Antonio Carmaníu y Mercader (1860-1936)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Elías Fuente · Year of first publication: 1942.
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Nació en Rialp, provincia de Lérida y Obispado de Seo de Urgel, el 17 de agosto de 1860.

Entró en la Congregación e] 22 de febrero de 1879.

Fue destinado a las Misiones en 1 de junio de 1885. El campo de operaciones que le cupo en suerte fue Mallorca, has­ta el 1 de octubre de 1891, en que salió de la Casa de Palma para dirigirse a la de Barcelona.

Durante los seis arios de su permanencia en la Isla tomó parte en veinte misiones, siendo casi siempre sus compañeros de trabajo los PP. Ríu, Cladera y Sabatés.

Posteriormente fue Superior de las casas de Bellpuig, Rialp y Figueras, y últimamente fue nombrado asistente de la Casa Provincial, en la que se dedicó a la predicación de algunas tandas de Ejercicios a los Sacerdotes y Ordenandos, así como también al ministerio de las confesiones en nuestra iglesia.

El P. Carmaníu se encontraba en Barcelona al estallar la revolución de julio. Pudo huir en dirección a la provincia de Lérida, y, después de haber permanecido algún tiempo con los suyos, intentó pasar a la nación vecina. Al pasar por las montañas de Estahón, antes de traspasar la frontera de Fran­cia, fue cogido por dos de la F. A. I. quienes se lo llevaron en dirección a Sort.

Siete kilómetros antes de llegar a Rialp le hicieron subir a un promontorio rocoso, a fin de que, al ser fusilado, su ca­dáver cayese al río Noguera-Pallaresa; pero, al recibir la des­carga, se quedó desplomado en el mismo sitio. Entonces le die­ron un empujón y se quedó colgado en un arbusto, y se mar­charon sus asesinos, pero alguien le quitó de allí y le enterró.

Poco después fue desenterrado por sus verdugos con el fin de registrarle y robarle, sepultándole acto seguido. Por indagaciones hechas por el P. José Pous, para dar con el cadáver de nuestro buen P. Carmaníu y proporcionarle honrosa sepultura, se da casi por cierto que la crecida del río se ha llevado sus preciosos restos.

Una de las características del P. Carmaníu fue su amor constante y acendrado por el ejercicio de las Misiones. Por eso, seguramente, que en los esplendores de la gloria, nuestro edificante hermano, rodeado de las almas que salvara con BUS predicaciones, exclamará: «… fratres mei .carissimi et desi­deratissimi, gaudium meum et corona mea…». (Ad Phi( ip.IV, I).

 

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