“C.M.: Rema mar adentro” (“Duc in altum”)

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

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Author: Luis Vela Marrodán, C.M. · Year of first publication: 2010 · Source: Vincentiana, Enero-Marzo 2010.

O, No está agotada la Creatividad de la C.M. en su Misión de formadora del clero: “Ecclesiasticos adjuvare”


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Enfoque

1. Una intuición feliz

  • No sé quien elaboro el discurso del Papa. Pero, el final del mismo cuando, «De Roma nos vencía lo que a Roma había llegado», tuvo un eco tan notorio en la asamblea general, que el comienzo y el final del documento que la asamblea general elaboró, son una copia literal de ese final FELIZ del discurso del Papa: «Duc in altum. Remad mar adentro (Luc 5,4). No tengáis miedo en arriesgaros a echar las redes para pescar. El Señor mismo será vuestro guía».
  • Hasta el MIEDO de la C.M. allí expresado, es un dato interesante, que luego mencionaré.

2. El discurso del Papa: nos ofrece una FORMULA para PERVI­VIR viviendo en PLENITUD

  • Y, esa formula me trae a mí, la evocación (romana, al fin) del dios Jano (El que tenía dos caras y que miraba hacia el pasado y hacia el futuro):
    • «No temáis aventuraros mar adentro».
    • «Estos dos aspectos (evangelizar a los pobres – formadores del clero) siguen ocupando un lugar central».
  • Audacia en la creatividad – a partir de un núcleo inmutable. Esa es la maravillosa fórmula que yo veo en el discurso del Papa: «Respondiendo con generosidad a las necesidades de la iglesia de su época, San Vicente de Paúl situó la evangelización de los pobres y la formación del clero al centro de su visión de vuestra congregación.
    Al crecer esta, y extenderse por el mundo, vuestro apostolado ha
    asumido, como es natural, muchas formas nuevas, pero estos dos aspectos siguen ocupando un lugar central».

3. Un reto para el futuro, que se le QUEDÓ EN EL TINTERO, al documento final de la Asamblea general, 2004

  • Hasta en el discurso del Papa, figuran los TRES RETOS, que durante más de un año, y por iniciativa de la comisión preparatoria, toda la congregación ha ido decantando, hasta hacerlos llegar a la asamblea general, con la infinita variedad de la geografía espiritual y la psicología personal de cada misionero.
  • Y, con un título DESAFIANTE («una mirada atrevida al futuro»): la comisión que prepara el documento final, presenta así a la asamblea general, estos tres retos:
    • REVITALIZAR nuestra vocación.
    • REFORZAR nuestra actividad apostólica.
    • RENOVAR nuestra vida comunitaria.
  • Y, la «FORMACIÓN DEL CLERO»:
    • que tan nítidamente nos presenta el discurso del Papa,
    • como algo que San Vicente SITUÓ en el CENTRO de su visión de la Congregación – y como algo que sigue ocupando el lugar central en la C.M… la formación del clero, CASI, no aparece en el documento final, cuando cabría, perfectamente, en cualquiera de los TRES retos… o, en todos ellos.
  • Yo oigo la voz del Papa, como el grito de la CONCIENCIA COLECTIVA de la congregación, que nos zarandea y nos urge a RETOMAR, entre los RETOS audaces: la formación del clero… e IMPREGNARLA con toda la creatividad que llena, en el documento final de la asamblea general 2004, la otra cara de la C.M.: La evangelización de los pobres.

4. Como un signo de mi fe en que sigue viva aún la creatividad de la C.M. para cumplir el fin que le dio su fundador («ecclesiásticos adjuvare») elaboro mi estudio y sus tres partes

  1. Tensiones desde el nacimiento.
  2. Tensiones en el momento actual: Cambio de época.
  3. Bienvenidas las tensiones… mientras no perdamos el rumbo.

Con una CONCLUSIÓN: Ser siempre misioneros: nada mas – nada menos.

1ª Tensiones desde el nacimiento

  • A pesar de las SABIAS PREVISIONES del Sr. Vicente
  • No sólo había dejado muy claro el fundador: Cual era el ÚNICO fin de la C.M. y sus TRES ASPECTOS inseparables (1. Dedicarnos a la propia perfección. 2. Evangelizar a los pobres. 3. Ayudar a los eclesiásticos) (conf. RR.CC. I, 1).
  • En el N° 2 del mismo capitulo I de las Reglas Comunes, el Señor Vicente establece: Cuales son los trabajos con que la C.M. (inte­grada por eclesiásticos y laicos: «Eclesiasticis et laicis») ha de cum­plir este ÚNICO fin que acaba de mencionar:
    • Y enunciará OCHO tareas («munus») para los ECLESIÁSTICOS:
      1. Recorrer ciudades y aldeas («oppida et pagos») a ejemplo del mismo Cristo y los discípulos y repartir en ellas, a los pe­queños, el pan de la palabra divina, predicando y catequi­zando.
      2. Persuadir y recibir («suadere et excipere») las confesiones generales de toda la vida anterior.
      3. Componer pleitos y discordias («jurgia et lites»).
      4. Fundar la cofradía de la caridad.
      5. Regentar los seminarios de los externos erigidos en nuestras casas y enseñar en ellos.
      6. Dar ejercicios espirituales.
      7. Convocar y dirigir en nuestras casas («apud nos»): conferen­cias de eclesiásticos externos.
      8. Salir al paso («obire») a otros trabajos, ordenados y confor­mes, a las tareas antedichas.
    • Los LAICOS: sólo tienen una tarea: AYUDAR a los eclesiásticos en todos los ministerios antedichos.
  • Y, creo que la tarea señalada en el N° 8, a los eclesiásticos, encie­rra una fórmula PREVENTIVA de conflictos:
    • La C.M. podrá atender a otros trabajos («alia munia»)
    • Con tal que sean: ordenados y conformes («deservientia et con­formia») a los anteriormente dichos.
    • Y que se hagan de paso («Obire»): o sea, sin INSTALARSE en ellos, como si se tratara de algo sustancial en las tareas de la C.M.
  • N.B. Creo que ya aquí, hay una luz para sanear la compulsión obsesiva de la C.M. en el SERVICIO DIRECTO a los pobres (conf. v.gr. Doc. Fin. pág. 8).
    • Y, todavía existe una previsión de tensiones en la comunidad, que San Vicente contempló desde el principio y que aparece por todas partes, v.gr. RR.CC. XI, 8:
      • Se trata del PERMISO DEL SUPERIOR
      • Ni aún las tareas previstas entre las ocho mencionadas en RR.CC. I, 2, como la tercera («componer pleitos y discordias») ha de hacerse sin licencia del superior: «Para que la caridad esté bien ordenada por la obediencia».
  • Una tensión EXPLÍCITA y una solución PRAGMÁTICA
    • A pesar de tantas cautelas, la tensión se presenta y San Vicente la recoge en RR.CC. XII, 12:
      • ¿Ministerios hacia los eclesiásticos externos… ➢ O, misiones?
      • Por el lenguaje del Nº 12, pareciera que las MISIONES estaban DESPIEZANDO a los otros ministerios domésticos.
    • Y el fundador es tajante, al poner las cosas en su sitio: «Entiendan todos y cada uno (‘omnes et singuli’) que estos ministerios no han de ser descuidados (‘negligi’) bajo el pretexto de las misiones».
      • Y zanjará la cuestión aduciendo el viejo aserto de sabiduría milenaria: «Haec oportet facere et illa non omittere»: Es nece­sario hacer esto, sin omitir aquello.
      • Y, por si alguien vive algún resquemor escondido (tal vez el mismo, inconscientemente) añadirá: «A las dos tareas estamos obligados, casi por igual (‘fere aequaliter’) aunque las misiones han de ser preferidas».
    • ¿No es valida para la obvia negligencia actual, hacia la formación del clero, en el Doc. Fin. As. Gen. 2004, la sentencia: «Haec aportet facere et illa non omittere?».

2ª Tensiones en el momento actual: cambio de época

  • Una CREATIVIDAD impresionante y audaz
    • El doc. fin. as. gen. 2004: es impresionante y audaz, en su creati­vidad: cuando se enfrenta al reto, para la C.M., de ser «EVANGE­LIZADORA DE LOS POBRES»:
      • V.gr. al lanzarnos a la misión, junto con toda la familia vicen­ciana… o, al aceptar, incluso, una vida comunitaria de nuevo estilo, con laicos, en función de la misión… (conf. pág. 5).
      • Lo que plantea tantos interrogantes que, difícilmente, puede pasar, por el momento, de una bella utopía, creo yo.
    • Pero, el reto de la «FORMACIÓN DEL CLERO» casi ni aparece… Yo lo percibo, en el documento, como si fuera un turista perdido en una ruta extraña.
    • Realmente,
      • ¿Se agotó la creatividad de la C.M. cuando asumió el reto de la evangelización de los pobres y no le quedó creatividad para más nada? –
      • ¿En realidad, la iglesia no nos necesita para nada, en nuestra misión de formadores del clero? –
      • ¿O, es que no creemos nosotros mismos, de verdad, en lo que el Papa nos recordó: «Estos dos aspectos (‘evangelización de los pobres y formación del clero’) siguen ocupando un lugar central en la vida de la C.M.«? –
      • ¿Porque la C.M. se niega a MIRAR DE FRENTE esta parte de su historia y de su vida, y de su misma razón de ser en la iglesia? –
      • ¿Es tan difícil para la C.M. PROYECTAR, simplemente, en el siglo XXI, lo que YA HIZO en su nacimiento, v.gr. ofrecer sus casas y sus misioneros al clero diocesano, para ayudar a las igle­sias locales en lo que nos necesiten y nosotros tengamos para ofrecerles… aunque sea tan sólo una acogida cordial en momen­tos críticos como, con tanta frecuencia viven hoy los sacerdotes diocesanos? –
      • ¿Es imposible, para una provincia o una región: crear una orga­nización de ayuda al clero diocesano, y ofrecérsela a los obispos de esa nación o de esa región, encargándonos nosotros mismos de su financiación, como lo estamos haciendo v.gr. con las misiones internacionales? –
      • ¿Qué te pasa, Congregación de la Misión, frente a la herencia de tu fundador, la FORMACIÓN DEL CLERO? –
  • «No tengáis MIEDO»
    • El miedo de la C.M., que aparece en el discurso del Papa, no ha llegado allí por una carambola misteriosa del destino.
    • Se trata de un MIEDO REAL, que está en nosotros. Pero,
      • ¿Qué es nuestro MIEDO?
      • ¿De dónde arranca un miedo, en nosotros, que el mismo Papa nos tiene que pedir: que no vivamos en función de él y que nos arriesguemos, a pesar de sentir ese miedo?
      • ¿Es tan riesgoso, para la C.M., crear NUEVAS FORMAS de ayuda al clero, sin dejar las tradicionales de trabajar en los seminarios diocesanos, como lo hemos hecho desde la fundación?
      • ¿Tenemos miedo a nuestra propia impreparación, ya que se trata de algo nuevo en la C.M.?
      • ¿Pero, hace falta una preparación tan especialmente especial para, v.gr. dar retiros al clero… que no podamos asumir, ni siquiera a mediano plazo?
      • ¿O, nuestra autoestima grupal ha llegado a niveles tan bajos como para percibirnos que ya la Iglesia no nos necesita, para nada, en nuestra misión de FORMADORES DEL CLERO?
      • ¿Es más riesgoso: crear nuevas formas de ayuda al clero, que llevar nuestro ministerio de EVANGELIZAR A LOS POBRES, hasta la creación de comunidades mixtas, como nos lo pauta el documento final de la asamblea general?
      • ¿O, tenemos miedo a fracasar por aquello de que: predicar a curas – confesar monjas – expulgar a un perro… es misión imposible?
      • ¿O, sólo nos atrae lo que da tan buena imagen en el mundo actual: Vivir en función de los pobres… o «adorar a los pobres como a un Dios» (Ptojo-latria)… como es la «moda» del primer mundo?
      • En todo caso, para algo hemos buscado, al mismo tiempo, la catarsis de nuestro miedo y el «exorcismo» papal: «Duc in altum».

3ª Bienvenidas las tensiones… miebtras no perdamos el rumbo

  • «O renovarse o morir»
    • La iglesia católica, en el concilio vaticano II, tomó conciencia de esta ley primordial inscrita en la evolución de todo viviente… y, de ahí, ha surgido el esfuerzo de renovación que cristalizó, para nosotros, en la NUEVA CONSTITUCIÓN (1980)… renovación que continúa hasta hoy.
    • El doc. fin. as. gen. 2004 ha recogido, expresamente, la invitación a seguir la renovación… sin la cual la vida no puede continuar, v.gr.:
      • En la tercera parte del documento final («Una mirada atrevida al futuro») – y en el segundo inciso («Reforzar nuestra actividad apostólica») establecerá: «La fidelidad a nuestra vocación nos urge a todos, en los próximos años, a usar los criterios estableci­dos en las constituciones (N° 2 y N° 12) para revisar las obras que llevamos, INICIAR OTRAS NUEVAS, abandonar las que no res­ponden a estos criterios y dar nuevo vigor a los ministerios vicen­cianos actuales» (conf. pág. 7).
      • El tercer inciso («Renovar nuestra vida de comunidad») será concretado por CLAPVI (3) de este modo: «Desarrollar el sentido de identificación, de pertenencia, y de compromiso con el IDEAL VICENCIANO, en nuestras comunidades» (conf. pág. 11).
      • Y el colofón del documento final será de este tenor: «Los desafíos propuestos en este documento, por la asamblea general, que se concretarán aún más en las provincias y en las comunidades loca­les, se enmarcan en la FIDELIDAD A NUESTRO CARISMA, hecho vida por tantos testigos, que nos impulsan a ponerlo en practica» (conf. págs. 11-12).
    • Y, he subrayado un detalle en cada una de las citas, que quiero comentar ahora:
      • El de la página 7: INICIAR otras obras, con los criterios de constituciones (N° 2 y N° 12):
        • Desde que las constituciones de 1980 sacaron la formación del clero del fin de la C.M. donde San Vicente la había colo­cado, el destino de este ministerio en las mismas constitucio­nes (1980) es ambiguo…
        • El De hecho, ni el N° 2, ni el N° 12 de las constituciones, men­cionan expresamente la formación del clero… lo que ya es un problema… pero, tampoco lo excluyen… y en el N° 2 de cons­tituciones, hasta podría estar incluido, si lo leemos con cierta benevolencia.
        • Pero, si la C.M. se niega, hoy, a INICIAR OBRAS NUEVAS que tengan en cuenta la formación del clero… creo que se estaría alejando de la razón de ser para la que San Vicente la fundó. Eso creo yo.
      • Los subrayados de las páginas: 11 y 12: fidelidad al IDEAL vicenciano o fidelidad a NUESTRO CARISMA:
        • encierran, también la RENOVACIÓN en la «formación del clero»… o resultan palabras vacías, eso de la fidelidad al ideal vicenciano y la fidelidad a nuestro carisma.
        • No olvidemos la palabra del Papa: «Estos dos aspectos (evan­gelización de los pobres – formación del clero) siguen ocu­pando un lugar central».
  • La CREATIVIDAD de la C.M., en su misión de «Formadora del clero», NO ESTÁ AGOTADA
    • Hace ya un tiempo, escribí un estudio para los estudiantes de la provincia de Venezuela, con este enfoque: «¿Que opción de futuro quiere tomar la provincia de Venezuela, en la formación del clero?».
    • El planteamiento clave era este: «El clero diocesano de Venezuela sufre una forma especial de pobreza psico-espiritual a la que no pueden cerrar sus ojos los hijos de Vicente de Paúl que han entre­gado su vida e la evangelización, de los pobres».
    • Obviamente, no se trataba de describir una epidemia en la que estuvieran metidos todos y cada uno de los curas del país. Y la llamada forma de pobreza psico-espiritual, en el clero de Vene­zuela, la resumía en estos SEIS MATICES:
      1. Pobreza intelectual.
      2. La pobreza de una soledad tóxica.
      3. Una pobre dimensión contemplativa.
      4. La pobreza del aburrimiento.
      5. La pobreza de la culpa.
      6. La pobreza de la ruptura interior.
    • Y, consideraba, en el mismo estudio, que la provincia de Vene­zuela estaba en condiciones de presentar, al menos a mediano plazo, estas SEIS OFERTAS de ayuda a estas formas de pobreza que yo veía en el clero diocesano:
      1. Oferta de retiros dirigidos, en alguna de nuestras casas.
      2. Oferta de mera hospitalidad.
      3. Oferta de ayuda espiritual.
      4. Oferta de: bibliotecas – salas de lectura – internet… y dirección de un misionero en todas estas cosas.
      5. Oferta de misioneros, especialmente preparados, para: retiros – cursillos – talleres – convivencias – conferencias… con miras a la formación del clero.
      6. Oferta de una psicoterapia formal.
    • Y, como soporte legal a este proyecto, les comentaba, en el mismo estudio, a nuestros estudiantes, el Nº 13 de nuestras CONSTITU­CIONES:
      • Donde se establece que les toca a las PROVINCIAS juzgar las formas de apostolado que han de asumir…
      • Son las provincias… y no, necesariamente, la congregación entera, quienes deciden si esta modalidad de propiciar la for­mación del clero, es adecuada o no, para esa provincia.
    • Y, no deja de ser curioso que el documento final de la asamblea general 2004, NO CITA el Nº 13 de Constituciones, cuando nos presenta los CRITERIOS: Para revisar las obras que llevamos para iniciar obras nuevas – para abandonar algunas obras para dar nuevo vigor a algunas de nuestras obras… (conf. pág. 7).
    • Es claro, a mi ver, que la CREATIVIDAD de la C.M. para reno­varse en su ministerio de formadora del clero, no está agotada, ni mucho menos… en las líneas que nos traza el documento final de la asamblea general 2004…
      • El cual termina (como ya lo recordé) mencionando estos deta­lles muy PRECISOS: «Los desafíos propuestos en este docu­mento, por la asamblea general, que se CONCRETARÁN aún más en las PROVINCIAS y en las COMUNIDADES LOCALES, se enmarcan en la fidelidad a nuestro carisma…».
      • Creo que estamos, al menos, ante un RECONOCIMIENTO DE que la creatividad no está agotada… Si no es algo más: Una expresa urgencia a continuar la creatividad en las provin­cias y en las comunidades locales… Lo que abarca, obviamente, al ministerio de FORMADORES DEL CLERO que nos perte­nece por naturaleza y expresa voluntad de San Vicente.

Conclusión – Ser, siempre misioneros: nada más, nada menos

  1. «Lo que el legislador quiso decir, lo dijo» («quidquid legislator voluit dicere, dixit»). Principio fundamental de derecho
    • Cuando, en un documento oficial, de la C.M., como lo es el docu­mento final de la asamblea general 2004, leemos (conf. pág. 7): «La FIDELIDAD a nuestra vocación nos URGE a TODOS, en los próximos años: encontrar nuevas formas para INTEGRAR, en nues­tro ministerio, el anuncio de la palabra y la celebración de los sacra­mentos, con el servicio DIRECTO al pobre»:
      • Algo, dentro de mi, protesta y grita: «Aquí no está San Vi­cente».
      • Yo, si veo a San Vicente en su exigencia de (RR.CC. I, 2), que antes mencioné: «Salir al paso (‘obire’) a otros trabajos, orde­nados y conformes, a las tareas antedichas».
      • Pero, que TODOS estemos URGIDOS a INTEGRAR: el anuncio de la palabra y la celebración de los sacramentos, con el servicio DIRECTO al pobre… y esto, como signo de FIDELIDAD a nuestra vocación…
        • No sólo es algo que nunca pensó San Vicente.
        • Sino que el Santo, hasta se escandalizaría, creo yo, con una propuesta así: ¿Como puede caber en la mente y en la sensibilidad, del Señor Vicente, que la confesión general que el oye, y la absolución sacramental que le da, para que no se condene, es un servicio al pobre, pero no un SERVICIO DIRECTO?
    • Si San Vicente hubiera querido que la congregación de la misión fuera la rama masculina de las hijas de la caridad, nos lo habría dicho con claridad, en las reglas comunes, su obra de madurez, en cuya redacción se permitió gastar 33 años («circiter»), porque la importancia de la obra lo exigía así.
  2. El MERCANTILISMO en la conciencia
    • Es la gran desgracia de nuestra cultura, comentará E. Fromm: («Ética y psicoanálisis»):
      • «Lo que no tiene demanda, es porque no vale»… proclamará el mercantilismo, en el mundo de la compraventa.
      • Y con esta introyección en la conciencia, hemos destruido todos los valores éticos de nuestro mundo: v.gr. si la veracidad no tiene demanda, es porque no vale – si la justicia no tiene demanda, es porque no vale – si la fidelidad no tiene demanda, es por que no vale – si el respeto a la persona no tiene demanda, es porque no vale – etc., etc.
      • Hacer más creíbles nuestros valores, es una gran preocupación del doc. fin., que comenté en otro estudio.
      • Si, el anuncio de la palabra y la celebración de los sacramentos NO SON un servicio DIRECTO al pobre (conf. pág. 7). ¿No significa esto una INCREENCIA notoria, por nuestra parte, en esos valores misioneros?
    • (Juan 20,21) resume muy bien toda la teología de la MISIÓN que aparece en los evangelios: «Como el Padre me ha enviado – así yo los envío».
    • Santo Tomás nos ofrecerá la misma realidad, con matices más dicientes si cabe: «Contemplar las cosas divinas – y entregar a los demás lo contemplado» («divina contemplari et contemplata allis tradere»). Es la síntesis de toda la MISIÓN de la iglesia.
    • La gran desgracia para el pueblo de Israel era: la carencia de sa­cerdotes y profetas… nos dirían los profetas y salmos a cada rato.
    • ¿Qué necesita este pueblo? –
      ¿Es más aguda la carencia de salud que la carencia de sentido para su vida? –
      ¿Proporcionarle comida al hambriento, es un servicio más directo que proporcionarle: el bautismo – la comunión – la unción de los enfermos – la predicación de la palabra de Dios…? –
      ¿Tener buenos curas, no es tan emergente para el pobre pueblo, como tener una buena asistencia sanitaria? –
      ¿Qué respondería San Vicente? –
      ¿Que le pasa a la C.M. que tiene dudas tan serias en esto, hasta casi olvidar que ella está en la iglesia, también, para la formación del clero? –

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