Ciclo A, Domingo 4º de Adviento (reflexión de José Román Flecha)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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ANUNCIACIÓN A JOSÉ

En su precioso libro “Apócrifo de María”, José Luis Martín Descalzo incluyó unas deliciosas letrillas en las que María va anotando sus impresiones de aquellos “nueve meses”. Entre ellas hay una estrofa especialmente tierna: “José me mira y me dice: ¿Cómo estás? ¿Cómo está él? Le respondo: Yo esperando y Él ardiendo a todo arder”.

Para completar la escena se podría recordar el cuadro sobre “El sueño de San José” que George de la Tour pintaba hacia el año 1640. José es un anciano venerable, como mandaba la tradición. Se ve que estaba leyendo un libro, cuando cayó rendido por el sueño. Frente a él, un joven cuyo rostro ilumina la candela que oculta su brazo, un brazo que se dirige a José.

La palabra y la imagen se unen, pues, para evocar todo un evangelio de fe y de obediencia. Estamos acostumbrados a meditar la anunciación del ángel a María. A veces recordamos la anunciación del ángel a Zacarías. Pero solemos pasar por alto el texto y el mensaje de la anunciación del ángel a José de Nazaret.

UN HOMBRE HONRADO

El relato de San Mateo, que se proclama en este domingo cuarto del Adviento (Mt 1, 18-24), subraya al menos tres puntos. En primer lugar, que el nacimiento, la vida y el mensaje de Jesús será fruto del Espíritu de Dios. El Espíritu que sobrevolaba sobre los mundos iniciales. El Espíritu que hablaba a los profetas. Sólo Él es la fuente de la vida del Viviente.

Por otra parte, José es un hombre justo que, de pronto, ve modificados sus planes y su historia. Conoce la Ley de su pueblo, pero intenta ser humano. Una decisión suya, muy legal y razonable por cierto, puede dejar a María a merced de las críticas y las condenas de las gentes. José anticipa un tiempo en el que la Ley se entienda al servicio de la persona.

En tercer lugar, el relato nos sugiere que la honradez de José es apoyada por una revelación divina. La razón y la fe no se oponen, sino que colaboran para hacer posible el proyecto del Espíritu. José recibe una misión importante. Él hará posible el cumplimiento de las antiguas profecías. Él habrá de dar al hijo de María un nombre que cambiará la historia. Se llamará Jesús, que significa “Dios salva”.

UN HOMBRE VIRTUOSO

No se puede olvidar la conclusión del relato: “Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer”. A la iniciativa divina sucede la respuesta y la responsabilidad humana. José es justo. En silencio cree, espera y ama. En él se reflejan las tres grandes virtudes

  • “José se despertó”. El sueño es el espacio de la revelación. Pero el creyente es invitado a vivir en vigilia, con los ojos abierto para aguardar lo imprevisto. Con José de Nazaret la esperanza se hace espera y vigilancia.
  • “José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”. El evangelio no ha conservado ni una palabra de José. Gracias a él aprendemos que la fe es aceptación de la revelación. “La obediencia de la fe” de que habla San Pablo se hace evidente en José  de Nazaret.
  • “José se llevó a casa a su mujer”. Abrahán había recibido a Dios en su tienda. Y Zaqueo recibirá a Jesús en su casa, por lo que será reconocido como hijo de Abrahán. Pero la caridad de José ha recibido en su casa al hijo de Dios, antes de verlo y presentirlo.

Padre de los cielos, sabemos que estás presente en nuestra historia y en nuestra vivencia de cada día. Aceptamos tu palabra. Que la obediencia de nuestra fe contribuya a hacer visible la salvación. Amén.

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