¿Eres tú el que ha de venir?
Domingo, día de Gozo y alegría. Domingo, día que debe marcar toda la vida del cristiano. Domingo, día que debe significar que aceptamos y nos comprometemos con un estilo nuevo de vida todos los que celebramos y participamos plenamente de la. Cena del Señor, escuchando su Palabra y alimentándonos de su Cuerpo, Luz y Alimento para nuestras vidas.
“Vivir según el domingo, nos dice el papa emérito Benedicto XVI, quiere decir vivir conscientes de la liberación traída por Jesucristo y desarrollar la propia vida como ofrendas de sí mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta renovada íntimamente”.
En este domingo se pone el acento en la presencia victoriosa de Dios. No se anuncia ahora su venida inminente. Se anuncia que Dios está aquí, que el Mesías vive ya entre nosotros.
Hoy se nos pide, por eso, mirar y escuchar al Dios que ha llegado a nuestro encuentro y viene para salvarnos; mirar y escuchar al Dios que se hace presente de forma humilde, pero que debe ser nuestra Fortaleza; mirar y escuchar al Dios que se hace cercano a cada uno de nosotros para curar nuestras heridas; mirar y escuchar al Dios que se hace amigo de los pobres, de los marginados, de los enfermos, de todos los que sufren en sus cuerpos y en sus almas y quiere volcar en ellos todo su amor misericordioso.
Juan Bautista, encarcelado, representa el desencanto y la duda que se introducen en el camino de nuestra fe. Juan esperaba al Mesías, lo había visto y palpado en el Jordán, había anunciado su presencia y la “revolución” que Él traía al mundo. Pero pasaban los días y los meses y, aparentemente, todo seguía igual. Seguro que se preguntaría: ¿Es que estoy equivocado? ¿Todo fue un sueño, un espejismo? ¿Ese Jesús que bauticé en el Jordán no es el Mesías prometido? ¿Tendré que seguir esperando?
Juan no se quedará con sus desencantos, sus preguntas y sus dudas sino que buscará al mismo Jesús para que Él le manifieste las respuestas que necesita.
Y Jesús, que conoce muy bien a Juan y que le agradece y hasta lo felicita por su fidelidad a su vocación de Precursor, le asegura que Él si es la «Luz de esperanza» y que no se ha equivocado.
Por eso, Jesús, dirá a sus emisarios que se han acercado a Él; «Vayan a digan a Juan: Yo soy la Buena Noticia, Yo traigo y ofrezco la verdadera liberación para todos los hombres, Yo soy la Buena Nueva de un Dios que ha visitado a su pueblo y conmigo comienza una humanidad nueva: «Hombres nuevos rara una mundo nuevo»
«Díganle a Juan que Yo soy la Buena Noticia que no anuncia la victoria de las armas, sino del amor; que no será el triunfo de la justicia de la ley sino de la misericordia la que primará entre los que me acepten».
«Díganle que Yo soy la Luz que vencerá a la tinieblas y los ciegos verán; que soy la Belleza que vencerá a la impureza; que soy la Salud y el Perdón y los leprosos serán sanados en sus cuerpos y en sus almas»
«Díganle que la Palabra de Dios encarnada en Mí vencerá los gritos de mis enemigos y los sordos oirán, y la fuerza del amor de Dios vencerá las esclavitudes de los tiranos. Que la santidad y la
vida vencerán al recado y a la muerte y todos los que me sigan y me acepten resucitarán a una Nueva Vida»
Estos son los verdaderos signos por los que Jesús quiere ser reconocido como el verdadero Mesías, el Hijo de Dios encarnado.
Por eso, estos signos, también, deben identificarnos a nosotros como cristianos, como verdaderos seguidores y discípulos de Jesús. También nosotros tenemos que pasar por la vida «haciendo el bien» como lo hizo Jesús. Debemos ser «evangelio creído» para los pobres, debemos ser «luz» para los ciegos de hoy y «fuerza» para los débiles. Debemos ser «compañía gozosa» para los tristes, «voz» rara los sordos, «esperanza para los desesperados. Debemos ser amor de Dios, semillas de Dios, para este mundo nuestro donde reina el odio, la violencia, la marginación, el sexo desenfrenado, el triunfo de los poderosos y el fracaso de los pobres.







