Bartolomé Gelabert Periccis (1872-1936)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Elías Fuente · Year of first publication: 1942.
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Era de la estirpe de aquellos claros varones en quienes no cabe dolo ni engaño, un verdadero israelita.

Nació, del matrimonio patriarcal Juan-Francisca, el 4 de marzo de 1872, en Consey (Mallorca).

Hizo los votos como miembro de la Misión, el 15 de agosto de 1900.

No tuvo más destinos que Hortaleza y Baracaldo: el día 14 de octubre de 1899, siendo aún novicio, fue destinado a dicho pueblo de Hortaleza; a fines de 1925, trasladado a Baracaldo (Bilbao), de reciente fundación, y el 10 de enero de 1932 volvió a Hortaleza, donde le sorprendió la revolución.

La historia de su vida está hecha a azadonazos. ¡Los que habrá dado en la huerta de Hortaleza! La tenía un cariño rayano en idolatría, aunque no era egipcio ni hebreo. De ahí que, a las veces, le hicieran rabiar las fechorías de los estu­diantes traviesos, que le destruían sus ídolos. «Perqui sois pior que langosti», vociferaba.

Y, sin embargo, no podía vivir sin ver estudiantes. Los años transcurridos en Baracaldo fueron como un paréntesis con su vida de hortelano.

Cargado de hombros, parece que le tiraba la tierra. Su fuerte musculatura no se rendía ante el trabajo, por abruma­dor que éste fuera. Hubiese muerto cavando de no haberle arrancado la «República de Trabajadores» de su amado te­rruño.

De la Cárcel Modelo fue trasladado, el 16 de noviembre, a la de Porlier. A últimos de mes, en virtud de una disposición que atañía a los sexagenarios, quedó en libertad. Halló cobijo en la casa de un buen amigo que vivía en Cuarenta Fanegas.

Mas un día fatal, ciertos individuos de Hortaleza llegaron al pueblo diciendo que habían visto por la carretera al Her­mano Gelabert. Oído lo cual, salió inmediatamente en su bus­ca una patrulla de milicianos, y al pueblo lo llevaron, dándo­le muerte al siguiente día en el término de Canillas, en cuyo cementerio está enterrado.

No le valió haber sido trabajador y bueno para todos, pues jamás trató mal ni de palabra ni menos de obra a ninguno, ni se hubo de mezclar en política. Pero un Hermano de la Congregación de la Misión era un fraile y ello constituyó causa suficiente para ser incluido en el número, de los márti­res de la Religión y de la Patria.

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