Dóciles a la Divina Providencia

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo .
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providencia«No andéis agobiados pensando qué vais a comer o qué vais a beber o con qué os vais a vestir. Son los paganos quienes ponen su afán en estas cosas. Ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. Total, que no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos». (Mt 6,31-34).

«El espíritu de la Congregación, por consiguiente, aquellas íntimas disposiciones del alma de Cristo que el Fundador recomendaba, ya desde el principio, a sus compañeros: amor y reverencia al Padre, caridad compasiva y eficaz con los pobres, docilidad a la Divina Providencia». (C 6).

La experiencia de San Vicente tuvo de la acción providente de Dios hizo que la devoción a la Providencia fuera una de las características de su espiritualidad y, por lo tanto, también hoy es una característica de la espiritualidad del misionero. Corno siempre San Vicente se inspira en Jesús.

1. «Seguir paso a paso la adorable Providencia».

No siempre fue comprendido San Vicente. A unos, con frecuencia, les irritaba su lentitud; a otros les admiraba su firmeza una vez conocida la voluntad de Dios. A Santa Luisa le dice: «En la divina Providencia se encuentran tesoros ocultos y ¡cómo honran maravillosamente a nuestro Señor los que la siguen y no se adelantan a ella» (I, 131). «No adelantarse a la Providencia sino seguir sus pasos» fue un consejo constante de San Vicente: «Me atreveré a decirle una cosa sin avergonzarme? No hay remedio, es menester que se lo diga: Al repasar sir encima las cosas principales que han pasado en esta Compañía, me parece, y esto es muy elocuente, que si hubiesen hecho antes de lo que se hicieron, no habrían (sudo tan bien hechas. Lo puedo decir eso de todas, sin excepción alguna. Por eso siento una devoción especial en ir siguiendo paso a paso a la adorable Providencia de Dios. Y el único consuelo que tengo es que me parece que ha sido sólo nuestro Señor el que ha hecho y hace continuamente las cosas en esta pequeña Compañía». (II 176).

2. Sumisión al gobierno de Dios.

La sumisión debe ser completa, total, aunque resulte dolorosa, como cuando faltan los hombres con los que se había contado para una obra. Entonces, dice San Vicente, es cuando Dios actúa (V, 415). Así aconsejó a un misionero que trabajaba en Polonia:

«Le pido entretanto (a Dios) que en cualquier sitio en que se encuentre la Compañía, le conceda la gracia de someterse con amor a los diversos designios que tenga sobre ella y de rendirle los pequeños servicios que pueda en sí misma y en los demás, en la medida que lo permitan los distintos lugares y oportunidades. Así lo espero de su celo y de su coraje y de la fidelidad de toda esa familia». (V 408).

«¿Y qué vamos a hacer nosotros, decía a otro misionero, sino querer lo que quiere la divina Providencia y no querer lo que ella no quiere? Esta mañana me ha venido durante mi pobre oración un gran deseo de querer todo lo que acontece en el mundo, tanto de bueno como de malo, todas las penas en general y en particular, puesto que Dios las quiere, ya que las envía. ¡Qué maravillosas lecciones, tan necesarias a los misioneros, me parece que tiene esta práctica! Así, pues, esforcémonos en tener esta disposición de nuestra voluntad ante la voluntad de Dios; y entre los muchos y grandes bienes que de ello se seguirán, no será uno de los más pequeños la tranquilidad de espíritu». (VI 440-441).

3. Valemos más que los pájaros del cielo y las flores del campo.

La seguridad en seguir a la Providencia está en lo que nuestro Señor dijo:

«Hablando nuestro Señor de la confianza que debemos tener en Dios, dice: «Mirad los pájaros cómo no siegan y, sin embargo, Dios les viste y los alimenta y se cuida de que en todas partes tengan la mesa puesta. Las mismas flores del campo, los lirios, por ejemplo, tienen tan magníficos ornamentos que ni Salomón en toda su gloria y magnificencia los tuvo iguales». Y si Dios provee así a los pájaros y a las plantas, ¿por qué vosotros, hombres de poca fe, no os fiaréis de un Dios tan bueno y providente? Entonces, ¿de quién fiarse? ¿de ti mismo? ¿Y qué puedes tú? El lo puede todo v tú no puedes nada. Sin embargo, te atreves a apoyarte en tu industria antes que en su bondad; antes en tu pobreza que en su abundancia. ¡Oh miseria de los hombres!» (XI 438).

  • ¿Encuentro equilibrio entre lo que debo hacer como si todo dependiera de mí y el abandono y confianza en la divina Providencia?
  • En los asuntos de interés ¿procuro estar atento a los designios de la Providencia?

Oración:

«¡Señor! nos acogemos confiadamente a tu Providencia, que nunca se equivoca, y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y futura. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén». (Mro, IX domínica).

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