Poco podemos escribir de este buen Hermano. Ni había tenido tiempo de realizar muchas maravillas dentro de la Congregación: llevaba en su seno cuatro arios. Y en la casa de la calle de Lope de Vega, uno sólo.
A ella había sido destinado en 1935, para cocinero, y procedía de Villafranca del Bierzo, adonde había ido mediado el 1934, al salir del noviciado.
Su vida, antes de sentir el llamamiento divino a un estado más perfecto, parece ser que tuvo algo de azar fue soldado y corrió tierras.
Era natural de Anteiglesia de Busturia (Guipúzcoa). Nació el 25 de febrero de 1904. Sus padres se llamaban Serapio y Francisca.
Durante la revolución hasta la hora de su muerte heroica y gloriosa corrió la suerte del P. José María Fernández, a quien siguió desde el primer día.
Era de mediana estatura, robusto, de vivos colores en la faz, bien parecido, poco hablador, de buenas disposiciones, ejercitado en el arte culinario: se cifraban en él grandes esperanzas.







