Los primeros días de octubre—en algunos casos, los últimos de septiembre—ven reabrirse en todas las Casas de formación las clases cerradas tres meses antes. Es necesario ponerse otra vez serios, archivar para días mejores las gratas estampas del veraneo y reemprender el trabajo metódico y oscuro, trabajo en profundidad, cuyos frutos definitivos, i ay! tanto tardarán en recogerse.
Abre la marcha—es lógico—el teologado de Salamanca. La sesión inaugural, celebrada el 22 de septiembre, convoca a los nueve profesores y los 135 estudiantes a la renovada tarea del estudio. Pero la Casa de Salamanca es compleja y sus múltiples ruedas no siempre pueden girar todas al mismo ritmo. Dos días antes, un grupo de estudiantes cantores ha tenido que trasladarse a Madrid para prestar su valiosa ayuda en la impresión en disco de los villancicos del P. Alcacer. Se hospedan en Hortaleza. En realidad allí no hacen sino dormir, pues el día entero, ocupado en ensayos, viajes, interpretaciones y tal o cual descanso, transcurre para ellos en la capital. Esto no es óbice para que la Casa de Hortaleza sienta la alegría de albergar de nuevo entre sus muros vidas que no hace mucho fueron suyas. Luego, el día 27, pronuncian los votos perpetuos los Hermanos de segundo, y el 29, es la Escuela Apostólica la que inicia los trabajos de sus 12 profesores y 115 alumnos. Pero todavía quedan pasos obligados antes de comenzar el deslizamiento por la nivela- dialéctica de estudios y clases: del 1 al 10 de octubre se celebran los ejercicios espirituales. El P. Angel Eguren dirige este año los de la numerosa comunidad de sacerdotes y próximos diáconos. El P. Benito Martínez los predica a los Hermanos Estudiantes. Por fin, el 13 de octubre, reciben el sub-diaconado de manos de Mons. Sanz 21 teólogos de cuarto. Tras de lo cual, la vida del Teologado se sume en el fecundo silencio del trabajo científico.
Tampoco en Hortaleza son sencillos los trámites inaugurales, si bien una tradición celosamente conservada los simplifica notablemente. Viene primero el arribo de los postulantes. Son 66 y descargan su esperanza en los tránsitos del Noviciado el 16 de septiembre por la tarde. Llegan cansados: han pasado la noche en el tren, y el día estrenando con los ojos las sorpresas de Madrid. Los Hermanos estudiantes por su parte tienen todavía reciente el recuerdo del valle de Zuya: han pasado en él, del 10 de julio al 19 de agosto, unas vacaciones agradables, libres del polvoriento verano madrileño. Unos y otros vuelven la espalda a los días de descanso y hacen frente a las obligaciones que se echan encima. El 17 empiezan los ejercicios para toda la Comunidad. Los predica el P. Miguel P. Flores, Asistente de Salamanca. Se cierran el 26, después de que en diferentes días los Hermanos de primero hayan vestido la sotana misionera, los de segundo hayan pronunciado los propósitos y los de tercero de Filosofía hayan renovado sus votos. El aniversario de la muerte de San Vicente queda reservado para la profesión de los que terminan el noviciado. El Padre Visitador pone empeño en asistir a ella y recibe personalmente los votos de sus 20 nuevos súbditos. El curso escolar se inaugura tres días más tarde, en solemne sesión celebrada en el salón de actos. Van a cursar Filosofía 117 alumnos, de los que 51 simultanean el estudio con los ejercicios de segundo año de noviciado. Para ellos y para los 66 novicios de primero hay 12 profesores.
El curso 1963-1964 trae novedad para una Casa ajena hasta ahora a los ajetreos del estudio: Zaragoza. Seis Padres jóvenes residen en ella desde el mes de septiembre, poblando el espacioso edificio, entregados a la preparación de sus grados académicos en Ciencias por la Universidad que conoció a San Vicente. Pero aquí la inauguración de curso no tiene más ceremonial que la apertura de los libros y el emprender un buen día el camino de la respectiva Facultad.
A mitad de camino entre los estudios superiores y la enseñanza media figura desde el año pasado, como saben los lectores de ANALES, la Apostólica de Murguía. Este año, segundo de su historial como Apostólica central, ha recibido a 92 alumnos de quinto, que hicieron los ejercicios espirituales entre el 25 y el 28 de septiembre. En los últimos días del mismo mes llegaban los apostólicos de los restantes cursos, en número—buen número—de 101. Y el día 3 de octubre se inauguraban las tareas escolares en las que participan además 18 colegiales externos. Un total de 211 estudiantes a repartir—no es pequeño el cociente—entre 15 profesores.
Las demás Apostólicas tienen también cada una su pequeña historia. Tardajos ve renovarse la mayor parte de su personal: seis nuevos profesores sustituyen a otros tantos del año pasado y se añaden a los cuatro que permanecen. Entre todos tendrán que lidiar—pacífica lidia la de la enseñanza—a 186 seminaristas. La afluencia de vocaciones fuerza los espacios disponibles y un nuevo dormitorio, en el que se dan los últimos toques, tendrá que ser inaugurado en los primeros días de enero. Los Milagros continúa a la espera de una renovación de local cada día más urgente. Entre tanto, alberga como puede a 106 apostólicos de solos tres cursos. En ambas, las clases se abren a la alegre invasión de los jóvenes el día 2 de octubre.
Teruel y Las Rehoyas estrenan Superior. Al P. Jerónimo Cuevas, que pasa de la primera a la segunda, le toca todavía poner en marcha la rueda del año escolar en el Seminario turolense. Pronto le sustituye el P. Miguel Raigoso. Él es quien tendrá que hacer frente a las urgencias de la Casa. El problema pendiente aquí no es el local para los apostólicos, sino el local del Señor. La iglesia de la Milagrosa avanza lentamente. El año pasado una original iniciativa logró darle un pequeño empujón: la «operación Botella». De acuerdo con el Delegado Provincial de Juventudes se hizo un llamamiento a la población para que entregara a favor de la iglesia las botellas inservibles. Los muchachos de la OJE pernoctaron un sábado de mayo en los terrenos de la Escuela Apostólica, celebraron allí un memorable fuego de campamento y a la mañana siguiente, después de una misa campamental, en la que ofrendaron una simbólica y descomunal botella, se diseminaron por la ciudad en busca de cascos vacíos. Los resultados fueron sorprendentes, no sólo por la cantidad de botellas recogidas, sino por la simpatía de que dio muestras la población. Las Rehoyas alcanzó la edad adulta de Apostólica completa el curso pasado: por primera vez no necesitó enviar a Andújar a los apostólicos del curso superior. Desde el 29 de septiembre último, 68 jóvenes isleños se enfrentan allí con los textos de estudio.
En Andújar la apertura de curso se realiza entre un doble frente de recuerdos y esperanzas. En el recuerdo quedan las vacaciones, vividas por los muchachos junto al Mediterráneo de la Costa del Sol, huéspedes por un mes del malagueño Hogar de Nuestra Señora de la Victoria. Experiencia inolvidable. Bondad de las Hermanas, y, en particular, de Sor Teresa Prat, la Superiora. Combinación adecuada de expansión playera y contención laboriosa. Yodo y buen sol para el organismo, atención espiritual y tres horas diarias de estudio para el alma de los chicos. Todo bajo la vigilancia directa y exclusiva de los mismos profesores de la Apostólica. En el frente de la esperanza se dibuja para Andújar la perspectiva de un nuevo edificio; firmada ya la primera escritura de los terrenos, los Padres cuentan con tomar posesión de ellos en este mismo mes de enero. Luego quedará, claro, la difícil empresa de levantar el nuevo nido. Pero la hará fácil el deseo de disponer de locales apropiados en vez de los deficientes e insuficientes de ahora. Hay allí este año 90 apostólicos. Serán muchos más el día en que el espacio disponible deje de imponer restricciones dolorosas. En el otro extremo de la Península, la Apostólica de Pamplona inaugura el nuevo año escolar en el habitual ambiente de expectación y confianza. Las clases, como en algunas de las Apostólicas citadas, tienen que distribuirse de modo provisional, porque todavía se esperan reajustes en el personal y los oficios. Por lo pronto, las clases están perfectamente atendidas y los 146 muchachos, que, con sus trajes rigurosamente negros, son los de aire más seminarístico, asisten a fines de noviembre a la novena de la Milagrosa, de tan tradicional solemnidad en la capital y que este año se ve realzada por la palabra eficaz del P. Franco.
De Villafranca del Bierzo llegan pocas noticias, como dicen que sucede con los pueblos felices. Pero las pocas que llegan son buenas: sus locales, renovados y modernizados en los últimos años, acogen a 148 chicos, vocaciones leonesas y orensanas que maduran al mismo ritmo pausado y seguro conque fermentan en la bodega los buenos caldos de su viña.
Retengamos un dato de este largo recorrido por las Casas de formación: un millar largo de apostólicos—al cronista le faltan algunos datos y siente no poder dar cifras exactas corren en nueve Seminarios Menores las primeras etapas del largo camino hacia el sacerdocio misionero. Es sin duda poca toda la atención que se dedique a esta gran esperanza de la Provincia. Perdonen los protagonistas de empresas más brillantes este tributo de admiración hacia la labor callada de tantos compañeros ocupados en preparar en el recogimiento la gran cosecha futura. Se habla pocas veces de ellos. El nuevo Director de ANALES ha creído un deber consagrarles sus primeras palabras.






