Crónica de la beatificación de Marco Antonio Durando (1800-1880)

Francisco Javier Fernández ChentoMarco Antonio DurandoLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Leone Galbiati · Traductor: Luis Huerga Astorga, C.M.. · Año publicación original: 2002 · Fuente: Vincentiana.
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I. Las celebraciones en Roma

El rito de la beatificación del Venerable Padre Marco Antonio Durando tuvo lugar en el atrio de la basílica de San Pedro el día 20 de octubre del año 2002. En aquella misma celebración fueron beatificados también los Siervos de Dios Daudi Okelo y Jildo Irwa seglares, catequistas y mártires; Monseñor Andrés Jacinto Longhin, O.F.M., Obispo; Marie de la Passion Hélène Marie de Chappotin de Neuville, Virgen; y Liduina Meneguzzi, Virgen.

Entre autoridades y peregrinos, llenaban casi al completo el atrio y, más abajo, la plaza cuando, a las 9 de la mañana, comenzaban los ritos preparatorios, con la lectura de las semblanzas biográficas de los Siervos de Dios y algunos extractos de sus escritos.

La procesión de los concelebrantes hizo su entrada a las 9,55: 5 cardenales, 27 obispos, 51 sacerdotes. Precedían a ella decenas de otros sacerdotes, designados para distribuir la comunión. Otros 15 cardenales, numerosos arzobispos y obispos, centenares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, varios millares de fieles, distribuidos por el atrio y la plaza, siguieron la celebración. La Llegada de Juan Pablo II señaló el comienzo del rito y, como siempre, el del entusiasmo colectivo que acompañaría toda la celebración.

1. La Familia Vicenciana

Por la Familia Vicenciana estaban presentes, y concelebraron con Juan Pablo II, el cardenal Stephanos II Ghattas, Patriarca copto de Alejandría, y Monseñor Germano Grachane, obispo de Nacala (Mozambique), ambos Vicencianos; el cardenal Poletto, arzobispo de Turín; Monseñor Luciano Pacomio, obispo de Mondovì; el Superior General de la Congregación de la Misión, Padre Robert P. Maloney; y el Padre Luigi Calcagno, Superior General de las Hermanas Nazarenas. Seguían la celebración litúrgica, la Madre General de las Hermanas Nazarenas, Sor Pía Barale, con numerosas Hermanas, entre ellas muchas venidas de Madagascar; asimismo los miembros de la Curia General de la Congregación de la Misión; los Visitadores de las provincias italianas; numerosos Vicencianos de Italia y de otros países: españoles, malgaches, polacos, libaneses, colombianos, estadounidenses; la Superiora General de las Hijas de la Caridad, Sor Juana Elizondo, con algunas Hermanas de la Curia General; las Visitadoras de las cinco provincias italianas, con un nutrido acompañamiento de Hermanas. De Mondovì, ciudad natal del Beato, vinieron el alcalde, Dr. Aldo Rabbia, con el confalón de la ciudad, y numerosos peregrinos, entre ellos Hermanas de congregaciones que actúan en la diócesis; asimismo acudieron, de Turín y otras ciudades, numerosos devotos vinculados a las actividades vicencianas, y sobre todo a las de las Hermanas Nazarenas.

Estaban también presentes la señora María Elena Vottero, hija de la señora María Luisa Ingianni. Cuando nació María Elena, su madre, María Luisa, entró en estado de coma, y su condición se estimó irreversible. Sanó, sin embargo, por intercesión del Padre Durando: su curación fue juzgada milagrosa, y concluyó la andadura en el proceso de beatificación. La «miraculada» misma había fallecido en junio de ese año. Asistían empero otros descendientes de la familia Durando / Vinaj: la señora Regina Rocca, con sus nietas Regina y Elena Matteodo, descendientes más jóvenes de Giuseppe Antonio y Giovanni, hermanos de Marco Antonio; así también la familia de Mimmi Battaglia Bertola; la señora Milly Nicolai, descendiente de Bianca, hermana del Beato.

2. El rito de la beatificación

La celebración caía a pocas fechas de cumplirse el XXIV aniversario de la elección de Juan Pablo II como sumo pontífice, y el cardenal Bernardin Gantin, decano del colegio cardenalicio, le dirigió una expresión de homenaje: «Nos alegramos sin fin de captar la providencial oportunidad que nos da hoy la inminente y solemne beatificación de algunos elegidos, insignes hijos e hijas de la Iglesia, modelos de fe y caridad, para ofreceros nuestras más vivas felicitaciones y nuestros mejores augurios».

Coincidía asimismo con la Jornada Misionera Mundial: un motivo presente en todo momento según transcurría la liturgia, que enriquecían danzas, cánticos, lenguas de países remotos, y simbólicamente la extendían a todo el mundo, en el cual actúan los misioneros. A este motivo se unió Juan Pablo II, encorvado el cuerpo, mas fuerte y firme la voz, en el acto penitencial que abre la liturgia: «La cita anual con la misión de la Iglesia en la Jornada Misionera Mundial, reclama hoy el compromiso de todo bautizado para cooperar al anuncio del evangelio, al reparto de bienes espirituales y materiales, y que así se forme de todos los pueblos como una sola familia, unida en el amor. En este espíritu damos gracias al Señor por el testimonio de aquellos hermanos y hermanas que hoy proponemos a la veneración de la Iglesia, por su fe y total entrega, hasta el martirio, por su incansable cuidado del rebaño de Cristo, por la generosidad de su servicio a los más pobres y a los más necesitados».

El rito de la beatificación dio comienzo con la petición que formuló Monseñor Odama, arzobispo de Gulu, seguida por la lectura de algunos esbozos biográficos de los seis Siervos de Dios, lectura que hizo cada obispo respectivo, acompañado de cada Postulador General. Para el Padre Marco Antonio, actuó el cardenal Severino Poletto, quien resumió los hechos esenciales.

Leídas las sucintas biografías, Juan Pablo II pronunció la fórmula de beatificación y fijó el día de la festividad litúrgica para cada nuevo beato: para el Beato Marco Antonio Durando, el 10 de diciembre. Los velos de los cinco grandes tapices desplegados sobre la fachada de San Pedro se alzaron lentamente, revelando las facciones de los nuevos beatos. Fue motivo de emoción para todos los Vicencianos ver el tapiz con el rostro del Padre Durando, ejecutado sobre un boceto de Sor Isabella Battistela, Nazarena, quien había reelaborado el retrato original del Pintor Paolo Emilio Morgari. Pero la emoción sin duda más intensa fue la de las Hermanas Nazarenas, que veían por fin a su Padre en la gloria. Y quien repasara algunas páginas de la historia italiana, vería la mirada del Padre Durando prolongarse allende la Plaza de San Pedro, y recaer en el Trastévere y en aquella Roma que, por 1870, conquistaron tropas italianas.

3. «Vivió de fe y de ardiente impulso espiritual, desdeñando toda forma de conveniencia o tibieza interior»

En la homilía, Juan Pablo II eligió las palabras de san Pablo, …haciendo memoria de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestra caridad y de la perseverante esperanza… (1Tes 1:2-3), para delinear el retrato espiritual del Padre Marco Antonio Durando, «de la Congregación de la Misión y digno hijo de la tierra piamontesa. Vivió de fe ardiente y de empuje espiritual, desdeñando toda forma de conveniencia o de tibieza interior. De la escuela de San Vicente de Paúl, supo reconocer en la humanidad de Cristo la expresión más grande, y a un mismo tiempo la más accesible y aplacadora, del amor de Dios para con todo ser humano. Todavía hoy nos indica el misterio de la Cruz como el momento culminante en el que se revela el misterio insondable del amor de Dios».

En la Oración de los Fieles se rezó por primera vez en lengua malgache. El lector recitó: «Da a tu pueblo sacerdotes y religiosos que, a ejemplo del Beato Marco Antonio Durando, promuevan la renovación de la vida cristiana y aquel ardor de santidad del cual brota la entrega radical y total a la misión, la pasión por el anuncio del evangelio, el interés por la formación de los misioneros, la solidaridad con los miembros doloridos del cuerpo de Cristo».

La concelebración eucarística se prolongó hasta las 12:25, y terminó con el rezo del Ángelus.

4. Encuentro de la Familia Vicenciana en el Vaticano – atrio de la Sala Pablo VI

El día mismo de la beatificación, al las 17:30, los miembros de la Familia Vicenciana y los peregrinos presentes en Roma se reúnen en el atrio de la Sala Pablo VI, del Vaticano: es un encuentro fraterno en honor del Beato Marco Antonio Durando. Se calculaba que participaría un centenar de personas, pero la afluencia fue mucho mayor: más de 300. Fue un encuentro muy simpático, desarrollado en un clima de gran entusiasmo y alegría. Cierto, la figura del Beato Marco Antonio Durando es orgullo de los Misioneros Vicencianos, de cuya congregación formó parte, a la cual dirigió, y para la que fue modelo de vida; orgullo no menor de las Hijas de la Caridad, que él introdujo en Italia y de las que fue director y animador durante casi cincuenta años; orgullo asimismo de las Voluntarias Vicencianas, por él guiadas y lanzadas a nuevas empresas de caridad; pero sobre todo es el orgullo de las Hermanas Nazarenas, quienes lo tienen por Fundador y Padre. Y para especial gloria de las Hermanas Nazarenas debiera escribirse que acontecía todo. A su modo, las Hermanas Nazarenas se sentían, en efecto, protagonistas. Cundía la sensación de que, con su Padre Fundador, las festejadas eran ellas: ellas, que constituyen la familia menor, se atraían las atenciones de las hermanas y hermanos de la familia mayor. Había un deseo de participar en su alegría, viendo alcanzada por fin la meta tan pacientemente ansiada; mientras que, por parte de las Hermanas Nazarenas, se delataba el deseo de expresar reconocimiento hacia la actitud de fraternidad que las acompañaba en un trance tan feliz de su experiencia espiritual.

«Nos hemos reunido aquí para escuchar y reflexionar sobre la persona de Marco Antonio Durando. Fue un gran hombre, que llevó a cabo obras extraordinarias …Os exhorto a meditar sobre estas preguntas: ¿Qué fue lo que hizo de Marco Antonio Durando, no sólo un gran hombre, sino un santo? ¿Cómo lo transformó Dios a tal punto, que todavía en vida, la gente le señalaba como hombre de Dios? ¿Era su cortesía? ¿O bien su sabio juicio, lo que inducía a tantas personas a pedirle consejo? ¿O serían tal vez su sencillez y humildad, cuando comprometía en el apostolado a las Hijas de la Caridad, a las Hermanas Nazarenas, a las Señoras de la Caridad, a la Sociedad de San Vicente de Paúl, a las Hijas de María y a tantas más? ¿O fue quizá su confiado abandono a la Providencia de Dios en la turbulenta época revolucionaria que vivió? Creo es éste el interrogante clave para todos los aquí reunidos: ¿Qué es lo que hizo de Marco Antonio Durando un santo? ¿Cómo podremos nosotros elevar a Dios el cántico mismo que él le elevó?». Tras esta reflexión del Superior General, se procedió a presentar la figura del Beato Marco Antonio, que a la verdad, no es muy conocida, ni siquiera entre vicencianos. Sor Isabella (Hermana Nazarena) trazó una biografía del Beato, breve pero elocuente, y la completó con pasajes de sus escritos. La lectura de éstos alternó con los cánticos de un pequeño coro de Hermanas Nazarenas e Hijas de la Caridad. Un grupo de Hermanas Nazarenas malgaches alegró el recital con un repertorio de danzas típicas – lo cual ponía de relieve la expansión de las Nazarenas en Madagascar –.

5. La misa de acción de gracias en la iglesia de San Gregario VII

El lunes 21 de octubre toda la comunidad vicenciana presente en Roma se reunió en la iglesia de San Gregorio VII para celebrar una misa de acción de gracias por el don de la beatificación del Padre Durando. Fue además la primera celebración litúrgica de la festividad del Beato. Como es natural, estaba toda la Familia Vicenciana llegada a Roma con aquella ocasión. Presidió la celebración el Cardenal Severino Poletto, arzobispo de Turín, asistido por el Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, así como también por el Superior General de las Hermanas Nazarenas. Concelebraron 60 sacerdotes.

«¿Leísteis la prensa esta mañana? No es difícil imaginar qué temas tratarán hoy los periódicos…» – comenzaba la homilía -. «¿Cuándo hablan de los santos los diarios católicos?… ¿Cuántos conocen el Padre Durando en Turín? En cambio la Iglesia va en busca de sus tesoros escondidos y los expone a la vista. Tal es la idea del Papa, cuando proclama a tantos beatos y santos: dar a conocer la santidad que no hace ruido, pero que sostiene el mundo». Y comentando el pasaje evangélico a su vez proclamado, añadía: «Quisiera ayudaros a sintonizar con la palabra de Dios que acabamos de leer… Una página que, esta mañana, se nos revela sugestiva. Jesús quiere que también nosotros hoy alabemos, bendigamos, demos gracias al Padre por todo cuanto obró en la vida del Padre Durando, un «pequeño» en la humildad. Hoy, nuestra sociedad es diversa; hoy, dar un testimonio es más difícil, es desalentador. Jesús nos dice: «¿Estás deprimido? ¿Te parece que no vas a parte alguna? ¿Tienes la sensación de que tu congregación se va haciendo cada vez más pequeña y es cada vez menos eficaz?» Escucha a Jesús: «Venid a mí, aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón… Si eres santo, serás un don para el mundo». Y tras haber señalado los rasgos más salientes en la experiencia religiosa y vicenciana del Padre Durando, concluía: «Termino con una nota curiosa. Cuando se descubrió la fotografía, decía el Padre Durando a las Hermanas Nazarenas, «No os hagáis fotos». Sólo tres son las que de él mismo nos han llegado. Lo importante no es la imagen exterior, sino que importa la imagen interior. Demos acogida esta mañana a la invitación que desde el paraíso nos hace a nosotros también el Beato: «No preocuparnos de la imagen exterior, sino de la de nuestra realidad interior, la que sólo Dios ve. Miremos a su testimonio para intentar imitarle en nuestra cotidianidad pequeña y escondida».

6. La audiencia del Santo Padre

La mañana del 21 de octubre, Juan Pablo II concedía audiencia a todos los peregrinos llegados a Roma para participar en la Misa de la proclamación de los nuevos Beatos. Fue el último, entre los momentos de gran emoción vividos por los Vicencianos en la Beatificación del Padre Marco Antonio Durando. Juan Pablo II les recibió con un cálido saludo: «Un profundo anhelo misionero, tal el distintivo de la vida y la espiritualidad del Beato Marco Antonio Durando. Me alegro de saludar al Cardenal Severino Poletto, Arzobispo de Turín, junto con los Padres de la Congregación de la Misión, y cuantos forman parte de la gran familia religiosa vicenciana, de fiesta por la inscripción en el catálogo de los Beatos, de uno de sus miembros más ilustres». Esbozó la fisonomía espiritual del Beato, y a continuación les dirigió esta exhortación: «¡Qué necesitados estamos todavía hoy de este hondo llamamiento a las raíces de la caridad y de la evangelización! A ejemplo del Beato Marco Antonio, sepamos también nosotros ponernos al servicio de los pobres y de los más indigentes, que por desgracia ni aun en la actual sociedad del bienestar faltan».

II. Las celebraciones en Turín

1. Diciembre 10, 2002

Del nº 23 de la ex Via della Providenza, ahora Via XX settembre; desde Corso Einaudi, donde se ubica la Casa Madre de las Hermanas Nazarenas; desde San Salvario, que continúa siendo la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad; de muchas otras casas de Misioneros de San Vicente y de Hijas de la Caridad en Italia: Hermanas Nazarenas, Misioneros, Hijas de la Caridad, amigos y colaboradores de la Familia Vicenciana, todos acudieron a la catedral de Turín, para celebrar la primera festividad litúrgica del Beato Marco Antonio Durando, fijada para el 10 de diciembre por Juan Pablo II en el decreto de beatificación, del 20 de octubre, 2002. No era una afluencia vistosa, espectacular: no hizo extorsión a la ciudad, que prosiguió el ritmo ordinario de un día laborable, y ni siquiera se apercibió de lo que pretendían algunos centenares de personas, esto es, recordar la figura de un personaje benemérito de Turín – pues directa o indirectamente fue, durante medio siglo, uno de los más activos defensores y protectores de los débiles, del Turín de la miseria – ; y, claro es, asimilar su ejemplo y entrega.

Presidió la celebración litúrgica el Cardenal Severino Poletto, Arzobispo de Turín, asistido por el Visitador de la Provincia de Turín, Padre Bruno Gonella, y de Don Paolo Ripa Buschetti di Meana, SDV, Vicario episcopal para la vida consagrada y las sociedades de vida apostólica. Concelebraban unos setenta sacerdotes, vicencianos y diocesanos. En la procesión de entrada del celebrante y los concelebrantes iba la urna con las reliquias del Padre Marco Antonio Durando, que se depositó en un pequeño altar colocado junto al presbiterio. Con la comunidad de Hermanas Nazarenas participaban en la celebración muchos otros, vicencianos o simpatizantes de éstos. Asistían también algunos descendientes de las familias Durando y Vinaj, así como de la señora María Luisa Ingianni, cuya curación milagrosa, obtenida por intercesión del Padre Durando, permitió concluir el proceso de beatificación.

En la homilía observaba el Cardenal Severino Poletto: «El Padre Durando fue un don extraordinario que el Señor hizo a Turín, donde transcurrió gran parte de su vida. La realidad es que no se conoce mucho al Padre Durando, al menos oyendo hablar a la gente. Aparte de que viviera en el siglo XIX, su figura no se ha dado a conocer lo bastante, es una comprobación que hago. Repito, pues, la consideración que expresé ya en Roma: que con las canonizaciones y beatificaciones, este papa quiere sacar a la luz los tesoros ocultos de la Iglesia, como diciendo, «Mirad dónde está la santidad, la que hemos de imitar y que es a menudo desconocida». Cierto que le conocían los Misioneros, y asimismo las Hermanas Nazarenas. Pero generalmente la sociedad civil no tiene idea de la santidad. Y parecería decir: – He ahí ese sacerdote, ese religioso: sin hacer cosas extraordinarias, sin obrar milagros, sin levantar oleadas de entusiasmo popular, aun así ha vivido de manera heroica su vida cristiana, sacerdotal y religiosa –».

Con el reclamo de sus cometidos de trabajo, de su gran fertilidad inventiva, de las particulares condiciones de la cultura y del tiempo en que laboró, no falta un enfrentamiento al presente: las Hermanas han desaparecido de los hospitales y de muchas instituciones de asistencia; terminaron muchas iniciativas, por la escasez de vocaciones: ¡cuánto vacío! Eso da la medida del don extraordinario que son los religiosos, las religiosas, la vida religiosa para la Iglesia y para la sociedad. El Padre Durando fue un santo religioso, y mediante su opción religiosa anduvo su camino en la santidad, sobre todo en la vertiente de la caridad y de la evangelización. Guió a las Hijas de la Caridad que, primero en Piamonte, se difundieron luego por toda Italia; en 1865 fundó las Hermanas Nazarenas.

Este tema de la caridad, deben mantenerlo alto los Vicencianos, sobre todo hoy con las nuevas formas de pobreza, y en estos momentos de dificultad grande: la ciudad de Turín sufre la pesadilla de millares de trabajadores amenazados por la pérdida del puesto de trabajo. Del mismo modo han cambiado las misiones al pueblo, que fueron en el pasado un gran cometido de los misioneros vicencianos: en la diócesis de Turín las hay que duran años, y que se proponen la regeneración del tejido de la comunidad cristiana. Es trabajo que pide un método nuevo. Los vicencianos deben tener el valor de ser portadores de caridad, de verdad y de santidad.

2. Convite fraternal en San Salvario

Después de la misa, del convite eucarístico, tuvo lugar el convite fraterno en el ex convento de San Salvario – otrora de los Padres Servitas, y obtenido del Rey Carlos Alberto por el Padre Durando para Casa Provincial y primer seminario de las Hijas de la Caridad en Italia -: San Salvario, raíz originaria de un árbol que se ha ido haciendo cada vez mayor, y que guarda el tesoro de decenas de millares de almas, las que tras aquellos muros aprendieron a amar al prójimo, a servirle en sus exigencias más variadas. Después del convite, y antes de la celebración de las Vísperas, fue representado en la capilla el recital «Un santo sin aureola», de Sor Isabella Battistela, Hermana Nazarena, ya ejecutado en el atrio de la Sala Paolo VI el 20 de octubre. Al recital siguió la presentación de un documental, realizado por el Padre Vittorino Zerbinati, sobre las casas y las actividades de las Hermanas Nazarenas en Madagascar.

3. Exposición de las reliquias del Beato Marco Antonio Durando a la veneración de los fieles

Los despojos del Padre Marco Antonio Durando, encerrados en una caja de zinc que donó la señora Ernesta Racca, penitente suya y bienhechora de sus obras – «en prenda de la gran veneración de ella y de su familia» -, fueron llevados al enterramiento de la Comunidad en el cementerio comunal de Turín – por él adquirido dos años antes de fallecer -. En 1926, con motivo de iniciarse el proceso canónico, el Padre Filippo Traverso quiso trasladar los restos a la iglesia de la Visitación. Hubo que respetar las normas canónicas y la legislación funeraria, las cuales prevén sucesivas acciones.

El 17 de noviembre se efectuó el reconocimiento oficial de los restos con la sola presencia del médico municipal, el Superior de la casa, y dos Hermanas Nazarenas. Los restos fueron colocados en una pequeña caja, y ésta se depuso en la tumba nueva, más seca. El 4 de diciembre, la Prefectura autorizó su traslado a la Iglesia. Se realizó un segundo reconocimiento: dos médicos – Fortunato Lanza y Domenico Borgna, misionero vicenciano – examinaron y describieron los restos, siendo su relación dictada al secretario de la curia de Turín. Estuvieron presentes una prima del Padre Durando, Flavinia; un primo, Su Señoría Viale; y numerosos Misioneros, Hermanas Nazarenas e Hijas de la Caridad. Los restos se pusieron en una caja de Zinc, encerrada en otra de madera. Para su traslado se formó una larga procesión: fue espectáculo no habitual, al verse – bien al contrario de lo acostumbrado – un gran cortejo que, saliendo del cementerio, se dirigía a la iglesia. La urna fue llevada a la gran capilla de la Pasión y, celebrada la misa, depositada en el pequeño sepulcro aderezado a la izquierda, inmediato al balaústre.

Todavía se efectuó otro reconocimiento en 1947: se comprobó que los huesos estaban bien colocados en una caja de zinc sellada y encerrada en otra de madera.

Marginalmente a la ejecución de lo previsto por las normas que regulan el proceso de beatificación en Roma, el Superior Provincial de Turín, Padre Bruno Gonella, inició en 2001 el proceder prescrito para el reconocimiento de los restos mortales del Siervo de Dios. El 12 de noviembre (2001) se efectuó la primera inspección de la tumba del Venerable: la caja fue trasladada a la sala de las reliquias. El 24 de noviembre (2001), estando presentes el canciller arzobispal, el delegado del arzobispo, el Visitador, algunos Misioneros, la Superiora General, y dos médicos forenses, las reliquias, previo examen, fueron depositadas por Hermanas Nazarenas, también presentes, en una caja nueva de Zinc, con destino al nuevo sepulcro de mármol, puesto ante el altar del Crucificado. El 27 de noviembre de 2002, las reliquias se metieron en el interior de un bloque de mármol negro de Bélgica, a su vez puesto ante el altar que hay en la capilla de la Pasión – capilla a la que da la izquierda del presbiterio de la iglesia de la Visitación -. Las reliquias quedaban allí expuestas a la veneración de los fieles. Con ocasión del acontecimiento, Monseñor Luciano Pacomio, obispo de Mondovì, la ciudad natal del Padre Marco Antonio Durando, celebró una misa a la cual asistieron numerosos Misioneros, Hermanas Nazarenas, Hijas de la Caridad y fieles.

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