Benedicto XVI resalta testimonio de beata mártir decapitada en Revolución Francesa

Francisco Javier Fernández ChentoMargarita RutanLeave a Comment

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Autor: Desconocido · Año publicación original: 2011 · Fuente: ACI/EWTN Noticias.
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Margarita Rutan, H.C.

Margarita Rutan, H.C.

VATICANO, 19 Jun. 11

Luego del rezo del Ángelus dominical en el estadio de Serravalle en San Marino, el Papa Benedicto XVI expresó su alegría por la beatificación hoy de la religiosa vicentina Margarita Rutan, mártir que murió decapitada en la Revolución Francesa y que es beatificada este domingo en Dax, Francia.

El Papa expresó su alegría porque hoy «es proclamada Beata Sor Margarita Rutan, Hija de la Caridad. En la segunda mitad del siglo XVIII, ella trabajó con gran empeño en el Hospital de Dax, pero, durante las trágicas persecuciones que siguieron a la Revolución, fue condenada a muerte por su fe católica y la fidelidad a la Iglesia«.

En francés el Santo Padre dijo: «participo espiritualmente del gozo de las Hijas de la Caridad y de todos los fieles que en Dax, toman parte en la Beatificación de Sor Margarita Rutan, testimonio luminoso del amor de Cristo por los pobres«.

La hermana Margarita Rutan sirvió a los pobres en diversos lugares, pero fue en el hospital de Dax en donde brilló su testimonio de amor. Acusada falsamente por las autoridades de entonces, fue condenada a morir guillotinada junto a un sacerdote, también inocente.

El postulador de su causa, el religioso Luigi Mezzadri, escribe sobre la nueva beata que caminó hacia la muerte con el rostro sereno, sin bajar la mirada.

«Sólo reaccionó cuando el verdugo quiso descubrirle el cuello. ‘Detente, ¡nunca me ha tocado un hombre!’, le dijo. Para muchos condenados los últimos pasos han sido los más difíciles de dar (…) Ella caminó firme, se colocó en el patíbulo y rezó«.

«Cuando la guillotina bajó –escribe Mezzadri en L’Osservatore Romano– pareció que un gemido sacudía la tierra. Era un gemido de oración. La actualidad de su mensaje está en haber anticipado con su vida las palabras de Juan Pablo II: ‘¡No tengan miedo!’«.

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