El camino de San Vicente: Celo

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: Robert Maloney · Year of first publication: 1993 · Source: CEME.
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celo_misionero«Si el amor de Dios es fuego», nos dice san Vicente, «entonces el celo es su llama». El amaba, hermano mío, con un amar ardiente. Desde lo hondo de su corazón decía con calor a los miembros de su compañía:

He aquí un hermoso campo que Dios nos abre, tanto en Madagascar como en las islas Hébridas y en otras partes. Pidamos a Dios que abrase nuestros corazones en el deseo de servirle; entreguémonos a él para hacer lo que le plazca. San Vicente Ferrer se animaba pensando que vendrían sacerdotes que, con el fervor de su celo, abrasarían toda la tierra. Si no merecemos que Dios nos conceda esa gracia de ser esos sacerdotes, supliquémosle que al menos nos haga sus imágenes y precursores; pero, sea lo que sea, estemos ciertos de que no seremos verdaderos cristianos hasta que no estemos dispuestos a perderlo todo y a dar incluso nuestra vida por el amor y la gloria de Jesucristo, decididos con el santo Apóstol a escoger antes los tormentos y la muerte que vernos separados de la caridad de este divino Salvador.

San Vicente trabajó con constancia hasta el fin mismo de su vida. Escucha estas sencillas palabras de su ancianidad:

En lo que a mí se refiere, a pesar de mi edad, delante de Dios no me siento excusado de la obligación que tengo de trabajar por la salvación de esa pobre gente; porque, ¿qué me lo podrá impedir? Si no puedo predicar todos los días, ¡bien!, lo haré dos veces por semana; si no puedo subir a los grandes pálpitos, intentaré subir a los pequeños; y si no se me oyese desde los pequeños nada me impedirá hablar familiar y amigablemente con esa buena gente, lo mismo que lo hago ahora, haciendo que se pusieran alrededor de mi como estáis ahora vosotros.

Muchos son, hermano mío, los caminos para servir. Acepta de corazón las palabras de san Vicente. Mientras eres joven, usa los recursos de tu juventud, tu vigor y entusiasmo, al servicio de los pobres. Cuando llegues a edad avanzada, usa los recursos de esa edad, experiencia y comprensión, para hacer tu trabajo. No te canses de trabajar durante toda la vida como servidor de los pobres. Sé fiel en todo, hasta el final.

Pero hay un enemigo muy sutil, nos advierte san Vicente, escondido en los límites remotos del celo. El lo denominaba «celo indiscreto». Hoy lo describiríamos como exceso de trabajo, que lleva con frecuencia a pérdida de ánimo, enfado contra los que trabajan menos, resentimiento, y finalmente apatía. Puede ser un enemigo mortal.

Conoce, pues, tus limitaciones. Vive una vida equilibrada, y así tendrás la energía que alimenta el celo. Aunque el Señor te pide que cooperes en su trabajo, sigue éste siendo su trabajo. Cuando llega la hora del descanso pon el trabajo en sus manos. «El Señor da durante el sueño a los que ama» (Sal. 127, 2).

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