Ciclo A, Domingo 3º de Adviento (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Estamos en el “domingo de la alegría” y lo que vamos a escuchar en las lecturas es lo que trae de novedad la presencia de Jesús, al cual esperamos anhelantes. La expectativa de Juan El Bautista en torno a la llegada del Mesías no era compatible con el accionar de Jesús; su predicación y sus sanaciones; pero sobre todo, su cercanía a los pecadores. Hay gozo alrededor de Jesús; todos se regocijan porque se ven liberados de las ataduras de la muerte, ¿no nos pasa esto también a nosotros? Cuando hemos sentido en nuestra propia carne cómo Dios se ha dignado a perdonarnos, a sanarnos, nuestra alegría siempre ha sido desbordante, pero cuando va pasando el tiempo, empezamos a dudar, a temer y a desconfiar de Dios. Isaías vuelve a dar esperanza al pueblo que no ve con buenos ojos a su rey y empieza a anhelar la llegada del nuevo Ungido, que devolverá la paz al pueblo. De seguro, que cuando el sucesor del rey empezó a gobernar vieron con buenos ojos que toda aquella esperanza se estaba haciendo realidad y Dios cumplía una vez más sus promesas. Juan pide se purificado de su visión de Dios y entiende que la misión de Jesús ha sobrepasado sus propias expectativas y empieza así abrirse para él y sus discípulos el mensaje del Reino: toda realidad maligna debe ser vencida por la fuerza del amor y del poder sanador de Dios. El Señor viene y de verdad llega, para romper nuestros propios esquema de fe, eso parece seguro; hay que estar atentos al mensaje del Reino que viene a traer el Niño Dios y de seguro podremos ser más grandes que Juan, porque estamos abiertos a lo nuevo.

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