Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia (5)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Corpus Juan Delgado, CM · Fuente: Vincencianismo y Vida Consagrada, (XXXIX Semana de Estudios Vicencianos), Editorial CEME, Santa Marta de Tormes, Salamanca, 2015, p. 405-450..
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5.- El mundo, tal como Dios lo ve y quiere, ámbito de la Misión de la Iglesia.

Para describir la visión vicenciana del mundo y de la historia,  el P. Morin ha utilizado el símil de la mirada, describiendo la trayectoria espiritual de Vicente de Paúl como la historia de una mirada sobre el pobre: una mirada que se ensancha desde el encuentro con el pobre hasta el descubrimiento de todos los pobres; una mirada que se universaliza desde la pequeña parroquia de Châtillon… hasta Madagascar; una mirada que se profundiza: del pobre a Jesucristo, de Jesucristo al pobre1.

Queriendo ver el mundo, tal como Dios lo ve y quiere, ha entendido Vicente de Paúl cada una de sus obras y fundaciones, no como propias, sino como fundadas y establecidas por Dios.

El bien que Dios quiere se realiza casi… sin que se piense en ello; así es como nació nuestra congregación, como empezaron los ejercicios de las misiones y de los ordenandos, como se fundó la compañía de las hijas de la Caridad, como se estableció la de las damas para la asistencia de los pobres del hospital de París y de los enfermos de las parroquias, como se emprendió el cuidado de los niños expósitos, y en fin como empezaron todas las obras que actualmente llevamos entre manos. Ninguna de esas obras se emprendieron por nuestra cuenta y siguiendo nuestros planes, sino que Dios, que deseaba ser servido en esas ocasiones, las suscitó él mismo casi sin darnos cuenta y se sirvió de nosotros, sin que supiéramos hasta dónde íbamos a llegar2.

Es frecuente encontrar en los escritos proféticos la expresión “¿qué ves?”3; y a continuación: “esto me mostró el Señor”. Y así la vasija de barro en manos del alfarero o la viña de uvas amargas o el almendro, etc. La realidad se transforma para la mirada del profeta en lugar de revelación, en parábola viva de lo que el Señor quiere; y le permite ver el mundo y la historia, no como la ven sus contemporáneos, sino como los ve y los quiere Dios. El P. J-P Renouard asegura que para Vicente de Paúl “el acontecimiento es el signo de Dios y, de manera privilegiada, cuando concierne directamente a los pobres. El acontecimiento es, para él, portador de Dios; le indica su voluntad”4.

Esta capacidad de ver el mundo, tal como Dios lo ve y quiere, llevará a confesar a Vicente de Paúl: «Los pobres, que no saben a dónde ir, ni qué hacer, que sufren y que se multiplican todos los días, constituyen mi peso y mi dolor«5.  Y a denunciar, al mismo tiempo que «los grandes sólo piensan en honores y riquezas«6. Empeñará todas sus fuerzas en la liberación y salvación de los pobres, porque «no es suficiente ser salvados, hay que ser salvadores con Cristo«7. Convencido como está de que «no me basta con amar a Dios, si mi prójimo no le ama«8.

Vicente de Paúl advierte de que hay que ver las cosas como las ve Dios, «como son en Dios, y no como aparecen al margen de Él, porque, si no es así, podríamos engañarnos, y obrar de manera distinta de la que Él quiere«9:

Atengámonos al juicio que Dios tiene de las cosas… Ajustemos nuestro juicio, lo mismo que nuestro Señor, al juicio de Dios, tal como lo conocemos en las Sagradas Escrituras… Entonces, en el nombre del Señor, podemos formar nuestro razonamiento según el sentido más conforme con el espíritu del Evangelio10.

Ante los misioneros, en la conferencia del 27 de abril de 1657, argumenta:

No hemos de considerar a un pobre campesino o a una pobre mujer según su aspecto exterior, ni según la impresión de su espíritu, dado que con frecuencia no tienen ni la figura ni el espíritu de las personas educadas, pues son vulgares y groseros. Pero dadle la vuelta a la medalla y veréis con las luces de la fe que son ésos los que nos representan al Hijo de Dios… ¡Qué hermoso sería ver a los pobres, considerándolos en Dios y en el aprecio en que los tuvo Jesucristo! Pero, si los miramos con los sentimientos de la carne y del espíritu mundano, nos parecerán despreciables11.

Es esta mirada al mundo, tal como Dios lo ve y quiere, la que explica el compromiso vicenciano en la causa de los pobres, porque viendo las cosas en Dios los pobres nos representan a Jesucristo, son sus miembros sufrientes.

Son muchas y muy ricas las expresiones que encontramos en los escritos de Santa Luisa para describir a los pobres, tal como Dios los ve y quiere: los miembros de Jesús12; nuestros amos13; pobres criaturas a las que Dios quiere considerar como miembros suyos14; nuestros amados amos15; almas rescatadas con la sangre del Hijo de Dios16; nuestros amos, los miembros queridos del Señor17; nuestros queridos amos, los miembros de Jesucristo18; miembros de Jesucristo19; criaturas rescatadas con la sangre del Hijo de Dios20; miembros de Jesucristo y nuestros amos21.

El mundo, tal como Dios lo ve y quiere, es así el ámbito de la Misión de la Iglesia, de modo que si el servicio al pobre lo requiriera, habrá que dejar la oración e incluso la eucaristía: obrar así no será descuidar los deberes de la religión, sino dejar a Dios por Dios. Dice San Vicente:

Si fuera voluntad de Dios que tuvieseis que asistir a un enfermo en domingo, en vez de ir a oír misa, aunque fuera obligación, habría que hacerlo. A eso se le llama dejar a Dios por Dios22.

Y, por su parte, Santa Luisa:

Dejar los ejercicios de piedad para asistir a su Hermana o para servir a los pobres por amor de Dios es dejar a Dios por Dios23.

Y es que acudir a servir al pobre es acudir al encuentro con Dios:

Id a ver a los pobres condenados a cadena perpetua, y en ellos encontraréis a Dios; servid a esos niños y en ellos encontraréis a Dios. ¡Hijas mías, cuán admirable es esto… Vais a unas casas muy pobres, pero allí encontráis a Dios…24.

El carisma vicenciano ha contribuido a que en su Misión los seguidores de Jesucristo estemos atentos al mundo, particularmente al mundo de los pobres y, viéndolo tal como Dios lo ve y quiere, comprometerse en su transformación.

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  1. J. Morin. Historia de una mirada sobre el pobre: En tiempos de San Vicente de Paúl y hoy. Ceme, Salamanca 1997, vol. I 377-401.
  2. SVP IV 499.
  3. Cf. Am 8,1; Jer 1, 11; passim.
  4. J-P. Renouard. La atención a los acontecimientos: En tiempos de San Vicente de Paúl y hoy, o.c., vol. II 395.
  5. Carta de Vicente de Paúl al P. Alméras, el 8 de octubre de 1649. Cf. P. Collet. La vie de saint Vincent de Paul, o.c., vol. I 479.
  6. SVP XI 25.
  7. SVP XI 415.
  8. SVP XI 553.
  9. SVP VII 331.
  10. SVP XI 513.
  11. SVP XI 725.
  12. C. 3.
  13. C. 7.
  14. C. 14.
  15. C. 33.
  16. C. 48.
  17. C. 78.
  18. C. 115.
  19. C. 423.
  20. C. 434.
  21. C. 487.
  22. SVP IX 725.
  23. C. 556.
  24. SVP IX 240.

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