De la devoción a la evangelización

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla MilagrosaLeave a Comment

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Autor: Jesús Rodríguez Rico, C.M. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Vincentiana.
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La Asociación de la Medalla Milagrosa ha estado marcada, principalmente, por un aspecto piadoso y devocional hacia la Madre de Dios, y con frecuencia, reducida a éste campo, sin mayor proyección eclesial y, menos aún, social.

Los días del mes de mayo y los triduos y novenarios que preceden a la fiesta litúrgica del 27 de Noviembre, son momentos fuertes de oración en torno a María Milagrosa. En muchos de los cerca de 400 centros existentes en toda España, los días 27 de cada mes se celebra una Eucaristía por los asociados difuntos y por los familiares que reciben en su casa la Visita Domiciliaria de la Virgen Milagrosa.

Después del Concilio Vaticano II y de la Exhortación apostólica «Marialis Cultus» se imponía una revisión en la andadura de nuestra Asociación.

No podíamos seguir haciendo lo de siempre. Actualmente, Juan Pablo II nos convoca a una nueva evangelización ante el umbral del tercer milenio.

En España, los Obispos tienen una seria preocupación por la evangelización de ambientes tan diversos, como los intelectuales, los obreros, los jóvenes y las personas que se han alejado de la vida de la Iglesia y viven un agnosticismo, cada día más amplio, y de consecuencias nefastas en los comportamientos personales y sociales.

Lo primero que hemos hecho, para responder a estas llamadas, ha sido organizar la catequesis de adultos en los centros de nuestra Asociación. Ofrecemos así una formación cristiana de manera sistemática a quienes no tienen otro modo de cultivar su fe bautismal.

En la actualidad existen más de 200 grupos de catequesis de adultos, si bien no todos los centros se han decidido a implantarlo. Hacen falta catequistas con experiencia y preparación.

Para lograr un mayor efecto multiplicador, un Sacerdote o una Hija de la Caridad explican la catequesis a las personas que han de impartir la formación en la fe a los adultos, que acudan a ella en las casas particulares, no en las iglesias, para que puedan asistir los alejados que no acudirían al templo.

El Padre General de la Congregación de la Misión, Robert P. Maloney, en el Mensaje dirigido a los participantes del Congreso Mariano de El Escorial, con motivo del primer Centenario de la fiesta litúrgica de la Medalla Milagrosa, nos invitaba a que cada Centro de la Asociación fuera un lugar de oración, formación en la fe y caridad con los necesitados1

Unir la trayectoria Mariana de la Compañía con el Carisma Vicenciano de evangelizar a los pobres, fue el punto de partida para crear estos grupos de creyentes, a los que

intentamos preparar para que sepan dar razón de su esperanza, en estos momentos en que las sectas causan estragos entre los sencillos y los humildes, los pobres y los menos cultivados.

Ahora estamos promoviendo la vida de oración en los centros. Para ello contamos con la experiencia espiritual de las Hijas de la Caridad y los cursos sobre la oración que se imparten en diferentes ciudades de la nación.

Queremos que el seglar recupere el sentido de la oración como medio de acrecentar y fortalecer su fe en medio de las actividades y ocupaciones de cada día.

Estos grupos de formación cristiana se reúnen una vez al mes. Bastantes ya lo hacen cada 15 días. Oran con los Salmos, meditan algunas lecturas bíblicas, comparten su oración con sencillez, escuchan la explicación que les dirige el catequista y en la que participan activamente, terminando con alguna oración de petición, en forma litánica, o con algún canto.

La meta de estos grupos, que se reúnen en torno a la imagen de la Virgen Milagrosa, es un catecumenado de adultos. Sin embargo, debemos avanzar a su paso, teniendo en cuenta su edad, su cultura y sus posilbilidades. Todas las catequesis terminan con un compromiso.

Las conclusiones del Congreso de El Escorial, en el que participaron 587 personas de toda España, pertenecientes a la Asociación de la Medalla Milagrosa, marcan las pautas de comportamiento solidario y de promoción de las personas, tratando de unir oración y acción; devoción y compromiso de vida por los pobres y los humildes de nuestra sociedad; piedad y comunicación de los bienes de la Asociación de la Medalla Milagrosa en favor de los menos favorecidos, de los que queremos ser voz y a quienes deseamos defender frente a las situaciones de injusticia generadas en una sociedad insolidaria y egoista.

La visita domiciliaria de la Virgen

Nació en Barcelona hace 80 años. Nuestros cohermanos observaron que cada mes una capilla o urna, con la imagen de la Sagrada Familia, recorría los hogares cristianos que lo solicitaban. Ellos pensaron en sustituir la imagen de la Sagrada Familia por la Virgen Milagrosa.

Se forman grupos de 30 familias, aproximadamente, cada una de las cuales recibe la capilla o urna, con la imagen de la Virgen Milagrosa, un día fijo de cada mes.

Al frente del grupo hay un/a responsable que tiene la tarea de hacer que esa capilla llegue a cada hogar el día del mes que le corresponde, repara los desperfectos, recoge las limosnas, que entrega al tesorero/a de la Asociación, y es como el lazo de unión entre la Junta Directiva del Centro, y las familias que la reciben.

Esta práctica devocional tiende a la santificación de la familia. Se intenta que este signo religioso entre en los hogares, lo vean los niños desde sus primeros años, oren todos en torno a la Madre, sea ocasión de recordar, en medio de las dificultades o quehaceres de la vida, la faceta religiosa, el recuerdo de su fe bautismal y el mundo de la tanscendencia.

Es el día para honrar a María y, por medio de Ella, a su Hijo, el Señor. De ahí, que insistamos en la recepción de los sacramentos en ese día. Con frecuencia, observamos que la capilla de la visita domiciliaria de la Virgen Milagrosa es el único signo religioso en muchos hogares y, penosamente, el lazo que une a estas familias con la comunidad eclesial.

En 1916, el P. Hilario Orzanco, el gran apóstol de la Virgen Milagrosa, comienza a extender esta práctica por toda España. Se sirve de los Misioneros, que la dejan en los pueblos misionados como un medio de perseverancia en los frutos de la Misión2, y de las Hijas de la Caridad, que tenían en sus manos la Beneficencia del Estado y muchas otras casas enclavadas en pueblos y ciudades de toda España.

Desde 1916, la Asociación de la Medalla Milagrosa va íntimamente unida a la Visita Domiciliaria de la Virgen y se establece por toda la nación.

Posteriormente, los Padres Paúles y las Hijas de la Caridad llevan esta práctica a las naciones de Hispanoamérica, y observan el gran valor de convocatoiria que tiene entre los sencillos, los humildes, los pobres y los alejados.

Las limosnas que se recaudan en el cepillo o alcancía, que va en la capilla o urna, la Junta Directiva de cada Centro Local las canaliza hacia el culto, el apostolado, la caridad con los necesitados,3 la formación de los asociados,4 contribución a las cinco campañas promovidas por la Iglesia: Domund, Cáritas, Lucha contra el Hambre, Día de la Iglesia Diocesana y Día del Seminario.

Colaboramos también con nuestras Misiones «ad gentes» y con las Voluntarias de la Caridad5.

No conviene acumular las limosnas, sino emplearlas, según surjan las necesidades, de manera que al terminar el año sea poco el saldo y, en consecuencia, no se precise depositarlo en Bancos o entidades de Crédito.

Las cuentas bancarias pueden tener graves riesgos con la Hacienda Pública, sobre todo si alguien, usurpando nuestro Código de Identificación Fiscal, al amparo de que es una Asociación de la Iglesia Católica, cometa un fraude fiscal o lavado de dinero negro, involucrándonos así en un serio problema y manchando el buen nombre de la Asociación, de la Compañía y de la Iglesia, que los medios de comunicación social se encargarían de divulgar, siendo sorprendidos en nuestra buena fe, al ignorar nosotros el uso fraudulento de nuestro Código de Identificación Fiscal.

Por ello, se impone no dar poderes notariales para apertura de cuentas bancarias más que a las personas estrictamente necesarias, según el ordenamiento jurídico y mercantil de cada nación.

El Superior General de la Congregación Richard McCullen me otorgó poderes para disponer de los fondos de la Asociación de la Medalla Milagrosa en España6. Después, también lo hizo en favor de otro cohermano7 para tener las cosas bien arregladas, en caso de accidente o muerte repentina, y no perder el patrimonio económico de la Asociación, al fallecer el titular de la cuenta bancaria.

Inserción en las parroquias y en la pastoral diocesana

Siendo la Asociación de la Medalla Milagrosa una Asociación Pública en la Iglesia8. no podía permanecer encerrada en sí misma. Si actúa en nombre de la Iglesia9 y recibe de la Jerarquía el mandato de hacerse presente en el mundo y santificar el orden temporal,10 debe estar en comunión con las Iglesias Locales donde está implantada y con sus Pastores11. Actualmente está Canónicamente erigida en 62 de las 67 Diócesis existentes en España, incluída la Diócesis Castrense.

Comenzamos por ofrecer las personas de los asociados a los respectivos Párrocos para que fueran catequistas, animadores del culto y agentes de pastoral caritativa y social, insertándose en Cáritas Parroquial y en la visita a los enfermos.

En 1992, elaboramos el Primer Plan Pastoral de nuestra Asociación de la Medalla Milagrosa, para los años 1993-1994. Centrábamos la atención en redescubrir la fe bautismal y en el servicio en gratuidad a los pobres.

Este Plan Pastoral debía adaptarse a las líneas pastorales de cada Diócesis y a los proyectos de las Parroquias donde estamos integrados y donde queremos servir a la Iglesia con nuestro carisma propio.

La reacción de los Sres. Párrocos fue alentadora. Percibieron que no queríamos más que insertarnos en la pastoral general de la Iglesia Local y servir a su feligresía, sin esperar nada a cambio; que en nuestra Asociación podía encontrar personas para el ministerio profético (catequésis, sobre todo con adultos y alejados) litúrgico (animación del culto eucarístico) y diacónico (visita a enfermos y ayuda a necesitados).

Como las limosnas de la Asociación de la Medalla Milagrosa redundan en bien de la misma Parroquia o pueblo donde está establecida, fueron pocas las resistencias de los Párrocos, aunque, desgraciadamente, tenemos alguna todavía.

Hace unos meses, elaboramos el Segundo Plan Pastoral de la Asociación, para los años 1995 y 1996. Unido con el anterior, supone un paso adelante en el compromiso por la promoción de las personas, la ayuda a los necesitados y la solidaridad en la lucha contra la injusticia.

No es más que una exposición sistemática de las conclusiones de nuestros Congreso Mariano de El Escorial de 1994.

El 15 de Agosto de 1994, año Centenario de la Fiesta Litúrgica de la Medalla Milagrosa, organizamos una peregrinación de los asociados a Lourdes y París, a la Capilla de las Apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré, en 1830. Fue un día histórico en el que participamos más de 700 peregrinos, que fuimos acogidos y saludados por el Superior General de la Congregación de la Misión y por la Madre General de las Hijas de la Caridad, que ese día celebraba su onomástica.

Aspectos jurídicos

Aunque parezca extraño, el cimiento que debe asegurar el futuro de una Asociación de fieles no sólo es el carisma que la impulsa, también necesita de un soporte jurídico, para aprobarla los Obispos Diocesanos, para que funcione adecuadamente y para que pueda pervivir.

El carisma de la Asociación de la Medalla Milagrosa es honrar a María, la madre del Señor, en el misterio de su Inmaculada Concepción12. Será pues, el alma y la vida que vigorice a sus miembros. La apoyatura jurídica ayudará a perpetuar ese carisma, a hacerle concreto en las diversas ocasiones y circunstancias de la vida cristiana de los asociados, a adaptar la Asociación a los nuevos tiempos.

Quien crea los centros de la Asociación de la Medalla Milagrosa es el Superior General de la Congregación de la Misión, por ser una Asociación de Privilegio Apostólico;13, es decir, encomendada por el Papa al Superior General de una Orden o Congregación Religiosa. Sin embargo, hubo tiempos en que por disposición de la Asamblea General de la Congregación de la Misión, el Superior General delegó esta facultad en los Visitadores para sus respectivas Provincias Canónicas y en el Superior Local para su casa. El Visitador podía subdelegar en algún Misionero para su Provincia14.

Actualmente y para lograr mayor operatividad, el P. Richard McCullen, C.M., siendo Superior general de la Congregación de la Misión, me dió un poder escrito para poder eregir Centros y firmar Patentes de Erección de la Asociación de la Medalla Milagrosa en todo el territorio español15.

Sin embargo, es necesario la autorización por escrito del Sr. Obispo Diocesano para proceder a eregir canónicamente un nuevo centro de la Asociación16. Algunos Obispos, invocando el párrafo 2º del Canon 312, decían, que era suficiente tener una casa de la Congregación de la Misión o de las Hijas de la Caridad en su Diócesis para que la Asociación comenzara a existir, como obra propia de estas congregaciones.

A este respecto, quiero recordar que el rescripto pontificio «Dialectus Filius» de San Pío X, dirigido al Padre Antonio Fiat C.M. y a sus sucesores en el generalato de la Compañía, le hace una encomienda a él personalmente, no a toda la Congregación de la Misión17. A lo sumo, podemos decir que esta encomienda hace de la Asociación un campo de trabajo para los Misioneros y, estando confiada al Superior General de la Misión, debemos darle un matiz vicenciano. ¿Y qué decir si se trata de erigirla en Parroquias regentadas por sacerdotes del clero secular o en Iglesias servidas por religiosos? Es necesaria la autorización por escrito del Obispo Diocesano18.

Es importante guardar en el archivo de la Curia Provincial y General fotocopias compulsadas o legalizadas ante Notario, civil o eclesiástico, tanto del decreto por el que el Sr Obispo Diocesano autoriza la creación en su Diócesis de la Asociación de la Medalla Milagrosa, como de los diferentes Decretos de Erección que firme el mismo Prelado, relativos a cada uno de los Centros existentes en su Diócesis.

Por analogía jurídica, se procede a la erección canónica de la Asociación por parte de la Conferencia Episcopal. Es el Superior General de la Congregación de la Misión quien erige, pero requiere el consentimiento de la Conferencia Episcopal respectiva para ello. En España me exigieron presentar la aprobación por parte de doce Obispos Diocesnos para proceder a darnos el decreto, por el que se autoriza al Superior General de la Congregación de la Misión, para establecer la Asociación de la Medalla Milagrosa en todo el territorio Nacional19.

Con estas aprobacioones, en el ámbito eclesial, tenemos ya la personalidad jurídica canónica de la Asociación20.

Además de estos Decretos conviene hacer dos fotocopias compulsadas o legalizadas ante Notario, civil o eclesiástico, para guardarlas en los archivos de la Curia Generalicia y Provincial.

Es conveniente conseguir la personalidad jurídica civil. Para ello se inscribe a la Asociación en el Registro de Asociaciones Religiosas del Ministerio de Justicia, si así consta en la legislación del Estado en el Registro de Asociaciones Civiles del Ministerio del Interior o Gobernación21.

Tal vez, lo más importante es que con este paso jurídico civil tenemos acceso a pedir a la Hacienda Pública un código de Identificación Fiscal y a entrar, como una pequeña empresa, en la Seguridad Social de la Nación para que nuestros empleados tengan cobertura social: Asistencia sanitaria, farmaceútica, pensiones de enfermedad, accidente y jubilación en su día22.

Insisto de nuevo : De todos estos documentos conviene tener 2 fotocopias compulsadas o legalizadas ante Notario, civil o eclesiástico, para los archivos de la Curia Provincial y General. La historia se hace con documentos escritos.

Sobra decir que para todos estos trámites son necesarios unos Estatutos, tanto en el ámbito eclesial, como en el civil23.

Nosotros hicimos unos, que aprobó el P. McCullen el 31 de Enero de 1986, para comenzar a dar los pasos oportunos.

En este año de 1995 tenemos previsto hacer unos nuevos estatutos, renovar el boletín de la Asociación y preparar las catequesis de adultos de manera sistemática.

  1. Roma 7 de Abril de 1994.
  2. XXVI Asamblea General C.M. 1902, Decreto 553. Secundum Supplementum, Pág.3. XXIX Asamblea General C.M. 1931, Decreto 630. Cuartum Supplementum. Pág. 4.
  3. Canones 1254 párrafo 2 y 114 párrafo 2º
  4. Canon 329.
  5. Canon 328.
  6. Roma, 15 de Marzo de 1986.
  7. Roma, 29 de Octubre de 1988.
  8. Canon 301 párrafo 3º.
  9. Canon 313
  10. Canon 298 párrafo 1º
  11. Canon 311.
  12. Acta Apostólica Sedis. Tomo I, nº 17 págs. 669-671, art 1. Rescripto Dilectus Filius.
  13. Canon 312, párrafo 1º, número 3
  14. Decreto 38 de la XXXII Asamblea General, C.M., 1955.Nova Series Post Approbatas Constituciones, Pág. 10..
  15. Roma, 15 de Marzo de 1986.
  16. Canon 312, párrafo 2º.
  17. Acta Apostólica Sedis. Tomo I, nº 17, págs. 669-671, parte dispositiva después del art. 7º.
  18. Canon 312 párrafo 2º.
  19. Decreto de Erección del Superior General de la C.M. está firmado en Roma el 19 de Diciembre de 1986. El de la Conferencia Episcopal Española, está firmado en Madrid el 23 de Febrero de 1987.
  20. Canon 114 párrafo 1º y 313.
  21. Nuestra Asociación lo obtuvo el día 8 de Mayo de 1987.
  22. Canon 1.286, párrafo 1º.
  23. Canon 304

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