Doctrina Social de la Iglesia (XV)

Mitxel OlabuénagaFormación CristianaLeave a Comment

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LA DEUDA INTERNACIONAL

En la época del interés por el desarrollo, los países pobres comenzaron a solicitar de los organismos financieros interna­cionales grandes préstamos para el trabajo del desarrollo social y económico. Pero los ingentes recursos recibidos, no se emplearon correctamente; o se desviaron por otros cauces o se emplearon en la compra de armas.

La consecuencia fue que no se obtuvieron los beneficios esperados y se ha llegado a una situación en que no es posible saldar la deuda contraída por el préstamo más los intereses. Y con el paso del tiempo la deuda se ha incrementado de tal forma, que ya no es posible pagar ni siquiera los intereses.

Esta situación, que se agrava con el tiempo, ha dejado a los países ya pobres sumidos en la miseria total.

Ante la gravedad del problema de la deuda internacional, Juan Pablo II llamó la atención de los responsables interna­cionales en su mensaje a la Asamblea General de Naciones Unidas, en octubre de 1985.

Poco después, el mismo Papa solicitó a la Pontificia Comisión Justicia y Paz que elaborase un documento sobre el asunto de la deuda internacional. Un grupo de expertos tra­bajó durante un año y el documento, fechado el 27 de diciembre de 1986, se hizo público un mes más tarde, el 27 de enero de 1987.

Presentamos, a continuación, un resumen de dicho docu­mento

En la INTRODUCCION se dice que «estos graves pro­blemas deben ser tratados con una perspectiva global que sea, al mismo tiempo, una consideración ética». Un problema tan complejo y de tantas repercusiones sociales, políticas y eco­nómicas exige un análisis que tenga en cuenta todas las varia­bles que inciden en la situación y que no se limite a un análi­sis de aspectos de simple técnica financiera. Este problema toca directamente a la sociedad, a personas humanas concre­tas que, en definitiva, son las que sufren las consecuencias de esta compleja crisis.

LA PRIMERA PARTE del documento presenta varios principios éticos que deben tenerse en cuenta para buscar una solución válida.

Crear entre los diversos países un nuevo tipo de solidari­dad. La interdependencia económica es un hecho evidente, pero no debe apoyarse en la fuerza, el egoismo de las nacio­nes o la injusticia. Es necesario respetar la dignidad de todos los pueblos.

Aceptar la corresponsabilidad. Las causas de la actual cri­sis no han sido únicamente internas; la evolución de la coyun­tura económica mundial ha influido de forma decisiva y nega­tiva en la creación de esta situación. Y todos los países deben aceptar la parte de responsabilidad que les toca para hacer posible el diálogo que trate de buscar una solución razonable.

Relaciones de confianza. Como en toda relación interna­cional, si no existe una «bona fides» (buena fe), todo conato de solución está llamado al fracaso. Tanto las naciones, acre­edoras o deudoras, como los poderes públicos y las institu­ciones financieras deben adoptar una actitud de confianza en la búsqueda de las soluciones.

Compartir los esfuerzos y sacrificios. Las diversas partes implicadas en el problema deben compartir, de modo equita­tivo, el esfuerzo y el sacrificio necesarios para hacer los rea­justes convenientes, según la prioridad de las necesidades, pero los países ricos deben aceptar mayor responsabilidad.

Suscitar la participación de todos. Tanto los actores finan­cieros, como los políticos y económicos, así como las diver­sas categorías sociales deben comprender la complejidad de la situación y cooperar activamente en su solución. La Iglesia tiene que concretar en cada país las exigencias de la justicia social según los principios éticos.

Articular medidas concretas. En vista de la gravedad de la situación hay varios tipos de soluciones:

  • a corto plazo, imponer soluciones inmediatas en el marco de una ética de supervivencia
  • a largo plazo, reactivar el crecimiento económico, las inversiones productivas, la creación de bienes y su mejor dis­tribución
  • a nivel institucional, promover una reforma de las ins­tituciones monetarias y financieras.

LA SEGUNDA PARTE del documento trata de atender a las urgencias y expone los siguientes pasos.

Para ciertos países el volumen de la deuda es de tal mag­nitud que no se pueden pagar ni siquiera los intereses sin incu­rrir en gravísimos daños para la propia economía y los ciuda­danos, especialmente los pobres.

– Esta situación se agrava por varios factores:

  • el bajo precio de las materias primas
  • el proteccionismo de los países ricos
  • las elevadas tasas de interés
  • las fluctuaciones en los cambios de las monedas

En realidad se trata, para muchos países, de su propia supervivencia. Por eso, es de suma importancia adoptar algu­nas medidas importantes:

  • diálogo y cooperación
  • no exigir la suspensión de pagos indiscriminadamente
  • tomar decisiones y adoptar actitudes según la ética
  • evitar la ruptura entre acreedores y deudores
  • respetar a los deudores y no imponerles exigencias imposibles de cumplir
  • aceptar moratorias o condonar la deuda total o parcial­mente.

Los dirigentes de los países deudores deben analizar la evolución de su deuda para evitar la improvisación y la imprudencia.

Los países ricos deben evitar las preferencias, la especu­lación y organizar unas estructuras de coordinación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) debe activar mecanismos de ayuda con sentido de diálogo y de servicio.

Hay que buscar las causas de esta situación, imputables a

  • los mecanismos de las fluctuaciones cambiarias
  • las variaciones en los precios de las materias primas
  • las especulaciones en las Bolsas de Valores. Hay que tratar de sanear la economía y las finanzas.

 

LA TERCERA PARTE del documento trata del deber de asumir solidariamente las responsabilidades del futuro.

Principio general: Las relaciones financieras y moneta­rias son complejas y cambiantes. cada país es fuerte o débil según el valor de su propia moneda, su comercio internacio­nal, los recursos naturales y su capacidad para explotarlos, y la confianza que inspira su capacidad económica.

Actores

Países industrializados o ricos

  1. a) Principios:

La interdependencia entre las naciones exige una ética de solidaridad para transformar las realidades económicas según la justicia y no la fuerza o el interés económico.

Los países ricos tienen mayor responsabilidad, aún a pesar de sus propias crisis (paro, reconversión… ).

Los actos económicos tienen una repercusión internacio­nal y hay que analizar los posibles efectos, positivos o nega­tivos, de las diversas opciones.

Es necesario educar la opinión de todos con sentido de la responsabilidad.

  1. b) Criterios de acción:

Hay que poner por obra políticas económicas que den un impulso nuevo al crecimiento económico en beneficio de todos y controlar la inflación, fuente de desigualdades. Esto exige de los responsables políticos, económicos y sociales competencia y decisión, imaginación y apertura hacia los demás.

Renunciar al proteccionismo que dificulta el comercio de los países en desarrollo. Los países ricos deben prever una recon­versión de sus economías y buscar las vías para un mejor repar­to internacional de las actividades económicas y del trabajo.

Una coordinación de las políticas financieras y moneta­rias permitiría rebajar las tasas de interés a un nivel razonable y evitar las fluctuaciones erráticas de las tasas de cambio; éstas favorecen la especulación ilícita y la evasión de capita­les.

Debe hacerse un examen de las condiciones del comercio internacional (inestabilidad de los precios de las materias pri­mas) a fin de hacer prevalecer la justicia y la solidaridad entre las naciones.

Países en vías de desarrollo

  1. a) Principios

Proceder a un examen de las causas internas que han con­tribuido a aumentar la deuda, y buscar políticas de sanea­miento.

Cada país tiene sus peculiaridades respecto a las causas internas y a las soluciones posibles, según sus recursos natu­rales y humanos y su propia economía.

Todos los responsables de un país deben participar en este examen; deben tener coraje cívico y moral para informar con claridad y adoptar los reajustes necesarios. La denuncia de las injusticias de otros deben acompañarse con una clarificación sobre la propia conducta. Las diferencias entre pobres y ricos se da entre personas, regiones y sectores dentro del mismo país.

Los que tienen el poder deben aceptar que sus comporta­mientos y eventuales responsabilidades sean aclaradas: negli­gencia en la instalación de estructuras, fraudes fiscales, corrupción, fuga de capitales… La rectitud de costumbres es condición para la salud de la sociedad.

El saneamiento de las prácticas individuales y colectivas de cara al dinero y la reforma de las instituciones favorecerán la confianza de los ciudadanos: Los dirigentes políticos, eco­nómicos y sociales tienen la obligación de ponerse efectiva­mente al servicio del bien común, sin buscar ventajas perso­nales.

  1. b) Criterios de acción.

Movilizar todos los recursos disponibles (materiales y humanos) para promover el crecimiento y asegurar una más amplia y justa distribución. Los factores del crecimiento son: la elección de criterios de prioridad, la selección rigurosa de las inversiones, reducción de los gastos del Estado en «obras de prestigio» y compra de armas, la gestión vigilada de las empresas públicas, el control de la inflación y el sostenimien­to de la moneda, la reforma fiscal, una sana reforma agraria y los incentivos a la empresa privada para crear puestos de tra­bajo.

Responsabilidad de los acreedores respecto a los deu­dores.

  1. a) Principios:

Ante las situaciones de urgencia (hay países que ni siquie­ra pueden pagar los intereses) la responsabilidad de los acre­edores debe situarse en el marco de la solidaridad de supervi­vencia, pero esto no suprime los derechos y deberes respecti­vos.

El examen de las causas de la deuda, de su aumento y de los reembolsos exigibles cada año para un país requiere un diálogo para buscar soluciones de equidad.

Los acreedores tienen derecho al pago del préstamo y de los intereses, excepto cuando se ha abusado o se ha puesto una tasa excesiva de interés. En estos casos se puede revisar el contrato.

  1. b) Criterios de acción:

Los Estados acreedores examinarán las condiciones de reembolso compatibles con la cobertura de las necesidades de cada país deudor y con la financiación del desarrollo.

Algunas disposiciones a negociar pueden ser: la disminu­ción de las tasas de interés, la reestructuración de la deuda a plazo más largo y la financiación de la deuda en moneda nacional.

En caso de no llegar a un acuerdo, ambas partes pueden solicitar un arbitraje.

Los Estados acreedores dedicarán una atención especial a los países más pobres y, en algún caso, podrán convertir el préstamo en donación.

Los Bancos comerciales deberán participar en los esfuer­zo de los Estados acreedores y de las Organizaciones interna­cionales en la solución de estos problemas. Debe promoverse el desarrollo solidario de los pueblos.

Las empresas multinacionales influyen sobre la Balanza de Pagos, positiva o negativamente, con su política de inver­siones o de repatriación de beneficios, capitales y rentas. También deben participar en la solución de estos problemas.

Organizaciones financieras internacionales.

  1. a) Principios:

Después de la segunda guerra mundial, las naciones se asociaron para promover la paz y el desarrollo con sentido de cooperación internacional por medio de instituciones especia­lizadas.

Actualmente, estas organizaciones se enfrentan a la crisis y, en consecuencia, también deben contribuir a la solución de la misma, evitar el derrumbamiento del sistema monetario y financiero, ayudar al desarrollo y evitar la pobreza; por eso:

I-Deben estar animadas por espíritu de justicia y solidari­dad y respetar la dignidad y la soberanía de cada país.

II-Cada una de las organizaciones (FMI, Banco Mundial, Bancos regionales) tienen funciones y responsabilidades pro­pias. Deben coordinar esfuerzos y políticas para responder a las necesidades más urgentes.

  1. b) Criterios de acción:

Examinar las condiciones puestas a los préstamos y aumentar la vigilancia sobre la ejecución de las medidas de ajuste y los resultados.

Estimular nuevos capitales para obras de desarrollo y favorecer el diálogo entre acreedores y deudores.

Prever disposiciones especiales para remediar dificulta­des provenientes de catástrofes naturales, de variaciones excesivas de los precios y de las fluctuaciones de las tasas de cambio.

Coordinar mejor las políticas económicas y monetarias de los países desarrollados.

Prever y explorar los nuevos problemas, ya que el mundo está cambiando con rapidez.

Elegir y formar bien a los que trabajan en organizaciones internacionales y multilaterales en el análisis de las situacio­nes, en las decisiones y en la ejecución de los programas.

Como propuesta final el documento alude a la concesión de una especie de plan Marshall para los países subdesarro­llados.

Este importante documento no ha tenido la resonancia que se merecía. Y los problemas siguen sin resolverse, aumentados, muchas veces, por catástrofes naturales. De ahí que la pobreza de los pueblos sigue aumentando, ante el des­interés de los países ricos.

 

Anselmo Salamero

La  Milagrosa

 

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