Ciclo A, Domingo 5º de Pascua (reflexión de Antonio Elduayen, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Queridos amigos

Jesús acaba de decir a los apóstoles que se va y que se quedarán solos (Jn 14,33), y esto les ha dejado preocupados y hasta angustiados. Diríamos que su reacción es la normal y que lo mismo nos hubiera pasado a nosotros, y nos pasa cuando alguien a quien queremos mucho se va para siempre. Nos entristecemos y hasta nos angustiamos. Pero para Jesús la cosa no es tan normal y lo achaca a falta de fe. No se angustien, les dice. Tengan fe en Dios; tengan también fe en mí. Y empieza a darles las razones por las que debieran tener más fe, sobre todo en Él (Jn 14, 1-12). En primer lugar, porque El y el Padre Dios son una misma cosa (Jn 10,30). El Padre está en Jesús y Jesús esta en el Padre. Luego, porque Él es el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí. Finalmente, porque nos va a preparar un lugar de ensueño en la Casa del Padre donde estaremos con Jesús para siempre.

Si ustedes releen el evangelio de hoy (Jn 14, 1-12), verán que las razones susodichas están en un contexto de diálogo un sí es no es tenso con sus discípulos, en especial con Tomás, el apóstol razonador, y con Felipe, el apóstol relacionador. Yo prefiero compartir con ustedes algunas observaciones sacadas de lo que entonces se dijo.
Sobre la muerte. Para Jesús la muerte es el momento exacto en el que habiendo preparado un lugar en el cielo para uno, viene a buscarlo para que esté donde Él está (Jn 14, 3). En otras ocasiones Jesús definió la muerte como una dormición: no está muerta, está dormida, dijo de la hija de Jairo antes de revivirla (Mc 5,22). En esta ocasión Jesús le añade una dimensión escatológica.

Sobre el Padre Dios. Digamos que para Jesús Dios es su Padre y su todo. Nosotros también decimos lo mismo, pero hay una diferencia abismal, aún sin referirme al hecho de que Jesús es Hijo “natural” del Padre Dios mientras nosotros lo somos sólo “por adopción”. Necesitaríamos una HP doble sólo para citar las veces en las que Jesús se refiere a su Padre. Aquí quiero referirme a la ternura y la veneración con las que pronunciaba la palabra abba (padre en arameo). Tal que a la hora de traducirla al griego y no encontrar una palabra que incluyera esos sentimientos, la dejaron como abba, sin traducirla. Y tal que cuando el apóstol Felipe le oye embobado hablar del Padre de Dios, no puede contenerse y le pide que le muestre a su Padre: muéstranos al Padre y eso nos basta (Jn 14, 8).

Sobre Jesús camino, verdad y vida. Lo es por su unión de Hijo con el Padre Dios. Y lo es en el contexto de lo que venimos diciendo, aunque pueda tener muchas otras aplicaciones. Es el camino, entre los miles de caminos en la geografía para llegar al Padre; es la verdad, que refleja el rostro exacto del Padre, entre las miles de verdades de la sabiduría humana; y es la vida, que puede entregar y recuperar a voluntad, venciendo la muerte. En la encrucijada de tantos caminos, de tantas verdades y tantas vidas, que se nos presentan como salvadoras, recordemos que sólo Jesús es el camino, la verdad y la vida. Permanezcamos en Él (Jn 15,4).

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