Caridad compasiva y eficaz

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Fuente: CEME.
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caridad_compasiva«Al salir de Jericó lo siguió mucha gente. Había dos ciegos, sentados a la vera del camino, y al oír que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: ;Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David! Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Le contestaron ellos: Señor, que se nos abran los ojos. Jesús sintió lástima y les tocó los ojos; al momento recobraron la vista y lo siguieron». (Mt 20,22-34).

«El espíritu de la Congregación comprende, por consiguiente, aquellas íntimas disposiciones del alma de Cristo que el Fundador recomendaba, ya desde el principio, a sus compañeros: amor y reverencia al Padre, caridad compasiva y eficaz con los pobres, docilidad a la Divina Providencia». (C 6).

El Evangelio abunda en escenas en las que la compasión de Jesús aparece como el sentimiento que le empuja a hacer el milagro. San Vicente se conmueve ante esta compasión de Jesús por la que hace propio el dolor de los que sufren. El Fundador de la Misión desea que todos los misioneros sean hombres llenos de compasión y misericordia.

1. «Se hizo hombre para compadecerse de nuestras miserias».

«El Hijo del hombre, al no poder tener sentimientos de compasión en el estado glorioso que posee desde toda la eternidad en el cielo, quiso hacerse hombre y pontífice nuestro para compadecer nuestras miserias. Para reinar en el cielo, hemos de compadecer, como él, a sus miembros que están en la tierra. Los misioneros, más que los demás sacerdotes, deben estar llenos de este espíritu de compasión, ya que están obligados, por su estado y vocación, a servir a los demás pobres, a los más abandonados y a los más hundidos en las miserias morales y espirituales. Y en primer lugar, han de verse tocados en lo más vivo y afligidos en sus corazones por las miserias del prójimo. Segundo, es menester que esta compasión y misericordia aparezcan en su exterior su rostro, a ejemplo de nuestro Señor, que lloró la ciudad de Jerusalén por las calamidades que la amenazaban. Tercero, hay que emplear palabras compasivas que le hagan ver al prójimo cómo nos interesamos por sus penas y sufrimientos. Finalmente, hemos de socorrerle y asistirle, procurando librarle de ellas en todo o en parte, ya que la mano tiene que hacer todo lo posible por conformarse con el corazón». (XI 771).

2. «No compadecerse ante el que sufre es ser cristiano en pintura… es ser peor que las bestias».

San Vicente, al hablar de la caridad, expone los efectos de la misma. El cuarto efecto es la compasión:

«Consiste en no ver sufrir a nadie sin sufrir con él, no ver llorar a nadie sin llorar con él. Se trata de un acto de amor que hace entrar a los corazones unos en otros para que sientan lo mismo, lejos de aquellos que no tienen ninguna pena para el dolor de los demás, ni para el sufrimiento de los pobres. ¡Qué cariñoso era el Hijo de Dios! Le llaman para ir a ver a Lázaro y va. La Magdalena se levanta, acude a su encuentro llorando. La siguen los judíos llorando también. Todos se ponen a llorar. ¿Qué es lo que hace nuestro Señor? Se pone a llorar con ellos, lleno de ternura y compasión… También nosotros hemos de sentir este cariño por el prójimo afligido y tomar parte en su pena… ¡Oh Salvador que llenaste a San Pablo de tu espíritu y cariño, haznos decir con él: ¿Hay alguien que esté enfermo y yo no enferme?». (XI 560).

3. «He aquí un hombre lleno de misericordia».

«Pensemos, dice San Vicente, en el pesar que tendremos a la hora de la muerte, si no utilizamos la vida en ser misericordiosos». Por eso, exhorta con gran interés a que los misioneros sean hombres de misericordia:

«Cuando vayamos a los pobres, hemos de entrar en sus sentimientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposiciones de aquel gran Apóstol que decía: «Me he hecho a todos», de forma que no recaiga sobre nosotros la queja que antaño hizo nuestro Señor por boca del profeta: «Esperé a ver si alguien se compadecía de mis sufrimientos y no hubo nadie». Pero ello, es preciso que sepamos enternecer nuestros corazones y hacerles capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del prójimo, pidiendo a Dios que nos dé el espíritu de misericordia, que es el espíritu propio de Dios: pues, como dice la Iglesia, es propio de Dios conceder misericordia y dar ese espíritu… Así, pues, tengamos misericordia, hermanos míos, y ejercitemos todos nuestra compasión, de forma que nunca encontremos a un pobre sin consolarlo, si podemos, ni a un hombre ignorante sin enseñarle en pocas palabras las cosas que necesita para creer y hacer par su salvación… Pensemos un poco en la necesidad que tenemos de misericordia, nosotros que debemos ejercitarla con los demás y llevar esta misericordia a toda clase de lugares, sufriéndolo todo por misericordia». (XI 233-234).

  • Se ha dicho que lo menos que un vicenciano puede tener es «sentir el dolor, la pobreza, la tristeza, etc., de los demás como propia, (compadecerla)»; ¿puedo yo afirmarlo de mí mismo?
  • En medio de mis posibilidades, ¿convierto la compasión en amor eficaz?

Oración:

Oh Salvador, no permitas que abusemos de nuestra vocación, ni quites de esta Compañía el espíritu de misericordia! ¿Qué sería de nosotros si nos retirases tu misericordia? Así, pues, concédenos ese espíritu, junto con el espíritu de mansedumbre y humildad. Y pidamos a Dios, hermanos míos, que nos dé ese espíritu de compasión y misericordia, que nos llene de él, que nos lo conserve, de forma que quienes vean a un misionero puedan decir: ‘He aquí un hombre lleno de misericordia». (XI 234).

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