«Conmemoración de un cincuentenario.» Así se expresaba In prensa local en el semanario «Ampurdán» del día 17 de mayo:
«El próximo pasado domingo, con motivo de la conmemoración de los cincuenta años de residencia en nuestra ciudad de la Comunidad de Padres Paúles, se celebraron en la iglesia de Ntra. Sra. de los Desamparados, enclavada en el edificio de la Comunidad, los siguientes actos que revistieron gran esplendor. A las ocho de la mañana, se celebró una Misa de comunión general de la que fue celebrante el Provincial de la Orden, Padre Comellas, viéndose muy concurrida. A las diez, tuvo lugar un Oficio cantado por la Capilla Parroquial, oficiando el Padre Pérez, Superior del establecimiento. El sermón corrió a cargo del notable orador sagrado Padre Coll, superior de la residencia de Palma de Mallorca. Finalmente se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias.
«Asistieron a los citados actos, el Alcalde de la ciudad, Jou, y el Teniente Alcalde, Sr. Roura; Jefe Local y Secretario miel Movimiento, camaradas Bonaterra y Casademont. También figuraba en los mismos Junta del Asilo, cuyo cuidado espiritual está confiado a la Comunidad, señores Jou, Dalfó, Albert, Riera y Trías. También asistió a los mismos el Superior de `la Cosa de Barcelona, Rdo. P. Ramis. Terminados los cultos religiosos, la Junta del Asilo fué obsequiada con una comida intima por la Rda. Comunidad.»
A la fiesta, pues, asistí yo que tantos motivos tengo para profesar, como profeso, muy hondo afecto a la Casa de Figueras por ser, ella y yo, algo así como amigos de infancia, y sobre todo por haber sido ella, por especial providencia divina, la cuna de mi vocación.
Puedo, pues, atestiguar que así fueron de solemnes los actos y cultos fríamente reseñados en la citada nota local, y en los cuales consistió únicamente la celebración del cincuentenario; así fue, en efecto, de solemne el Oficio, de elocuente el sermón del Padre Coll, bien conocido y popular en la comarca, de sentido y fervoroso el Tedeum de acción de gracias y de numerosa la concurrencia de fieles. Así transcurrió de franco y cordial el humilde banquete con que la Comunidad quiso obsequiar a la Junta del Asilo, que tuvo lugar en el hermoso salón, la mejor pieza de la casa, que nos acaba de restaurar la referida Junta, no sin haber rendido el Sr. Visitador; al empezar, un ferviente tributo de gratitud a los bienhechores, expresado por el rezo de un Padrenuestro en sufragio del fundador don Mariano Vilallonga y Gipuló, y del primer Superior de la Casa, Rdo. P. Miguel Pedrós, así como del Rdo. P. Eladio Arnáiz que con la primera Junta del Asilo firmó las Bases de la fundación, en calidad de Visitador de la única Provincia de Paúles que había entonces en España, dividida más tarde, en 1902, en las de Madrid y Barcelona. Ahora venía a unirse aquélla a tan fausta conmemoración por medio del telegrama que, desde Sevilla, enviaba al Padre Comellas, el Secretario de la Asamblea Mariana de la Medalla Milagrosa, encomendada a los Padres Paúles de Madrid, que dice así: «Monseñor Lissón, Padre Atienza, con dieciocho misioneros congresistas, solemne apertura Asamblea Mariana, felicitan comunidad glorioso aniversario, unidos espiritualmente pedimos bendiciones celestiales y prosperidad provincia hermana. Silverio.»
Muy bien; pero, se me hace pagar la asistencia a la fiesta encargándoseme un articulito para «ANALES» que venga a ser, no sólo una reseña de tan fausta efemérides —ya va ella por delante y nada más ofrece por decir– sino también una especie de resumen, una mirada de conjunto a la vida de la Casa durante el período de sus primeros cincuenta años. Cosa agradable y relativamente fácil si se pudiese contar para ello con fuentes de archivo para asesorar el recuerdo de lo vivido; pero el archivo de la Casa desapareció por completo hasta el último papel en la revolución marxista.
El movimiento de la Casa en sus últimos años estampado queda en las distintas crónicas que se han ido sucesivamente publicando en «Germanor» y en «Anales», y el Padre Vanrell aportaba en su última una serie de datos muy interesantes acerca de los orígenes y antecedentes de la fundación. A ellas, y especialmente a ésta, remitimos al lector. Yo no haré más que completar acaso aquellos datos lejanos y, tras una rápida ojeada a los antecedentes, a la fundación y a sus principales obras, trataré de bosquejar una especie de elenco —lo más completo y cierto que pueda— del numeroso personal que ha desfilado por la Casa en el curso de esos cincuenta años. En su aridez, yo creo que puede ser todo ello de algún valor para la historia futura de la Casa y de nuestra pequeña Provincia.
I.- ANTECEDENTES Y FUNDACION
Esto equivale a preguntar: ¿Qué era de la Casa antes de pasar a ella nosotros? Cómo y por qué caminos fuimos los Paúles a Figueras?
-El sector católico de nuestra ciudad —escribe don Javier Fages de Climent en el referido número del «Ampurdán»— por
cierto muy escaso en el pasado siglo, veía con dolor ‘los también escasos medios de recristianización con qué contaba, y pensaba en la gran conveniencia de una Orden religiosa de enseñanza que emprendiera con afán la noble empresa y pudiera asimismo coadyuvar al aumento del culto que había en la Parroquia. Se ¿sabían frustrado gtstiones laudables hechas para tal objeto en diversas épocas cerca de los jesuitas, de los misioneros franceses del Sagrado Corazón, y hasta cerca de los escolapios, que se suponía eran vistos con menos repugnancia por elementos que en la ciudad abundan…; pero, en definitiva, resultaron aún entonces
«Los religiosos benedictinos, bajando en 1798 de San Pedro de Roda, se habían instalado en la pequeña población vecina de Vilasacra, y, por orden regia de 1805, atendiendo súplicas del’ Ayuntamiento de Figueras, lo hicieron en nuestra ciudad desde 1807 hasta la expulsión de 1835. Ya exclaustrados, sus bienes fueron comprados por dan Mariano Vilallonga y Cipuló, y fundado allí por éste el Asilo de su nombre, para ancianos, en 1888, y reconstruida desde 1885 una Capilla en honor de la Virgen de los Desamparados, pensó en dotarlos de alguna Comunidad para servicio espiritual del Asilo (confiado en 1887 a las Hermanas de San Vicente dé Paúl), y del culto público de dicha Capilla. Y, tras corto paréntesis de ensayo con dos ancianos religiosos exclaustrados (el Padre Pau y otro de nombre olvidado) y frustradas nuevas laboriosas gestiones cerca de distintas Ordenes, forrnalizóse trato con una de ellas y, en 21 de abril de 1894, se hizo cargo de la Capilla y del servicio, espiritual del Asilo una Comunidad de la Congregación de San Vicente de Paúl.»
Con ello —continúa diciendo el articulista historiador— no se daba todavía solución satisfactoria a aquellos anhelos apuntados más arriba del sector católico de la ciudad, relativos a la recristianización de la juventud masculina por medio de la ense-ñanza religiosa –al Padre Vilanova cabrá la gloria de darles más tarde satisfacción cumplida, como diremos, con la fundación del Colegio de la Milagrosa— salvo la meritoria labor realizada en los adultos pobres por medio de la Escuela Nocturna, fundada en 1886 por la Conferencia de San Vicente de Paúl, y aceptada y transferida por don Mariano Vilallonga, en las Bases de la fundación, a la nueva Comunidad que la ha regentado y sigue regentando con notable provecho de la juventud pobre, obrera sobre todo, de la ciudad.
Claramente se colige de lo dicho que, no siendo nuestra Congregación para la enseñanza ni consagrada a tal ministerio, ni conocida apenas en aquella comarca por sus fines propios, difícilmente se hubiera pensado en nosotros, para nuestro establecimiento en Figueras, si el Asilo Vilallonga no hubiera sido confiado antes a las Hijas de la Caridad, bien conocidas y apreciadas de mucho tiempo atrás por su abnegada misión de caridad en la capital de la provincia. Aunque carezcamos, pues, de datos para probarlo, podemos afirmar con toda seguridad que a los deseos y gestiones de las Hermanas y, especialmente de su primera Superiora, la venerable Sor Rosa Boyé, debe atribuirse la resolución definitiva del fundador. A ellas vaya, pues, nuestra sincera gratitud.
Un tanto ardua y laboriosa, no obstante, debió de ser la tramitación de nuestra fundación a juzgar por la correspondencia epistolar, a que alude el Padre Vanrell en su referida crónica, entre el Padre Pedrós y don Carlos Fages de Perramón, y en la que mediara entre éste y el fundador con el Padre Arnaiz, Visitador, así como la de éste con el Superior General Padre Fiat, en la cual se destaca el noble interés y tenaz empeño del Sr. Vi-sitador para llevar a feliz término la fundación.
Véanse para ello las dos cartas del Padre Arnaiz al Padre, Fíat, providencialmente venidas a mis manos, y con las cuales non honramos en enriquecer estos modestos apuntes acerca de la fundación de nuestra amada Casa.
«Con unánime asentimiento de mis consultores —le escribía en 8 de septiembre de 1893— hemos aceptado, si usted lo aprueba, una fundación en la ciudad de Figueras, fronteriza de Francia, cuyo objeto será: 1.° la dirección espiritual de un Asilo que allí tienen nuestras Hermanas; 2.° la escuela nocturna a que asisten unos 100 jóvenes todas las noches de invierno, y a los cuales se les enseña a leer, escribir, aritmética, doctrina cristiana, etcétera; 3.° mantener el culto en la capilla que tiene la propia casa en donde los misioneros han de habitar. Para obtener dichos fines de la fundación, formarán la Comunidad futura cuatro misioneros y dos o tres Hermanos Coadjutores, y los recursos materiales de aquella consisten en 5.000 francos anuales, que el fundador se compromete a pagar por trimestres adelantados. Espero que, atendidas todas las circunstancias indicadas, merecerá el proyecto la aprobación de usted.»
Que no satisfacían al Padre Fiat los fines presentados (de la fundación) por no figurar en ellos los propios de nuestro Instituto, especialmente el de las misiones por las cuales sentía, como es bien notorio, un marcado y especialísimo afán, se deduce evidentemente de lo que le escribía el 21 de septiembre del mismo ario el Padre Arnaiz —a renglón seguido de la carta anterior—, en lo cual demostraba a su vez el Visitador de España su tenaz empeño en la fundación:
«La fundación que se nos ofrece en la ciudad de Figueras, que en opinión de todos mis consultores debe ser aceptada, tiene por objeto: 1.0 La dirección religiosa y espiritual de un Asilo de ancianos pobres; 2.° El ejercicio dé predicación y confesonario en la iglesia pública, distinta de la capilla del Asilo, y unida a la casa destinada para los misioneros; 3.° Enseñanza del Catecismo y de religión a los obreros que asisten de 6 a 8 de la tale a !a misma casa de los misioneros; 4.° Desea también el Prelado que éstos se encarguen también de una enseñanza de latín y pequeño Seminario.
«Creemos aquí todos, qué las dichas funciones son muy propias de nuestra santa vocación, aún la de instruir en la doctrina cristiana a los jóvenes obreros, etc., pues una cosa parecida se hace en Santa Rosalía, París. La población de Figueras cuenta con 18.000 habitantes (eran entonces unos 12.000, solamente), no hay en ella más que una parroquia, y ninguna comunidad religiosa; por lo que es de esperar que nuestros misioneros harán mucho bien a las almas. Tenemos, además, fundamento para esperar que pronto se darán también misiones, pues hay personas piadosas que manifiestan deseos de ayudar a ésta santa obra con sus recursos. El caballero que nos propone la fundación desea pronta respuesta, y espera con ansia que la aceptemos; ruego, pues, humildemente a usted pronta respuesta. La ciudad de Figueras, cerca de la frontera de Francia, pertenece a la diócesis de Gerona, Cataluña.»
Esto ya sería más del agrado del santo sucesor de San Vicente y en 21 de abril del año siguiente, 1894, se extendían y firmaban las Bases por las cuales entraba nuestra Congregación en de Figueras y en la diócesis de Gerona. Bases en las cuales campea, como puede verse en su íntegra transcripción que va a continuación, tanto la noble generosidad del fundador como l sabiduría y prudencia de un Visitador como el Padre Arnaiz. El original de estas Bases se encuentra en el Archivo de la provincia de Madrid.
«COMPROMISO. — En el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de su Santísima Madre Ntra. Sra. de los Desamparados, la Junta del Asilo Vilallonga, en ejercicio del derecha del patronato sobre esta fundación (a tenor de la Escritura otorgada por el propio fundador D. Mariano Vilallonga y Gipuló, ante el Notario. de esta ciudad de Figueras D. José Conte Lacoste a los catorce de junio de mil ochocientos ochenta y ocho, previa la bendición que obtuvo, de la Autoridad eclesiástica y la aprobación de la civil, según la Real órden de siete de enero de aquel mismo año), deseosa de dar el más acertado cumplimiento a las obligaciones emanadas de los capítulos 5.» y 6.° de la citada Escritura de Fundación, en virtud de los cuales debe la Junta cuidar con esmero y celo del culto de la Capilla de Ntra. Sra. de los Desamparados, y de la Escuela de adultos, anejos al propio Asilo, y considerando que de ningún modo se podría llenar mejo dicho objeto, que confiando la Capilla y la Escuela a una Congregación tan piadosa y animada del espíritu de Caridad como lo es la de los Padres de la Misión de S. Vicente de Paúl, ha acordado dirigirse a su Reverendo Sr. Visitador en la Provincia de España D. Eladio Arnaiz, y aceptada principio la proposición y obtenidas las oportunas aprobaciones, han venido luego ambas partes a un acuerdo definitivo, que pasan a formular en capítulos siguientes,
Primero — El Sr. Visitador se obliga a fundar una Comunidad de cuatro Sacerdotes de su Congregación en la parte del Asilo que está contigua a la Capilla pública de, la Santísima Virgen de los Desamparados.
Segundo. — Serán obligaciones propias de esta Comunidad: l.’ La dirección espiritual e instrucción religiosa de los acogidos de uno y otro sexo que existan en el Asilo. — 2.a Decir Misa diaria en la Capilla del Asilo, a la hora que sea más conveniente para las Hermanas que asisten a los pobres, y que sea señalada por la Superiora. — 3.’ La instrucción en la Es-cuela nocturna, durante nueve meses al año, por espacio de dos horas cada día, de los jóvenes adultos que a ella fueren admitidos. Esta instrucción versará sobre doctrina y moral cristianas, lectura y escritura, aritmética demás conocimientos propios de la primera enseñanza.
Tercero. — También se obliga la expresada Comunidad a sostener el culto ordinario de la Capilla pública de Ntra. Sra. de los Desamparados, en la cual se dirá, por lo menos, una Misa diaria, y se harán las funciones que tiene por costumbre el Asilo, y alguna otra, de la importancia que corresponda, en los días festivos. En éstos la Misa será a las nueve y media, o a la hora que se fije de acuerdo con la Junta.
Mereciendo, como merecerán, toda la atención de la Comunidad las funciones propias suyas, o del Asilo, no podrán las mismas quedar desatendidas, para prestar los Padres sus servicios en otras iglesias.
Cuarto. — La expresada fundación se hace por tiempo ilimitado, y con el deseo y el propósito de que sea perpetua mediante el cumplimiento de sus respectivas al-ligaciones por entrambas partes.
Quinto. — El gobierna y régimen interior de la Escuela nocturna correrá a cargo de la Congregación, con la completa libertad que el buen orden y la disciplina requieren. Si, al visitar dicha Escuela, los individuos de la Junta tuvieren que hacer alguna reclamación u observación, la dirigirán privadamente al Superior de la Comunidad.
Sexto. — La Junta del Asilo Vilallonga por su parte, para cumplir los fines arriba señalados, cede y traspasa a la Comunidad establecida el uso de la Capilla de Ntra. Sra. de los Desamparados y el Pabellón, o parte del edificio contigua a la misma, y que servirá para la decente habitación de los Padres, y para la instalación de la Escuela. La Comunidad cuidará de la conservación y renovación de los muebles y ajuar de la habitación cedida.
Séptima. — También cede la Junta, y en su nombre el expresado don Mariano Vilallonga a la misma Comunidad, el uso, para su exclusivo aprovechamiento, de un pedazo de tierra de ‘la huerta del Asilo, cuyo cultivo costeará la propia Congregación. Este pedazo de tierra se determinará y señalará de común acuerdo, tomándolo de la parte meridional de la citada huerta. La Comunidad, empero, podrá de su espontánea voluntad, optar, en lugar del pedazo de huerta antes indicado, recibir de la referida huerta del Asilo las verduras para su consumo necesarias; siendo, en este caso, del exclusivo cuidado del hortelano que la cultive, el cogerlas y distribuirlas, con tal que no sea en detrimento de las que para el propio uso del Asilo se necesiten, a juicio de la Junta.
Octavo. — Respecto al culto, la Junta se obliga a sufragar todos los gastos ordinarios, como son oblata, cera, composición y renovación de ornamentos, cuando ésta fuese necesaria. Y con respecto a la Escuela nocturna, la Junta costeará el menaje y alumbrado.
Noveno. — La propia Junta del Asilo Vilallonga, como poseedora que es ya en la actualidad de todos los fondos, capitales y rentas que constituyen la dotación de dicho Asilo, y que está obligada a su sostenimiento tanto en la parte de beneficencia como en la de instrucción y culta, se obliga a pagar a la referida Comunidad, por todos sus servicios, y por anticipado la cantidad de trescientas cincuenta pesetas mensuales, la cual cantidad mensual se elevará a cuatrocientas, cuando, insiguiendo la disposición del Señor Fundador, la Comunidad quede encargada de celebrar una misa diaria en sufragio del alma deel mismo Sr. Fundador D. Mariano Vilallonga.
Décimo. — Si, lo que no es de temer, surgiere alguna divergencia entre la Comunidad y la Junta del Asilo Vilallonga, se pondrá en conocimiento del Reverendo Sr. Visitador de la Congregación, para resolverla de común acuerdo, y si éste no se lograre, se elevará al Prelado Diocesano, para que lo resuelva de un modo definitivo. Hasta que esta resolución recaiga, seguirán entrambas partes obligadas al estricto cumplimiento de sus respectivas obligaciones.
Con estas condiciones queda establecido el acuerdo entre la Congregación y la Junta del Asilo Vilallonga, e imploran sobre el mismo las bendiciones del Señor.
Figueras, seis de abril de mil ochocientos noventa y cuatro.
Juan Planas y Feliu, Párr.» — Mariano Bassols — Pedro Pagés y Moy — Carlos Fages de Perramón — Mariano Baitg = Conforme. — Barcelona, a 21 de abril de 1894.
Hay el sello del Sr. Visitador de la Prov. de Madrid. — ELADIO ARNAIZ»
Con estas Bases vino al mundo y echóse a vivir la nueva fundación, y con ellas —salvo algunas modificaciones introducidas el año 1925– ha llegado a su mayor edad y entrado en la edad madura. Con ellas ha podido vivir con desahogo económico (ha-blando de esta casa podía decir el mismo Padre Arnaiz en orden a sus superavits, «quae a suo fundatione semper abundavit») y con ellas, sobre todo, ha podido cumplir, en santa paz y armonía constante con la Junta del Asilo, todos y cada uno de sus fines y obligaciones, fundacionales y todas las demás obras que ha cm. prendido por su cuenta, como se dirá en las páginas siguientes; y con ellas, pues el mismo espíritu sigue animando la refundición de las antiguas en las nuevas «Bases de la Casa de Figueras», estipuladas entre la Junta y el Sr. Visitador de la Provincia do Barcelona el día 15 de octubre de 1941, es de esperar que merecera las bendiciones divinas para ir dejando atrás nuevos cincuentenarios para la mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
Puesta así ya la Casa en su pie de vida pedía el Padre Arnaiz al Superior General, en 16 de mayo de 1894, la patente de Superior para el Padre Pedrós, que había enviado y puesto al frente de la misma. Y éste, a su vez, en posesión de su cargo, dirigía al Padre General la carta siguiente, la cual, en la sencillez de su forma y en la del ambiente de aquellos tiempos tan diferentes de los nuestros, bien puede ser considerada y venerada como la primera página de Figueras. Hela aquí tal como apareció en «Anales» de Madrid (tomo II, 1894. página 495).
Figueras, 10- de junio de 1894.
Muy señor mío y respetable Padre:
El día de Pentecostés (aquel año, 13 de mayo) ha tenido lugar la inauguración solemne de esta pequeña Casa de Figuenas, compuesta de los señores Fontanet, Campornar, Nuño, servidor de usted y dos Hermanos Coadjutores. En dicho día hubo, por la mañana, Misa solemne, y por la tarde trisagio a la Santísima Trinidad, con sermón, predicado por un hermano. La asistencia fué numerosa. Todas las clases de fa sociedad nos dieron pruebas, ‘las más claras de afecto y estimación, por las que estamos confundidos, y en todos los rostros se leía la alegría y satisfacción que tenían los habitantes de vernos entre ellos.
Todos los domingos predicamos en nuestra capilla; siempre se llena el local, y se nos escucha con religiosa atención. Hemos comenzado el mes del Sagrado Corazón de Jesús, y todos los domingos predicamos acerca de esa devoción tan consoladora. ¡Ojalá que por este medio consigamos aficionar al pueblo a la frecuencia de Sacramentos! Esta esperanza no deja de ser muy fundada, porque aquí se ha cumplido hasta ahora aquello de que «muchos pedían pan y no había quien se lo diese». Este barrio estaba casi abandonado, no por negligencia de los que habitan en él, sino más bien por falta de sacerdotes. Por eso, con la ayuda de la gracia, esperamos que nuestros humildes trabajos producirán frutos copiosos para la mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
Las obligaciones de esta nueva casa son; el culto y devoción a Nuestra. Señora de los Desamparados, a quien está dedicada nuestra iglesia; la dirección espiritual de los ancianos, hombres y mujeres, del Asilo de las Hijas dé la Caridad; y por último, las instrucciones, todas las tardes, por espacio de dos horas, a los adultos, hijos de obreros pobres, cuyo número pasa de ciento. Tales son las obligaciones y cargas de la fundación. Teniendo también en cuenta que la juventud se corrompe y pierde, sobre todo los días festivos, hemos abierto una escuela dominical para los adultos de diez años arriba, ocupándolos desde las tres a las siete de la tarde en la escritura, aritmética, geografía, música, dibujo, Catecismo, etcétera, llevándolos también a pasear a un cercado próximo, en el que algunas veces rifamos entre ellos objetos de piedad con el fin de aficionarlos más a esta obra. De ello esperamos mucho fruto, pues ya contamos 200 muchachos; el número aumenta cada día.
Espero, amado y respetable Padre, que el Señor bendecirá esta casa, sobre todo si somos fieles en observar las santas reglas. Soy de usted en el amor de Nuestro Señor, su más seguro servidor y humilde hijo. — Miguel Pedrós.
Con tan hermoso documento cerramos la primera parte de nuestro modesto trabajo para pasar en seguida a esbozar las restantes.
Jaime Ramis.






