Cuidadosos de la intimidad comunitaria

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1983 · Source: CEME.
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«Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abruma­dos, que yo os daré respiro». (Mt 11,28).

«Nos esforzaremos con todo cuidado por crear las condiciones necesarias para el trabajo, el descanso, la oración y la convivencia fraterna; por eso emplearemos con dis­creción y prudencia los me­dios de comunicación y, sal­vando las exigencias del apos­tolado, reservaremos una par­te de la casa para la intimi­dad de la comunidad». (C 24,4).

ComunidadesLa intimidad comunitaria resulta hoy a todas luces necesaria para el evangelizador de los pobres, que se ve envuelto a menudo en el fragor y bullicio de las gen­tes a causa de la misma vocación apostólica. La urgen­cia que pesa sobre el misionero de volver a la tarea evangelizadora pide que se le respete los tiempos, ya previstos por el Proyecto comunitario, de descanso, oración, conveniencia tranquila, etc. Motivados por esta razón todos los Fundadores han hecho hincapié y dado suma importancia al orden comunitario que tanto favo­rece la intimidad con Dios y con los hermanos de una misma comunidad.

1. «El silencio atrae sobre las comunidades e individuos abundancia de gracias».

La normativa sobre el orden comunitario es abundantísima en las Reglas Comunes de la Congregación. En ellas encontramos prescripciones, cuya guarda es ne­cesaria, para el provecho laboral y espiritual de los compañeros de comunidad. Las Reglas bajan, incluso, a de­talles que favorecen el descanso de la noche:

Nos cuidaremos mucho de hacer ruido cuando se está en la habitación, o se anda por casa, sobre todo de noche, o al abrir y cerrar las puertas». (RC VII 6).

Sobre este particular del silencio, comenta San Vi­cente:

«El silencio atrae sobre las comunidades y sobre los individuos abundancia de gracias y de bendiciones, de forma de guardar el silencio es lo mismo que escuchar a Dios, hablarle y atender sus deseos, apartándose del jaleo y de la conversación de los hombres para oirle mejor. Por tanto, la finalidad del silencio es callarse para dejar hablar a Dios «Ducam earn in solitudinem et loquar ad cor eius» (Os 2,16). «(Voy a seducirla, lleván­domela al desierto y hablándole al corazón)». (XI 787).

2. «El uso de los medios de comunicación».

Aunque los medios de comunicación son un medio provechoso y hasta necesario hoy día para la formación y para la actividad apostólica del misionero, sin embargo, el uso inmoderado de los mismos, en momentos en que debe prevalecer la convivencia o el descanso, puede cau­sar daño a la comunidad o al propio individuo. Por eso advierte el Código de Derecho Canónico:

«Debe observarse la necesaria discreción en el uso de los medios de comunicación, y se evitará lo que pue­da ser nocivo para la propia vocación o peligroso para la castidad de una persona consagrada». (c 666).

3. «La búsqueda de la intimidad con Dios».

El silencio sigue siendo hoy un medio privilegiado para gustar la intimidad comunitaria y el trato personal con Dios:

«El hombre interior ve en el tiempo de silencio como una exigencia del amor divino, y le es normalmente ne­cesaria una cierta soledad para sentir a Dios que le ha­bla al corazón. Es necesario subrayarlo; un silencio que fuese simplemente ausencia de ruido o de palabras, en el cual no podría templarse el alma, estaría evidentemen­te privado de todo valor espiritual y podría, por el con­trario, servir de perjuicio a la caridad fraterna, si en aquel momento fuese urgente entrar en contacto con los demás. En cambio, la búsqueda de la intimidad con Dios lleva consigo la necesidad verdaderamente vital de un silencio de todo el ser, ya sea para quienes deben encon­trar a Dios incluso en medio del estruendo, ya sea para los contemplativos. La fe, la esperanza, un amor a Dios dispuesto a acoger los dones del Espíritu, como también un amor fraterno abierto al misterio de los demás, im­plican como exigencia propia una necesidad de silen­cio». (ET 46).

  • ¿Pongo todo el cuidado posible en no romper la intimidad comunitaria con ruidos estrepitosos y voces discordantes?
  • ¿Me sobrepaso en el uso de los medios de co­municación, prescindiendo de si molestan a la comunidad o me causan a mí un perjuicio espi­ritual?
  • ¿Aprovecho el silencio de la casa para tratar más íntimamente con el Señor?

Oración:

«¡Salvador mío! ¿Por qué ahora no se hace así? Es que hemos perdido la virtud del silencio. ¡Dios mío! Devuel­ve, Señor, esta santa virtud a la pequeña Compañía de la Misión. Pidámosla, hermanos míos, roguemos con insisten­cia que nos la conceda de nuevo su divina Majestad». (XI 371-372).

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