Aproximación a san Vicente de Paúl (II)

Mitxel OlabuénagaFormación Vicenciana0 Comments

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UNAS INSTITUCIONES

Vicente de Paúl nunca tuvo intención de ser un fundador. Los acontecimientos, y sobre todo las necesidades de los pobres, a cuyo remedio consagró su vida, le impusieron, por así decirlo, tener que desempeñar la función de fundador. El no se ve como fundador. Por eso, reiteradamente, confesará que el único fundador de sus institu­ciones es Dios.

Veamos, en líneas muy generales, las características de las tres más importantes: las analizaremos en el orden cronológico de fundación.

1617: Las Damas de la Caridad (conocidas también como “Cofradía de la Caridad”, y llamadas hoy: “Voluntarias de la Cari­dad”, o “A. I.C.: Asociación Internacional de Caridad”).

El 8 de diciembre de 1617, Vicente de Paúl, en la capilla del Hospital de Chatillon-les-Dombes, un pueblecito cercano a Lyon, donde él circunstancialmente es párroco, les entrega el primer reglamento. Surgieron de la necesidad de organizar la Caridad de asistencia a los pobres. La experiencia del 20 de agosto del mismo año, en que todo el pueblo llevó alimentos y atención a una fami­lia necesitada, ante la invitación que Vicente de Paúl les había hecho en el sermón, le hace pensar que no está bien que el brote de generosidad se quede en un día de superabundancia, y el resto del año de carencia. Casi todas sus obras tienen un comienzo semejan­te; una necesidad, y la aplicación del remedio consiguiente. Pero ya le preocupa la continuidad, y en el mismo reglamento se expla­ya en la organización y el espíritu con que se ha de acudir al servi­cio de los pobres, así como en la vida espiritual que sostendrá este esfuerzo.

Pronto esta primera Cofradía se multiplicará, y a partir de 1621, se encargará también de atender a los mendigos, después de una lla­mada que recibe Vicente en la ciudad de Macón. 1623 será el año de la fundación de la primera Caridad integrada por hombres, y se hará en Folleville. En París, se ejercitarán también en la atención a los galeotes y los hospitales. Más tarde ampliarán su horizonte a las zonas desbastadas por las guerras y las hambrunas periódicas. Nin­gún tipo de pobreza, entonces, como hoy, quedará fuera de sus objetivos.

1625: La Congregación de la Misión (Padres Paúlesn.

La idea inspiradora hay que situarla en 1617. Un sermón pro­nunciado por Vicente de Paúl, capellán entonces de los señores de Gondi, en una de sus pequeñas aldeítas, Folleville, en plena Picar­día, al norte de Francia, produce unos frutos que le impresionan. ¡Cuánta ignorancia religiosa en las gentes sencillas, incluso entre los que frecuentan los templos! La llamada está percibida, pero, ¿cómo darle respuesta? Se acude a los jesuitas, a los capuchinos… ayudas muy circunstanciales, pero nada permanente. Es la señora de Gondi, su protectora, quien habla en nombre de Dios: “Funde usted una sociedad de sacerdotes para renovar espiritualmente las aldeas y los campos”. Vicente de Paúl tendrá que madurar la idea durante ocho años, en búsqueda de la voluntad divina. Y el 17 de abril de 1625 se firma el contrato de fundación por parte de los cuatro pri­meros miembros. Son tan pocos que cuando parten para una misión tienen que cerrar con llave la casa y dejársela al vecino’, pero pronto comenzarán a engrosar el número los que vienen atraí­dos por la fascinación de la tarea misional que Vicente propone en el servicio de los hombres y mujeres de los campos. Tienen muy claro que se han reunido para, a ejemplo de Nuestro Señor, evange­lizar a los pobres. Hay algo nuevo en el intento: serán sacerdotes que no perderán su secularidad, aunque posteriormente se introduz­ca la práctica de hacer privadamente los votos clásicos de consa­gración a Dios, además de un voto de estabilidad en el servicio de los pobres.

Pronto descubrirá que no basta con misionar. Tal vez es más urgente formar al clero33 para que continúe la tarea. Inicia la prácti­ca de ejercicios a los que se van a ordenar (1628), celebración de conferencias de formación con el clero de París todos los martes (1633), retiros a los eclesiásticos (1633), reforma de las órdenes religiosas, reforma del episcopado a través del Consejo de Con­ciencia Real, al que pertenece, como si se tratase de un ministro, entre 1643 y 1652, etc. No había aún, en Francia, seminarios para formar a los futuros candidatos. Desde 1641 comenzarán a dedicar­se también a esta tarea.

Y, sobre todo, las misiones populares. En 1660, cuando muere san Vicente, se habían dado 840. En muchos lugares la misión se ex tendía a lo largo de dos o tres meses.

1633: Las Hijas de la Caridad

Con la ayuda de Luisa de Marillac (1591-1660), mujer grande de espíritu aunque pequeña de talla —1,49 m—, Vicente de Paúl forma a Iris primeras Hijas de la Caridad.

Ante las dificultades de las grandes damas de la Corte para ser­vir ellas personalmente a los pobres, a pesar de sus buenos deseos manifestados en las Cofradías de la Caridad, Vicente de Paúl pien­sa en jóvenes sencillas y fervorosas que venidas de los campos, tal vez sin mayor cultura, pero con una ansia grande de servir a Nuestro Señor, se dediquen totalmente a ese servicio material tan nece­sario) para los pobres. Serán “siervas” en todo el sentido de la expresión, semejantes a las que atienden las casas de los ricos, pero, con un servicio muy especial, dedicadas totalmente a los pobres, en los o me deben descubrir a Jesucristo.

Margarita Naseau será la primera, una auténtica bendición de 1 >¡os para el Vicente que busca. Detrás, muchas otras. Algunas jóvenes ricas entraran en la Compañía, pero también ellas tendrán que llenarse del espíritu de las jóvenes campesinas para poder servir bien a los pobres.

Se formarán en la casa de Luisa, y después partirán para las parroquias o los pueblos donde se les necesite. Pero nunca serán monjas. Es otra gran novedad de Vicente de Paúl: Las quiere en el mundo, sin que les ate el convento o las prácticas propias de las religiosas.

Nuevo es también el planteamiento de la espiritualidad que han de vivir. La acción será la fuente de una profunda vida interior, sin dicotomías de ningún tipo. El contacto con los pobres hará surgir su oración y será el que marque su vida, así como la inspiración de sus virtudes. Toda la compañía vivirá para los pobres, como si de una gran empresa de servicios se tratase, aunque se diferencie de ella en que es más fruto de una vocación que de unos intereses humanos, y también por los medios que utilizará, en caridad, humildad y sencillez.

El 29 de noviembre de 1633 reúne a las primeras cuatro Hijas de la Caridad. Después se multiplicarán, y en 1660 estarán en treinta barrios de París y otros tantos pueblos en provincias. En total deja sesenta casas, de las cuales, veinticuatro tenían también como tarea la docencia en pequeñas escuelas.

UN DINAMISMO

Su vida interior. ¿De dónde le surge a Vicente de Paúl la fuerza para hacer todo lo que hizo? Hay una frase clave, que él gustaba repetir. No solía decir: “Démonos a los pobres”. Sí que repetía con frecuencia a todos y a cada uno: “Démonos a Dios, y Él nos dará a los pobres”. Es la clave de su dinamismo. No era una fórmula hueca o protocolaria. Es el centro de todo. Abrirse a Dios, es abrir­se a los pobres, en el estilo en que lo hizo el Hijo de Dios.

Dios es el camino para llegar al pobre. Más aún, el pobre es el sagrario de Dios. Por eso entendemos que toda su vida inte­rior está llena por el pobre, ya que se vive en razón del pobre. No hay posibilidad de una vida espiritual sin la perspectiva del pobre. A Dios se le encuentra en todo, particularmente en la ora­ción; pero, especialmente está en el pobre; hablar con el pobre es hablar con Dios; descubrir la necesidad del pobre, es descubrir de modo concreto la voluntad de Dios. No hay lugar a la duda. Esa oración en diálogo con Dios, en el pobre, lleva siempre a unas conclusiones muy precisas, pensando siempre en acudir en su ayuda.

La mirada sobre el pobre, en el que descubre a Dios, es una mirada de fe, alimentada en su oración personal. De este modo, la oración es una escucha atenta del Dios que clama en los hermanos. Para ello, Vicente de Paúl invita a centrarse en las palabras de Jesús, máximas de Jesucristo las llama él, a las que hay que acoger con elevación del espíritu, para pedirle su estima e inteligencia y des­pués ejercitarse en el deseo de practicarlas.

Fruto de esta vida interior en sus convencimientos es su acción: Siempre informada por la humildad y la mansedumbre.

Una de sus constantes es la humildad. Vicente de Paúl no se con­sidera preparado para encontrar él solo la solución a los problemas, por eso recurre constantemente a otros. Busca siempre la ayuda de las personas o de las comunidades o instituciones.

Su mansedumbre gana los corazones

La contemplación de las necesidades humanas, a través de la mirada de Dios, en la oración, le lleva a no utilizar otros medios que no sean los métodos conformes con el Evangelio. Vicente de Paúl, a pesar de su gran acción social, no figurará nunca en la galería de los grandes revolucionarios.

Los pobres le urgen, y al servicio de ellos, se muestra como un gran talento organizador.

La familia vicenciana hoy sigue viviendo el carisma, a través de las mismas instituciones y dentro de la misma dinámica, que vivió Vicente de Paúl.

Enrique Rivas. CEME

Mitxel Olabuénaga

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones.

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