Devociones a la Medalla Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Dios, C.M. · Año publicación original: 1986.
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Los cultos más practicados para honrar a la Virgen Mila­grosa son, aparte del Novenario anual en el mes de noviembre, el de la Visita Domiciliaria, el de la Novena Perpetua u Oración comunitaria semanal, y el del día 27 de cada mes. A modo de ejemplo traslado aquí dos modelos, uno de la Visita Domicilia­ria y otro de la Novena Perpetua.

1. Oración de la familia ante la imagen de la visita domiciliaria

Virgen María, seas bienvenida a nuestro hogar. Nosotros, que abrimos con gusto las puertas de nuestra casa a los amigos, nos llenamos de especial alegría con tu visita: Tú eres nuestra mejor amiga, compañera de nuestro camino, nuestra Madre.

Cuando el ángel te dijo que tu prima Isabel había concebido un hijo, corriste a su casa para compartir con ella su alegría y tu alegría, prestarle tus servicios y comunicarle con tu presen­cia la gran noticia: Que el Hijo de Dios se había encarnado en tus entrañas. Asunta al cielo, no has dejado de seguir visitando a los hombres para traernos a Cristo y llevarnos a El.

Hoy has venido a nuestra casa en esta imagen que nos habla de tu manifestación a santa Catalina Labouré. A ella le permitiste apoyar sus manos en tus rodillas, le hablaste como una madre a su hija, la preparaste para cumplir la misión de que se grabara y se difundiera una Medalla tuya, a la que el pueblo llamaría “milagrosa” por los innumerables prodigios que por ella obraste.

Nos complacemos al ver en ella tu concepción inmaculada, tu maternidad espiritual, tu unión con Jesús en la obra de nuestra redención, tu intercesión constante por nosotros y, sobre todo, esas manos derramando lluvias de gracia sobre la tierra.

Tu imagen nos habla de tu presencia entre nosotros y de ti queremos aprender mucho. Queremos aprender tu disponibili­dad para hacer la voluntad de Dios en lo fácil y en lo dificil, queremos vivir los momentos oscuros de la Fe con una fidelidad como la tuya, queremos ser puros y humildes como tú, quere­mos ser serviciales y comprometidos como tú.

Señora y Madre nuestra: Ya que estás con nosotros, que ésta sea tu casa. Que nosotros vivamos unidos para poder estar juntos a tu lado. Comparte nuestros momentos alegres y nues­tros días grises. Ayúdanos a superar nuestros problemas y a salir de nuestros pecados. Te consagramos nuestras personas, nuestros problemas, el trabajo y el estudio de cada día. Que nuestro hogar sea como un altar consagrado a ti.

(Sí es posible, meditar uno o varios misterios del rosario o leer algún pasaje de la Biblia, Y rezar tres veces el Ave María con la jaculatoria de la Medalla: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti).

Peticiones:

Y ahora, antes de terminar estos momentos contigo, escu­cha las peticiones que te hacemos (se contesta a cada petición: “Madre de Dios, intercede por nosotros”).

  • Que todos los miembros de esta familia vivamos los compromisos de la Fe, especialmente el amor a Dios y al prójimo, y la participación plena en la Eucaristía del d( mingo…
  • Que nuestra casa sea un reflejo del hogar de Nazaret al vivir en gracia de Dios y cumplir cada uno sus deberes…
  • Que nos esforcemos por vivir unidos, que nos ayudemos en todo, que nos comprendamos y que sepamos perdo­nar las molestias que nos causamos cada día…
  • Que seamos sensibles a los demás, que nos preocupemos por los ancianos, los niños, los enfermos, los pobres, los alejados de Dios…
  • Por nuestro mundo, tan necesitado de paz, de justicia, de fraternidad: que venga a la tierra el Reino de Dios… (se pueden añadir otras peticiones…).

Oremos:

Señora, Virgen Milagrosa: después de estos momentos feli­ces en torno a ti, volvemos a nuestras ocupaciones habituales. Tu imagen se irá a otra casa, pero tú quedas en la nuestra y en nuestros corazones. Tu Medalla nos acompaña y nos protege. Al igual que te cantamos en los templos, te decimos ahora con el mayor fervor:

“Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven”.

2. Oración comunitaria semanal a la Inmaculada de la Medalla Milagrosa

  • Introducción:

Monición: Hermanos, ésta es la hora de la oración en común. Sabemos que Jesucristo prometió una asistencia espe­cial donde hubiera dos o más reunidos en su nombre. Nosotros nos reunimos como los primeros cristianos para acudir a él por mediación de María nuestra Madre.

Canto:

Oh María sin pecado concebida… u otro canto breve.

Oración:

Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Palabra:

Lectura de un pasaje de la Biblia.

Meditación

(el que preside puede comentar brevemente el pasaje leído; o bien se guarda silencio para meditar en él por unos minutos).

Oración:

Comentario y formulación de peticiones (si se han presentado peticiones por escrito durante la semana, se pueden notificar y comentar por el que preside, algunas de ellas, resaltando su conteni­do “cristiano”, su expresión peculiar, etc., todo en orden a educar en la verdadera oración. Después se invita a los presentes a expresar en silencio sus plegarias al Señor por mediación de María: sus necesida­des particulares: las necesidades del mundo, las de la Iglesia, las intenciones del Papa… Cada uno en silencio, pero todos unidos en espíritu, y todos con sentido universalista y eclesial).

Letanía ( se contesta: “Ruega por nosotros que recurrimos a ti”).

  • María, que por tu Inmaculada Concepción nos ofreces el rostro del hombre nuevo redimido por Cristo…
  • María, que en el “hágase” de la Anunciación te haces Madre de Dios, del Cristo histórico, cuando el Espíritu Santo te cubre con su sombra…
  • María, que serviste a Isabel anunciándole el Evangelio con las palabras del Magnificat…
  • María, que en la boda de Caná fijaste tu atención en lo que era necesario para la fiesta…
  • María, perfecta discípula que te abres a la palabra y te dejas penetrar por su fuerza…
  • María, que en vez de rechazar o hacer a un lado la palabra cuando no la comprendes y te causa sorpresa, la meditas y la guardas…
  • María, Madre nuestra por haber cooperado con tu amor en el momento en que del Corazón traspasado de Cristo nacía la familia de los redimidos…
  • María, por quien la vida de Cristo irrumpe, victoriosa, en Pentecostés…
  • María, a quien la Iglesia, instruida por el Espíritu Santo, venera con afecto de piedad filial como a Madre amantí­sima…
  • María, en cuya Asunción se nos manifiesta el sentido y el destino del cuerpo sanl:acado por la gracia… María, que cuidas con amor materno de los hermanos, todavía peregrinos, de tu Hijo…
  • María, especialmente cuidadosa de que los cristianos tengan vida abundante y lleguen a la madurez de la plenitud de Cristo…
  • María, que constituyes el gran signo del rostro maternal y misterioso de la cercanía del Padre…
  • María, presencia femenina que crea la voluntad de amor y de acogida…
  • María, que suscitas en los creyentes las plegarias de la ternura, del dolor y de la esperanza…
  • María, que nos has dado en la Medalla Milagrosa un signo de lo que eres, de lo que nos quieres y de lo que quieres para nosotros…

Oración final:

Te rogamos, Señor, que venga en nuestra ayuda la interce­sión poderosa de la Virgen María, para que nos veamos libres de todo peligro y podamos alegrarnos de vivir en paz contigo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Canto final…

3. El día 27 de cada mes

Es el aniversario de la Aparición de la Medalla Milagrosa. Día de recuerdo, de revisión y de renovación en la fidelidad siguiendo a la Virgen fiel y Madre de los creyentes. “La fiesta principal de la Asociación es el día 2 7 de noviembre, en el cual se conmemora la Aparición de la Inmaculada Virgen de la Sagrada Medalla” (artículo VI de los Estatutos generales de la Asociación, Breve “Dilectus Filius”).

4. Ritual de la bendición e imposición de la Medalla

  • Nuestro auxilio es el nombre del Señor. Que hizo el cielo y la tierra.
  • El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Oremos: Dios omnipotente y misericordioso que has obrado continuamente maravillas en la tierra para la salvación de los hombres por medio de la Inmaculada Virgen María: concede benigno tu bendición ( + ) a este signo de la Medalla, para que, venerándola con piedad y llevándola con devoción, experimen­temos el patrocinio de María y consigamos tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Bendecidas las medallas, se imponen a continuación, diciendo):

Recibid la santa Medalla, llevadla con fidelidad y honradla con veneración, para que la piadosa e inmaculada Reina del cielo os proteja y defienda y, renovando los signos de su bondad, os obtenga lo que supliquéis al Señor, a fin de que, en la vida y en la hora de la muerte, descanséis felizmente en su maternal abrazo. Amén.

  • Señor, ten piedad… Cristo, ten piedad… Señor, ten piedad…
  • Padre nuestro…
  • Señor, escucha mi oración. Y llegue a ti mi clamor.

Oremos: Señor Jesucristo, que quisiste glorificar con innu­merables milagros a tu Madre, la Santísima Virgen Inmacula­da: concédenos que, implorando siempre su protección, consi­gamos los gozos eternos. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  • Oh María, sin pecado concebida: Ruega por nosotros que recurrimos a ti.

5. Mañanitas a la Virgen Milagrosa

  • Estas son las mañanitas
    que cantaba el rey David;
    hoy, por ser día de tu santo,
    te las cantamos a ti.

DESPIERTA, MADRE, DESPIERTA,
MIRA QUE YA AMANECIÓ
Y VENIMOS A CANTARTE
PORQUE TU FIESTA LLEGÓ.

  • Veintisiete de noviembre fue el día en que se mostró tu Medalla Milagrosa para nuestra bendición…
  • Los dos brazos hacia el mundo tiendes, Madre, con amor, para derramar la gracia en quien pide tu favor…
  • Son tus rayos de las gracias el signo y la mediación y es tu rostro la alegría del santo y del pecador…
  • Con tus pies el mal aplastas y tu Santa Concepción nos anuncia la victoria en las luchas del Señor.
  • Junto a la Cruz va tu nombre en estrecha y fuerte unión: con Jesús caminas siempre en el gozo y el dolor.
  • Tu corazón con el suyo se enlazan en redención por la cruz del sufrimiento, por las llamas del amor.
  • Doce Estrellas te rodean: son la Iglesia que, en fervor, te proclama Sierva y Reina, Madre suya y del Señor.
  • Tu Medalla llevaremos junto a nuestro corazón como el retrato más bello que de ti nos dio el Señor.
  • Oh María, sin pecado concebida, óyenos: ruega siempre por nosotros y danos tu bendición.

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