Centenario de las Hijas de la Caridad en Marchena (1964)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CREDITS
Author: Víctor Andueza, C.M. · Year of first publication: 1964 · Source: Anales españoles.
Estimated Reading Time:

Júbilo de hace un siglo

El día 19 de junio de 1864 lle­gaban a Marchena las Hijas de la Caridad. Las esperaban el ve­cindario entero, presidido por su Ayuntamiento y los sacerdotes de la localidad. Al aparecer en lontananza el coche de caballos en el que viajaban, repicaron las campanas de sus doce iglesias y estallaron en el aire salvas de potentes bombas y cohetes. Pero el entusiasmo fue inenarrable cuando descendieron del coche a los acordes de la Marcha Real, con los hábitos cubiertos de pol­vo, tan blancos como sus tocas. Todos las saludaron cariñosa­mente y pasaron a besar sus crucifijos. Se organizó luego una procesión hasta el hospital de San Jerónimo y entre los aplausos y vítores de la multitud, hicieron su entrada en la capilla, en don­de se cantó el tedéum.

Cien años de labor

Al llegar las Hijas de la Caridad a Marchena, los cinco hospitales que funcionaban en la villa, sos­tenidos principalmente por los Duques de Arcos, se redujeron a uno, al actual, que desde entonces tiene por titular Hospital de San Jerónimo, y patrona a la Virgen Milagrosa.

Se instalaron las Hermanas en el viejo caserón de San Jeró­nimo con unos medios económicos muy precarios: 8.000 pesetas eran los ingresos anuales que por todos conceptos entraban en el hospital; eran lo suficiente en aquel entonces para el soste­nimiento de la Comunidad.

calle MilagrosaPero las Hermanas no habían venido a Marchena para cui­darse a sí mismas, sino para atender a los pobres, ancianos y en­fermos de la localidad. ¿Cómo conseguirlo? Sor Carmen Fons, la primera Superiora, se lanzó a la calle, visitó a la clase pudien­te, y los ricos respondieron, escribiéndose como bienhechores con una cuota mensual,

Al poco tiempo comenzó a perfilarse el primer milagro del orden económico. Se remozaban con pintura los desconchados muros del hospital; se pavimentaban las salas con ladrillos fi­nos, rojos y amarillos, combinados primorosamente, y se admi­tían 50 pobres y ancianos de ambos sexos. Admirados los bien­hechores de la excelente administración de Sor Carmen, le abrie­ron con prodigalidad sus arcas y ensancharon las tapias de la hermosa huerta que hoy poseen.

Desde el 19 de junio de 1864 al 19 de junio de 1964, es decir, desde Sor Carmen Fons a Sor Basilia Martín, que hoy preside la Comunidad y rige el hospital, las Hijas de San Vicente han en­jugado las lágrimas de los marcheneros pobres. El hospital de San Jerónimo y la Milagrosa es la casa de todos los enfermos y ancianos desamparados, como decía la poesía que ese día recita­ron. Más de 8.200 necesitados encontraron en él una cama limpia y un plato de comida caliente. Un matrimonio nonagenario, hos­pitalizado desde hace varios años, bendecía a Dios con toda la sal de Andalucía, y exclamaba, emocionado: «Olé Zo Badila, que es tan güena como la Macarena de Cevilla.»

Hoy, la Casa de las Hijas de la Caridad de Marchena, muy rejuvenecida y con todos los adelantos modernos, es la verdade­ra casa social del pueblo, en donde el rico deposita sus limosnas y el pobre cs ateniddo espiritual y corporalmente. La pueblan un centenar de ancianos y ancianas que no pueden moverse más que de dos en dos, siendo el uno muleta o báculo del otro.

Los Caballeros de las Conferencias han levantado una magní­fica sala, adosada al hospital, y ellos sufragan medicinas, alimentos y demás cuidados que se prodigan a sus pobres.

Desde hace 35 años casi todos los parvulitos de Marchena aprenden las primeras letras y las primeras oraciones de labios de las Hijas de la Caridad, que, con la paciencia de Job y su cons­tancia insuperable, logran verdaderos prodigios. iQué bello es ver a los chiquillos de cuatro años declamando las primeras leccio­nes de doctrina cristiana! Hay niños de cinco a seis años que leen y escriben casi correctamente y saben el catecismo desde la primera hasta la última pregunta, siendo la admiración de propios y extraños. Unos 300 alumnos, divididos en seis seccio­nes, acuden diariamente al colegio, llenando de vida y optimis­mo lo que antes rezumaba pesimismo y dolor.

Desde hace años se presentan nueve o diez niños para in­greso, obteniendo buenas notas en los exámenes. Atienden, fi­nalmente, un comedor infantil de Auxilio Social, en el que reciben todos los días comida sana y abundante los 80 niños más pobres de la villa.

Te, Deum, laudamus

Sí; al cumplirse los 100 años ento­naron el tedéum las Hijas de la Caridad destinadas en Marchena y las que, habiendo nacido aquí, sirven a los pobres en distintos lugares de la geografía de la Patria. Seis de éstas, venidas de las Casas más próximas, dieron a la fiesta un colorido mayor y una alegría más santa. Continuaron el tedéum las Autoridades Eclesiásticas y Civiles, y lo terminaron los ricos y los pobres; todo marchenero se asoció a las plegarias de acción de gracias.

¿Cómo conmemorar—se preguntaron las Hermanas—tan faus­tas efemérides? Con un triduo a la Virgen Milagrosa, fue la res­puesta unánime y acertada.

La Milagrosa es la advocación mariana más profundamente enraizada en el corazón de los marcheneros; en su honor se ce­lebra la novena más solemne, y por acompañarla en la procesión del 27 de noviembre, se cierran las casas, los comercios y los bares.

Durante el triduo, la capilla del hospital lució sus mejores ga­las y fue incapaz de acoger a los devotos de todas las clases so­ciales que acudieron a honrarla.

Predicó el triduo don Rafael Roj ano Vera, joven y dinámico capellán de la Fundación, cuya vocación sacerdotal brotó en Éci­ja, a la sombra de la Milagrosa que se venera en la iglesia de San Francisco.

En sus charlas, llenas de fondo y forma y que escuchamos sin pestañear, nos pintó por dentro y afuera la Santísima Virgen, para presentárnosla como Reina, Mediadora y Milagrosa.

Los tres días, después de la función Eucarística-Mariana, pa­saron los asistentes a felicitar a las Hermanas al patio central del hospital, entoldado con millares de bombillas y centenares de banderines, puestos por el Excmo. Ayuntamiento, y que pa­recía un rinconcito de la mundialmente conocida feria de Se­villa.

El día 19 fue la gran fiesta. Desde las primeras horas de la mañana comenzaron a llegar monjitas de la capital y de la pro­vincia que quisieron asociarse al júbilo de sus Hermanas de Mar­chena.

A las 9,30 celebró la misa solemne el Rble. P. Víctor Andueza, Superior de los PP. Paúles de Écija, y distribuyó la comunión a los acogidos y a otros muchísimos fieles que se acercaron a la sagrada mesa. A continuación, sacerdotes, autoridades y médicos felicitaron entusiásticamente a la Superiora y Hermanas de Comunidad

A las 12,30 se sirvió a los niños y ancianos una suculenta comida.

Por la tarde, al anochecer, los antiguos alumnos obsequiaron a sus antiguas maestras con una velada literario-artística que agradó a las homenajeadas y a cuantos abarrotaban el patio.

Entre los números más aplaudidos merecen destacarse: la poe­sía de la señorita Rosarito Díaz; los juegos del joven prestidigi­tador José Zapico, y el baile de unas sevillanas que esparcían la sal de la Giralda y del Guadalquivir y toda la alegría de Andalucía.

Las flores del patio quedaron holladas por la multitud; alguna maceta, rota, y los parterres, deshechos. Al desalojar el hermo­so patio y ver tanta ruina, comentaba felizmente una monjita: «Menos mal que esto no volverá a ocurrir hasta después de 100 años»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *