Ciclo B, Domingo 3º de Adviento (reflexión de Antonio Elduayen, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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antonio_elduayenQueridos amigos:

El evangelista Juan es, con Marcos, el otro hagiógrafo para quien el Jesús de la Navidad es más importante que la Navidad de Jesús. En efecto, dando por supuesta la Navidad o Nacimiento de Jesús, su evangelio lo presenta ya grande y rondando la Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan el Bautista está bautizando con agua. Bautismo de conversión lo llama él, porque su propósito es que la gente cambie su modo de pensar y de vivir y se comprometa con «el gran desconocido», listos a seguirle tan pronto aparezca. El evangelista Juan, que nos cuenta todo esto, lo tiene muy claro, pues conoce muy bien a Juan el Bautista, por ser su discípulo. Uno de los primeros, junto con Andrés el hermano de Simón Pedro, impresionado por su apariencia de profeta y, sobre todo, por su integridad y sinceridad. Lo considera el Precursor del Mesías y está seguro de que habrá de llevarlo a Él, (como de hecho pasó (Jn 1, 35-37).

En relación con nuestro Adviento o tiempo de espera vigilante y activa de Jesús, ¿qué nos pide hacer este evangelio de Juan (Jn 1,6-8. 19-28)? Ante todo, como dije al principio, ver al Jesús de la Navidad más que la Navidad de Jesús. Claro que hay que celebrar la Navidad y en grande, pero no podemos pasarnos todo el tiempo mirando el pesebre o la cuna, o cantando villancicos con los ángeles, o comiendo panetón con los pastores, o… Al fin y al cabo, la Navidad es el cumpleaños de Jesús, y cuando celebramos el cumpleaños de alguien no hablamos tanto de dónde y cómo nació…, sino que nos fijamos en la persona que tenemos delante y la felicitamos y nos interesamos por su salud, etc., y le decimos que cuente con nosotros. Entiendo que es todo esto lo que nos pide el Jesús de la Navidad, sobre todo cuando hay tanto que hacer, hermanos.

Sobre lo que tendríamos que hacer, resaltemos sólo estas dos cosas del evangelio de hoy: 1. Acoger el testimonio del Precursor sobre Jesús, dando la importancia debida a lo que nos dice, por ejemplo, que el Mesías que viene es muy superior a él. Como es muy superior el bautismo en el Espíritu Santo que va a darnos (Jn 1,33). (Nos lo dio y es lo más grande que tenemos, pero lamentablemente ni sabemos la fecha de nuestro cumplebautismo ni lo celebramos cada año); y 2. Convertirnos nosotros en Precursores de Jesús, dando testimonio de Él y anunciándolo con nuestras palabras y obras. Al respecto, Juan hace suyas estas palabras del profeta Isaías (40,3): «Yo soy la voz que grita en el desierto: ¡preparen el camino del Señor!». ¿¡Las hacemos también nuestras!?

Sin duda lo más importante que podemos hacer, para preparar la Navidad y como regalo al Jesús de la Navidad, por su cumpleaños, es convertirnos en evangelizadores. Nos lo pide el Señor por boca del profeta Isaías; «El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres», (Is 61, 1). Es lo que hizo San Vicente de Paúl, que andaba buscando qué hacer por Jesús y cómo hacerlo. ¿No podríamos hacerlo también nosotros, tu y yo?

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