Carlos Ruiz

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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P. Carlos Ruiz

31-05-91

Pamplona

Anales 1991 Jl 162

mso778B8El día 31 de mayo del presente año de gracia de 1991, fiesta de la Visita­ción de Nuestra Señora la Virgen María, el P. Carlos se nos fue de este «mundo al Padre». Se nos fue en tanto inesperadamente. Es cierto que sus bronquios y su corazón no estaban para mucho, y que este mismo año ya le habían dado un serio aviso de su cansancio y debilidad. Su ánimo, empero, era, como su contextura física, fuerte y lleno del deseo de vivir, de optimis­mo y esperanza.

Ingresó en el Hospital de Navarra, Pamplona, para una operación no complicada de los ojos. ¡Cuánto deseaba recuperar la visión perfecta! Estan­do allí, en los días previos a la operación sufrió un paro cardiaco del que no fue posible reanimarlo.

Había nacido el P. Carlos el 12 de mayo de 1915, en la villa de Rocaforte, Navarra, de la merindad de Sangüesa. Enhiesta sobre el lomo de una no muy elevada sierra, Rocaforte, como su nombre indica, fue fortaleza medieval de no deleznable importancia. En esos tiempos se identifica con el núcleo denominado «Sangüesa la vieja», y le cupo la gloria de cobijar en su recinto al primer convento franciscano de España que allí perduró hasta la exclaustración de la primera mitad del siglo XIX.

En Rocaforte vivió su infancia el P. Carlos. En 1925 fue a Teruel donde permaneció hasta 1927 cursando los primeros años de Humanidades, como entonces se decía estudios que de 1927 a 1929 completaría en la Escuela Apostólica de Guadalajara.

El día 16 de septiembre de 1930 «tomó la sotana» en Hortaleza, Madrid, y con ello fue admitido en la Congregación de la Misión, iniciando al mismo tiempo los dos años de Seminario Interno. No eran tiempos fáciles aquellos sino recios, y el joven Carlos los iba a vivir con entusiasmo, pero en medio de sobresaltos, viajes inesperados y riesgo que para una comunidad de «frai­les» era vivir en la turbulenta periferia de Madrid, todos los seminaristas fueron trasladados a Tardajos, al pie del castro del mismo nombre, junto a Burgos.

El 15 de septiembre de 1932, concluido el Seminario Interno, llegó el estudiante Carlos a Villafranca del Bierzo, León, donde hizo los votos tem­porales con ocho meses de retraso, por joven, el día 13 de mayo de 1933, fecha siguiente al día en que cumplió dieciocho años. Los votos eran tempo­rales en aquellos años de la Segunda República, «hasta ser llamados al servi­cio militar». Así los hizo el estudiante Carlos.

En Villafranca del Bierzo cursó los tres años de Filosofía. La Teolo­gía comenzó en Cuenca, primer año; la continuó en Pamplona, segundo año; la prosiguió en Murguía, tercer año, y la concluyó en Hillside, Potters Bar, Midlesex, en la periferia de Londres, justo pasado el «Green Belt» de la gran urbe. Los de Teología de Carlos fueron años de agita­ción política y social, violentos, con miedos y sobresaltos a la orden del día. De ahí ese huir y peregrinar, buscando siempre mayor paz y seguri­dad.

En Murguía, finalizado el tercer año de Teología, Carlos se ordenó de Sacerdote el día 3 de julio de 1938, de manos del Obispo Misionero Fray Tomás Oláiz, Capuchino.

En el curriculum vitae de Carlos hay un dato curioso: Hace los votos perpetuos un año largo después de su ordenación sacerdotal. Los hace en Potters Bar el día 8 de septiembre de 1939, semanas antes de su vuelta a España.

En España permanece un año, 1939-1940, como profesor en la Escuela Apostólica de Murguía.

En 1940 empieza su etapa misionera en la tropical y acogedora Vene­zuela. He aquí sus destinos y ocupaciones, que son sólo el marco frío e inexpresivo de tantos y tantos afanes misioneros a lo largo de más de treinta años:

Calabozo, profesor del Seminario Menor; Cumaná, Profesor en el Colegio de San José; Calabozo, de nuevo, Rector, Profesor y Párroco; Valencia, profesor del Seminario Menor; Ciudad Bolivar, Profesor y Admi­nistrador del Seminario Menor; Barquisimeto, Profesor en el Colegio de San Felipe; Maracaibo, Párroco y Director del Colegio de la Milagrosa; Maiquetía, Párroco; El Cariaco, Párroco y misionero en una parroquia rural y pesquera de varios miles de kilómetros cuadrados; Maracay, Supe­rior y Párroco.

De Maracay, en 1970, vino a España, a esta Provincia de Zaragoza en la que ha ejercido su ministerio sacerdotal en: San Sebastián y Baracaldo, capellán y coadjutor, 1970-1971. Teruel, rector de la iglesia de La Milagrosa, 1971-1974. Zaragoza, párroco de Pinsoro, 1974-1977.  Baracaldo-Parroquia de San Ignacio-Remar, coadjutor, 1977-­1986.

En 1986 pasó de la parroquia de San Ignacio al Colegio de San Vicente de Paúl en el mismo Baracaldo, en plan de jubilado y con la salud que­brantada. El enfisema había reducido, en subida proporción, la capacidad oxigenadora de sus pulmones lo que negativamente repercutía en la circu­lación sanguínea y en el corazón. Había sufrido y sufría de invidencia pro­gresiva. En el Colegio de Baracaldo se encontraba feliz, y pasó años tranquilos y gozosos.

En marzo del presente año llegó destinado a la comunidad de la Residen­cia de Pamplona, donde también se encontraba feliz.

En Pamplona, cuando se disponía esperanzado para una sencilla operación de los ojos, «pasó de este mundo al Padre», a recibir la recompensa preparada desde toda la eternidad para los que como el P. Carlos han amado y servicio a Jesucristo en los pobres y a los pobres en Jesucristo.

¡Descanse en paz el buen Carlos!

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