Ciclo A, Domingo 3º de Adviento (reflexión de Julio César Villalobos, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Una vez, cuenta una historia, un sacerdote organizó una misión en su parroquia. La misión consistía en llevar a cada casa un pequeño papel que en un lado decía: “Hno(a) DIOS TE AMA” y en el otro lado del papel figuraba los servicios que ofrecía dicha parroquia. Era de noche, y faltaban pocos días para que llegue navidad. Empezó a llover. El sacerdote suspendió momentáneamente la misión. Un niño de 12 años se quedó preocupado, sentía en su corazón salir, a pesar del clima en contra. Después de tantos intentos y teniendo el permiso de sus padres, el niño salió. Tocaba cada puerta, su alegría fue muy grande porque todos le abrían la puerta. Le quedaba solo un papel; para esto el resto de misioneros se animaron a salir. Visitando la última casa, el niño se cansaba de tocar la puerta y nadie abría. Cuando hizo el ademán de retirarse triste, de pronto sintió en su corazón tocar por “última vez esa puerta”. Una Sra bajó furiosa del 2do piso de su casa a querer violentar a la persona “que le había quitado su paz”. El niño le quedó mirando por unos segundos tiernamente, y luego le dijo: “Sra Dios le ama”.

Al día siguiente en la misa por la noche que le tocaba celebrar al párroco de ese pueblo. Animó a sus fieles para que compartan que había sucedido en ellos al tener la visita de los misioneros. Y esta señora se levantó y tomando la palabra dijo: “Yo me disponía a colocar una soga fuerte en el viga de madera del 2do piso de mi casa y me lo estaba colocando en mi cuello porque quería suicidarme, y este niño que ven aquí en la 1ra fila de esta banca, sólo me miró y fue suficiente. Dios me salvó la vida.

Quizás nos podemos identificar con esta historia, pero ¿sabes?, hay un pedido que Isaías hace para esta semana de adviento: “Fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes…no teman” (35,1-10). La llegada del Mesías comporta gozo, esperanza, alegría, ganas de vivir, por eso es que termina esta 1ra lectura diciendo: “pena y aflicción se alejarán”.

Nada ni nadie nos tiene que apartar del Amor de nuestro buen Dios (cf.Rom.8, 35). La llegada del Mesías, también, provoca salud: “los ciegos ven, los cojos andan; los leprosos quedan limpios…a los pobres se le anuncia el evangelio” (Mt.11,2-11). Este tiempo de adviento, que sigue siendo un tiempo fuerte de gracia y de conversión, no está lejos de tener un matiz misionero: anunciar a Jesús, es siempre la tarea de la Iglesia.  Y el mismo anuncio kerigmático, hará que mucha gente vuelva su mirada al corazón de Dios y de la Iglesia.

No hay ni habrá motivo para la tristeza. Prohibido estar tristes. Escribe el coro de un villancico navideño: “Dios está contigo, porque se hizo hombre; Dios es un amigo, Dios es uno más. Alegra esa cara y canta conmigo: Feliz nochebuena, feliz navidad”.

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