Compromiso misionero en Cortés (Honduras)

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Corpus Juan Delgado, C.M. · Año publicación original: 2008 · Fuente: Vincentiana, Noviembre-Diciembre 2008.
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I. La provincia de Zaragoza asume su compromiso misionero en Honduras

En septiembre de 1989, la Provincia de Zaragoza asumió el cui­dado pastoral de la parroquia de Puerto Cortés (Departamento de Cortés, Honduras). De este modo, la Provincia respondía a un anhelo compartido en las Asambleas Provinciales: trabajar en un campo concreto de Misión en alguno de los países en vías de desarrollo.

La Provincia de Zaragoza se establece en Honduras a petición de Monseñor Jaime Brufau, C.M., Obispo de San Pedro Sula, y del Visi­tador de la Provincia de Barcelona, de quien hasta ese momento dependía la Parroquia de Puerto Cortés.

Para la población del Puerto, el P. Jaime Nadal, C.M., de la Pro­vincia de Barcelona, es el fundador de la Parroquia, aunque ésta exis­tía jurídicamente antes: fue el P. Jaime Nadal quien llevó a cabo la construcción de la antigua iglesia — un modelo de construcción firme aún para nuestros días — y del colegio en sus diferentes fases hasta el edificio actual. Su labor fue continuada por varios compañe­ros, también de la Provincia de Barcelona, de entre los que sobresa­len los PP. Antonio Quetglas y Antonio Cárcel.

Los primeros misioneros de la Provincia de Zaragoza se estable­cieron en Puerto Cortés en octubre de 1989: PP. Rafael Hernández — en calidad de Superior y Párroco —, José Luis Echarte y Ángel Echaide. A ellos se unirían después los PP. Javier Irurtia y Jesús Eguaras. Y posteriormente, en la organización ordinaria de las comu­nidades de la Provincia, muchos otros misioneros, compartiendo y alternando las responsabilidades como es habitual entre nosotros.

Desde 1993 se consolidó un nuevo equipo de misioneros en Cuya­mel (siempre en el Departamento de Cortés), con una nueva casa desde 1998, que quedó constituida como parroquia independiente el 27 de febrero de 2005 (Parroquia de Santiago Apóstol), formando una sola comunidad con los misioneros de Puerto Cortés.

La Asamblea Provincial de 2003 establecía: «Mantendremos el Equipo Misionero y elaboraremos un Plan de Evangelización para toda la Misión». Con este fin, los misioneros de la Provincia de Zaragoza en Honduras reflexionaron en diversos encuentros comunitarios sobre el sentido de su presencia evangelizadora y el Consejo Provincial dedicó varias sesiones al estudio de las propuestas, que han quedado recogidas en el Plan de Evangelización de los Misioneros de la Provincia de Zaragoza en Honduras.

II. El plan de evangelización de los misioneros de la provincia de Zaragoza en Honduras

Este Plan, partiendo de la realidad social, cultural y religiosa de Honduras, y en conformidad con las orientaciones de la Iglesia en América Latina, la Ratio Missionum de la Congregación y las Líneas Operativas de la Provincia, pretende establecer los criterios comunes de la acción evangelizadora de los misioneros en cuanto miembros de la Congregación de la Misión, seguidores de Jesucristo Evangelizador de los Pobres, en clara sintonía con el Plan Pastoral Diocesano.

A partir de este Plan, los Misioneros de la Provincia de Zaragoza en Honduras concretan los programas anuales junto con el Visitador, en ocasión de su visita a la Misión.

El Plan tiene un Objetivo General: Impulsar el anuncio de la Buena Nueva en cada una de las parroquias a nosotros confiadas en Honduras, en orden a que las personas puedan encontrarse con Jesucristo Vivo y sepan dar razón de su fe, construyendo comunidades eclesiales que sean verdadera «casa y escuela de COMUNIÓN», comprometidas en la «nueva imaginación de la caridad» que haga efectiva la SOLIDARIDAD para con los más pobres, al estilo de Vicente de Paúl.

Este Plan se concreta en cinco Objetivos Específicos, de los que brotan unas Líneas de Acción y Actividades. Los Objetivos Específicos son:

  1. Fortalecer la dimensión evangelizadora de nuestra presencia y acción, de cada una de las comunidades y grupos y de los diversos ministerios laicales (Delegados de la Palabra, catequistas, animadores…), de tal manera que promuevan eficazmente el encuentro con la persona de Jesucristo Vivo.
  2. Impulsar la educación integral (educación básica, educación en la fe) desde las comunidades, grupos, programas e instituciones eclesiales y cuidar la formación específica (formación especializada, formación teológica y vicenciana) de los agentes de pastoral y de los responsables de nuestras obras y proyectos.
  3. Promover actitudes y estructuras de comunión, mediante la creación y consolidación de comunidades eclesiales, la colabo­ración y el testimonio de unidad de laicos, consagrados, agen­tes pastorales, misioneros, Iglesia diocesana y universal, y la participación responsable en los consejos y asambleas comuni­tarios, parroquiales, diocesanos.
  4. Cultivar en las comunidades el compromiso con los más pobres, promoviendo el desarrollo de una pastoral social orga­nizada, el respeto a los valores familiares y sociales, específicamente el valor inviolable de la vida humana y de la dignidad de la persona, la solidaridad y el trabajo transformador, traba­jando por la liberación integral de los más desfavorecidos para que lleguen a ser agentes de su propio desarrollo.
  5. Favorecer la expresión de la fe en celebraciones comunitarias festivas, con la participación de la diversidad de ministerios lai­cales y la integración de los elementos culturales locales, de modo que resulten evangelizadoras y fecundas en frutos de comunión y solidaridad.

Para impulsar el trabajo evangelizador, un grupo numeroso de misioneros de la Provincia (junto con misioneros de otras Provincias y hasta de otras Congregaciones) se ha hecho presente en Honduras en tres ocasiones: en 1991, en la Santa Misión promovida por Mon­señor Brufau como preparación al V Centenario del comienzo de la evangelización del continente; en 2003, en la Misión preparatoria a la institución de la nueva parroquia en Cuyamel; en 2006, en la Santa Misión con motivo de los 10 años de Mons. Ángel Garachana, C.M.F., como obispo de la Diócesis. El fruto más visible de estas acciones misioneras extraordinarias (en nuestras parroquias y en el con­junto de la Diócesis) es el elevadísimo número de comunidades ecle­siales vivas. Resulta impresionante la participación de tantos católi­cos y su creciente compromiso; pero tal crecimiento de comunidades eclesiales supone un enorme desafío, ya que es necesario acompañar­las y ofrecerles itinerarios de formación.

III. La vida comunitaria en la Misión

Desde su llegada a Honduras, los Misioneros forman una comu­nidad de vida, oración, apostolado y espíritu. La jornada comienza con el encuentro comunitario de oración durante una hora. Los tiem­pos de comida son también comunitarios.

La organización del trabajo se hace de tal forma que haya un día en el que todos se reúnen (concretamente el lunes): comparten el día juntos, hacen deporte, almuerzan con los cohermanos de la Provincia de Barcelona en San Pedro Sula, realizan las reuniones de formación y de consejo comunitario, celebran las fiestas de familia.

Durante la semana, los Misioneros viven en dos casas a modo de comunidad. Cada día sólo uno de los Misioneros sale a las montañas y regresa como máximo al día siguiente; es entonces cuando sale otro Misionero en la misma forma. De este modo, siempre hay comunidad y vida de comunidad.

Esta forma de vivir y trabajar incrementa ciertamente el consumo de combustible para la movilidad, pero asegura el cuidado de la dimensión comunitaria de la vida misionera.

Cada año, la comunidad dedica varias jornadas a la evaluación, reflexión y planificación con el Visitador con ocasión de la visita anual a la Misión, siendo ésta una de las experiencias que sostienen el sentido de pertenencia a la Provincia y la mutua implicación.

Para la Provincia, el destino a la Misión es un destino que forma parte de la normalidad organizativa (aunque, evidentemente, se requiere una predisposición positiva hacia la Misión y unas cualidades físicas y de salud).

Los Misioneros son conscientes de que van destinados a la Misión por un tiempo y que precisamente una de las riquezas de la Misión consiste en que los Misioneros vayan y vuelvan, haciendo su ministerio más fecundo. Cada año, alguno va y viene, experiencia que va construyendo una Provincia más misionera.

IV. La pastoral vocacional y la promoción de agentes

Desde el inicio, los Misioneros han cultivado la pastoral vocacional. En noviembre de 2002 quedó establecida en Puerto Cortés la Etapa de Acogida (así llamada entre nosotros) para el discernimiento vocacional y el acercamiento a la vida de la comunidad en la Congregación. Los candidatos a la Congregación son especialmente acompañados por el P. José Luis Induráin, con el apoyo de los demás miembros de la comunidad. Los candidatos madrugan cada mañana para acudir a la Universidad Católica de San Pedro Sula, donde cursan psicología. Las tardes, en cambio, son tiempo para el estudio personal, la participación en la pastoral parroquial y la progresiva integración en la vida de la comunidad

Los candidatos a la Congregación inician esta Etapa después de haber participado en encuentros y convivencias, haber sido acompañados por alguno de los misioneros y una vez concluidos los estudios que dan acceso a la universidad.

La Misión es compromiso compartido con los demás agentes de pastoral. La colaboración de cuatro Hijas de la Caridad de la Pro­vincia de América Central y de una religiosa norteamericana, el com­promiso de los 110 Delegados de la Palabra y de los catequistas, la participación de algunos misioneros laicos y cooperantes voluntarios, los agentes de pastoral social y los miembros de los grupos apostóli­cos (entre otros JMV, AIC)… siguen resultando insuficientes para res­ponder a unas comunidades cristianas que van creciendo de día en día. De ahí que los Misioneros dedican sus mejores fuerzas a la pro­moción y formación de Delegados, Catequistas, responsables y ani­madores de comunidades eclesiales.

Misioneros laicos, de Honduras y de nuestras comunidades de España, colaboran también en los trabajos de la Misión: por un tiempo, unos; con una perspectiva temporal más prolongada, otros. Con cada uno, la Provincia suscribe un acuerdo que recoge las mutuas obligaciones.

Porque el acceso general a la educación es decisivo para la pro­moción humana y para la capacitación pastoral, los Misioneros apoyan a niños, adolescentes y jóvenes de escasos recursos para que puedan seguir sus estudios de educación primaria y secundaria. El Programa de Ayudas al Estudio apoya a más de 200 niños y jóvenes cada año: matrículas; transporte; materiales.

V. La parroquia de Puerto Cortés y sus obras

La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Puerto Cortés tiene confiada una población que ronda los cien mil habitantes y que cuenta con 76 centros (urbanos y rurales). Como resultado de la Santa Misión han quedado establecidas algo más de trescientas comunidades eclesiales.

La presencia del Misionero llega semanalmente a cada uno de los barrios de la ciudad de Puerto Cortés. Las comunidades del extrarradio y las rurales reciben la visita del Misionero quincenal o men­sualmente.

Durante los últimos años, los Misioneros han ido consolidando un importante número de Obras Sociales:

  • Colegio e Instituto Sagrado Corazón de Jesús. Cuenta en la educación infantil y primaria con 355 alumnos; en la educación secundaria y bachillerato con 531; 46 profesores, 7 administra­tivos y personal de servicios. El Colegio está integrado en la Confederación Iberoamericana de Educación Católica (CIEC).
  • Centro de Integración Juvenil y Formación Profesional «Fe­derico Ozanam». Cuenta con 100 alumnos en cuatro especiali­dades: Mecánica automotriz, Electricidad, Refrigeración y Soldadura. Un profesorado muy joven (con una edad media de 25 años) entrega su ilusión en la promoción de los jóvenes en situaciones de riesgo social. Un departamento de recursos peda­gógicos cuida la formación en valores de los alumnos y, a través de la escuela de padres, de las familias.
  • «Maestro en casa». La parroquia apoya dos grupos de adultos en su educación por radio, facilitando las instalaciones y el apoyo personal para más de 600 personas. Los programas gubernamentales (IHER) de formación de adultos requieren de instituciones, como las parroquias, para poder alcanzar sus objetivos.
  • Hogar de Niños. Acoge en la actualidad a 30 niños de la calle o en situación de calle en dos casas-hogar: San Ramón y San Mar­tín. Un equipo de ocho educadores, bajo la responsabilidad de una Hija de la Caridad, acompaña a los niños en su proceso de integración y formación. El Hogar ha hecho posible que hoy no haya en Puerto Cortés niños de la calle.
  • Hogar de Ancianos. Acoge a 29 personas (6 mujeres, 23 hom­bres), atendidas por un grupo de trabajadores bajo la dirección de una Hija de la Caridad; otra Hija de la Caridad es responsa­ble de la cocina. Para ser admitido en el Hogar, debe estar com­probado que la persona no tiene familia.
  • Consultorio médico parroquial. Atiende una media de 50 per­sonas diarias: médico, análisis clínicos, farmacia. Quienes asis­ten al consultorio participan previamente en una sesión de formación para la higiene y la salud, acompañada de una senci­lla reflexión sobre la vida de fe. Una Hija de la Caridad es tam­bién responsable de esta Obra Social.
  • Talleres para la promoción de la mujer. Las Voluntarias de la Caridad animan los diversos talleres: costura, belleza, reposte­ría.
  • Oficina de pastoral social. Atiende todos los días en colabora­ción con los promotores sociales y agentes de solidaridad de cada una de las comunidades. Acoge a las personas, estudia sus necesidades más urgentes y proyecta las respuestas más adecua­das. Coordina además la educación de los presos para que puedan obtener sus certificados de estudios primarios y se­cundarios.

Y, junto a las Obras Socieales, Radio Luz Cortés: emisora que va creciendo en autonomía de programación y lleva la vida de la parroquia y los programas de formación a todos los rincones de la comunidad parroquial. Un nuevo repetidor de señal extenderá el alcance a la zona de Cuyamel.

VI. La parroquia de Cuyamel y sus obras

La Parroquia de Santiago Apóstol de Cuyamel comprende 63 comunidades, situadas entre la ciudad de Omoa y la frontera con Guatemala, con una población próxima a treinta y cinco mil habitantes. Más de la mitad de las comunidades se encuentran en la montaña, a donde sólo es posible el acceso a pie. Los Misioneros se acercan a cada una de las comunidades de montaña cuatro veces al año, según un calendario preciso, en los meses en que las lluvias no destruyen los caminos. El acceso a las comunidades de montaña supone de dos a cinco horas de caminata (y otras tantas para regresar a la casa), dada la ondulación del terreno. La atención a las 25 comunidades que se encuentran en torno a la carretera es mucho más fácil desde que concluyeron los trabajos de afirmado y asfaltado.

La formación de los Delegados de la Palabra constituye una de las labores más cuidadas. Son los Delegados de la Palabra quienes aseguran los encuentros de la comunidad cada semana y la organización comunitaria para atender a todos. Cada uno, desde su aldea, viene mensualmente al centro para un día de encuentro, convivencia y formación.

Los agentes y grupos de solidaridad descubren las necesidades más urgentes en cada aldea o barrio, se organizan para resolverlas y coordinan con la Oficina de Acción Social de la parroquia los diversos proyectos y programas de promoción y ayuda. Las asambleas mensuales proporcionan criterios comunes de actuación y, sobre todo, identidad parroquial en una realidad donde son extremas las situaciones de necesidad.

El programa «Maestro en casa» hace posible que 140 jóvenes, que en su día no pudieron completar sus estudios, puedan hacerlo en su casa a través de la radio y con su presencia cada sábado en la parroquia para el apoyo personalizado de los profesores.

También en Cuyamel han alcanzado un notable desarrollo las Obras Sociales. En colaboración con Medicus Mundi Bizkaia, se pusieron en marcha los proyectos que ahora dependen de la Parroquia:

  • Consultorio médico parroquial, que atiende a unas cuarenta personas cada día. Dispone también de servicio de farmacia.
  • Óptica: ofrece el servicio de graduación de la vista y proporciona lentes.
  • Granja. En el centro se crían permanentemente un millar de gallinas ponedoras y dos millares de pollos para engorde. El matadero de aves y la elaboración de piensos concentrados completan el programa. Setenta mujeres en las aldeas han constituido 11 granjitas, después de aprender la técnica, y pueden disponer de su propia fuente de ingresos.
  • Capacitación de parteras y guardianes de salud para las aldeas donde no hay servicio médico ni de enfermería.
  • Letrinas. Se han realizado 596 letrinas en 21 comunidades. Están en marcha diversos proyectos para la red de agua y fosas de basura.
  • Escuelitas. Construcción de construcción o rehabilitación de escuelitas, para que no falten en ninguna aldea.
  • Cultivos. Programa de árboles frutales para que puedan plantarlos en las aldeas y contribuir a mejorar su alimentación.
  • Taller de Corte y Confección y Cocina, para jóvenes sin recursos económicos y con deseos de integrarse en el mercado laboral.
  • Apoyo a proyectos de desarrollo en el área rural: capacitación agrícola, conducción de agua potable, construcción y reconstrucción de viviendas, reconstrucción de caminos.

VII. El fondo de acción social y evangelización

Para poder hacer frente a los diversos proyectos que van surgiendo en la Misión y para apoyar a los Misioneros en sus trabajos, dado que no es posible que se autofinancien por sí solos, se ha constituido el Fondo de Acción Social y Evangelización. Funciona con un presupuesto anual, que es presentado por la comunidad de misioneros y aprobado por el Visitador con su consejo.

El Fondo de Acción Social y Evangelización se nutre de las aportaciones de la Provincia de Zaragoza, de donaciones, y de las subvenciones obtenidas mediante la presentación de proyectos.

Las parroquias confiadas a los misioneros de la Congregación de la Misión de la Provincia de Zaragoza y sus diferentes Obras Sociales pueden acceder, mediante proyectos, a la cofinanciación a través del Fondo de Acción Social y Evangelización. La gestión de los proyectos cofinanciados por el Fondo de Acción Social y Evangelización corresponde a los consejos de cada una de las Obras; el administrador del Fondo de Acción Social y Evangelización forma parte del consejo de cada una de las Obras Sociales cofinanciadas.

Cada parroquia y cada Obra Social lleva su propia contabilidad, de modo que todos puedan ser corresponsables en la gestión y en orden a que pueda avanzarse en la autofinanciación, sea generando recursos propios o recabando apoyos en el propio país o mediante proyectos presentados en el exterior.

VIII. El «puente de fraternidad»

Cada año, en nuestras comunidades de España celebramos la Campaña de Honduras, conocida como Puente de Fraternidad. El Puente de Fraternidad no tiene sólo una dirección (ayudar econó­micamente a los misioneros y sus proyectos). La vida de los misio­neros y de las comunidades cristianas a las que sirven es también para nosotros una invitación apremiante a vivir desde el compromiso con los más pobres, desde la solidaridad efectiva, y a dinamizar nues­tras comunidades y grupos con el aire fresco de la Buena Nueva aco­gida en sencillez y docilidad.

Conscientes de que la solidaridad desde nuestras comunidades de España con nuestros misioneros de Honduras no puede quedar redu­cida a la ayuda económica en concretos días de campaña, el «Puente de Fraternidad» trata de sostener el compromiso misionero a través de la formación, la información y la acción en cada uno de los gru­pos y comunidades de nuestras parroquias, centros, Familia Vicen­ciana, promoviendo el voluntariado misionero y el interés por los misioneros y sus proyectos.

La dignidad humana de todas las personas y de todos los pueblos, la calidad de vida verdaderamente humana para todos y el logro de unas condiciones de desarrollo sostenido y duradero exigen de nues­tras comunidades de España y de las personas y grupos a los que acompañamos pastoralmente algo más que limosnas, por generosas que éstas sean. Reclaman de nosotros un estilo de vivir y de pensar consecuente. Tal es el principal desafío que nuestra Misión en Hon­duras plantea a nuestras comunidades de España y que el «Puente de Fraternidad» permanentemente nos recuerda.

Por eso, allí y aquí, nuestra Misión en Honduras es un aconteci­miento de gracia para la Provincia de Zaragoza.

IX. Por los caminos de la esperanza

Recientemente, la Conferencia Episcopal de Honduras ha dirigido a los gobernantes, partidos políticos y miembros de la sociedad civil una Carta Pastoral: «Por los caminos de la esperanza». Después de analizar la realidad «que nos duele y nos cuestiona» y de señalar los criterios éticos sobre los que se ha de asentar una sociedad justa y pacífica, proponen los Obispos las prioridades en las que todos han de esforzarse: erradicar la pobreza; impulsar una economía social; resolver la cuestión agraria; lograr un desarrollo económico equitativo; superar el déficit educativo; mejorar los servicios de salud para todos; consolidar la democracia; consolidar la gobernabilidad del país; transformar el sistema de Justicia; erradicar la corrupción; garantizar la seguridad ciudadana; proteger y racionalizar el uso de los recursos naturales; fortalecer la identidad nacional; favorecer una cultura de la responsabilidad. Tales prioridades ilustran la realidad que vive Honduras, pero indican el rumbo para abrir caminos de esperanza.

En esta perspectiva —roturar caminos de esperanza—, se inscriben las diversas Obras que nuestros misioneros animan y que apoyamos desde nuestras comunidades y sentimos propias en toda la Provincia.

Pero, con ser de gran envergadura, no son las Obras la preocupación fundamental de nuestros Misioneros. Su verdadera preocupación, lo que constituye su pasión y su afán, lo que colma su corazón y desgasta sus fuerzas es el Evangelio, el anuncio de Jesucristo, la animación de las comunidades, la celebración de la fe, la formación de los agentes pastorales y de los grupos, la cercanía a las personas, en número creciente de año en año y en una geografía cada día más vasta y no siempre de fácil acceso.

Los símbolos utilizados por el Obispo de San Pedro Sula para describir su servicio a la Diócesis, al cumplirse los doce años de su nombramiento (Palabra, Casa, Pan), son también los que mejor expresan la vida de nuestros compañeros en la Misión de Cortés (Honduras):

  • Palabra, acogida en la oración, contrastada en la comunidad, fortalecida en la formación, compartida en la catequesis y predicación, cercana en la acogida a las personas, sobre todo a los más pobres.
  • Casa, comunidad de seguidores de Jesucristo, viviendo como amigos que se quieren bien, abierta a los hermanos, multiplicada en tantas comunidades eclesiales, construida en comunión y participación de todos.
  • Pan, compartido en la convivencia fraterna y distribuido en tantas obras y servicios en favor de los hermanos, por su promoción. Y Pan que es Eucaristía, vivida y celebrada, compartida y presidida para el bien de los hermanos.

Así, nuestros misioneros en Honduras y toda nuestra Provincia, como propusiera la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, queremos ser «discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en El nuestros pueblos tengan Vida».

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