas reúnen algo de universal. Lo universal no es el resultado de la cantidad. No es ni la ley del más fuerte, ni lo más general. Lo universal se encuentra en la verdad de lo particular. Jesús no es sólo verdadero hombre, es un hombre auténtico. Lo universal es la verdad de una existencia singular.  Lo singular de cada persona que guarda su misterio. La persona es revalorizada si es respetada y compartida. Es única aún siendo compartida.

La catolicidad

La iglesia católica tiene en cuenta a todo el hombre y a todos los hombres. Cada persona es única y todo son solidarios. Es el ejemplo que debe dar la Iglesia a la familia humana: ser un signo efectivo (sacramento) de una humanidad reconciliada.

N.B.

¿Cómo ayudar a los jóvenes a pasar de un compromiso puntual a un compromiso duradero?

Los jóvenes viven de momentos fuertes en momentos fuertes. Lo que producirá el  vínculo, es la fidelidad al compromiso tomado. Así, por ejemplo, la participación puntual en las JMJ puede transformarse en compromiso duradero, con la condición de que el compromiso puntual encuentre un interés profundo en el joven. Es preciso ayudar a transformar lo puntual en duradero, mediante la profundidad.

¿Qué elementos y criterios esenciales para la interpretación de una cultura?

 Tenemos que leer el texto de la conferencia de los Obispos de Asia, «lo que el Espíritu dice a las Iglesias», presentando un análisis titulado Religión y culturas en el que se dice que el primer criterio que hay que tener en cuenta es el cuidado dedicado a los pobres.

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