Ciclo A, Domingo 4º de Adviento (reflexión de Antonio Elduayen, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

Estamos contentos y nos felicitamos por la Navidad. Una fiesta tan divina y tan humana. Que nos llena de alegría hasta desbordarla contagiosamente para compartir con todos. Y esto no obstante las evocaciones sentimentales que suscita, su deje tristealegre y la indignación porque después de 2000 Navidades, sigue habiendo niños que no tienen donde nacer… Y, lo que es peor, no se les deja nacer.

Digamos ante todo que la Navidad es una fiesta de amor y que sólo se entiende desde el amor. Del amor del Padre, que tanto ama al mundo que nos da a su único Hijo para salvarnos; del amor del Hijo, que acepta hacerse hombre y compartir en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; y del amor del Espíritu Santo, que encarna al Hijo en María y, de algún modo, en cada uno de nosotros, haciéndonos otros Cristos e hijos de Dios en Jesucristo.

En cuanto a lo que la Navidad es, digamos que:

  1. desde Dios, es el cumplimiento fiel de su Promesa (Gen 3,15);
  2. desde Jesucristo, es la realización de lo que significan sus dos nombres: “Dios con nosotros” (Emmanuel) y “el Salvador” (Jesús);
  3. desde el hombre, es el empoderamiento de su anhelo más profundo de vivir en paz, de ser bueno y hacer el bien, de vivir en solidaridad y fraternidad, de resolver sus deficiencias y de llenar sus aspiraciones.

Pienso que las actitudes principales que la Navidad pide de nosotros son las que entonces se dieron: adoración entrañable y silenciosa, al modo de María; júbilo clamoroso y anunciante, al estilo de los ángeles; y acercamiento a Jesús, sencillo, rápido y efectivo (por los regalos), como el de los pastores y los Reyes Magos.

Qué nos ofrece y qué nos pide la Navidad: En Jesús como hombre, nos ofrece el máximo modelo del ser humano, para realizarnos como Él y llegar a la plenitud… Y en Jesús como Dios, el poder injertarnos en Él y llegar a ser hijos de Dios y tener parte en su Reino, aquí y en el más allá. Nos pide:

  1. que lo veamos en los otros, como resultado y consecuencia de la Encarnación, para respetarlo, amarlo y ayudarlo (amor al prójimo);
  2. que colaboremos con Él, siendo sus discípulos misioneros, y
  3. que instauremos todas las cosas en Él (Ef 1,10), haciendo que venga a nosotros su Reino…, el mayor Proyecto de Dios y que ha puesto en nuestras manos.

Ciertamente la Navidad es todo este mundo de cosas bellas e importantes que decimos y de las que el mundo tanto necesita. Es amor, es esperanza, es solidaridad, es compartir, es… Pero, por sobre todas las cosas, la Navidad es Jesucristo. El de ayer, hoy y siempre. Esto pide de nosotros permanecer siempre en guardia para no dejarnos arrebatar la esencia de la Navidad: que nos ha nacido un niño que es el Salvador, Cristo el Señor… (Lc 1, 11). Sea que pongamos pinos de navidad, coronas de muérdago o estrellas, sea que nos dejemos llenar del mágico “espíritu de la Navidad” o llevar por “la cuestión social”, que nos interpela desde los pobres…, la Navidad es ante todo: que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros (Jn 1, 14)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *