El apostolado en la identidad de la Hija de la Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

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Autor: Javier Ramírez Trascasa, C.M. · Año publicación original: 1979 · Fuente: Segundo encuentro de animadores espirituales de las Hijas de la Caridad, Salamanca, Octubre-Noviembre de 1979, propiciado por el Secretario de la Comisión Mixta Española.
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Introducción

Las Constituciones y Estatutos de las Hijas de la Cari­dad separan el apostolado que cada día y cada hermana puede realizar, del apostolado Misión «ad Gentes». Mi tema va a recoger solamente los números 29-35 de Constituciones. Esto significa que no hablaré del apostolado Misión «ad Gentes». La razón, no es su menor importancia, sino la de no ampliar demasiado el tema.

Las palabras apostolado y evangelización las tratan las Constituciones de una forma sinónima. Yo diría, que hace años se usaba la palabra apostolado y hoy se utiliza la pala­bra evangelización cuando queremos señalar lo que la exhor­tación E.N., entiende por evangelizar. Recordemos el párra­fo final del número 18 de esta exhortación: «La Iglesia evan­geliza cuando por la sola fuerza divina del mensaje que pro­clama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia per­sonal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos su vida y ambientes concretos».

Si tenemos algún termómetro que nos permita medir el grado de satisfacción vocacional, de ilusión vicenciana y de capacidad de evolución evangélica de las personas, uno casi inmejorable es: el sentido apostólico que da a su vida una hija de la Caridad.

Cierto que ningún termómetro es del todo válido, pero difícilmente ama su vocación una persona que no habla de ella, difícilmente ama a Jesús la persona que no habla de él. Difícilmente ama su fe la persona que no se preocupa de la fe de los demás. Quizá le preocupe su fe de una manera uti­litarista y egoísta, para asegurar su salvación, pero no de una manera evangélica.

Sabemos que un peligro para la vitalidad de la Iglesia son los cristianos que se limitan a cumplir. ¿No podemos afirmar también que un peligro para la Compañía son las hermanas que se limitan sólo a cumplir? Cumplen con su horario de trabajo, cumplen con sus permisos, todos en or­den; incluso cumplen con su oración. Quizá la conciencia se quede tranquila, pero el espíritu languidece. El apostolado revitaliza el espíritu del mismo modo que el agua revitaliza la seca tierra.

Adelantadas estas ideas introductorias, señalo ya que dividiré el tema en los siguientes puntos:

  1. Fundamentos teológicos del apostolado de la hija de la Caridad.
  2. Actitudes espirituales fundamentales en el aposto­lado de la hija de la Caridad.
  3. Características del apostolado de la hija de la Caridad.
  4. Otras cuestiones relacionadas con el apostolado.

1. Fundamentos teológicos

1. Fidelidad al apostolado como exigencia del bautismo

La Compañía es una comunidad apostólica. El apostola­do es su razón de ser. Por tanto, los fundamentos del apos­tolado son los mismos que fundamentan la Compañía. El primer fundamento es el bautismo.

  • «Cada cristiano, dondequiera que esté, se obliga por el bautismo recibido a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra su condición de hombre nuevo» (A.G. 11).
  • «La hija de la Caridad, fiel a su bautismo… se con­sagra al servicio de Cristo en los pobres» (C., p. 15).

2. La consagración peculiar, en respuesta a una llamada personal

  • «Esta consagración peculiar por la que una persona entrega toda su vida a un servicio, se funda íntima­mente en la consagración bautismal y la expresa en su totalidad» (P. C. 5).
  • Esta consagración peculiar por la que la hija de la Caridad entrega su vida al servicio de Cristo en los pobres la traducen las Constituciones de diversas formas.
    a) «Dios ha llamado y reunido a las Hijas de la Caridad para honrar a Cristo como manantial y modelo de toda caridad, sirviéndole corporal y espiritualmente en la persona de los pobres» (C., p. 15).
    b) «En su empeño por revelar el Señor a los po­bres, les anuncian el Evangelio, explícitamente cuando es posible, y siempre a través de su vi­da» (C. 31).
    c) «Cada uno de los gestos de la hija de la Caridad está verdaderamente al servicio de los pobres, porque la Compañía entera les está consagrada y todo en ella ha sido concebido con tal fin» (C. 34).

3. La presencia de Dios en los pobres y de los pobres en Dios

  • «Saben por la fe que Dios las espera en los que sufren» (C., p. 15).
  • «En una mirada de fe, ven a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo» (C., p. 17).
  • «Un mismo amor anima y orienta su contemplación y servicio» (C., p. 15).

Reflexión: Los textos de Constituciones están claros, sin embargo, me atrevería a decir que en la medida en que el pobre material se ha alejado de las manos y de la vista de la hija de la Caridad, ésta, ha necesitado menos de la fe para atender al prójimo y ha utilizado más sus conoci­mientos.

Desde nuestro puesto de animadores espirituales, debe­mos no sólo enunciar los principios y denunciar los desvíos, sino sobre todo animar y proporcionar ayuda a las débiles. Sin una fe vivida intensamente no hay forma de descubrir a Cristo en el pobre. Sin una fe vivida intensamente no hay forma de poder ser buena hija de la Caridad.

II. Actitudes espirituales fundamentales del apostolado de la Hija de la Caridad

«El primer medio de evangelización es el testimonio de vida evangélica» (EN. 41).

«La trasmisión evangélica de persona a persona conserva toda su validez e importancia. El Señor la ha practicado frecuentemente» (EN. 46).

Las actitudes espirituales que las Constituciones piden a las Hijas de la Caridad, hacen que estos dos medios de apostolado estén al alcance de todas las Hijas de la Caridad. Existirán otros medios que podrán poner en práctica algu­nas hermanas, pero éstos dos son patrimonio común de todas. Veamos las actitudes que harán posible este apos­tolado.

1. Vivencia del propio espíritu

Esta vivencia es fuente de todas las actitudes espirituales.

  • «…Se entregan al servicio de Cristo en los pobres, sus hermanos, con espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad» (C., p. 15).
  • «Las virtudes evangélicas de humildad, sencillez y caridad son la vía en la que las Hijas de la Caridad han de dejarse conducir por el Espíritu Santo» (C., p. 20).
  • «Dios quiere que las Hijas de la Caridad se dediquen ante todo a la práctica de la humildad, sencillez y caridad» (C. 4).

2. Vivencia de la fe y de la caridad

Estas virtudes dan dinamismo a la vida de la hija de la Caridad. El trato con Dios suscita y reanima su compromiso apostólico. Recíprocamente, su apostolado la impulsa a un trato más íntimo con Dios.

  • «Un mismo amor orienta y anima su contemplación y servicio: saben por la fe que Dios las espera en los que sufren» (C., p. 15).
  • «Su trato con Dios suscita y reanima sin cesar su compromiso apostólico con los pobres, de la misma manera que su servicio alimenta y enriquece su con­templación» (C., p. 24).

3. Actitud de siervas

  • «Sois pobres Hijas de la Caridad que os habéis entre­gado a Dios para el servicio de los pobres» (C., p. 15).
  • «La humildad les permite tomar conciencia de su propia indigencia ante el Señor; las acerca al pobre y las mantiene, ante él, en actitud de siervas» (C. 4).
  • «Cualquiera que sea su forma de trabajo y su nivel profesional, se mantienen ante los pobres en una actitud de siervas» (C. 33).

Reflexión: No me resisto a pasar por alto una frase que más de una vez he escuchado. Lo hago con espíritu de fra­terna corrección, no acusando: «A ésta le va más el título de señora que de sierva».

Las Hijas de la Caridad, especialmente en España, han asumido puestos de mucha responsabilidad técnica y social. En una empresa, estos puestos se llaman de dirección o eje­cutivos. Si bien muchas empresas piensan que están al servi­cio de la sociedad, difícilmente un ejecutivo se considera siervo de la sociedad. ¿Habrá sucedido algo semejante a al­gunas hermanas? ¡Qué difícil ser rico y tener alma de pobre! ¡Qué difícil ser amo y tener alma de siervo!

No me atrevo a decir que se ha sacrificado la actitud de siervas por la profesionalidad, pero sí me temo que es muy difícil mantener el equilibrio y no perder el espíritu cuando años y años, una persona es considerada como la jefe, la que decide, a la que se debe consultar todo, la innamovible…

Todos solemos ser víctimas de las circunstancias en las que vivimos, por eso, todos debemos compartir esta situa­ción sin recargar las culpas sobre personas concretas. Eso sí, es más honrado poner remedio que buscar disculpas.

La mayor parte de las hermanas, quizás todas, están convencidas de que es vital para la Compañía revitalizar o recuperar esta actitud de siervas. Tenemos que ayudarlas a que encuentren la forma de conseguirlo.

Una de las sugerencias que aparece en la Síntesis gene­ral de las respuestas a los cuestionarios individuales con mi­ras a la Asamblea General dice así: «Que nuestro ser de siervas se concrete en una actitud de espíritu, de corazón, de estilo de vida, una espiritualidad: la auténtica puesta en práctica de las virtudes de nuestro espíritu: humildad, sen­cillez, caridad».

4. Sensibilidad ante el pobre y nuevas formas de pobreza

  • «Del Hijo de Dios aprenden las Hijas de la Caridad que no hay miseria alguna que puedan considerar como extraña a ellas» (C., p. 17).
  • «San Vicente recuerda que es la justicia, antes que la misericordia, la que exige se acuda en ayuda de los pobres» (C. 30).
  • «La Compañía… trata de buscar a los pobres donde se encuentran» (C. 35).

5. Disponibilidad, agilidad, movilidad

  • «Cuando sea preciso tomar opciones, se dará la prio­ridad a los más pobres» (C., p. 18).
  • «La Compañía trata de estar disponible y ágil, para responder a las necesidades nuevas y urgentes y al género de vida que requieren» (C., p. 19).
  • «La Compañía quiere conservar la agilidad y flexibi­lidad necesarias para poder responder a las llamadas de la Iglesia, frente a nuevas formas de pobreza» (C. 35).

6. Apertura de espíritu

a) Con capacidad de ser autocríticas y de aceptar la crítica.

  • «Gracias también a una voluntad de conversión que acepta las revisiones regulares, la corrección fraterna, la reconciliación» (C. 23).
  • «Revisiones periódicas, a todos los niveles, per­miten evaluar las necesidades y adaptar la ac­ción a las condiciones de tiempo y lugares» (C. 35).

b) Con capacidad de colaborar con otros.

  • «En la diócesis participa activamente, dentro de su carisma propio, en la pastoral de conjunto establecida por el Ordinario del lugar y en la vida de la iglesia local» (C., p. 21).
  • «Las hermanas trabajan habitualmente con otras personas, que esperan de ellas una colaboración leal, un espíritu de participación…» (C. 34).

7. Sentido Secular

  • «Tendrán ordinariamente: Por monasterio, las casas de los enfermos; por celda, un cuarto de alquiler; por capilla, la parroquia; por claustro, las calles de la ciudad y las salas de los hospitales…» (C., p. 19). ¿Este párrafo, lo usamos para presumir de Fundador, o para buscar la propia identidad?

8. Audacia

  • «Con la audacia de los apóstoles, san Vicente lanzó a las Hijas de la Caridad por los caminos del mundo al encuentro de los pobres» (C. 36).

9. Fidelidad

  • «Las Hijas de la Caridad tienen conciencia de obrar como miembros de la Compañía» (C., p. 22).
  • «Al tener que tomar cualquier opción, lo harán en función de este principal y primer compromiso de Hijas de la Caridad» (C. 34).

10. Otras virtudes

  • «…Se esfuerzan por servirle en sus miembros do­lientes con dulzura, compasión, cordialidad, respeto y devoción».

III. Características del apostolado de la hija de la Caridad

Indudablemente, de la vivencia de unas actitudes ad­quiere el apostolado unas características coincidentes con dichas actitudes. Sin embargo, las Constituciones señalan algunas muy concretas, como propias del apostolado de la hija de la Caridad.

1. Realista

  • «Su primer paso es la atención: atención hacia las personas y las realidades concretas de su vida, base indispensable de toda evangelización, y atención ha­cia el Espíritu de Dios, que actúa en el mundo» (C. 29).
  • «Cristo interpela continuamente a su Compañía por medio de sus hermanos que sufren» (C., p. 17).

2. Solidaridad con los pobres

a) Les ayudan a que adquieran conciencia de su dignidad.

  • «Las hermanas se esfuerzan en ponerse a la es-escucha de sus hermanos para ayudarles a to­mar conciencia de su propia dignidad y a llevar a cabo su promoción» (C. 30).

b) Son voz de los que la tienen débil.

  • «Favorecen esa promoción, respetando las di­versas situaciones, al dar a conocer las llamadas y aspiraciones de los más desfavorecidos, que no tienen la posibilidad de hacerse oír» (C. 30).

3. No separan el servicio y la presencia

  • «Une servicio y presencia, recordando al Señor que revelaba así el amor del Padre: Los ciegos ven, los cojos andan… y se anuncia el evangelio a los po­bres» (C., p. 20).
  • «Con una preocupación constante por todo el hom­bre, las Hijas de la Caridad aúnan el servicio cor­poral y el servicio espiritual, y, apremiadas por la caridad, pasan del amor afectivo al amor efectivo» (C. 31).

4. Competente en todo sentido

  • «Al utilizar los medios que la ciencia pone a su dis­posición, procuran humanizar la técnica, haciendo de ella vehículo de la ternura de Cristo» (C. 31).
  • «En lo que a ellas se refiere, la misión pasa a través de las actividades diversas, que las insertan profun­damente entre sus contemporáneos, lo que exige una preocupación constante por la competencia» (C. 32).

5. Pluralista

  • «Múltiples son las formas de pobreza, múltiples tam­bién las formas de servicio» (C., p. 17).
  • «Cualesquiera que sea su forma de trabajo y su nivel profesional…» (C. 33).
  • «La Compañía trata de buscar a los pobres donde se encuentran» (C. 35).

6. Secular

  • «Tendrán ordinariamente por monasterio…» (C., p. 19).
  • «San Vicente lanzó a las Hijas de la Caridad por los caminos del mundo al encuentro de los pobres» (C. 36).

7. Gratuita

  • «Conservan el desinterés del corazón y el sentido de gratuidad, que se manifiesta en el espíritu de su servicio y en la calidad de su presencia» (C. 33). Aunque la sociedad las iguale económicamente por el servicio que presten, su espíritu las obliga:
    a) A no buscar el pago de la gratitud, del recono­cimiento, de la simpatía…
    b) A ser signo de que ven en el pobre que atien­den, no sólo un rostro humano, sino el rostro de Cristo.

IV. Otras cuestiones relacionadas con el apostolado

1. Dado el pluralismo de las obras, las formas y méto­dos del apostolado deben ser necesariamente distintos. San Vicente decía: firmes en el fin, flexibles en los medios.

2. La hermana que amplía su apostolado fuera de la Comunidad, lo hace en nombre y enviada por la Comunidad. Sin embargo, cuando lo bien visto es quedarse en casa, las que salen, o no llegan puntuales, son fácil objeto de crítica. Entiendo que aquí hace falta un gran esfuerzo de flexibilidad y clarividencia para comprender que la Compañía tiene su razón de ser en el servicio a los pobres, aunque a veces sufra la fidelidad al horario.

3. Es un hecho que la promoción humana ha subido muchos enteros en nuestra sociedad. Es también un hecho, que bastantes pobres materiales han desaparecido de las manos de la hija de la Caridad.

Mientras la mayor parte de las hermanas han depositado su trabajo en diversos tipos de Instituciones, la gran ciudad ha ido fabricando otros pobres que no pisan esas Institucio­nes: drogadictos, delincuentes, víctimas del paro o de la in­estabilidad familiar…, etc.

¿Cómo abordar esta situación?

a) Una persona no es una máquina y por tanto quien ha vivido 20 ó 40 años en un hospital, colegio, residencia, se ha incapacitado en gran manera para iniciar competente­mente otra actividad.

b) ¿Es válida la razón de vivir dentro de las Institucio­nes en razón de presencia de Iglesia?

  • Si se trata de presencia, habrá que invocar la de radicalidad evangélica, no la de simple Iglesia.
  • ¿Es suficiente hablar de presencia? ¿Para qué sirve la presencia si no es signo de algo? ¿Estamos segu­ros de que cuantos nos ven dentro de las Institucio­nes, descubren en nosotros un signo evangélico?
  • No estoy firmando el acta de expulsión de las Insti­tuciones, sólo pretendo clarificar, que no es suficien­te refugiarse en frases hechas, para ser signo de lo que queramos.

c) En los últimos decenios se ha potenciado el servicio corporal hasta el agotamiento. No se ha descuidado el espi­ritual, cierto, pero no se ha renovado con la misma agilidad que la capacitación técnica.

Al asumir la sociedad muchos de los trabajos que reali­zaban las hermanas, esta sociedad que presume de ignorar muchos valores espirituales, atiende de una forma muy in­completa a la persona.

¿No será éste el momento de potenciar sobre todo el servicio espiritual que debe prestar la hija de la Caridad? Esa colaboración con los seglares que señalan las Constitu­ciones, ¿no apunta también a algo que la persona necesita y que un seglar no sabe dárselo?

d) En definitiva estoy afirmando que uno de los signos de los tiempos es la pérdida de los valores del espíritu, y que por tanto, quienes nos hemos comprometido a discernir los signos de los tiempos, tenemos que buscar el modo de ayudar a la sociedad y a los pobres de hoy, en la forma en que principalmente lo necesitan. Esto significa que la hija de la Caridad no perderá su espíritu si es catequista, respon­sable de comunidades, animadora de grupos comprometidos, sino que más bien lo actualizará y revitalizará.

No apunto a un cambio brusco, sino a una evolución ágil. Evolución, que por otra parte, no debe impedir la aten­ción a las nuevas formas de pobreza y de pobres.

Para terminar, yo diría que la hija de la Caridad no puede pretender hablar de Dios sin renovar continuamente su experiencia de El. No puede servir y evangelizar a los pobres, sin antes amarlos entrañablemente. No puede hacer de los hombres hermanos, si no intenta cada día vivir una comunidad fraterna.

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