Esta es la virtud que más amaba san Vicente. «Es mi evangelio», solía decir. Escucha, hermano mío, cómo san Vicente describe la sencillez:
Nuestro Señor Jesucristo nos pide la sencillez de la paloma, que consiste en decir las cosas llanamente como están en nuestro corazón, sin elucubraciones inútiles, y en hacer todo con la mira puesta en Dios solo, sin engaño ni artificio. Por eso nos esforzaremos por hacer todo en ese espíritu de sencillez, sabiendo que Dios gusta de hablar con los sencillos, y que oculta los misterios celestiales a los sabios y a los prudentes del mundo, mientras que los revela a los humildes.
Pero Cristo, aunque nos recomienda la sencillez de la paloma, nos manda tener también la prudencia de la serpiente. Esta virtud nos lleva a hablar y a obrar con discreción. Por ello callaremos prudentemente lo que no conviene que se sepa, sobre todo si se trata de algo que por sí es malo o ilícito… Esta virtud nos ayuda en el momento de obrar a elegir bien los medios adecuados para conseguir un fin. Por eso para nosotros será siempre una cosa sagrada el usar medios divinos para las cosas de Dios, y el sentir en todo según el sentir y el pensar de Cristo, y nunca jamás según el sentir del mundo, ni según los raciocinios frágiles de nuestro entendimiento. Así seremos prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas’.
San Vicente proponía la sencillez a sus hijos como su primera característica. Le gustaba hablar sobre este tema:
Dios es simple. Dondequiera encuentres la sencillez cristiana camina seguro; por el contrario, los que recurren a cautelas y artimañas están en un miedo continuo de que descubran su artificio y que, al verse sorprendidos en su doblez, nadie quiera fiarse de ellos.
Por mi parte —puedo afirmar— una larga experiencia me ha demostrado, para mi satisfacción, que una fe recia y práctica y un verdadero espíritu de religión se encuentra frecuentemente entre la gente sencilla y pobre. Dios se complace en enriquecerlos con una fe viva: ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida eterna que Cristo nos ha dejado en su evangelio. Por regla general, llevan pacientemente sus enfermedades, aflicciones y necesidades, sin murmurar o quejarse nunca, o muy raras veces.
Además, todo el mundo siente atracción por personas que son sencillas y cándidas, personas que rehusan emplear la astucia o el engaño. Son populares porque actúan ingenuamente y hablan con sinceridad; sus labios van de acuerdo con sus corazones. Son amados y estimados en todas partes….
Siguiendo el espíritu de san Vicente habla, pues, hermano, con verdad, incluso cuando la verdad puede que sea inconveniente o embarazosa para ti. Eso no es fácil. Busca hacer sólo lo que Dios quiere. Esfuérzate por preocuparte cada vez menos de ti mismo. No busques ansiosamente la estima de otros. Dios se comunica con los sencillos, y se revela a los pequeños.






