«Soy un hijo de obediencia», dice san Vicente’. Y presenta el seguimiento de Cristo como fundamento para que vivamos esa virtud:
«En cuanto a la primera razón que tenemos para entregarnos a Dios a fin de que nos dé esta virtud de la obediencia, es… el ejemplo que nos ha dado el Hijo de Dios y lo que hizo durante toda su vida, que no fue más que un tejido de obediencia».
La vida en común exige modos de pensar y de obrar comunes. Implica también decisiones inevitablemente, con las que algunos no estarán de acuerdo. Cuando entras en la comunidad debes saber y considerar con cuidado que te vas a comprometer a llevar a cabo algunas decisiones al menos con las que no estarás de acuerdo. Esto es difícil para el ser humano. No te comprometas con ello sin estar firmemente decidido a vivir bajo la obediencia por el bien de la comunidad. Medita con cuidado estas palabras de nuestras Constituciones:
La participación en este misterio de Cristo obediente requiere que todos, comunitariamente, busquemos la voluntad del Padre, mediante la mutua comunicación de experiencias y el diálogo abierto y responsable. En éste concurren las diversas edades y temperamentos, de modo que a partir de él van madurando las tendencias coincidentes y surgen las que nos llevan a la toma de decisiones.
Los miembros de la congregación, con espíritu de corresponsabilidad y recordando las palabras de san Vicente, pondrán empeño, según sus fuerzas, en obedecer a los superiores con prontitud, alegría y perseverancia. Se esforzarán, por tanto, en secundar las decisiones de los superiores a la luz de la fe, por más que estimen que el propio parecer es mejor’.
Si te comprometes a vivir la obediencia esfuérzate por hacer tuyas las disposiciones e incluso muchas de las prácticas que san Vicente propone en las Reglas Comunes:
Para que la congregación progrese con más facilidad en esta virtud, nos esforzaremos porque siempre esté viva entre nosotros la saludable costumbre de no pedir ni rehusar nada. Sin embargo, cuando alguien advierta que algo le es perjudicial o necesario, deliberará en presencia del Señor si debe o no exponerlo al superior’.
Si se ha recibido una negativa de un superior, no se acudirá a otro sin expresarle a éste el hecho de la negativa y el motivo de ella.
Nuestros enfermos deben persuadirse de que no están en la enfermería o en la cama sólo para curarse, sino también para predicar al menos con el ejemplo, como desde un púlpito, las virtudes cristianas, en particular la paciencia y la conformidad con la voluntad de Dios… Una de las virtudes que más necesitan los enfermos es la obediencia. Por eso obedecerán con mucha fidelidad a los médicos del alma y también a los del cuerpo, así como al enfermero y a las otras personas destinadas a cuidarles.
Fiel al espíritu de san Vicente, hermano mío, intenta responder fielmente a las exigencias que hoy puede presentar la obediencia:
- Estudia bien nuestras Constituciones. Trata también de comprender el espíritu de las Reglas que san Vicente dejó a la compañía. Medita ambas cosas, para que vayan modelando tu vida y tu visión.
- Da con generosidad de tu tiempo para tomar parte en nuestros sistemas de hoy para tomar decisiones (por ej., reuniones, cuestionarios, consultas).
- Ejecuta las decisiones de los superiores con alegría si es posible, incluso en los casos en que no coincides con ellas.
- Estate siempre dispuesto a responder a las necesidades de la comunidad y a las del pueblo de Dios, sobre todo al recibir un destino.
- Se fiel al orden del día convenido en tu casa después de dialogarlo. Sobre todo se fiel a las horas señaladas por la oración diaria y para la eucaristía.







One Comment on “El camino de San Vicente: Obediencia”
Se debe obedecer cuando la autoridad manda cosas contrarias a la Doctrina, la Tradición, el Evangelio y el Catecismo de la Iglesia Católica? En tal caso, qué se debe hacer, además de rezar?