Doctrina Social de la Iglesia (XI)

Mitxel OlabuénagaFormación CristianaLeave a Comment

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OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

El fenómeno de la pobreza

La pobreza, en su concepto abstracto, es la carencia de lo necesario para llevar una vida digna, tal como corresponde a la persona humana. Pero la idea de pobreza resulta muy rela­tiva, porque son muy desiguales las necesidades sentidas por las diferentes personas, según su cultura y el medio ambiente en que viven. La pobreza no tiene, además, un sentido sola­mente material o económico.

Pero dejando de lado las consideraciones abstractas, con­viene fijarse en la realidad de los pobres, personas que care­cen de lo más indispensable para vivir y para el normal des­arrollo de su personalidad.

Y lo primero que llama la atención es que se trata de una pobreza impuesta. El espíritu de lucro y la avaricia hace que algunos pocos abusen de su poder económico y social para imponer condiciones de trabajo y salarios excesivamen­te bajos e injustos con el fin de aumentar su propia riqueza aun saltando por encima de los derechos legítimos y justos de los trabajadores.

Por otra parte, esta injusta situación no es tenida en cuen­ta por los gobiernos, que no se preocupan en buscar un reme­dio eficaz para imponer la justicia. Ni siquiera los gobiernos que se llaman socialistas han sido capaces de hacer un traba­jo serio y eficaz en este sentido.

Y, por fin, todo esto responde a una mentalidad social generalizada de que las cosas son así y no tienen arreglo.

Pero analizando las causas profundas de esta actitud, apa­rece claramente como causa, la total falta de una verdadera ética social. El desmedido afán de lucro, la competencia des­piadada y el ansia de poder, constituyen una triple estructura de pecado que afecta directamente a las personas, incluso a las que forman el gobierno. Es decir, todos los problemas de la pobreza en el mundo son consecuencia de estructuras, no económicas, sino éticas y personales.

La opción por los pobres

El aumento de la pobreza y el fracaso de los intentos de desarrollo, especialmente desde 1960 en adelante, provocó la aparición de un movimiento universal llamado liberacionis-1110. Era un desesperado esfuerzo por hacer desaparecer defi­nitivamente la pobreza y la injusticia del mundo. Pero todos estos movimientos se concretaron en acciones de tipo revolu­cionario violento y marxista, aunque en muchos lugares se presentaron como movimientos cristianos y trataron de justi­ficar el recurso a la violencia.

Con ocasión de la opción por los pobres, el deseo de su liberación y el fracaso de los intentos realizados, quizá más aparentes que reales y sinceros, aparecieron dos corrientes que pretendían fundamentar y orientar el trabajo por el desarrollo a favor de los pobres: la Teología de la libe­ración y Cristianos por el socialismo.

  1. La teología de la liberación fue un intento de construir una teología de nuevo cuño con base en el libro del Éxodo, a partir de la crítica de la teología europea y de la situación social de los países pobres. Pero insistieron demasiado en la utilización del análisis marxista para entrar en el ambiente concreto de su propia historia. Esa teología, que por otra parte tenía muchos aspectos perfectamente válidos, terminó en un simple sociologismo, mitad marxista y mitad teológico, pero con excesiva dependencia de los filósofos y teólogos europe­os. Dieron tanta importancia a los aspectos socioeconómicos y políticos que perdieron de vista el sentido religioso de la persona y de la vida.

El Papa Pablo VI entiende que entre evangelización y pro­moción humana existen lazos muy fuertes. Vínculos de orden antropológico… teológico… y evangélico (EN.31), pero muchos han sentido la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto temporal… y si esto fuera así, la Iglesia perdería su significado más profundo (EN.32). También afirma que la Iglesia no puede aceptar la violencia, sobre todo la fuerza de las armas -incontrolable cuando se desata- ni la muerte de quienquiera que sea, como camino de liberación… porque la violencia no es cristiana ni evangélica (EN.37).

Juan Pablo II, en el discurso que dio comienzo a la III Conferencia general del episcopado latinoamericano en Puebla, explicó que hay que alentar los compromisos pasto­rales con una recta concepción cristiana de la liberación…la Iglesia siente en deber de proclamar la liberación en su sen­tido integral… liberación que dentro de la misión propia de la Iglesia no se reduzca a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, que no se sacrifique a las exi­gencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo

La teología de la liberación tenía muchos aspectos válidos y la Iglesia ha escrito dos documentos sobre este tema. En 1984 publicó una Instrucción sobre el anuncio de la libertad y dos años más tarde, otra Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación. En ambos se trata de una síntesis de la teolo­gía de la liberación.

  1. El movimiento de Cristianos por el Socialismo nació en Chile el 16 de abril de 1971. Un grupo de sacerdotes anunció en una conferencia de prensa su compromiso con la clase tra­bajadora, su apoyo al gobierno de la Unidad Popular y su compromiso en la construcción del socialismo en Chile. En 1972 publicaron un documento en el que exponían su postura radical marxista. Este movimiento concluyó con la caída de Allende.

Pero el resultado real obtenido por las revoluciones ha sido negativo. Donde no han logrado triunfar sólo han conse­guido aumentar la pobreza y crear un clima social de odio y violencia que ha degenerado en un cáncer social de muy difi­cil solución. Donde la guerrilla ha logrado triunfar, la situa­ción ha quedado peor que antes, porque los que han llegado al poder se han constituido en los nuevos ricos, con olvido total de las promesas anteriores y han tenido que gastar grandes cantidades de dinero para poder mantener su situación. Y el régimen marxista que han impuesto ha degenerado en una cruel dictadura. Para entender esto, es suficiente observar la evolución de los pueblos en los que han triunfado dichos movimientos.

La opción por los pobres no es una cuestión sentimental o de moda, ni mucho menos, simple demagogia; es una opción por la justicia para que florezca la paz. Como advirtió Pablo VI la paz se construye día a día en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más per­fecta entre los hombres (PP.76).

La Iglesia siempre ha mostrado un especial interés por los pobres (Cfr. Sant. 2,1-17; Act. 4,32-35) y ha tratado de acudir en su ayuda, no solo espiritual sino también material y eco­nómicamente. Son muchos los santos e instituciones que han surgido en la Iglesia a través del tiempo para ayudar a los necesitados.

Como recuerda Juan Pablo II, el contenido del texto de la Rerum novarum es un testimonio elocuente de la continuidad, en la Iglesia de lo que ahora se llama opción preferencial por los pobres (CA.11).

En las reuniones del CELAM, en Medellin y en Puebla especialmente, la Iglesia advirtió dos cosas: la necesidad de las reformas sociales y económicas para remediar la situación de extrema pobreza de millones de personas y el peligro de buscar como único remedio el recurso a la violencia revolu­cionaria.

Juan Pablo II ha dicho claramente que la Iglesia quiere mantener su opción preferencial por los pobres, pero sin hipotecar el evangelio a ideologías extrañas a la fe cristiana (Juan Pablo II a los Obispos de Perú).

Verdadero sentido de la opción por los pobres.

La opción por los pobres que propone la Iglesia, supone que dicha opción y sus manifestaciones se mantengan siem­pre dentro de estos límites:

Es una opción preferente, pero no exclusiva ni exclu­yente. Juan Pablo II dice que la opción preferencial por el pobre nunca es exclusiva ni discriminatoria de otros grupos. Se trata, en efecto, de una opción que no vale solamente para la pobreza material, pues es sabido que, – especialmente en la sociedad moderna, se hallan muchas formas de pobreza, no solo económica, sino también cultural y religiosa (CA.57).

Se entiende por pobres todo grupo humano necesitado de ayuda, pero no en el sentido de clase social en lucha, ni mucho menos como Iglesia paralela.

Esta opción debe dirigirse a que todos puedan realizar su vocación humana y religiosa dentro de los límites de la posibilidad real y de la justicia, y entender el sentido de libe­ración no solo en el sentido material y económico, sino en el sentido de plenitud humana y religiosa.

Carece de validez la opción que se fundamenta, no en el amor al prójimo, sino en el odio clasista que propugna los medios violentos.

La verdadera opción por los pobres debe concretarse en la promoción de la justicia y de la paz (Cfr. CA.59).

Anselmo Salamero

La Milagrosa

 

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