Domingo 3º de Adviento (reflexión de Alfonso Berrade, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Author: Alfonso Berrade, C.M. .
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Juan el Bautista supo desde temprana edad que debía tener un papel muy importante en la presencia del Mesías en la vida pública de Israel. Se fue a preparar durante algún tiempo junto a los esenios a orillas del mar Muerto, en Qumran. ¿Estuvo Jesús allí esos cuarenta días de que nos hablan los evangelios? Juan salió a predicar la llegada del Mesías. Juan quería que muchos del pueblo se convirtieran y prepararan su espíritu para aceptar de buen corazón la salvación que Dios enviaba. Los “Anawin” eran los pobres de Dios que mantenían firme la esperanza en la promesa de Dios. Pero ese grupo era muy reducido. Juan deseaba ampliar la base para la llegada del Mesías. Así empezó la predicación promoviendo la conversión y celebrando el rito de purificación en el río Jordán.

Vemos que el lenguaje de Juan era duro, condenador; el plan de trabajo era fuerte y lo comparaba con el trabajo de esclavos que construían las calzadas romanas: “Allanar sendas, cubrir desniveles, enderezar lo torcido, usar el hacha para talar los árboles”. Condenador “Raza de víboras, ¿Quién les ha enseñado a escapar de la ira que se avecina? Así el pueblo va cambiando su vida y sigue a Juan. Tal vez Juan llegó a tener miles de discípulos. Siempre, los discursos duros y la seguridad salvadora de quien se esfuerza es materia muy aceptada en la vivencia religiosa.

Cuando llega Jesús, vemos que su discurso es totalmente distinto. Es discurso sanador, cura heridas, salva y anima a vivir. “No he venido a ser servido sino a servir”, He venido a dar vida, a perdonar, a dar la vida por todos, no he venido a condenar sino a salvar”. Desde los comienzos de la predicación de Jesús, Juan está en peligro y Herodes lo encarcela. Juan anima a sus discípulos a seguir a Jesús. “Conviene que él crezca y yo disminuya”, “ése el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Los discípulos de Jesús que provienen del séquito de Juan, acostumbrados al lenguaje duro de su maestro, no sé qué tal recibirían en su mente y corazón lo que Jesús predicaba: ¡Bienaventurados los pobres, los mansos, los pacíficos y los que lloran! “Si te pegan en una mejilla ponles la otra”; amen como yo los amo, hasta dar la vida. Además trata con pecadores y come con ricos y publicanos; viste bien con túnica y come y bebe; hace problemas con los escribas y fariseos; dice que sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado así se enfrenta con los sacerdotes del templo…

Son muchas cosas que no encuadra en lo que habían aprendido de Juan. Se van a la cárcel a hablar con él. ¿Cómo va a ser el Mesías esperado? ¡Nos habla de paz, nada de guerras y que nos dejemos pegar antes que pegar nosotros, que ha venido a salvar, perdona a una adúltera, no se niega a pagar el impuesto al César colonizador! ¡No puede ser! Se quejarían los discípulos. Juan los escucha y los comprende. No han cambiado de mente sobre el ideal que el pueblo de Israel tiene sobre el Mesías. ¡Vayan y pregúntenle a Él!

La respuesta de Jesús nada tiene que ver con el poder y la gloria, miren lo que hace: Cura enfermos, da alegría, limpia a los leprosos, hace saltar a los tullidos y ….sobre todo tiene “noticias muy buenas para los pobres”: A quienes traten bien a los pobres se le tendrá en cuenta como trato bueno dado a Dios. Juan queda feliz y los discípulos abren su corazón a Jesús quien nos trae salvación y modo nuevo de vivir como seres humanos.

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