Ciclo A, Domingo 4º de Adviento (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

Estamos ya dentro de las ferias especiales del adviento y en este domingo celebramos con alegría la fiesta de Nuestra Señora de la Esperanza. Las promesas de Dios se van cumpliendo en la historia de salvación. Dios abre ese diálogo de amor y pide una respuesta del hombre. La incertidumbre de un mundo que  se aparta de Dios mantiene en jaque la fidelidad de los “pequeños de Dios”, aquel resto de Israel, del Antiguo testamento, que trató de mantenerse fiel al Dios de Israel. La esperanza de un pueblo creyente simbolizado en el niño que nacerá de una doncella, es decir, del heredero del reino, confirma una vez más que no se puede desligar la vida cotidiana del amparo del Todopoderoso. Por eso, Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, se convierte en el centro de esta historia de salvación y el interlocutor eficaz que viene a este mundo en el misterio de la Navidad. Tan gran regalo de Dios, viene con la colaboración libre de María y José. No se puede hablar de la verdad del misterio del Verbo encarnado sin comentar la libertad y la absoluta obediencia a la voluntad del Padre por parte de ambos. María, en la humildad de quien reconoce que Dios puede hacer obras grandes en ella y la actitud diligente de José, quien siendo un hombre justo, cumplidor de la Ley, acepta la Palabra viva que viene a traer salvación. Esta es la esperanza de Israel, esta es la esperanza de la Iglesia: un niño cuyo rostro es el Dios del amor. Parece que es preciso gritar al mundo este urgente deseo: “¡Emmanuel!”. Para eso viene a nacer Jesús hoy y es preciso creerlo: para estar con nosotros. ¡Gracias María de la Esperanza, porque nos enseñas a saber confiar en Dios!.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *