
Somos piedras vivas; nos recuerda Pedro en su carta y, lo somos de verdad, porque también se nos ha revelado el rostro de Dios en Jesucristo nuestro Salvador. ¡Cuántas veces hemos visto la mano de Dios en nuestra vida y seguimos diciendo como Felipe: “muéstranos al Padre y eso nos basta”!. Ya tenemos el camino a seguir; ya sabemos que con Jesús obtenemos la vida y que siguiendo su ejemplo estaremos siempre en el lado de la verdad; pero es allí, en nuestras decisiones, donde tenemos que hacerlo realidad La vocación de servicio tiene que ser nuestra carta de presentación donde vayamos y donde estemos. La primera comunidad cristiana lo entendió así y surgieron los ministerios, no para crear privilegios o “status”, sino para servir mejor a las necesidades de la comunidad. Y así debe entenderse todo ministerio en la Iglesia. No olvidemos que la piedra fundamental es Cristo. Por eso, quien está unido a Cristo sirve y eso hace que los demás se conviertan, cambien de actitud. Ya Jesús se lo decía a sus discípulos: “al menos crean en mis obras”. Y más aún, será por nuestras obras de cristianos, es decir, nuestra disposición a servir, como muchos podrán acercarse a Dios y se convencerán de que él es el camino, y la verdad y la vida y serán felices como lo somos quienes nos esforzamos en dar más que en recibir. Volvemos a la exhortación de Pedro: “somos piedras vivas…raza elegida…nación consagrada…un pueblo adquirido”. Somos la Iglesia, luz para el mundo, medio para santificarnos, ruta segura para llegar al Reino. No es un privilegio, es una responsabilidad y esto hay que darlo a conocer vivamente al mundo que necesita encontrar el verdadero sentido del servicio. Tú y yo estamos llamados a darlo a conocer.







