Cecilio Zazpe

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CRÉDITOS
Autor: Tomás Peribáñez, C.M. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Boletín Provincial de Zaragoza.
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CAPUCHINOS DE TERUELEl P. Cecilio Zazpe Azpiroz nació en Astórquiz (Navarra) el 1 de febrero de 1932. Fue el tercero de cuatro hermanos: dos mujeres y dos varones. A consecuencia del nacimiento del último de los hermanos falleció la madre. El padre murió un año después. A partir de la muerte del padre, cada hermano va a correr una suerte diferente. Son los años de la contienda civil española. El pequeño Cecilio, después de pasar por varios hogares de la familia, recae en la maternidad de Pamplona.

Allí lo llama el señor para el ministerio de los pobres. En septiembre de 1944 inicia su formación básica en la Apostólica de la Milagrosa de los PP. Paúles de Pamplona. En los cinco años de los estudios de humanidades destaca por su aplicación y su carácter jovial.

Ingresó en la Congregación de la Misión el 26 de septiembre de 1949 en Hortaleza (Madrid), a los 17 años de edad. Terminados los estudios de filosofía y teología es ordenado sacerdote en nuestra casa-teologado de Cuenca el 9 de septiembre de 1956 por Mons. Florencio Sanz. Culmina sus estudios sacerdotales el curso 56-57 realizando el año de pastoral en la casa que la Provincia de Madrid tiene en Potters Bar, Londres.

Su primer destino como misionero se concreta en septiembre de 1957: la Comunidad de la Apostólica de Murguía. En este destino permanece cinco cursos como profesor de Lengua española y, uno de los años, como ecónomo de la Casa.

El año 1962 se incorpora a la Comunidad del teologado de Salamanca para continuar estudios universitarios. Durante tres años se dedica intensamente al estudio de los clásicos y en junio de 1965 adquiere el título de Licenciado en Lenguas Clásicas por la Universidad Pontificia de Salamanca.

Con su flamante licenciatura y con el nombramiento de Superior de la Apostólica que lo acogió de niño, regresa a Pamplona. Con motivo de una polémica homilía en nuestra iglesia de la Milagrosa en defensa de la justicia, el Sr. Arzobispo de la diócesis de Pamplona y Administrador Apostólico de Tudela solicita del Visitador de Madrid la renuncia al cargo de Superior y el destino del P. Cecilio Zazpe. Doloroso golpe que consigue encajar y asimilar cristianamente con la ayuda de su familia, de sus amigos y, sobre todo, de la oración.

Su infancia itinerante y dura y 1a elegancia con que asume este duro golpe explican algunos de los rasgos más característicos del P. Cecilio Zazpe: la inclinación respetuosa por los débiles y la solidaridad con ellos, la rebelión contra todo atisbo de injusticia, la disposición y prontitud en el servicio, y la fidelidad a las amistades y a Dios.

Así que en 1966, el joven P. Cecilio Zazpe tiene que preparar de nuevo las maletas y facturarlas a Limpias (Santander). Allí, a los pies del histórico Cristo, durante cuatro años dedicados a la enseñanza del latín y de la historia, cicatrizó aquella herida.

Barakaldo se encuentra aproximadamente a unos 85 kms de Limpias. Con las buenas relaciones que siempre hubo entre las dos Comunidades, el P. Cecilio conocía bien el nuevo colegio que los Padres Paúles acababan de estrenar en 1962, en la parte alta de Barakaldo, en el barrio de Beurco, junto a la Fundación Miranda. El colegio «San Vicente de Paúl» de Barakaldo será la viña donde este viñador arará más hondamente, señalará los mejores surcos, fecundará la tierra con la mejores gotas de su sudor, cosechará las uvas más doradas y dulces y probará el mosto más embriagador.

El tren que debía llevarlo a Barakaldo se demoró un año más, mientras la nueva provincia de Zaragoza se situaba. El curso 70-71 -visto desde la perspectiva histórica del año del Señor 1995- fue el curso puente. La obediencia envió al P. Cecilio a Cuenca. En la ciudad de las casas colgantes, prendido de finos hilos, como suspirando por la ciudad norteña de los humos, permaneció un solo año explicando las dos asignaturas de su especialidad: la lengua que habló Sócrates y la lengua en la que escribió Horacio.

En septiembre de 1971 las esbeltas chimeneas de la industrial y emergente ciudad de Barakaldo fumaban, inconscientes, a toda pipa. Este mes la comunidad del colegio estrena Superior: el P. Cecilio Zazpe. Los tres años siguientes, el nuevo Superior, además de ejercer las funciones de animación y comunión al interior de la comunidad de los misioneros, se dedica a la docencia en el colegio. Desde que llegó, el deporte del colegio, especialmente la sección de baloncesto, y las clases de latín y de inglés, han sido su pasión, su gloria y su dolor.

En 1974 deja el superiorato y asume la dirección del colegio. Tarea que realiza con elegancia, sencillez, respeto y disponibilidad, hasta septiembre de 1977, cuando el tercer Visitador de la Provincia de Zaragoza lo devuelve a la comunidad de Pamplona-Colegio. De nuevo en la ciudad de su niñez, se dedica a la enseñanza, alternando las clases con otros cargos: asistente y ecónomo.

El año 1980, en el colegio de Barakaldo estaban frescos los recuerdos del P. Zazpe y lós nuevos alumnos que se habían incorporado durante estos años habían sido aleccionados por sus compañeros veteranos sobre el «profe» de latín y de inglés, que había ido a Pamplona. Así que el regreso a las aulas después de tres años no supuso gran novedad.

A los 48 años el Cecilio Zazpe estaba de vuelta respecto a los cargos. Había pasado por todos los puestos de responsabilidad en el colegio y en la Comunidad. Además desde 1979 venía desempeñándose como consejero y asistente provincial. Muy probablemente, por con­sentir con ese clima de equipo que suele abrigar los consejos provinciales, aceptó ser Superior nuevamente de la Comunidad. Esta vez su mandato duró solamente un año. El, que poseía la experiencia del doble cargo: Superior y director, honradamente hizo valer su idea de incompatibilidad de cargos. En septiembre de 1981 el P. Paulino Sáez recibía la investidura de Superior y el P. Zazpe tomó el testigo de la dirección del colegio de manos del P. José Antonio Aguirre.

La distancia temporal desde septiembre de 1980 a enero de 1995 es de 14 años. Catorce años dedicados plenamente, en la madurez de la vida, 42-62 años, al colegio que ha significado el «amor» de este misionero paúl. Así lo han entendido todos y cada uno de los miembros del colegio, que durante su enfermedad no han dejado de visitarlo y de preguntar por él. Así lo vocean los tres autobuses repletos -de no poner tope hubieran sido muchos más- que salieron del colegio a la misa de cuerpo presente en Pamplona; y las más de dos mil personas que se citaron en la iglesia del colegio, en el patio y en la calle para la misa de funeral en Barakaldo. Catorce años interrumpidos durante un período escolar, 1990-1991, año que aparece destinado temporalmente en Murguía (Alava) para hacer en Vitoria el año de actualización teológico-pastoral. Estudios que combina con la atención pastoral al pueblo de Vitoriano. En un solo año, este sencillo pueblo del valle del Zuya, llegó a conectar con el latir del corazón del P. Cecilio. Su presencia masiva en la misa de cuerpo presente, nos reveló el alto grado de afinidad que pueden escalar un pueblo y un misionero durante el corto período de un año lectivo.

Juvenil, cercano y de buen carácter, el P. Zazpe gozó siempre de buena salud. Como hombre mortal también tuvo su debilidad física: los oídos. Hace muchos años anidó en sus oídos, en la zona interna, una colonia de gérmenes que de vez en cuando se desperezaban agitando los oídos del hermano con fuertes dolores, pérdida de audición y alteración del equilibrio. En la clínica Universitaria de Pamplona tenía su historial. Periódicamente se hacía la revisión, especialmente cuando el temporal agitaba las células ciliadas de la membrana basilar haciendo tronar la cóclea. Durante los últimos seis meses el malestar era continuo.

Tal vez porque el oído se resentía más, tal vez porque a cierta edad los hombres tienden a compartir honores, el P. Zazpe, el pasado septiembre, renunció al nombramiento de Superior que el P. Provincial tenía escrito, fechado y firmado en Zaragoza.

Tuvimos que encontrarlo caído en su alcoba sin poder levantarse para convencerlo de la conveniencia de internarse. Lo hicimos el 10 de diciembre en la clínica de San Juan de Dios de Santurce. A1 día siguiente los doctores nos dijeron que el asunto era grave y decidimos llevarlo a la clínica Universitaria de Pamplona. La resonancia magnética que le hicieron el día 13 retumbó en mi cerebro cuando la frágil doctora, que le había acompañado desde la zona de Rayos X hasta su habitación, con especial dulzura y acento sureño, me comunicó el resultado: «tumoración cerebral maligna». Como si los doctores hubieran diseñado la evolución del mal, el proceso se desarrolló cual ellos lo describieron: «es cuestión de unas semanas».

El 25 de enero de 1995, una semana antes de cumplir los 63 años de edad, cuando la Iglesia celebraba la Conversión de San Pablo y la «Pequeña Compañía» la fundación de la Congregación de la Misión, nuestro querido hermano, P. Cecilio Zazpe, pasaba a ver, «cara a cara» el rostro lleno de bondad del Padre.

En este cuadro de fechas y lugares, el P. Cecilio Zazpe vivió su acontecer humano con tres actitudes, bien características en él:

Ante todo fue un hombre de fe. La fe iluminó su vida como el sol ilumina el día disipando las tinieblas y la nubosidad, manifestándose siempre como creyente en un Dios solidario con la historia de los hombres, creyente en Jesucristo cercano y liberador de los pobres, fiel devoto de María Milagrosa.

En coherencia con esta fe, el P. Cecilio vivió siempre en solidaridad con los más desfavo­recidos. Su bolsillo, siempre menguado, fue el bolsillo de los pobres. ¡Cuántas veces le oímos a dar, no sólo de los bienes comunitarios, sino también de los personales. Su amor a los pobres tuvo siempre un campo de aterrizaje: los más pobres de su inmediato entorno. En su pensamiento y en sus palabras estaban los maestros peor pagados de nuestro colegio, los empleados y las personas al servicio.

Una tercera actitud en la vida del P. Zazpe fue su opción por la educación. Recién estrenado su sacerdocio, fue destinado por sus Superiores a trabajar en el campo de la educación. Con el tiempo, decidió orientar su vida por la enseñanza. Descubrió en ella un privilegiado modo de llegar a los jóvenes con la Buena Noticia de Jesús. El P. Zazpe ha sido un educador nato. Supo combinar la exigencia con la flexibilidad, la necesidad de orden y disciplina con la amistad, la rectitud con un equilibrado afecto por sus alumnos.

La cuarta actitud, su bondad, brilló de manera especial en el tiempo de su enfermedad. Fue un gozo acercarse a verlo a Pamplona. «¡Qué amable, qué agradecido se siente el P. Zazpe por todo lo que le haces!» -eran las expresiones de los que lo visitaban-. Esta misma ha sido la experiencia de todos los que lo hemos tratado más de cerca durante su enfermedad. Con estas palabras, dictadas a su hermana Martina, nos felicitaba la Navidad a los miembros de su comunidad de Barakaldo:»Desde mi agradecimiento a todo vuestro cariño os quiero desear todo lo bueno que os merecéis. El único que sabe pagar es Dios… Estoy bien atendido por todos, por mis hermanos: Hijas de la Caridad y Paúles y por mi familia. Y por todas vuestras visitas«.

Cuatro meses antes de ordenarse de presbítero, mayo de 1956, el entonces diácono Cecilio Zazpe, en la revista Futuros Apóstoles, definiendo lo que es un sacerdote utilizaba esta metáfora del pan: «El sacerdote –escribía– es como el pan tierno que sale a la hora en que los hombres desayunan… Todos los hombres tienen derecho a este pan«. Así fue el P. Zazpe para todos.

Tomás Peribáñez

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