Doctrina Social de la Iglesia (XIV)

Mitxel OlabuénagaFormación CristianaLeave a Comment

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OZANAM, UN PRECURSOR DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

El Papa Juan Pablo II ha afirmado que se puede ver en Federico Ozanam un precursor de la doctrina social de la Iglesia, que el Papa León XIII desarrollaría algunos años más tarde en la encíclica Rerum novarum.

La doctrina social de la Iglesia es el resultado de una larga evolución como respuesta concreta a los graves problemas sociales, agudizados de forma especial a partir de la revolu­ción industrial. Entre los iniciadores de la doctrina social cris­tiana debe figurar Federico Ozanam, intelectual francés, de notable influencia en la sociedad francesa de su tiempo.

Situación social en el siglo XIX

El principio liberal de la propiedad privada defendido por Locke reforzó el componente liberal del iusnaturalismo, pero al acentuar el elemento individualista puso las bases para una reacción igualitaria de tipo socialista. La escuela fisiocrática francesa contribuyó al triunfo del liberalismo económico; éste cobró gran impulso con Adam Smith que abogó por la liber­tad del comercio y rechazó toda intervención del Estado en la economía.

Esta ideología, el progreso del maquinismo y el paro que provocó, el aumento de la producción y la desmedida ambición de los poderosos económicamente fueron los causas que hicieron posible la explotación de los obreros, las condiciones injustas del trabajo, los bajos salarios y la miseria generaliza­da entre los obreros. Por otra parte, la ley Chapelier prohibía las organizaciones obreras.

El malestar social era profundo y se manifestó en revuel­tas y sabotajes65 que siempre fueron reprimidos con dureza. La revolución de 1830 y más aún la de 1848 añadieron más crispación al estado de descontento que se vivía.

Como búsqueda de soluciones para todos estos problemas aparecieron las doctrinas socialistas. Saint-Simon, Owen, Fourier, Proudhon, Le Blanc y otros propusieron varios siste­mas para mejorar la situación de los obreros. Pero realmente no consiguieron nada y Le Blanc, que fue ministro después de la revolución de 1848, estableció los Talleres Nacionales que terminaron al poco tiempo con un fracaso total. Por esos años apareció Carlos Marx y propuso un nuevo socialismo «cientí­fico» en oposición a todos los anteriores que calificó de «utó­picos».

Se suele decir que los católicos tardaron en darse cuenta de la gravedad de la situación. Pero esto no es cierto del todo. A partir de 1837 los obispos De CroY, Belmás, Rendu, Giraud y otros levantaron sus voces para denunciar las injusticias y salir en defensa de los trabajadores.

Personalidad de Federico Ozanam

Federico Ozanam nació en Milán el 23 de abril de 1813 y murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853. A los dos años de edad fue a vivir a Lyón. Obtuvo el grado de doctor en Derecho y en Letras en la Universidad de la Sorbona, en París. Fue profesor de Derecho Mercantil en la Universidad de Lyón (1839-1841) y de Literatura en la Sorbona (1841­1852). Se vió obligado a dejar la docencia a causa de una grave enfermedad.

El Papa Juan Pablo II nos ha recordado que Ozanam desde su juventud tomó conciencia de que no era suficiente hablar de la caridad y de la misión de la Iglesia en el mundo: esto debía traducirse en un compromiso efectivo de los cris­tianos al servicio de los pobres… y con un grupo de amigos creó las Conferencias de San Vicente de Paúl cuyo objetivo era ayudar a los más pobres.

El beato Federico Ozanam -continúa el Papa- apóstol de la caridad, esposo y padre de familia ejemplar, gran figura del laicado católico del siglo XIX, fue un universitario que tuvo una gran infuencia en el movimiento de ideas de su tiem­po… con el coraje del creyente, denunciando todos los egoís­mos, participa activamente en la renovación de la presencia y de la acción de la Iglesia en la sociedad de su época.

Federico Ozanam, cuando era estudiante universitario en París, supo dar públicamente testimonio de su fe. Él mismo cuenta que cada vez que un catedrático levanta la voz contra la Revelación, voces católicas se levantan también para res­ponder. Algunos estamos unidos para este fin. Dos veces he participado en esta noble tarea… nuestras respuestas leídas públicamente en clase han producido efecto en el catedráti­co que casi se ha retractado y en los oyentes que han aplaudido.

La acción social de Federico Ozanam.

Los principales campos de la acción social de Federico Ozanam fueron tres: Las Conferencias de San Vicente de Paúl, sus clases en la Universidad y sus escritos.

  1. Las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Asistía Federico Ozanam a una conferencia sobre historia y un jóven partidario de las teorías de Saint-Simon atacó a la Iglesia católica por su falta de interés en la situación de los obreros y de los pobres en general. Ozanam, que años antes había publicado un escrito sobre las teorías socialistas de Saint-Simon, le dio cumplida y perfecta respuesta. Pero al comentar lo sucedido con otros jóvenes católicos, presentes en la discusión, estudiaron el modo de dar una respuesta prác­tica y concreta a las teorías del jóven saintsimoniano. Y deci­dieron reunirse otro día en la casa del Sr. Bailly. En esta reu­nión, celebrada el 23 de abril de 1833, nacieron las Conferencias de san Vicente de Paúl. Ofrecieron la presiden­cia al Sr. Bailly, profesor de filosofía, Director de un periódi­co y fundador de las Conferencias de Historia.

Las Conferencias nacieron bajo el impulso de un grupo de jóvenes, pero admitieron también personas mayores y como explicó el Sr. Bailly el espíritu de conservación y de permanencia es el que caracteriza a las sociedades cristianas y caritativas. Parece muy aplicable al caso aquel axioma vul­gar: no cortes árboles viejos para plantar árboles nuevos, porque eso sería sacrificar lo cierto por lo dudoso; déjese, pues, crecer los unos sin arrancar los otros. Verdad es que los nuevos, llenos de savia, son garantía del porvenir; pero los antiguos protegen a los nuevos y dan generalmente más som­bra y más frutos.

El Sr. Bailly puso a los jóvenes en contacto con una Hija de la Caridad, sor Rosalía Rendu. Ésta les orientó y les pro­porcionó direcciones de familias necesitadas así como un amplio crédito con el que pudieron afrontar el comienzo y distribuir abundantes limosnas.

La finalidad de estas Conferencias fue expuesta clara­mente por el propio Ozanam: El fin principal de la Sociedad es formar una agrupación o asociación de mutuo aliento para los jóvenes católicos, donde se encuentre amistad, apoyo, ejemplo, un sustitutivo de la familia cristiana en la cual se ha crecido… Luego, el lazo más fuerte es el principio de una ver­dadera amistad, es la caridad y la caridad no puede existir sin expandirse hacia el exterior; el objetivo de la Sociedad es, sobre todo, caldear y extender entre la juventud el espíri­tu del catolicismo. A tal fin, la asiduidad a las reuniones, la unión de intenciones y de oraciones son indispensables. La visita a los pobres debe ser el medio y no el fin de nuestra Sociedad.

Ozanam dijo claramente que jamás la Sociedad de san. Vicente de Paúl se ha mezclado en política… tiene un solo

fin, que es santificar a sus miembros en el ejercicio de la cari­dad y socorrer a los pobres en sus necesidades corporales y espirituales.

En 1835, con la redacción del primer reglamento, se adop­tó el nombre de Sociedad de san Vicente de Paúl.

El motivo por el que se adoptó a san Vicente de Paúl, lo expuso así el mismo Ozanam: Un santo patrono es un mode­lo. Es menester esforzarse por actuar y realizar las obras como él mismo las realizó. Tomar como modelo a Jesucristo como él lo hizo… San Vicente de Paúl tiene una inmensa ven­taja por la variedad infinita de los beneficios que esparció y por su universalidad.

Sin embargo Ozanam pensó que esta Asociación debía ser profundamente cristiana, pero a la vez será absolutamen­te laical; y, en este sentido, la Asamblea general de la Asociación en 1838 aprobó que a partir de la próxima Asamblea general, la presidencia efectiva de la reunión debe­rá ser ejercida, no por el Sr. Cura de san Pedro, sino por el presidente de la Sociedad. El Sr Cura solo honrará la reu­nión con su presencia.

A finales de enero de 1853, Federico Ozanam informó a la Sociedad de Florencia que sólo en París tenían dos mil miembros, que en Francia había más de quinientas Conferencias locales y que ya estaban extendidas por quince países. Actualmente las Conferencias están organizadas en 132 países y cuentan con un millón de asociados aproximada-mente78.

  1. Profesor de la Universidad de Lyon.

En diciembre de 1839, Federico Ozanam fue nombrado profesor de Derecho Mercantil en la Universidad de Lyon.

Él mismo escribió a un amigo que me he permitido todas las digresiones filosóficas e históricas que las materias podí­an comportar. No he retrocedido incluso en las verdades severas, pero no rechazo tampoco la ocasión de hacer sonreír al auditorio. Y más tarde escribió que me esfuerzo por vivi­ficar la enseñanza de la letra de los códigos, por su espíritu, por consideraciones históricas y económicas; invado incluso el terreno de la Economía social… les digo verdades severas y su benevolencia me da, de buena gana, derecho a ello. Muchos toman notas, me dirigen cartas y tienen celo por el trabajo que implica la asignatura.

Federico Ozanam, además del conocimiento que tenía del pensamiento socialista de Saint Simon, hizo un curso de Economía política en la Sorbona bajo la dirección de Carlos de Coux; de las lecciones recibidas dijo que en ellas hay ver­dad y vida, un gran conocimiento de la plaga que daña a la sociedad y el único remedio para curarla. También conoció las obras de Villeneuve Bargemont, especialmente el Libro de los afligidos y la Economía Política.

Ozanam utilizó frecuentemente la expresión justicia social, que era muy poco usado en aquel tiempo. También trató de las relaciones entre los patronos y los obreros, y pro­puso una organización del trabajo mediante leyes que impidieran los abusos. Pero siempre rechazó la violencia pues no aceptaba suprimir una opresión por medio de otra.

También dedicó algunas clases a exponer su teoría sobre el trabajo. Y discrepa totalmente de los socialistas al decir que el trabajo no es solamente la fuerza física que el obrero vende al patrono, sino que se deben tener en cuenta la voluntad y la educación del trabajador; es decir, el concepto del trabajo debe implicar aspectos espirituales y humanos.

Acerca del salario considera que debe comprender la tasa natural del trabajo, y ésta depende de condiciones absolutas y relativas. Las condiciones absolutas son la fuerza, el traba­jo en sí, la voluntad y la educación; las condiciones relativas son la especial dificultad o peligrosidad del trabajo, la destre­za técnica que exige y otras circunstancias aleatorias como accidentes o enfermedades. Estas condiciones relativas hacen que el salario deba aumentarse proporcionalmente a dichos caracteres. Otro aspecto adicional es que el trabajo debe pro­curar al obrero lo necesario para la educación de los hijos y para el mantenimiento de la familia.

Reconoce Ozanam que muchas veces puede ocurrir que las ganancias obtenidas por la venta del producto no sean sufi­cientes para pagar un salario justo. Pero analiza el fenómeno y explica que esto se debe a que no se han estudiado bien las demandas del mercado, o porque se han empleado más servi­cios de los necesarios, o porque la renta obtenida no se ha repartido equitativamente entre los factores de la producción. Esta situación genera conflictos peligrosos de carácter social, pues el obrero no debe ser explotado.

Para resolver el problema propone varias soluciones: la caridad pública que remedie los males concretos que sufren las familias, que las empresas estudien con más cuidado y competencia las situaciones concretas y las demandas del mercado y, por fin, que se tenga más sentido de la moral.

En cuanto a la justicia social se aparta por igual de los socialistas y de los liberales y propone una vía intermedia, es decir, que el Estado intervenga como árbitro regulador en los casos de conflicto.

Un tema especialmente delicado era el relativo a las Asociaciones de obreros que desde 1791 estaban rigurosamen­te prohibidas por la ley. Ozanam era profesor en una Universidad del Estado pagada por el municipio. Su situación era, pues, muy difícil. Sin embargo, como él mismo dijo hay que hacer algunos ensayos arriesgados y llamar la atención sobre un rincón que ha quedado en la sombra, para sugerir una búsqueda y señalar el camino a los que logren poner la mano sobre el tesoro de la verdad social y adopten soluciones que la humanidad espera.

También dedicó varias clases a tratar de las relaciones y aberraciones entre los patronos y los obreros. Y emitió juicios muy severos sobre la explotación de los trabajadores y sobre el trabajo de las mujeres y de los niños. Hizo también algunas reflexiones sobre los problemas de la jubilación, la enferme­dad y el paro de los obreros. Realizó un profundo análisis sobre una doctrina legal, cristiana y humana, para mejorar la situación de los obreros.

  1. Ozanam escritor y periodista.

Federico Ozanam comprendió que la doctrina social cris­tiana no se agota con el estudio de los problemas laborales y la defensa de los obreros, sino que también comprende toda la compleja ideología que configura el ambiente de la sociedad. Y en la sociedad del siglo XIX, además del problema obrero, existían los problemas de la descristianización de la sociedad, de la lucha contra la Iglesia y del olvido de las doctrinas cris­tianas.

Y esta situación también fue objeto de su estudio y de su actividad; y no sólo en las clases en la Universidad de La Sorbona (1841-1852), sino también desde sus escritos, tanto en periódicos y revistas como en los libros.

En 1829 publicó su primer artículo, La trata de negros, en un periódico de Lyon (L’Abeille frainaise). Al año siguiente publicó un libro titulado La verdad de la religión cristiana probada por la conformidad de sus creencias. Y en 1831 escribió dos artículos sobre las Teorías socialistas de Saint Simon, en el periódico Le Precurseur. Estos artículos fueron publicados después en forma de folleto que tuvo una amplia difusión. Sobre el éxito de este folleto, él mismo escribió a un primo suyo: He recibido del señor Lamartine una carta muy aduladora y de L’Avenir una referencia muy favorable sobre mi trabajo.

A partir de 1833 colabora asiduamente en el diario católi­co L’Europeen, dirigido por Buchez que con Armando de Melun y Ozanam echaron las primeras bases de la doctrina social de la Iglesia.

Después de obtener el doctorado en Derecho en 1836 y para descansar unos días, Ozanam se retira al Colegio de Juilli donde acaba de fundarse la revista L’Université catholique, en la cual colaborará hasta 1845.

En el año 1839 publica su tesis para el doctorado en Letras que trata de Dante y la filosofía cristiana. De este inte­resante libro publicó la segunda edición en 1845. Del mismo se hizo una traducción al alemán y otra al italiano; ésta alcan­zó cuatro ediciones.

A partir de 1840 y a petición de Montalembert y Veuillot colabora de manera ordinaria en el periódico L’Universe. En este periódico tuvo varios conflictos con Veuillot acerca de la política de enseñanza del gobierno.

El periódico Le Correspondant, que había desaparecido después de la revolución de 1830, volvió a publicarse en 1843 gracias al entusiasmo de Ozanam y de otros amigos suyos. Tenía por finalidad servir a la religión mediante la búsqueda de la verdad, pero sin atacar directamente al error ni buscar polémicas, más bien estériles. Ozanam colabora con interés. Pero a los pocos meses quedó contrariado por el cariz agresi­vo que comenzó a tomar el periódico. En una ocasión llegó a fustigar a las Universidades y sus profesores. Y Ozanam con­testó para clarificar la cuestión, pues no era lo mismo la acti­tud de un gobierno que las ideas de los profesores, entre los que había sinceros católicos.

Ya una vez había escrito: Soy de la Iglesia y de la Universidad, todo junto. Y les he consagrado con gusto una vida que será bien cumplida si honra a Dios y sirve al Estado. Voy a conciliar estos dos deberes, sean cuales fueren sus dificultades.

El periódico Le Correspondant publicó un estudio de Ozanam titulado Los peligros de Roma y sus esperanzas; en él se aludía a una suscripción abierta en Francia para ayudar al Papa Pío IX a defender sus posiciones contra los liberales. En este artículo es donde apareció la famosa frase pasémonos a los bárbaros, que fue mal interpretada y peor juzgada y cri­ticada. L’Universe hizo una durísima crítica a la que respon­dió el mismo Ozanam y explicó: Pido que hagamos como el Papa, que en lugar de abrazar los intereses de un ministerio doctrinario o de una burguesía egoísta, nos ocupemos del pueblo que tiene demasiadas necesidades y no suficientes derechos, que reclama con razón una parte más decisiva en los asuntos públicos y garantías en el trabajo y contra la miseria… Sacrifiquemos nuestras repugnancias y nuestros prejuicios y volvamos hacia la democracia, hacia el pueblo que no nos conoce.

En 1844 publica el libro La historia literaria de Alemania y, al año siguiente. Los germanos antes del cristianismo. Finalmente, saca a la luz el libro La civilización cristiana entre los francos. Este libro obtuvo el premio Gobert que la Academia de Inscripciones y Bellas Artes concedía al mejor trabajo de carácter histórico.

En 1848 fundó el periódico católico L’Ere nouvelle. No era un periódico de partido político y se distinguía por su imparcialidad, equilibrio y caridad. Pero insinuaba la conve­niencia de crear un partido político cristiano que apoyase a la República francesa. Este periódico llegó a tener más de tres mil suscriptores. En este periodo publica Ozanam dos impor­tantes artículo: Ala gente de bien y Las causas de la miseria.

Este periódico también se vendía por las calles -lo cual resultó una verdadera novedad- y así se consiguió que llegase a más lectores.

Por entonces consiguió Ozanam que el alcalde de un dis­trito de París encargase a las Conferencias de san Vicente de Paúl diversas ayudas para unas dos mil quinientas familias durante cuatro meses; también se hizo una escuela para los niños sin escolarizar. Pero algunos acusaron al peródico de adoptar ideas y actitudes propias del socialismo. A causa del enrarecimiento político, este periódico dejo pronto de salir a la luz pública.

Juicio de la obra de Ozanam.

El mismo Ozanam, en carta a un amigo italiano, le escri­be: Hay que concluir que éramos siervos inútiles, que la Providencia quiere realizar sin nosotros el cumplimiento de sus designios. Todo nos da pie a creer que los principios pro­pagados por L’Ere nouvelle germinarán en silencio y que nuestro esfuerzo encontrará continuadores mejores que nos-otros.

Anselmo Salamero

La  Milagrosa

 

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