«Os lo aseguro: Cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo». (Mt 25,40).
«Es necesario que el ministerio de la palabra, el de los sacramentos y el de la caridad, así como los acontecimientos de la vida, sean para nosotros una particular experiencia de oración. Al evangelizar a los pobres debemos descubrir y contemplar a Cristo en ellos. Al ejercer la pastoral del pueblo al que hemos sido enviados, no sólo hemos de orar por él, sino también con él y participar de una manera casi espontánea de su fe y devoción». (C 44).
La oración del Misionero encuentra cauces distintos de inspiración; todos ellos le llevan a una misión más íntima con Dios, por Jesucristo, en cuyo nombre desarrolla el ministerio. La Constitución 44 recoge las principales fuentes en que suele abrevar el Misionero el espíritu y la práctica de la oración.
- «El ejercicio de la triple función sacerdotal».
Tomamos del Concilio Vaticano II algunos pensamientos que pueden esclarecer el sentido de la primera parte de la Constitución 44:
«Los presbíteros conseguirán propiamente la santidad ejerciendo sincera e infatigablemente en el Espíritu de Cristo su triple función. Por ser ministros de la palabra de Dios, leen y escuchan diariamente la palabra divina, que deben enseñar a otros; y si al mismo tiempo procuran recibirla en sí mismos, irán haciéndose discípulos del Señor cada vez más perfectos…
Como ministros sagrados, sobre todo en el sacrificio de la misa, los presbíteros ocupan especialmente el lugar de Cristo, que se sacrificó a sí mismo para santificar a los hombres, y, por ende, son invitados a imitar lo que administran, en cuanto que celebrando el misterio de la muerte del Señor, procuran mortificar sus miembros de vicios y concupiscencias…
Rigiendo y apacentando al Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a entregar sus vidas por sus ovejas, preparados también para el sacrificio supremo, siguiendo el ejemplo de los sacerdotes que incluso en nuestros días no rehusaron entregar su vida…». (PO 13).
- «Servís a Jesucristo en la persona de los pobres».
La evangelización de los pobres recuerda al Misionero la presencia misteriosa, pero real, de Cristo en los humildes. Sólo por la fe y el amor se podrá llegar a este descubrimiento gozoso. San Vicente insistió mucho unte los Misioneros y las Hijas de la Caridad sobre este punto capital de doctrina evangélica. A las Hermanas, por ejemplo, les dice:
«Cuando dejéis la oración y la Santa Misa por el ‘rrvicio de los pobres, no perdéis nada, ya que servir a los pobres es ir a Dios; y tenéis que ver a Dios en vas personas». (IX 25).
«Al servir a los pobres, se sirve a Jesucristo. ¡Cuánta verdad es esto! Servís a Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad como que estamos aquí. Una hermana irá diez veces cada día a ver a los enfermos, y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios. Codo dice San Agustín, lo que vemos no es tan seguro, parque nuestros sentidos pueden engañarse, pero las verdades de Dios no engañan jamás». (IX 240).
- «La religiosidad popular verdadero encuentro con Dios en Jesucristo».
Otro cauce inspirador de la oración del Misionero es la piedad popular, de la que se ha escrito:
«La caridad pastoral debe dictar, a cuantos el Señor ha colocado como jefes de las comunidades eclesiales, las normas de conducta con respecto a esta realidad, a la vez tan rica y tan amenazada. Ante todo, hay que ser sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables, estar dispuesto a ayudarla a superar sus riesgos de desviación. Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, Para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo». (EN 48).
- ¿Es, de verdad, el apostolado fuente de oración para mí?
- Cuando evangelizo a los pobres, ¿trato de descubrir, mediante la fe y el amor, a Jesucristo en ellos?
- ¿Trato igualmente de descubrir a los pobres en Jesucristo cuando hago oración?
ORACIÓN:
«Señor, tú quieres santificarnos por la palabra, los sacramentos y la caridad; concédenos la gracia de permanecer fieles a tu santa voluntad, para que nuestra oración y apostolado sean fructuosos en la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor».






