Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia (9)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Corpus Juan Delgado, CM · Año publicación original: 2015 · Fuente: Vincencianismo y Vida Consagrada, (XXXIX Semana de Estudios Vicencianos), Editorial CEME, Santa Marta de Tormes, Salamanca, 2015, p. 405-450..
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9.- La creatividad

Hemos recordado más arriba que para San Vicente de Paúl “el acontecimiento es el signo de Dios y, de manera privilegiada, cuando concierne directamente a los pobres. El acontecimiento le indica la voluntad de Dios”1.

La creatividad, aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia, es la capacidad de aportar respuestas siempre nuevas ante las nuevas necesidades descubiertas en los acontecimientos, lugar de revelación de la voluntad de Dios2. San Vicente escribe a Monseñor Carlos de Montchal, arzobispo de Toulouse, en enero de 1651:

… nos hemos entregado a Dios, hace algunos años, para no pedir nunca ninguna fundación, ya que hemos experimentado la providencia especial de Dios sobre nosotros, al ser ella misma la que nos establece, sin intervención alguna de nuestra parte, en todos los lugares en que hemos fundado; de forma que podemos decir que no tenemos nada que no nos haya ofrecido y dado Nuestro Señor3.

Refiriéndose a la creatividad de Santa Luisa de Marillac para responder a las necesidades de los pobres, escribía su primer biógrafo:

No se puede comprender cómo esta piadosa fundadora ha podido satisfacer tantas tareas de caridad; encargándose de toda clase de necesidades; no haciendo ninguna excepción, ni por cualidad de los males, ni por el estado y número de las personas, o por la diversidad de los lugares; asistiendo a los pobres en todas las enfermedades del cuerpo y del espíritu: en la infancia, en el vigor de la edad y en la vejez; haciendo que les sirvan en sus casas, en los hospitales, las prisiones y las galeras, en las ciudades, los campos y los ejércitos, en la paz y en las guerras extranjeras y civiles; no ahorrándoles ninguna clase de socorros para sus necesidades de la salvación eterna o de la vida temporal; haciendo que se les den instrucciones, consuelos, remedios, alimentos; y sacrificando a su servicio, con su comunidad, sus cuidados, sus trabajos y su vida4.

La instrucción “Mutuae Relationes” recordaba que el carisma de los fundadores, como experiencia del Espíritu, es desarrollado por sus discípulos y constantemente recreado y actualizado. La fidelidad al carisma, “viva e ingeniosa en sus invenciones5, explica la fecundidad de la misión vicenciana en la Iglesia.

Las Constituciones de las Hijas de la Caridad y de la Congregación de la Misión, así como los compromisos de sus recientes asambleas generales proponen “reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores como respuesta a los signos de los tiempos6. El dinamismo de la imaginación profética hace posible la creación de nuevas y originales formas de presencia y servicio en la Iglesia y la creatividad en la organización de los recursos (humanos, económicos y estructurales). Vicente de Paúl marcaba el camino, casi al final de su vida, con fuego en sus palabras:

Así pues, hermanos míos, vayamos y ocupémonos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los más pobres y abandonados7.

Como ha recordado el papa Francisco, el amor es siempre nuevo, porque el centro de toda novedad es siempre el mismo deseo de Dios de “hacer nuevas todas las cosas” (Cf. Ap. 21, 5):

El Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado hace a sus fieles siempre nuevos; aunque sean ancianos, «les re­novará el vigor, subirán con alas como de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse» (Is 40,31). Cristo es el «Evangelio eterno» (Ap 14,6), y es «el mismo ayer y hoy y para siempre» (Hb 13,8), pero su riqueza y su hermosura son inago­tables. Él es siempre joven y fuente constante de novedad. La Iglesia no deja de asombrarse por «la profundidad de la riqueza, de la sabiduría y del conocimiento de Dios» (Rm 11,33)8.

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  1. J-P. Renouard. La atención a los acontecimientos: En tiempos de San Vicente de Paúl y hoy, o.c., vol. II 395.
  2. Cf. J.M. Román. Las fundaciones de San Vicente: Vincentiana 1984, 457-486.
  3. SVP IV 135-136.
  4. N. Gobillon, o.c., 140-141.
  5. Congregación para los Obispos. Congregación para los Institutos de Vida Religiosa y Sociedades de Vida Apostólica. Instrucción Mutuae Relationes, 11, 12, 23.
  6. JUAN PABLO II. Vita Consecrata, 37 y 71.
  7. SVP XI, 273.
  8. Francisco. Evangelii Gaudium, o.c., 11.

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