Cuba, en estado de evangelización. Entre el miedo y la esperanza

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

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Autor: Jesús María Lusarreta, C.M. · Año publicación original: 2002 · Fuente: Vincentiana.
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Cuba, a lo largo de casi medio siglo, ha logrado ser el centro de atención de millones de hombres. Unos han visto en esta pequeña isla el jardín de las flores rojas, otros, el campo vivo de la batalla moderna entre David y Goliat. La figura del Che ha ocupado espacios privilegiados y la voz del Comandante se ha oído largamente por todas partes.

Y la Iglesia y la C.M., ¿qué han hecho mientras tanto?

En Cuba, la Iglesia se parece a un monte talado. Llegaron los leñadores y arrasaron indiscriminadamente todos los árboles, los grandes y los pequeños. Los grandes los exportaron y los pequeños los quemaron. Ya no quedan árboles en el bosque… Pero, de repente, fruto del sol y del agua, las raíces que quedaban dentro, como la naturaleza es fuerte, se abrieron camino entre el cemento y las piedras e hicieron brotar nuevos retoños. Talaron los árboles pero no secaron las raíces, y a la primera ocasión, florecieron..

Cuba no es un pueblo ateo. Ha habido ausencia de Dios, no se pronunció por mucho tiempo su nombre, se evitó su presencia, pero Dios siguió siendo necesario. Y llegó el sol del Papa Juan Pablo II, permitieron que se regaran las plantas, y como si se abriera un surtidor cegado, saltó el agua y reverdeció el bosque, se llenaron las plazas y brotó, aunque entre espinas, el capullo de la esperanza. La Iglesia vive, respira, se mueve… es ella.

En estos cuarenta años, la C.M. ha pasado de 52 miembros a 10, y llegó a quedarse en 5. De 12 casas a 5; de una actividad misionera externa notoria, al mantenimiento de 3 parroquias, 2 iglesias y una casa retirada para los tres estudiantes y su formador. En nuestras casas de la C.M. existían cuatro asociaciones de la Familia Vicentina, pero… sólo permaneció la Asociación de la Medalla Milagrosa; las demás desaparecieron radicalmente. Pero el espíritu está vivo y en nuestras cinco casas han vuelto a florecer esas cuatro asociaciones: AIC, JMV, SSVP y AMM.

El Papa Juan Pablo II ha sido el misionero más fantástico que ha pisado Cuba en todos los tiempos. Inició su visita diciéndonos: «No tengan miedo, el Señor está con nosotros». Fue la vivencia maravillosa de los discípulos de Emaús con el Maestro. No tengan miedo, que detrás de la purificación, vendrá el verdor de la esperanza: «Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba».

Nuestra pequeña Compañía, al compás de su visita, acababa de iniciar un nuevo caminar. La C.M. había pasado de cinco cohermanos y cinco casas a nueve miembros. Ya podíamos hacer vida de comunidad y también podíamos soñar en hacer crecer la Familia Vicentina desde el propio carisma. En nuestra asamblea provincial, con toda la Provincia en torno a una pequeña mesa, y con la alegría de los que se sienten jóvenes e ilusionados, optamos por una Provincia misionera que pusiera sus casas en estado de misión y sirviera directamente a los pobres. Ese sería nuestro signo exterior y nuestra identificación.

  • Donde haya un misionero, que haya un servicio directo a los pobres;
  • Donde haya un misionero, que se predique el Evangelio de forma progresiva, saliendo fuera del templo;
  • Que en nuestras casas, para hacer más efectivo el Evangelio, se organicen las asociaciones de la Familia Vicentina para que así ella se reconstruya y, con sus miembros, seamos más misioneros;
  • Que en nuestras casas se dé acogida a los pobres, haciendo para ello las obras que se requieran y nos permitan, sin omitir nunca «el esfuerzo de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente»;
  • Que nos abramos a solicitar subvenciones que nos ayuden en esta tarea… usando los conocimientos propios y la ayuda de los hermanos;

Y como un pequeño ejercito de entusiastas soldados, comenzamos la tarea. Que en todas las casas existan las asociaciones de la Familia Vicentina…, que se recuperen los libros de antaño, que los pobres se acerquen a nuestras casas con confianza, que… Y desde la Iglesia de La Merced y de La Milagrosa en La Habana, como pioneras…, hasta las del oriente lejano, fue llegando la noticia de que los pobres venían a comer, las asociaciones vicentinas comenzaban a trabajar, las misiones a dar fruto… y hasta las vocaciones a despertar. No nos lo permiten mucho, caminamos entre murallas, pero, caminamos…

* * *

La primera Parroquia en lanzarse al vuelo fue la de La Medalla Milagrosa. En ella se iniciaron paralelamente dos obras de evangelización: una larga misión y una residencia abierta de abuelos, con capacidad para 175 ancianos necesitados. La tarea en este medio social tenía visos de utopía, pero cuando Dios se manifiesta claramente por los pobres, nada hay imposible.

El primer Objetivo es crear las condiciones misioneras en la Parroquia para llegar, persona a persona, con el anuncio del Evangelio, a todos los que viven en su territorio. Una Parroquia en permanente estado de misión…

Los medios son:

  • Invitar a todas las personas comprometidas en la Parroquia a ser Misioneros;
  • Crear una escuela de evangelización que los fuera formando;
  • Y con dichas personas comprometidas, crear pequeñas comunidades eclesiales que les permita tener experiencia de comunidad;
  • La misión se haría durante una semana, tres veces al año: en los tiempos litúrgicos fuertes, en el verano y en clases semanales;
  • El tema será el Kerigma, dado progresivamente en cada una de las visitas domiciliarias, a través de pequeñas catequesis, persona a persona.

El objetivo de cada misión es ir formando pequeñas comunidades e invitar a conocer a Jesús, a vivir la fe en una pequeña comunidad y a amar a la Virgen, Madre de la Iglesia y catequista de la comunidad parroquial.

La realidad ha sido sorprendente:

1. A todos los rincones de la Parroquia ha llegado el Evangelio. Ya contamos con 11 comunidades eclesiales y 62 casas-misión, con 130 misioneros permanentes que trabajan semanalmente en cada una de las pequeñas comunidades familiares. Y la misión… sigue.

Todo esto se ha logrado a través de un proceso. Hemos visitado todas las casas de la Parroquia en 18 ocasiones, y en cada visita hemos llevado un mensaje evangélico distinto. Su fin es evangelizar persona a persona, llevar el Kerigma, a través de breves mensajes, a cada hermano alejado

El temario ha sido el siguiente: 1. Dios te ama, 2. Jesucristo es el Hijo de Dios, 3. Jesús es el Señor, 4. Jesús nos ha salvado, 5. Hemos pecado, 6. Jesús nos trajo el perdón, 7. La Iglesia, familia de los hijos de Dios, 8. La Iglesia y el perdón de los pecados, 9. La Virgen María, madre de nuestro pueblo, 10. La Comunidad, 11. Los que tienen fe, ¿cómo viven?, etc.

Este trabajo constante ha creado un ambiente de misión permanente, de comunidades vivas, de vida nueva. Después, al ritmo de la Diócesis, hemos estudiado los cuatro evangelios. Actualmente estamos reflexionando sobre el evangelio del domingo y sobre algunos temas centrales de formación.

2. La atención a los pobres es la segunda realidad. Hemos seguido el principio de San Vicente: primero pan y después catecismo… Se ha sostenido entre algunos de nuestros cohermanos que el ministerio de la Caridad es anterior al de la Palabra. Desde esta experiencia hay que decir que estamos totalmente de acuerdo. Hemos tenido la gran suerte de que el Gobierno nos ha aprobado la llamada «Residencia abierta de ancianos» y de que esta aprobación conlleve una cuota de alimentos y el visto bueno de cierto estilo de obras. El recuerdo de la figura del P. Hilario Chaurrondo, viejo amigo del Comandante Fidel, influyó en su momento para que la Residencia abierta de ancianos siguiera adelante y no se obstacularizara su proceso. Y podemos afirmar que a pesar de tantas misiones persona a persona, de tantas pequeñas comunidades (una por manzana), la Parroquia es más conocida por la atención a los pobres que por la evangelización. Los pobres son los grandes propagadores de la verdad y de la realidad que viven.

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La Iglesia de La Merced ha sido otra realidad importante. Hace dos años que la C.M. dejó la Parroquia del Espíritu Santo, la cual está ubicada cerca a la Iglesia de La Merced. Sin embargo, en La Merced se inició la misión que ha ofrecido un ambiente de comunidad a los fieles desde el momento de su separación. Le ha dejado tres pequeñas comunidades, la Caritas Parroquial organizada y las catequesis de niños, jóvenes y adultos.

Y La Merced ha iniciado su nuevo caminar con los llamados Amigos de La Merced y la reorganización de la Familia Vicenciana.

La C.M. se ha propuesto que La Merced sea centro de evangelización y lugar para los pobres. Mantiene un comedor de 45 pobres, con una asistencia que se va acercando al estilo de la anteriormente mencionada «Residencia abierta de ancianos», y se ha propuesto ser «lugar de evangelización». La Virgen de la Merced está identificada en las religiones de origen africano con Obatalá, diosa de la fecundidad. De hecho nuestra Iglesia se colma de sincréticos, es decir, de bautizados pero no evangelizados ni creyentes que, mirando la Virgen de La Merced, ven en ella la figura de Obatalá, usando devociones no cristianas. A ella miran y ruegan… Éste es el gran reto evangelizador de la Iglesia en Cuba: responder a la realidad del sincretismo.

¿Cómo afrontar este estado de creencias?

La C.M. ha pensado en una misión continua, en una evangelización primaria permanente:

  • Que en el templo de La Merced se atienda no solo a los turistas como turistas, sino a los sincréticos que buscan alguna verdad y busquemos el acercamiento a través del diálogo;
  • Que en nuestras predicaciones se repita constantemente lo que es elemental en el cristianismo, dado que las personas que vienen son siempre distintas;
  • Que la acción caritativa sea notoria de manera que todos sean atraídos por los signos cristianos que les proporcionamos;

Las asociaciones de la Familia Vicenciana están haciendo en este sentido una labor maravillosa.

* * *

Las casas del oriente de Cuba. La Comunidad tiene tres casas en el oriente de la Isla: en Santiago, la Iglesia de San Francisco (es la segunda casa de la Provincia en orden de fundación: 1884); en San Luis, una parroquia atendida desde 1919 por la C.M., y en Baracoa, la casa más tradicional y querida por nuestros cohermanos mayores. Se trata de una parroquia atendida por la C.M. desde 1908 y que el Sr. Obispo acaba de dividir en cuatro parroquias.

Estas tres casas cuentan con asociaciones de la Familia Vicentina y en las tres se está trabajando según el esquema de la Asamblea Provincial: la misión en comunidades y la atención a los pobres. Por cierto, las AIC de estas casas, en unión con las Conferencias de San Vicente están llevando a cabo el «Proyecto vuelta a las fuentes». Lleva este título porque es un intento por volver a los inicios de las Cofradías de la Caridad. Como no tenemos facilidades para construir comedores o residencias de ancianos, a nuestros grupos AIC se les ocurrió la idea, nada más y nada menos, que de atender a los pobres en sus propias casas. Las voluntarias de la AIC, a la vez que cocinan para su familia, lo hacen para un pobre. A las 12 del día les llevan la comida, les arreglan la casa y los atienden al estilo vicenciano. Como pequeña compensación, dadas las dificultades que aquí tenemos para conseguir alimentos y tener gas, nosotros les proporcionamos la módica tasa de un dólar semanal por cada anciano.

La experiencia de atención a los pobres nos está marcando el paso. Los pobres son los primeros evangelizados, los que cuentan a todos cuanto han visto y oído y están dando a nuestras parroquias y casas la apertura a una nueva evangelización.

Mirada al futuro. La Provincia salió de la primera dificultad cuando se quedó con cinco miembros y cinco casas. Sin embargo nos queda todavía salir de la segunda: la falta de vocaciones. Nuestro Superior General, cuando visitó las comunidades locales con motivo del 150 aniversario de la presencia de las Hermanas en Cuba, nos dijo que la formación de los nuestros tenía que ser objetivo prioritario. Los intentos han sido fuertes: para la formación, se adquirió una casa algo retirada de la ciudad, ubicada en el barrio El Cotorro. Se puso al frente de ella a uno de los cohermanos. No han faltado jóvenes que llaman a la puerta, tampoco cursos y esfuerzos, pero estamos en la misma crisis de siempre en nuestra Cuba. Tenemos tres jóvenes, hemos tenido cinco y algunas veces hasta ocho.

No obstante todo esto, tenemos una remota esperanza. La Familia Vicenciana va cuajando. Esperamos que, introduciendo el carisma de San Vicente en nuestras comunidades eclesiales, se produzcan los frutos esperados para la Iglesia, la Pequeña Compañía y las Hijas de la Caridad. Su contacto con los pobres les contagiará la belleza de nuestra hermosa vocación.

Y termino como comencé: Cuba es un jardín precioso, donde los capullos se convertirán en flor, y la flor dará frutos. Necesitamos misioneros, misioneros, misioneros…

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