Crónica de la Provincia de Madrid. El nuevo Curso. (1964)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

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Author: José Mª Román, C.M. · Year of first publication: 1964 · Source: Anales españoles.
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suerte_3Los primeros días de octubre—en algunos casos, los úl­timos de septiembre—ven reabrirse en todas las Casas de for­mación las clases cerradas tres meses antes. Es necesario po­nerse otra vez serios, archivar para días mejores las gratas estampas del veraneo y reemprender el trabajo metódico y os­curo, trabajo en profundidad, cuyos frutos definitivos, i ay! tanto tardarán en recogerse.

Abre la marcha—es lógico—el teologado de Salamanca. La sesión inaugural, celebrada el 22 de septiembre, convo­ca a los nueve profesores y los 135 estudiantes a la renova­da tarea del estudio. Pero la Casa de Salamanca es comple­ja y sus múltiples ruedas no siempre pueden girar todas al mismo ritmo. Dos días antes, un grupo de estudiantes can­tores ha tenido que trasladarse a Madrid para prestar su valiosa ayuda en la impresión en disco de los villancicos del P. Alcacer. Se hospedan en Hortaleza. En realidad allí no ha­cen sino dormir, pues el día entero, ocupado en ensayos, via­jes, interpretaciones y tal o cual descanso, transcurre para ellos en la capital. Esto no es óbice para que la Casa de Hor­taleza sienta la alegría de albergar de nuevo entre sus mu­ros vidas que no hace mucho fueron suyas. Luego, el día 27, pronuncian los votos perpetuos los Hermanos de segundo, y el 29, es la Escuela Apostólica la que inicia los trabajos de sus 12 profesores y 115 alumnos. Pero todavía quedan pasos obligados antes de comenzar el deslizamiento por la nivela- dialéctica de estudios y clases: del 1 al 10 de octubre se ce­lebran los ejercicios espirituales. El P. Angel Eguren dirige este año los de la numerosa comunidad de sacerdotes y pró­ximos diáconos. El P. Benito Martínez los predica a los Her­manos Estudiantes. Por fin, el 13 de octubre, reciben el sub-diaconado de manos de Mons. Sanz 21 teólogos de cuarto. Tras de lo cual, la vida del Teologado se sume en el fecundo silencio del trabajo científico.

Tampoco en Hortaleza son sencillos los trámites inaugu­rales, si bien una tradición celosamente conservada los sim­plifica notablemente. Viene primero el arribo de los postu­lantes. Son 66 y descargan su esperanza en los tránsitos del Noviciado el 16 de septiembre por la tarde. Llegan cansa­dos: han pasado la noche en el tren, y el día estrenando con los ojos las sorpresas de Madrid. Los Hermanos estudiantes por su parte tienen todavía reciente el recuerdo del valle de Zuya: han pasado en él, del 10 de julio al 19 de agosto, unas vacaciones agradables, libres del polvoriento verano madri­leño. Unos y otros vuelven la espalda a los días de descanso y hacen frente a las obligaciones que se echan encima. El 17 empiezan los ejercicios para toda la Comunidad. Los predi­ca el P. Miguel P. Flores, Asistente de Salamanca. Se cierran el 26, después de que en diferentes días los Hermanos de primero hayan vestido la sotana misionera, los de segundo hayan pronunciado los propósitos y los de tercero de Filo­sofía hayan renovado sus votos. El aniversario de la muerte de San Vicente queda reservado para la profesión de los que terminan el noviciado. El Padre Visitador pone empeño en asistir a ella y recibe personalmente los votos de sus 20 nue­vos súbditos. El curso escolar se inaugura tres días más tar­de, en solemne sesión celebrada en el salón de actos. Van a cursar Filosofía 117 alumnos, de los que 51 simultanean el estudio con los ejercicios de segundo año de noviciado. Para ellos y para los 66 novicios de primero hay 12 profesores.

El curso 1963-1964 trae novedad para una Casa ajena hasta ahora a los ajetreos del estudio: Zaragoza. Seis Padres jóvenes residen en ella desde el mes de septiembre, poblan­do el espacioso edificio, entregados a la preparación de sus grados académicos en Ciencias por la Universidad que co­noció a San Vicente. Pero aquí la inauguración de curso no tiene más ceremonial que la apertura de los libros y el em­prender un buen día el camino de la respectiva Facultad.

A mitad de camino entre los estudios superiores y la enseñanza media figura desde el año pasado, como saben los lectores de ANALES, la Apostólica de Murguía. Este año, se­gundo de su historial como Apostólica central, ha recibido a 92 alumnos de quinto, que hicieron los ejercicios espiritua­les entre el 25 y el 28 de septiembre. En los últimos días del mismo mes llegaban los apostólicos de los restantes cursos, en número—buen número—de 101. Y el día 3 de octubre se inauguraban las tareas escolares en las que participan ade­más 18 colegiales externos. Un total de 211 estudiantes a re­partir—no es pequeño el cociente—entre 15 profesores.

Las demás Apostólicas tienen también cada una su pe­queña historia. Tardajos ve renovarse la mayor parte de su personal: seis nuevos profesores sustituyen a otros tantos del año pasado y se añaden a los cuatro que permanecen. Entre todos tendrán que lidiar—pacífica lidia la de la ense­ñanza—a 186 seminaristas. La afluencia de vocaciones fuer­za los espacios disponibles y un nuevo dormitorio, en el que se dan los últimos toques, tendrá que ser inaugurado en los primeros días de enero. Los Milagros continúa a la espera de una renovación de local cada día más urgente. Entre tanto, alberga como puede a 106 apostólicos de solos tres cursos. En ambas, las clases se abren a la alegre invasión de los jó­venes el día 2 de octubre.

Teruel y Las Rehoyas estrenan Superior. Al P. Jerónimo Cuevas, que pasa de la primera a la segunda, le toca toda­vía poner en marcha la rueda del año escolar en el Semi­nario turolense. Pronto le sustituye el P. Miguel Raigoso. Él es quien tendrá que hacer frente a las urgencias de la Casa. El problema pendiente aquí no es el local para los apostó­licos, sino el local del Señor. La iglesia de la Milagrosa avan­za lentamente. El año pasado una original iniciativa logró darle un pequeño empujón: la «operación Botella». De acuer­do con el Delegado Provincial de Juventudes se hizo un lla­mamiento a la población para que entregara a favor de la iglesia las botellas inservibles. Los muchachos de la OJE pernoctaron un sábado de mayo en los terrenos de la Es­cuela Apostólica, celebraron allí un memorable fuego de campamento y a la mañana siguiente, después de una misa campamental, en la que ofrendaron una simbólica y desco­munal botella, se diseminaron por la ciudad en busca de cas­cos vacíos. Los resultados fueron sorprendentes, no sólo por la cantidad de botellas recogidas, sino por la simpatía de que dio muestras la población. Las Rehoyas alcanzó la edad adulta de Apostólica completa el curso pasado: por primera vez no necesitó enviar a Andújar a los apostólicos del curso superior. Desde el 29 de septiembre último, 68 jóvenes isle­ños se enfrentan allí con los textos de estudio.

En Andújar la apertura de curso se realiza entre un do­ble frente de recuerdos y esperanzas. En el recuerdo quedan las vacaciones, vividas por los muchachos junto al Medite­rráneo de la Costa del Sol, huéspedes por un mes del mala­gueño Hogar de Nuestra Señora de la Victoria. Experiencia inolvidable. Bondad de las Hermanas, y, en particular, de Sor Teresa Prat, la Superiora. Combinación adecuada de expan­sión playera y contención laboriosa. Yodo y buen sol para el organismo, atención espiritual y tres horas diarias de es­tudio para el alma de los chicos. Todo bajo la vigilancia di­recta y exclusiva de los mismos profesores de la Apostólica. En el frente de la esperanza se dibuja para Andújar la pers­pectiva de un nuevo edificio; firmada ya la primera escritu­ra de los terrenos, los Padres cuentan con tomar posesión de ellos en este mismo mes de enero. Luego quedará, claro, la difícil empresa de levantar el nuevo nido. Pero la hará fá­cil el deseo de disponer de locales apropiados en vez de los deficientes e insuficientes de ahora. Hay allí este año 90 apos­tólicos. Serán muchos más el día en que el espacio disponi­ble deje de imponer restricciones dolorosas. En el otro extre­mo de la Península, la Apostólica de Pamplona inaugura el nuevo año escolar en el habitual ambiente de expectación y confianza. Las clases, como en algunas de las Apostólicas citadas, tienen que distribuirse de modo provisional, porque todavía se esperan reajustes en el personal y los oficios. Por lo pronto, las clases están perfectamente atendidas y los 146 muchachos, que, con sus trajes rigurosamente negros, son los de aire más seminarístico, asisten a fines de noviembre a la novena de la Milagrosa, de tan tradicional solemnidad en la capital y que este año se ve realzada por la palabra efi­caz del P. Franco.

De Villafranca del Bierzo llegan pocas noticias, como di­cen que sucede con los pueblos felices. Pero las pocas que llegan son buenas: sus locales, renovados y modernizados en los últimos años, acogen a 148 chicos, vocaciones leonesas y orensanas que maduran al mismo ritmo pausado y seguro conque fermentan en la bodega los buenos caldos de su viña.

Retengamos un dato de este largo recorrido por las Ca­sas de formación: un millar largo de apostólicos—al cronis­ta le faltan algunos datos y siente no poder dar cifras exac­tas corren en nueve Seminarios Menores las primeras eta­pas del largo camino hacia el sacerdocio misionero. Es sin duda poca toda la atención que se dedique a esta gran es­peranza de la Provincia. Perdonen los protagonistas de em­presas más brillantes este tributo de admiración hacia la la­bor callada de tantos compañeros ocupados en preparar en el recogimiento la gran cosecha futura. Se habla pocas ve­ces de ellos. El nuevo Director de ANALES ha creído un de­ber consagrarles sus primeras palabras.

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